Selina tiene 18 años y descubrió que aunque puede transformarse en loba, no tiene a su loba interna. Ha estado enamorada de su amigo Isaac Newman el beta de la manada White Moon, ella creía que su amor por el sería correspondido, sin embargo dolorosamente descubre la verdad de sus sentimientos y la traición de quienes ella más amaba. Inesperadamente la ayuda viene de quien ella más detesta...
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El Plan
El silencio en la cabaña era distinto esa noche.
No era paz.
Era… vacío.
Abrí el viejo baúl de madera que había pertenecido a mis padres.
No lo tocaba desde hacía años.
Quizás porque, en el fondo… sabía que encontraría algo que no estaba lista para ver.
Comencé a sacar ropa, algunos objetos antiguos, recuerdos que dolían más de lo que esperaba.
Hasta que lo vi.
Un sobre.
Amarillento.
Sellado.
Mi ceño se frunció.
—¿Qué es esto…?
Lo tomé con cuidado.
El nombre escrito en el frente hizo que mi corazón se detuviera.
Iván.
La letra era firme. Desconocida… pero no del todo.
Algo en ella me resultaba familiar.
Demasiado.
Mis dedos dudaron un segundo antes de romper el sello.
No debía leerlo.
Era de mi padre.
Pero…
ya nada parecía importar.
Deslicé el papel fuera del sobre y comencé a leer.
" Hermano:
Si estás leyendo esto, espero haber llegado demasiado tarde… o demasiado pronto.
No confío en lo que está pasando en tu manada. Hay cosas que no encajan, Iván. He sentido movimientos que no son naturales, decisiones que no corresponden a un alfa que dice proteger a los suyos.
Debes tener cuidado.
Pero eso no es lo más importante.
La niña.
Selina.
Lo que me contaste… no es normal. No es solo un rasgo distinto. No es una variación.
Es un legado.
Si nació con el cabello blanco… entonces no hay duda.
Es hija de la luna.
(líneas ligeramente temblorosas)
Iván, si esto es cierto, no puedes permitir que crezca bajo la mirada de otros. No todos entenderán lo que es… y algunos intentarán usarlo.
O peor… controlarlo.
Si algo te sucede, llévala conmigo. Yo puedo protegerla. En Blue Moon aún quedan quienes recuerdan lo que significa su existencia.
Pero si decides quedarte…
entonces no confíes en nadie.
Ni siquiera en aquellos que dicen estar de tu lado.
(última línea)
Voy a ir por ustedes.
No importa lo que tenga que enfrentar.
--Paolo--
Mis manos comenzaron a temblar.
—No…
Retrocedí un paso, negando.
—No… esto no puede ser…
Mi respiración se volvió irregular.
Mi mente intentaba encajar las piezas… pero todo chocaba.
—Él… sí sabía…
Mi tío Paolo siempre supo.
Y quiso venir por nosotros.
—Entonces…
levanté la mirada, sintiendo cómo algo dentro de mí se quebraba.
—¿por qué nunca llegó?
El silencio no respondió.
Pero esta vez…
la respuesta era peor que cualquier palabra.
Alguien lo detuvo.
O peor aún…
alguien se aseguró de que nunca supiera lo que pasó después.
Apreté la carta con fuerza.
—Me han mentido…
susurré, sintiendo la rabia, subir nuevamente
—todos estos años.
Mi mirada se endureció.
—Pero eso se acabó.
Si él iba a venir por nosotros…
entonces yo iba a encontrarlo.
esta vez…
nadie iba a detenerme.
—Voy a encontrarlo —susurré.
Y esta vez… no dudé.
Me moví rápido por la cabaña, guardando lo esencial. Ropa. El sobre.
Lo poco que quedaba de mis padres.
Pero algo no encajaba.
El aire… se sentía distinto.
Más denso.Salí con cuidado. Silencio.
Demasiado silencio.
Entrecerré los ojos.
Y entonces lo sentí.
No uno.
Varios.
Observando.
Mi cuerpo se tensó.
—Así que era verdad… —murmuré—. Nunca estuve sola.
