La historia comienza con Agustina y Cristian, dos novios que se amaban profundamente, pero que fueron separados por circunstancias ajenas a su voluntad. Ella se marchó llevándose consigo algo muy valioso.
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capitulo 22: El reencuentro
Agustina había regresado del hospital hacía rato. Estaba cansada, pero feliz de poder estar con su hijo. Se quedó con él hasta que lo vio quedarse dormido, y después salió un momento de la habitación por un vaso de agua. Su amiga no estaba en ese momento.
De pronto, alguien tocó la puerta.
Intrigada, pensó quién podía estar tocando tan tarde. Se acercó a la puerta y la abrió. Al ver a Cristian, se quedó quieta unos segundos, sin entender qué hacía allí.
—Agustina… cuánto tiempo sin verte —susurró Cristian, como si ese reencuentro le doliera y al mismo tiempo lo aliviara.
Agustina lo miraba con los ojos bien abiertos, sin poder decir nada. Tardó unos segundos en reaccionar y, cuando lo hizo, intentó cerrar la puerta, pero Cristian la detuvo con la mano.
—No… —dijo, entrando decidido—. ¿Desapareces de mi vida y ahora que te encuentro quieres simplemente cerrarme la puerta?—la miró con reproche y una herida evidente.
Agustina sentía el corazón latiéndole tan fuerte que parecía que el pecho no le daba abasto.
—Yo… yo no sé qué haces aquí —logró decir, nerviosa.
Cristian dio un paso hacia ella.
—Vengo por muchas respuestas, Agustina —contestó, claramente afectado.
Agustina lo miró sin saber qué hacer. Pensaba demasiado rápido, pero no encontraba palabras.
—Yo… no entiendo de qué respuestas hablas —logró decir, intentando controlarse para no decir nada de más.
Cristian dio otro paso más, quedando más cerca de ella.
—Desapareciste todos estos años —contestó, sin quitarle la mirada—. Y ahora vas a tener que darme respuestas.
—Cristian… esto ahorita no es el momento —susurró, nerviosa pero intentando calmarse.
—Para mí sí lo es —dijo Cristian, dando un paso más hacia ella y mirándola fijo—. Y vas a tener que escucharme.
Agustina se sintió débil ante su presencia y quiso alejarse. Cristian la observó unos segundos y después miró alrededor del apartamento, comprobando que no hubiera nadie más.
—Explícame… por qué te fuiste sin una palabra, por qué desapareciste de mi vida y ahora estás aquí… ¿por qué, Agustina? —preguntó Cristian, recordando todo lo que sufrió en su ausencia.
—Cristian, por favor… no es el momento. Vete y no vuelvas a aparecer en mi vida —respondió Agustina, con aparente firmeza, aunque en su interior todo se le estaba cayendo.
—¿Eso quieres? —preguntó, serio y con dolor a la vez—. No voy a hacerlo porque escúchame bien, Agustina García… sigues siendo parte de mi vida. No importa el tiempo, sigues siendo mía.
Agustina tragó saliva y dio un paso atrás hasta quedar sin salida contra la pared. Se sintió nerviosa. Cristian se acercó y la observó en silencio, fijándose en su pijama simple.
El deseo de tenerla como antes lo desbordó y, sin poder contenerse, terminó besándola con pasión.
Agustina, entre la confusión y el sentimiento que aún no había desaparecido, le correspondió el beso con mucha entrega.
“Te amo un montón, mi güero… siempre estás en mi cabeza y en mi corazón”, pensó Agustina, sin separarse de él.
Mientras la besaba, Cristian no podía dejar de pensar:
"Te amo tanto, Agustina… nunca te he olvidado… y estas ganas que me están volviendo loco… de hacerte mía ahora mismo.”
Cristian la besó con intensidad, como si no quisiera separarse de ella. Agustina, al principio dudosa, empezó a dejarse llevar. Pero cuando sintió su mano descender hacia su cadera, volvió en sí de golpe. Su respiración se agitó y, aunque estaba a punto de ceder, se separó de él.
Cristian se quedó en silencio unos segundos, respirando agitado, sin entender por qué ella se había detenido.
—Mi chaparrita… quiero estar contigo —susurró, acercándose de nuevo.
Agustina sabía perfectamente a qué se refería, y aunque también lo deseaba después de tantos años, algo dentro de ella le decía que no era el momento.
—Cristian, ya te lo dije… vete y no vuelvas a buscarme —dijo Agustina, señalando la puerta mientras se alejaba de él.
