Margo siempre fue la mujer de los planes perfectos, hasta que su prometido la abandonó en el altar por su mejor amiga. Humillada y con la prensa social acechando, Margo decide que no será la víctima de esta historia. En un arrebato de orgullo y dolor, recurre a la única persona que odia tanto como a su ex: Lucas, el rival empresarial de su familia y el hombre que ha intentado hundir sus negocios por años.
Lucas acepta la propuesta de un matrimonio por contrato, pero no por caridad. Él ve la oportunidad de finalmente entrar en el círculo de poder de los de Margo. Lo que comienza como una alianza gélida y transaccional, pronto se convierte en un campo de batalla emocional donde el odio se confunde con una atracción eléctrica. En un juego de apariencias, Margo y Lucas deberán decidir si su unión es la mejor venganza o la peor de sus derrotas.
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Capitulo 14
El regreso de la cabaña había sido envuelto en una neblina de esperanza que Margo se permitió respirar por primera vez en meses. El penthouse, antes un campo de batalla, se sentía ahora como un hogar en construcción. Sin embargo, la paz en el mundo de los Thorne siempre era el preludio de una tormenta más devastadora.
Lucas estaba en una reunión de emergencia en el puerto, intentando mitigar los daños del desprendimiento de tierra. Margo, impulsada por un deseo genuino de ayudar, entró en el archivo digital de la biblioteca para buscar los planos originales de los cimientos del muelle cuatro. Quería demostrarle que era su socia, que su mente de ingeniera estaba al servicio de su causa común.
Pero lo que encontró no fueron planos de ingeniería.
En una carpeta oculta bajo una triple encriptación que ella logró descifrar por pura inercia profesional, Margo halló un historial de comunicaciones fechado dos años atrás. No eran correos de negocios estándar; eran informes de una agencia de investigación privada contratada por Lucas.
El sujeto de la investigación no era su padre, ni la empresa. Era ella.
Margo sintió que la temperatura de la habitación descendía veinte grados mientras leía los reportes. Había fotos de ella en la universidad, detalles de sus rutinas, análisis de sus debilidades emocionales y, lo más doloroso, un seguimiento exhaustivo de su relación con Mateo.
Un documento en particular, titulado "Proyecto Caballo de Troya", detallaba una estrategia financiera para adquirir las acciones de los Valente. La conclusión del informe, escrita con la letra gélida y precisa de Lucas, la golpeó como un impacto físico:
"La vía más rápida de acceso a la junta directiva es la vulnerabilidad de la heredera. Esperar el colapso del compromiso con M.V. o, en su defecto, forzar una crisis de reputación que la obligue a buscar protección externa."
El aire en sus pulmones se volvió plomo. Margo se aferró al borde del escritorio de roble, sintiendo que el suelo se abría bajo sus pies. No había sido el destino. No había sido una coincidencia afortunada que Lucas apareciera en el bar esa noche tras el desplante de Mateo.
Él la había estado esperando.
Cada palabra de consuelo en la cabaña, cada defensa de su honor frente a los inversores, incluso el beso que ella creyó que había nacido de la redención, se transformó en su mente en una maniobra calculada. Margo no era su esposa, ni su socia, ni su aliada; era un objetivo de adquisición que Lucas Thorne había estado rastreando durante años.
La sensación de ser "usada", la misma que Lucas había castigado en otros, ahora emanaba de él. El fantasma de la traición, ese que ella pensó haber derrotado en el altar, regresó con una fuerza renovada. Se sintió estúpida, una niña jugando a la guerra con un hombre que había inventado las reglas para que ella siempre perdiera.
—Veo que has aprendido a navegar por mis archivos mejor de lo que esperaba.
La voz de Lucas resonó en la entrada de la biblioteca. Margo no se giró de inmediato. Cerró los ojos, intentando contener la náusea. Cuando finalmente lo miró, Lucas estaba allí, todavía con la ropa de trabajo, luciendo cansado y humano. Pero para Margo, la humanidad ya no era más que una capa de pintura sobre una maquinaria de destrucción.
—¿Proyecto Caballo de Troya? —preguntó ella, señalando la pantalla con un dedo tembloroso—. ¿Dos años, Lucas? Llevas dos años estudiando mis debilidades como si fuera un terreno que vas a pavimentar.
Lucas no se inmutó. No hubo excusas rápidas ni negaciones. Se acercó al escritorio y observó el documento con una frialdad que hizo que Margo quisiera gritar.
—Era un plan de contingencia, Margo. En ese entonces, tú eras solo el apellido de mi enemigo. Necesitaba saber por dónde se quebraría el muro.
—¡Yo no soy un muro! —estalló ella, su voz quebrándose—. Soy una persona. Me viste sufrir en ese altar sabiendo que esto era exactamente lo que habías planeado. ¿Acaso pagaste a Sofía? ¿Fue parte de tu maldito presupuesto para que Mateo huyera y me dejaras sin nada para que yo corriera a tus brazos?
Lucas apretó la mandíbula, y por un segundo, una chispa de algo parecido al dolor cruzó su mirada, pero fue rápidamente sofocada por su orgullo.
—No causé lo de Mateo. No tuve que hacerlo. Los hombres como él se destruyen solos, Margo. Yo solo me aseguré de estar allí para recoger los pedazos antes de que alguien más lo hiciera.
—Para quedarte con los pedazos —corrigió ella con amargura—. No me protegiste de la humillación, Lucas. Me alquilaste. Me diste un refugio de cristal para que no pudiera ver que tú eras el que estaba apretando las paredes.
Margo se quitó el anillo de diamantes negros. El metal que antes sentía cálido ahora le quemaba la piel. Lo dejó caer sobre el escritorio; el sonido del platino contra la madera sonó como una sentencia final.
—Margo, lo que pasó en la cabaña… lo que siento por ti ahora… eso no estaba en el plan —dijo Lucas, dando un paso hacia ella.
—¿Y cómo voy a saber qué es real? —le espetó ella, retrocediendo—. Has pasado años perfeccionando la mentira. Eres tan bueno actuando que me hiciste creer que tenías corazón. Pero el "Proyecto Caballo de Troya" es lo único real aquí. Todo lo demás es marketing para que la mercancía no se rebele.
Lucas se detuvo. Su rostro se volvió de piedra, recuperando la máscara de hierro que Margo pensó haber roto. El silencio entre ellos volvió a ser el de los primeros días: pesado, gélido y lleno de una decepción mutua que no conocía fondo.
—Si eso es lo que crees —dijo él, con una voz que era puro hielo—, entonces el contrato sigue siendo lo único que nos une. Mañana saldrán los documentos para la toma de control de los astilleros. Ya tienes lo que querías: la caída de Mateo. Y yo tengo lo mío.
Margo sintió que el corazón se le partía en mil pedazos, pero no permitió que ninguna lágrima cayera frente a él. Había vuelto a caer en una trampa, pero esta vez, el cazador era el hombre al que había empezado a amar.
Lucas abandonó la biblioteca sin mirar atrás. Margo se quedó sola, rodeada de libros y de la evidencia de su propia ingenuidad. El espejismo se había roto, y lo que quedaba debajo no era una alianza de cenizas, sino un campo de batalla donde ella era la única que no sabía que la guerra nunca se había detenido.
Esa noche, Margo no durmió. Volvió a su habitación, cerró la puerta con llave y comenzó a revisar sus propios planos. Ya no buscaba construir puentes. Buscaba la forma de derribar el rascacielos de Lucas Thorne, ladrillo por ladrillo, aunque ella estuviera dentro cuando cayera.
Genial la novela! Gracias por compartir tu talento!