Un aroma cruzó el viento.
Familiar.
Demasiado familiar.
—Danilo… —susurré.
Mi mandíbula se tensó.
Todo encajó de golpe.
Su interés.
Su cercanía.
Sus preguntas.
—No era casualidad…
Una rama crujió a lo lejos.
Sonreí sin humor.
—¿Cuánto tiempo llevas vigilándome?
Silencio.
Pero no necesitaba respuesta.
Ya la sabía.
Di un paso atrás.
—No van a detenerme_ Y corrí con rapidez
El cambio llegó como una ola.
Dolor.
Fuerza.
Libertad.
Mi loba emergió sin resistencia. Corrí.
El bosque se abrió ante mí… pero no estaba sola.
Los podía sentir. Detrás. Siguiéndome.
Yellow Moon.
Siempre estuvieron ahí.
Siempre… observando. Así que ambos alfas estaban detrás esto, pensé.
Un gruñido escapó de mi pecho.
—No más_ Aceleré mis pisadas
—¡Selina!_ la voz de Bruno
Me detuve en seco.
Su voz.
Maldición.
Me giré, mostrando los dientes.
Bruno estaba frente a mí, respirando agitado… pero no por la carrera. Por mí.
—Apártate —gruñí.
—No puedo.
—No quiero hacerte daño.
—Entonces no me obligues a dejarte ir así.
Mis ojos brillaron con rabia.
—¿Así cómo? ¿Libre?
Él dio un paso más cerca.
—Descontrolada.
—No estoy descontrolada.
—Mientes.
El silencio explotó entre nosotros.
—Lo sé —continuó—. Sé lo que encontraste.
Mi corazón se detuvo.
—¿Me estabas vigilando tú también?
—Te estaba protegiendo.
—No lo hagas —susurré, dolida—. No uses esa palabra.
Apreté los puños.
—Todos dicen lo mismo_ le espete
—Yo no soy todos.
Lo miré.
Y por primera vez… no supe qué responder.
—Te vas a ir con él —dijo Bruno.
No era una pregunta.
Asentí lentamente.
—Es el único que no me mintió.
Su mirada se endureció apenas.
—No lo conoces.
—Lo suficiente como para saber que no me encerró.
Eso dolió.
Lo vi en su expresión.
—Si cruzas ese límite… —dijo— no voy a poder seguirte.
—No te lo estoy pidiendo_ argumenté
—No se trata de eso —gruñó, perdiendo por fin la calma—. ¡Se trata de que no entiendes lo que te va a pasar!
—Entonces explícamelo.
Silencio.
Bruno apretó la mandíbula.
—No puedo.
Reí sin humor.
—Claro… no puedes.
Di un paso hacia atrás.
—Siempre es lo mismo. Te gusta jugar conmigo _ reclamé
—Porque si te lo digo…
Su voz se quebró apenas.
Me detuve.
—…te voy a perder igual.
El mundo pareció detenerse.
—¿Qué…?
—Si te quedas, me odias.
—Si te vas…
Sus ojos se clavaron en los míos.
—no sé si vuelvas.
Mi pecho dolió.
Fuerte.
Demasiado fuerte, sin poder evitarlo.
—Bruno…
—Pero si no te dejo ir…
dio un paso atrás
—entonces sí me convierto en todo lo que crees que soy_ terminó diciendo
El silencio cayó entre nosotros. Pesado.
—No intentes detenerme —dije en voz baja.
—No lo haré.
Dudé.
Solo un segundo.
—Gracias…
Susurré, casi sin querer.
Y corrí.
Esta vez… no me detuve.
No miré atrás.
Pero si lo hubiera hecho… habría visto que no fue el único que se quedó quieto.
Algo en mí… también lo hizo.
Mis patas se movían por si mismas y mi corazón se agitó dentro de mí con fuerza, un aullido se oyó a la distancia y sabía muy bien a quien pertenecía.
y el Ysacc anda entre las 2😡😡😡
de seguir al malvado de su padre y se ponga los pantalones por ella
sobre todo la perra de la amiga que es igual a Carol