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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:151.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: Donde termina tu lugar

La tomé del cabello, sin espacio para que reaccionara con esa compostura que tanto cuidaba frente a los demás; sus manos subieron de inmediato a mi muñeca, intentando soltarse, pero yo no pensé detenerme.

—Suéltame —dijo entre dientes, intentando no alzar la voz—, estás cruzando un límite.

—El límite lo cruzaste tú hace tiempo —respondí, tirando de ella hacia el pasillo—, ahora te estoy enseñando dónde termina.

Algunos sirvientes se quedaron congelados, otros dieron un paso atrás, nadie intervino; eso fue lo que más habló por todos.

—Rosaline —insistió, esta vez más alto—, esto no te conviene.

—Lo que no me convenía era dejarte seguir aquí. Y soy la señora para tí.

No la solté hasta cruzar la entrada principal, sus pasos se descompuso por la fuerza con la que la llevaba, intentó girarse, resistirse, pero no tenía el control de la situación y lo sabía.

Abrí la puerta principal con brusquedad.

—Fuera.

La empujé lo suficiente para que perdiera el equilibrio y terminara del otro lado del umbral, no cayó, pero estuvo cerca, y cuando se giró hacia mí, ya no había disimulo en su expresión.

—No puedes hacer esto —dijo, respirando agitado—, no tienes derecho.

La miré sin moverme.

—Soy la duquesa. Y tú ya no trabajas aquí.

Cerré la puerta frente a ella sin esperar respuesta.

El golpe resonó más de lo necesario.

Me quedé ahí un segundo, con la mano aún sobre la madera, sintiendo cómo el pulso me bajaba poco a poco, no era culpa, tampoco duda, era el peso de haber terminado algo que llevaba demasiado tiempo acumulándose.

—Duquesa… —murmuró alguien detrás de mí.

No giré.

—Que nadie le abra —ordené—, ni por la puerta principal ni por la trasera.

—Sí, Su Gracia.

Caminé de vuelta al interior como si nada hubiera pasado.

Al rato después. Una doncella llegó con el mismo apuro contenido de antes.

—Su Gracia…

—Dígame.

—Gabriela… entró por el sótano.

Me detuve. Una parte de mí casi sonrió.

—¿Dónde está?

—En el despacho del duque.

Asentí.

—Sigan trabajando.

No corrí. No tenía que hacerlo.

La puerta estaba entreabierta.

Escuché.

—¿Qué haces aquí? —la voz de Erick era baja, pero no suave.

—Necesitaba hablar contigo —respondió ella, más tensa, menos controlada—, no puedes permitir que me trate así.

—¿Porqué no? Es mi esposa y tiene derecho.

—No es justo.

—No es tu decisión.

—He estado aquí toda mi vida —insistió—, no puedes dejar que me saque de esa forma.

—No fui yo. Debiste mantenerte al margen como siempre.

—Pero puedes cambiarlo.

Hubo un silencio breve.

—No.

—Ella no entiende esta casa —continuó Gabriela—, no sabe lo que implica mantenerla.

—No la subestimes.

El aire se tensó.

—¿Vas a dejar que me quite todo?

—Gabriela —dijo él, y esta vez no hubo suavidad—, la duquesa dio una orden. Y se acata.

Esa frase cayó como un golpe seco.

—Entonces dime qué hago —exigió ella, ya sin esconder nada—, ¿simplemente me voy?

—Sí.

—¿Después de todo?

—Después de todo.

El silencio se hizo pesado.

—Puedes irte —continuó él—, te daré un lugar en otra propiedad, trabajo no te faltará, pero aquí ya no.

No hubo agradecimiento.

—¿Y ella? —preguntó Gabriela, con rabia contenida—, ¿qué gana con esto?

—A mí.

No esperé más. Abrí la puerta y entré.

Ambos se giraron hacia mí. No dije nada al principio.

Me limité a mirarla.

A sostenerle la mirada hasta que entendiera que no había cambiado nada desde la entrada principal.

—Continúa —dije con calma—, quiero escuchar cómo termina esto.

Gabriela no apartó los ojos.

Había odio. Pero también había derrota.

—Dice que puedo irme —dijo, mirándome—, que me dará trabajo en otro lugar.

—Es una opción que no tendrías si no fuera por el duque. Entonces acéptala.

—¿Qué quieres?

—Lo que corresponde. Las disculpas que merezco.

No le gustó. Se notó.

—No te debo eso.

—Sí me lo debes.

—No.

—Entonces no hay nada más que hablar. Y me aseguraré de que lo que te prometió el duque no se cumpla.

Me giré apenas, como si ya hubiera terminado.

—Espera.

Su voz salió más rápido de lo que esperaba. La miré otra vez.

—Hazlo.

Apretó los labios.

—Lo siento.

No me moví.

—Más alto.

Sus manos se tensaron.

—Lo siento.

—No —dije—, eso no es suficiente.

La miré fijo.

—Dilo bien.

El silencio se alargó.

—Pide disculpas por lo que hiciste —continué—, por cuestionar mi lugar, por interferir en decisiones que no te corresponden, por faltarme el respeto delante del personal.

