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EL TRONO DE ÁMBAR

EL TRONO DE ÁMBAR

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Época / Posesivo
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

El destino de los imperios no siempre se decide en los campos de batalla, bañados en sangre y acero. A veces, el rumbo de la historia se tuerce en el silencio de un pasillo de seda, en el suspiro de un Omega que se niega a ser quebrado y en la mirada de un Sultán que descubre que su mayor conquista no es una tierra, sino un alma.

Dorian no era un regalo. Era una tormenta envuelta en gasa y orgullo. Selim no era solo un monarca. Era un fuego que lo consumía todo. En el corazón del Imperio Otomano, donde las leyes de los Alfas y Omegas son tan antiguas como el mismo Bósforo, un vínculo prohibido está a punto de nacer. Un vínculo que podría ser la salvación del Sultán... o el incendio que reduzca a cenizas su trono.

NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: El Rugido de la Frontera y el Susurro de la Serpiente

El aire en Edirne se volvió espeso, no por el calor del verano, sino por el olor a pólvora y traición. La noticia llegó al amanecer: los tíos y primos de Layla, enfurecidos por la confiscación de sus tierras y el destierro de la favorita, no se habían rendido. En lugar de eso, habían masacrado a los recaudadores imperiales y se habían aliado con mercenarios extranjeros, levantando estandartes de rebelión a solo unas leguas de los muros de Edirne.

Selim estaba en la sala de mapas, su aura Alfa tan cargada de agresividad que el aire vibraba. Golpeó la mesa de roble con el puño, haciendo saltar los tinteros.

—¡Creen que mi misericordia es debilidad! —rugió Selim—. Si quieren sangre, bañaré sus campos con ella.

Dorian entró en la sala, caminando con esa elegancia felina que solo él poseía. Pero su rostro estaba pálido, y en su mano sostenía un pequeño trozo de seda negra que acababa de recibir a través de sus "Sombras del Norte".

—Selim, la rebelión en las provincias es solo el ruido para ocultar el veneno —dijo Dorian, acercándose al Sultán y mostrándole el mensaje—. Mientras los hombres de Layla queman las granjas, en Estambul se está gestando algo peor. Mis espías confirman que el Reino de Persia ha enviado un "regalo" diplomático que ya está en camino a la capital.

Selim frunció el ceño, sus ojos ámbar fijos en Dorian. —Un regalo... ¿otro omega?

—No es solo un omega, Selim. Es Kaveh, el tercer príncipe de la dinastía safávida. Dicen que su belleza es una maldición y que ha sido entrenado desde niño en las artes de la seducción y el veneno. La Valide Sultan ha aceptado recibirlo bajo el pretexto de una tregua de paz.

La mandíbula de Selim se tensó. El hecho de que su propia madre permitiera la entrada de una competencia directa para Dorian mientras ellos estaban fuera era una puñalada por la espalda.

—No entrará en mi lecho —sentenció Selim, agarrando a Dorian por la nuca y uniendo sus frentes—. Nadie entrará donde solo tú reinas. Pero ahora, debo salir. Si no aplasto esta rebelión hoy, creerán que el Sultán ha perdido sus garras por culpa de un omega extranjero.

Dorian puso sus manos sobre la armadura de Selim, sintiendo el latido salvaje del corazón del Alfa. —Id, mi Sultán. Aplastad a los traidores. Yo me quedaré aquí y aseguraré que Edirne sea una tumba para cualquiera que intente aprovechar vuestra ausencia.

Selim partió al mediodía con el grueso de la caballería. Dorian quedó al mando de la guarnición de Edirne, una posición sin precedentes para un consorte. Pero no tuvo tiempo de asimilarlo; esa misma tarde, las vanguardias de los rebeldes aparecieron en el horizonte, quemando las aldeas periféricas.

Dorian subió a las murallas. No llevaba sedas, sino una túnica de cuero ajustada y su puñal de marfil al cinto. Sus ojos azules escaneaban el campo de batalla con la frialdad de un general experimentado.

