En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 18: El hombre que ya no se detiene
El mundo seguía girando.
Las luces de la ciudad seguían encendiéndose cada noche, los negocios seguían funcionando, las personas seguían con sus vidas como si nada hubiera pasado.
Pero para Henry Wason…
todo se había detenido.
No en el tiempo.
Sino dentro de él.
Desde el momento en que Catalina desapareció, algo se quebró. No fue un grito, no fue una reacción visible. Fue algo más peligroso.
Un silencio.
Un vacío.
Una decisión.
El penthouse seguía destruido.
Nadie se había atrevido a tocar nada. No porque no pudieran… sino porque nadie se había atrevido a darle la orden de hacerlo.
Henry caminaba entre los restos como si cada paso le hablara. Vidrios rotos bajo sus zapatos, cables arrancados, pantallas apagadas… todo era un reflejo de lo que había pasado.
Se detuvo frente al lugar donde estaba la máquina.
Ese lugar donde podía verla.
Donde, por un momento, la tenía cerca.
Apretó la mandíbula.
—No…
Su voz fue baja.
Pero cargada.
—Esto no termina así.
Detrás de él, sus hombres esperaban en silencio.
Nadie hablaba.
Nadie respiraba más fuerte de lo necesario.
—Quiero cada registro —dijo sin girarse—. Cámaras, accesos, movimientos… todo.
—Sí, señor.
—Y quiero saber quién filtró la información.
El tono cambió.
Más frío.
Más peligroso.
—Porque alguien habló.
Silencio.
—Y alguien va a pagar por eso.
Finalmente se giró.
Su mirada no era la misma.
No era la del empresario.
No era la del estratega.
Era la de alguien que había cruzado una línea.
—Muévanse.
—
Las horas siguientes no fueron normales.
Nada en ese mundo lo era cuando Henry decidía actuar.
Las redes comenzaron a moverse, las bases de datos se abrieron, las conexiones ocultas salieron a la luz. Personas que nunca eran observadas… comenzaron a serlo.
Nombres.
Rostros.
Movimientos.
Todo pasaba por sus manos.
Pero no era suficiente.
No aún.
Porque el culpable…
seguía oculto.
—
En otra parte de la ciudad, lejos de las cámaras, lejos del ruido, el verdadero poder comenzaba a reunirse.
Los ancianos.
Aquellos que no aparecían en las noticias.
Aquellos que no necesitaban hacerlo.
Ellos movían los hilos.
Ellos decidían el equilibrio.
Y ahora…
ese equilibrio estaba en riesgo.
—Esto no puede seguir así —dijo uno de ellos, golpeando suavemente la mesa.
—Henry está fuera de control.
—No —respondió otro—. Henry está enfocado.
El silencio cayó.
—Y eso es peor.
Las miradas se cruzaron.
—Si continúa, va a arrastrarnos a todos.
—Ya lo está haciendo.
—Entonces debemos detenerlo.
La palabra quedó en el aire.
Pesada.
Peligrosa.
—¿Detenerlo?
—O controlarlo.
—No es alguien fácil de controlar.
—Nunca lo fue.
El ambiente se tensó.
Y entonces…
una voz distinta habló.
—Tal vez… este sea el momento adecuado.
Todos miraron hacia él.
Andrés.
Sentado con tranquilidad, como si la situación no lo afectara.
—¿A qué te refieres? —preguntó uno de los ancianos.
Andrés apoyó los codos sobre la mesa.
—Henry está debilitado.
La palabra no pasó desapercibida.
—No físicamente.
Su mirada se afiló.
—Emocionalmente.
El silencio fue incómodo.
—Y cuando alguien como él pierde el control…
es cuando se cometen errores.
Algunos asintieron.
Otros dudaron.
—¿Y qué propones?
Andrés sonrió apenas.
—Un comité.
—¿Para qué?
—Para limitar su poder.
Las palabras fueron claras.
Directas.
—No podemos permitir que una decisión personal ponga en riesgo todo lo que construimos.
—Él no lo va a aceptar.
—No necesita aceptarlo.
El ambiente se volvió más frío.
—Solo necesita entenderlo.
Pero dentro de él…
había algo más.
No era solo control.
Era ambición.
Quería su lugar.
Su imperio.
Y esta…
era la oportunidad perfecta.