Cristian la observó y terminó asintiendo, no por voluntad propia, sino porque ella se lo había pedido.
—Está bien, Agustina… —dijo—. Pero no pienses que voy a renunciar a ti.
Dicho eso, salió del apartamento, mirándola hasta el último segundo.
En cuanto se quedó sola, Agustina cerró la puerta y se tocó los labios.
—No puede ser… —susurró, sin poder asimilarlo. Por poco se deja llevar y le cuenta toda la verdad.
Cristian, por su parte, llegó a su apartamento y se dejó caer en la cama, intentando controlar lo que le había provocado ver a su chaparrita después de tantos años. Aún seguía afectado por la cercanía, el beso y la reacción que no había podido detener.
Si ella no se hubiera apartado, nada de eso habría terminado ahí, lo sabía bien.
—Te amo… y no pienso soltarte, Agustina… eres mía, solo mía —murmuró, antes de quedarse dormido con su recuerdo.
En otra parte de la ciudad, en una gran mansión, Eduard se reencontró con Rosalía y su hija. El momento estuvo cargado de todo lo que habían dejado pendiente con el tiempo. Mientras las observaba, él mismo les fue contando cómo había sido su estadía en Estados Unidos, todo lo que tuvo que enfrentar y cómo, aun estando lejos, nunca dejó de pensar en ellas.
Les hizo entender que ya nada era igual. Que los impedimentos quedaron atrás y que no había motivos para seguir separados. Estaba convencido de que ahora sí podían estar juntos sin nada en contra, y que podía darle a Rosalía la vida que merecía.
Al día siguiente, en el hospital, el director reunió a todo el personal en la sala de conferencias. El ambiente era de expectativa, ya que no era una reunión habitual.
Con pocas palabras, informó que se llevaría a cabo un evento especial de presentación del hospital, una especie de inauguración oficial que no se había realizado en su momento, debido a que el centro ya había comenzado a funcionar.
Explicó que no sería dentro del hospital, sino en un lugar externo preparado para la ocasión, donde asistirían invitados importantes y autoridades.
La noticia tomó por sorpresa a varios, aunque rápidamente entendieron que sería un evento formal y relevante para la institución.
Más tarde, el director llamó a Agustina a su oficina. Ella entró con cierta curiosidad, sin saber exactamente de qué se trataba.
Él la observó con serenidad y una pequeña sonrisa se le formó antes de hablar.
—Quería hablar contigo un momento. Hay algo que me gustaría pedirte —dijo, mirándola con la esperanza de que aceptara.
Agustina asintió, aunque no del todo tranquila. Su pasado reciente seguía influyendo en ella y le hacía desconfiar un poco.
—Para el evento del hospital… me gustaría que fueras conmigo —añadió suavemente—. Me haría ilusión.
Agustina lo miró sorprendida.
—¿Yo?
Doris esta loca mando hacer tarjeta de bodas que obsesión tiene por Cristian pero esta jodida porque si se encuentra con su chaparrita las demás quedan por fuera.
Lectores, sé que muchos se preguntan por qué el investigador no ha logrado dar con Agustina. Como mencioné antes, Rebecca hizo todo para ocultarla y que no estuviera cerca de Cristian.
Por eso, aunque hay un investigador privado, no ha podido encontrarla Rebecca borró pistas, ocultó información y manipuló todo para desviar la búsqueda.
Aun así, él cumple su papel porque la verdad no se revelará de golpe sino poco a poco.
Eso lo mencioné en un capítulo, cuando ya habían pasado los años.
Rebeca ya le dijo a Betania que regreso la campesina que harán este par de arpías 🤔🤔🤔❓❓❓
Quien es el hombre elegante y misterioso que llego 🤔🤔🤔❓❓❓
Ricardo y Martin como que son gay porque hubo una conexión rara.
Doris la insufrible ya no la soporta pero parece una garrapata mal pegada.
Rebeca si reconocio a Agustina que hará y dirá 🤔🤔🤔❓❓❓
Dos locas obsesionadas con Cristian que quieren tenenerlo a como de lugar Doris y Betania no tienen autoestima a una la utilizan y la otra no la ven con ojos de negro gustas que ridículas otras patéticas mas.
Cristian ahora caes de ese edificio e iras a parar al hospital donde esta Agustina y a ella le tocara atenderte y lo peor sera que llegaran todas las arpías osea Doris, Betania y Rebeca la alcohólica y despreciable madre.
Otro director que se fijo en Agustina no me parece que venga otro a joderle la vida.