Siempre hubo odio entre ellos. Desde el primer momento, las miradas estaban cargadas de desprecio, las palabras eran cuchillos y las peleas, inevitables. Eran enemigos por naturaleza… o eso creían.
Pero todo cambia cuando él descubre un secreto que nunca debió salir a la luz.
A partir de ese instante, la tensión deja de ser solo odio. Las emociones se vuelven confusas, peligrosas, irresistibles. Lo que antes era rechazo empieza a transformarse en algo mucho más intenso… algo que ninguno de los dos sabe cómo controlar.
¿Es posible que entre enemigos nazca el amor?
¿O todo es solo una ilusión provocada por lo que ahora los une?
En un mundo donde los instintos pueden más que la razón, cruzar esa línea podría cambiarlo todo… para siempre.
NovelToon tiene autorización de juliana scotella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 6 :Me generas caus y estabilidad
—Debería serlo… \=susurré.
Aún aferrado a él.
Sin soltarlo.
Sin querer hacerlo.
—Dirijo una parte del reino… debo ser fuerte.
Siempre fuerte…
Siempre en control…
Sus brazos no se movieron.
No me soltó.
—Pero no frente a mí \=aclaró Irán.
Su voz fue firme.
Pero no dura.
Levanté apenas la mirada.
Forcé una pequeña sonrisa.
Inestable.
—¿Cómo…? \=murmuré
— ¿Cómo acabamos así? Hace unos días… peleábamos a muerte.
Intentábamos destruirnos…
Irán guardó silencio un segundo.
Como si también lo estuviera procesando.
—El destino… quizás \=susurró.
Fruncí levemente el ceño.
—Qué destino más raro…
Cruel… confuso…
—Sí… es raro \=admitió
— Pero es real.
Sentí cómo sus brazos se ajustaban apenas a mi alrededor.
No para retenerme.
Si no para sostenerme.
—Y no podemos ignorarlo para siempre.
Dante
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire.
Pesadas.
Verdaderas.
No podemos ignorarlo…
Quería negarlo.
Decir que sí.
Que podía seguir como antes.
Que nada de esto importaba.
Pero mi cuerpo…
Mi cuerpo ya había tomado una decisión.
Sus feromonas me envolvían.
Diferentes ahora.
No invasivas.
No abrumadoras.
Eran… tranquilas.
Cálidas.
Seguras.
¿Cómo puede ser ambas cosas…?
Caos.
Y calma.
Todo al mismo tiempo.
Su aroma.
Su presencia.
Me desarmaban.
Pero también…
Me sostenían.
Cerré los ojos un segundo.
Apoyándome apenas más en él.
Sin pensar.
Esto no debería sentirse así…
Pero se sentía bien.
Demasiado bien.
Y eso…
Me asustaba.
...Irán...
Lo sentí relajarse.
Apenas.
Pero lo suficiente.
Su cuerpo ya no estaba en tensión constante.
Ya no intentaba escapar.
Te estás permitiendo sentirlo…
No dije nada por un momento.
No quería romperlo.
No quería apurarlo.
Solo lo sostuve.
Como si eso fuera suficiente.
Porque, ahora mismo…
Lo era.
Bajé la mirada hacia él.
Más tranquilo.
Más real.
—No tenéis que entenderlo todo hoy.
Mi voz fue baja.
Casi un susurro.
—Solo… deja de pelear contra lo que sentís.
No como una orden.
Si no como una verdad.
Una que yo también estaba aprendiendo a aceptar.
El sonido de la puerta de la prisión rompió el momento.
Seco.
Real.
Peligroso.
Me separé de él de inmediato.
Aunque no quería hacerlo.
Aunque cada parte de mí se resistía.
No…
—Debéis irte \=dije.
Mi voz intentó sonar firme.
Pero no lo logró del todo.
—No pueden vernos así… \=añadí, más para mí que para él.
Bajé la mirada un segundo.
Respirando hondo.
—Somos enemigos… ¿recuerdas?
Decilo… hacelo real otra vez…
Irán no respondió de inmediato.
Pero no se movió.
Y eso lo hizo más difícil.
Mucho más.
Ándate… antes de que cambie de idea…
Se giró.
Dispuesto a irse.
Y en ese instante—
Mi cuerpo decidió por mí.
Lo detuve.
Lo tomé del brazo.
Y lo atraje de vuelta.
Sin pensar.
Sin medir.
Sin control.
Mis labios chocaron con los suyos.
De golpe.
Intenso.
Necesario.
Mi respiración se aceleró de inmediato.
Mi corazón latía con fuerza.
Descontrolado.
¿Qué estoy haciendo…?
Me separé apenas.
Lo suficiente para hablar.
—Ahora sí…
Mi voz salió entrecortada.
Agitada.
Real.
—Debéis irte.
Lo miré.
De cerca.
Demasiado cerca.
Dile que se quede…
Pero no lo hice.
No podía.
No debía.
Todo esto…
Ya era demasiado.
...Irán...
No me moví.
Ni cuando me pidió que me fuera.
Ni cuando me besó.
Y menos ahora.
Lo observé en silencio.
Procesando.
Sintiendo.
Su contradicción.
Su necesidad.
Su miedo.
Me echáis… pero me buscáis.
Alcé una mano.
Rozando apenas su mejilla.
Con una calma que no tenía antes.
—Eres terrible mintiendo, ¿sabías?
Mi voz fue baja.
Sin burla.
Casi suave.
Mis ojos no se apartaron de los suyos.
—Decís que me vaya…
Me incliné apenas.
Lo suficiente para acortar la distancia otra vez.