Cada palabra cayó con peso. Gabriela respiró hondo.

—Lo siento —dijo, esta vez más firme, pero cargado de rabia—, por haber cuestionado tu lugar, por interferir donde no debía, por faltarte el respeto.

La observé un segundo más. No sonreí. Solo la miré.

—Puedes irte.

El silencio final fue distinto.

Ella no se movió de inmediato, miró a Erick, esperando algo más, una señal, un cambio, no lo hubo.

—Vete —dijo él, sin suavizar el tono.

Gabriela sostuvo la mirada un segundo más.

Luego giró.

Y salió.

Sin despedirse. Sin mirar atrás.

La puerta se cerró detrás de ella con un sonido seco.

El despacho quedó en silencio. No me moví.

—¿Eso era lo que querías? —preguntó él.

—Era lo que debía pasar desde un principio.

Se acercó un paso.

—Bien. Mi duquesa. Yo también pido disculpas.

—¿Por qué?

Él sonrió.

—Por no haberte dado tu lugar en la casa antes. Por no valorar tu fuerza tanto emocional...— Tomó de mi cintura y me acercó a él—. Cómo física para resistirme.

Intentó besarme. Yo me aparté.

—No es suficiente. No acepto tus disculpas.

Erick no mostró molestia. Al contrario, se puso curioso.

—Dime tu incomodidad.

—¿Me quieres?

Hubo un silencio corto. Cómo si estuviera pensando sus palabras.

—Mas de lo que creí.

Lo miré directo.

—Entonces demuestralo. No solo cuando hacemos el amor.

No respondió de inmediato. Pero no apartó la mirada. Luego sonrió.

—Ya veo. Si así lo quieres—me besó y susurró en mis labios—. No te quejes después en público.

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Irene Nievecita
Siempre me sorprendes con tus historias, esta estuvo corta pero redondita, no falta ni sobra nada es perfecta, gracias una vez más por tu tiempo y tu inspiración para crear historias entretenidas, que dan la impresión de vivirlas como en las películas, pir lo menos yo me siento parte de la historia y logro imaginar cada detalle de la misma
Irene Nievecita
Me alegro que el se diera cuenta que ella no es una damisela, que no sabe resolver los problemas, también me gusta mucho que le demuestre con palabras que la ama mucho
Irene Nievecita
Eso sí que fue un giro inesperado de los acontecimientos, ella sabe defenderse y muy bien por lo demás. Y se da el lujo de reclamarle por demorarse.👏👏👏👏👏
Irene Nievecita
Esa recompensa si estuvo muy caliente, yo quisiera una recompensa así de abundante☺️☺️☺️☺️
Irene Nievecita
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Irene Nievecita
Era lo menos que debía esperarse de parte de Gabriela, sentirse traicionada, por llevar ella la casa, pero de ahí a sentir que ella tenia un peso especifico en la vida de él, no tiene ningún sentido, por más que él hubiera tenido sexo con ella, solo era parte de la servidumbre y nada más
Irene Nievecita
Hasta que al fin vio las estrellas, como debe ser, tiene un hombre joven, fuerte. apasionado y muy bien dotado, mejor suerte imposible.
Irene Nievecita
Así se habla con la verdad, nada de fingir, que el note que también estas interesada por tener un conocimiento más cercano del tamaño y grosor de su virtud como hombre🤭🤭🤭🤭
Irene Nievecita
Que bueno que ella ya no es la muchachita sin personalidad, que crío lady Valmont, ahora es una mujer casada, con responsabilidades y los sirvientes deben tenerlo claro en especial la tal Gabriela, sino debe despedirla así de sencillo.
Irene Nievecita
El no le quiere dar su lugar, el espera que ella saque el carácter que vio en ella el día que se casaron, así que a ganar en contra de la famula que se cree duquesa.
Irene Nievecita
No debe permitir por ningún motivo, que esa famula se crea la dueña de casa, ella es la duquesa y lo debe poner de relieve desde el principio, la obligación de ella es hacerse cargo, de todo lo relativo con la casa y la servidumbre
Irene Nievecita
Por lo menos no es un duque altanero, que impone sus derechos
Irene Nievecita
grasias por esta nueva historia
Sandra Vielmas
mee encantó esta historia. te felicito así me gustan cortas...🙏❤felicidades
Sandra Vielmas
entonces esa zorra se acostaba con el. por eso tanto coraje y altaneria
Sandra Vielmas
sán Francisco de los palos... Que Estrada le dieron😂😂😂/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Aniramairos
Va a agarrar una infección infernal, eso no se hace 🤭
Yajaira Castellanos
porq no la despide
KJ
Me encantó un montón la historia, es corta pero pero muy linda, me gusto muchísimo la personalidad de la protagonista y tu forma de narrar todo, estuvo muy precioso todo, gracias por escribir y compartirnos tan bonito libro 🫶🏻🫶🏻☺️🥰
Paola Coria
excelente novela
sin palabras
muy bien contada clara sin mucho relleno innecesario
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