—
La convocatoria llegó a Henry pocas horas después.
La observó.
En silencio.
Sin expresión.
—…
Sabía lo que significaba.
Sabía lo que querían.
Y no le importaba.
—
La sala de reunión era imponente.
Todo en ese lugar estaba diseñado para recordar quién tenía el poder.
Pero cuando Henry entró…
el ambiente cambió.
Porque el poder…
no siempre está en el lugar.
A veces…
está en la persona.
Caminó sin detenerse.
Sin saludar.
Se quedó de pie.
Observando.
—Henry —dijo uno de los ancianos—. Gracias por venir.
No respondió.
—Sabemos lo ocurrido.
Silencio.
—Y lamentamos tu pérdida.
Nada.
—Pero debemos hablar de lo que estás haciendo.
Henry levantó la mirada.
—¿Qué estoy haciendo?
—Estás movilizando recursos, personas, información… de una manera que está generando inestabilidad.
Henry inclinó apenas la cabeza.
—¿Inestabilidad?
Su voz fue baja.
—¿Eso es lo que les preocupa?
El ambiente se tensó.
—Nos preocupa el equilibrio.
Henry dio un paso adelante.
—A mí no.
Silencio.
—A mí me preocupa quién se la llevó.
Sus palabras cayeron con peso.
—Y qué voy a hacer cuando lo encuentre.
Algunos evitaron mirarlo.
Otros se mantuvieron firmes.
—Henry —intervino otro—. Esto no puede convertirse en una guerra personal.
—Ya lo es.
La respuesta fue inmediata.
—Te pedimos que te controles.
Henry lo miró fijamente.
—No.
—Esto no es una petición.
Henry sonrió.
Pero no había humor en ella.
—Entonces háganlo oficial.
El silencio fue absoluto.
—Digan lo que realmente quieren.
Su mirada recorrió cada rostro.
—¿Quieren detenerme?
Nadie respondió.
Pero uno…
desvió la mirada.
Andrés.
Fue apenas un segundo.
Pero Henry lo vio.
Y eso fue suficiente.
—…
No dijo nada más.
No hacía falta.
—
La reunión terminó sin acuerdos.
Sin paz.
Sin solución.
Solo con una verdad.
Esto iba a escalar.
—
Esa noche, Henry no volvió al penthouse.
No podía.
No aún.
Necesitaba espacio.
Necesitaba pensar.
O tal vez…
necesitaba no pensar.
Fue a su hotel.
La torre más alta.
El lugar donde podía ver toda la ciudad.
Donde todo parecía pequeño.
Controlable.
Entró en la habitación.
Oscura.
Elegante.
Silenciosa.
Se acercó al ventanal.
Las luces brillaban abajo.
La vida seguía.
Como si nada.
Se sirvió un whisky.
Lento.
Sin prisa.
Observó el líquido en la copa.
—…
Pensó en ella.
En su voz.
En su risa.
En su forma de desafiarlo.
En cómo había cambiado todo.
Apretó la copa levemente.
—Te prometí…
Su voz fue apenas un susurro.
—Que te iba a traer de vuelta.
Cerró los ojos un segundo.
—Y no voy a fallar.
Bebió.
El sabor ardió.
Pero no le importó.
Nada le importaba.
Excepto una cosa.
Encontrarla.
Recuperarla.
Y destruir a quien se la había quitado.
Se sentó.
Mirando la ciudad.
En silencio.
Pero no era un silencio vacío.
Era el silencio de alguien que ya eligió su camino.
Y cuando Henry Wason elige…
no hay nadie capaz de detenerlo.
Ni siquiera el mundo entero.
💕💕💕💕.... 💕💕💕💕...... 💕💕💕💕....
Miren esa mirada…
No es solo un hombre tomando whisky…
es alguien que ya decidió que no va a perder otra vez
El silencio, la noche, la ciudad…
todo es calma por fuera…
pero por dentro… ya empezó la tormenta
Henry ya no es el mismo…
y cuando alguien como él cambia…
el mundo tiembla
¿Ustedes también sienten esa vibra peligrosa o soy yo?
Porque lo que viene…
no va a ser suave
Si te gustó, deja tu mensaje
quiero leerte y saber qué piensas
Con cariño,
Luna Auol 🌸