—¡Preparad el aceite hirviendo y los arqueros! —ordenó Dorian a los jenízaros, quienes, tras ver su valentía en el bosque, ahora obedecían sin dudar—. No esperaremos a que escalen. Si se acercan a las puertas, que encuentren el infierno.

La batalla duró horas. Dorian no se quedó en la torre; bajó al patio cuando una brecha pareció abrirse en la puerta este. Con su ingenio, ordenó crear una trampa de arena y fuego que consumió a los primeros diez rebeldes que intentaron entrar. La visión del Consorte Imperial, con el rostro manchado de ceniza pero manteniendo una calma divina, inspiró a los soldados de una manera que Selim nunca hubiera imaginado.

 

Al caer la noche, el sonido de los cascos de los caballos anunció el regreso de Selim. El Sultán entró en el patio del palacio cubierto de sangre enemiga, su armadura abollada y su capa hecha jirones. Había aniquilado a los cabecillas de la rebelión en una carga suicida que solo un Alfa poseído por el instinto de protección podría ejecutar.

Cuando vio a Dorian en el patio, sano y salvo, dirigiendo a los médicos para que atendieran a los heridos, Selim desmontó de un salto. Ignoró a los generales que pedían órdenes. Caminó directo hacia Dorian, lo agarró por la cintura y lo levantó del suelo, dándole vueltas en un abrazo violento que olía a hierro y muerte.

—¡Me han dicho que defendiste la puerta! —rugió Selim, su voz quebrada por la adrenalina—. ¡Te puse en peligro de nuevo!

Dorian se aferró a sus hombros, riendo con una nota de alivio. —Os dije que Edirne sería segura bajo mi mando, Selim.

El Sultán no respondió con palabras. Sus ojos estaban inyectados en sangre, su respiración era pesada, y su aroma a cedro quemado era tan espeso que los soldados alrededor bajaron la vista, intimidados por el aura de lujuria y posesión que emanaba de su monarca.

Sin soltarlo, Selim lo cargó al estilo nupcial y caminó hacia los aposentos privados. Pateó la puerta para abrirla y la cerró con la misma violencia.

—Ese príncipe persa... —gruñó Selim, arrojando a Dorian sobre el diván de terciopelo, cayendo sobre él con todo el peso de su armadura aún puesta—. Ese príncipe puede traer todo el oro del mundo, pero nadie... NADIE me mira como tú lo haces después de una batalla. Nadie tiene este fuego.

Selim comenzó a despojar a Dorian de su ropa de cuero con una urgencia que rozaba la desesperación. Quería borrar el olor del campo de batalla de ambos, quería marcar cada centímetro de la piel de Dorian para que, cuando el enviado persa llegara, no hubiera duda de quién era el dueño del alma y el cuerpo del Sultán.

—Marcadme, Selim —susurró Dorian, provocándolo, sus dedos buscando las correas de la armadura del Sultán para liberarlo—. Marcadme para que el mundo sepa que un príncipe no es nada frente a lo que nosotros tenemos.

Esa noche en Edirne, mientras el humo de la rebelión aplastada aún subía hacia el cielo, dentro del palacio se libraba una batalla de piel y gemidos. La pasión fue una mezcla de ferocidad y una devoción tan absoluta que Dorian sintió que su alma finalmente se fusionaba con la del Sultán. Selim fue implacable, reclamando cada rincón de Dorian con una lascivia exótica, usando sus manos y su lengua para recordarle que era su Consorte, su igual y su única debilidad.

Pero en el fondo de su mente, Dorian sabía que la tregua sería corta. El príncipe Kaveh estaba cerca de Estambul, y la Valide Sultan ya estaba moviendo las piezas para el siguiente asalto.

1
Andy Gomez
Muchas gracias 🫶
Espero disfruten esta nueva aventura
Patricia Manasse
Autora totalmente feluz con tus novelas! las boy leyendo todas👏
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