—Pero sos vos el que no puede soltarme.
Silencio.
Cargado.
Verdadero.
Di un paso atrás.
Esta vez sí.
Respetando el límite que él intentaba marcar.
Pero no sin dejar algo claro.
—Me voy…
Pausa.
Sostuve su mirada.
Firme.
—Pero no porque vos quieras.
Otra pausa.
Más suave.
—Si no porque sé que, si me quedo…
Mi mirada bajó apenas a sus labios.
Y volvió a subir.
—No vas a poder seguir fingiendo.
Dante
Sus palabras se quedaron conmigo.
Pesadas.
Imposibles de ignorar.
No respondí.
No pude.
Solo me quedé ahí.
Mirándolo irse.
Otra vez.
Pero esta vez…
No dolía igual.
Era diferente.
Más profundo.
Más… inevitable.
Esto ya no tiene vuelta atrás…
La puerta se abrió.
El sonido metálico resonó en toda la prisión.
—Jefe… ¿Dónde está?
Uno de mis hombres se detuvo en seco al ver las rejas de la celda destrozadas.
Su mirada pasó de los restos de metal… a mí.
Expectante.
Desconfiada.
Controlé mi respiración.
Enderecé la postura.
Y volví a ser quien tenía que ser.
—Se escapó.
Mi voz salió fría.
Dominante.
Sin una sola grieta.
—Era obvio que iba a hacerlo.
El hombre asintió, aunque la tensión en su
Cuerpo no desapareció del todo.
—¿Usted está bien?
—Sí \=respondí sin dudar
__ Como ya sabéis… puedo cuidar de mí.
Firme.
Seguro.
Intocable.
Mentira.
Sin esperar más preguntas, me giré.
Y salí de la prisión.
Paso firme.
Mirada al frente.
Sin detenerme.
Hasta llegar a mi habitación.
La puerta se cerró detrás de mí.
Y el silencio…
Cayó.
Pesado.
Insoportable.
Di un paso.
Luego otro.
Y entonces…
Ya no pude sostenerlo.
El aire se me cortó.
Mi pecho se apretó con fuerza.
Me llevé una mano al rostro.
Como si eso pudiera contener algo.
Pero no funcionó.
Nunca funciona.
—… Mierda…
Mi voz se quebró.
Bajé la mirada.
Las palabras volvían.
Una y otra vez.
“Decís que me vaya… pero sos vos el que no puede soltarme.”
Apreté los dientes.
—Lo odio…\=Susurré.
Más para mí que para nadie.
—Odio que pueda leerme así…
Caminé de un lado a otro.
Inquieto.
Sin paz.
—Tengo que recordar…
Me detuve.
Respiré hondo.
Intentando recuperar el control.
—No pueden vernos juntos.
Mi tono volvió a endurecerse.
Forzado.
—Nuestros reinos… son enemigos.
Siempre lo fueron.
Siempre lo serán.
¿Entonces por qué…?
Cerré los ojos con fuerza.
—No lo necesito.
Negación.
Pura.
Desesperada.
—No debería necesitarlo…
Mi voz bajó.
Más débil.
—Ni sentir lo que siento…
Silencio.
Largo.
Pesado.
—No debo dejar que me lea así…
Pero incluso mientras lo decía…
Sabía la verdad.
Ya lo había hecho.
Y lo peor—
Era que no me había detenido.
...Irán...
La noche lo recibió en silencio.
Pero dentro de él…
Nada estaba en calma.
Caminaba.
Sin rumbo claro.
Sin prisa.
Pero con la mente fija en una sola cosa.
Dante.
Podía sentirlo.
No físicamente.
No como antes.
Pero sí…
Esa conexión latente.
Esa tensión que no desaparecía.
—No podéis esconderte de esto…
Murmuró para sí mismo.
Recordando cada reacción.
Cada mirada.
Cada contradicción.
Una leve sonrisa apareció.
No arrogante.
No del todo.
Si no… segura.
—Podéis negarlo todo lo que quieras…
Alzó la mirada.
Decidido.
—Pero ya cruzaste el punto de no retorno.
No iba a forzarlo.
No está vez.
Pero tampoco iba a alejarse.
Porque ahora lo sabía.
Con absoluta certeza.
Dante ya no podía fingir que no sentía nada.
Y eso…
Lo cambiaba todo.
...Dante...
—Mierda…
El grito salió cargado de furia.
Sin pensarlo demasiado, me cambié rápido: una camisa blanca, un pantalón negro cómodo.
Perfecto para pelear.
Perfecto para huir.
O para hacer algo mucho peor.
Salí sin mirar atrás.
El aire de la noche golpeó mi rostro mientras avanzaba directo al reino de Irán.
Listo para pelear, si era necesario.
Listo para enfrentar lo que fuera.
Mentira.
No iba por eso.
Iba por él.
Y eso…
Dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Los guardias no fueron un problema.
Un movimiento rápido.
Otro más.
Cuerpos inconscientes en el suelo.
Silencio.
Entré.
Avancé hasta su habitación.
Y lo esperé.
Tirado en su cama.
Como si ese lugar también me perteneciera.
La puerta del baño se abrió.
Y ahí estaba, Irán.
Solo con una toalla rodeando su cintura.
Mi mirada se clavó en él sin permiso.
Sin control.
—Te ves bien \=dije, dejando escapar una sonrisa ladeada.
Dante (pensamiento)
Demasiado bien…
Maldición…
Irán no respondió de inmediato.
Caminó con total calma.
Como si mi presencia no lo afectara.
Como si no acabara de irrumpir en su reino.
En su espacio.
En su intimidad.
Se vistió frente a mí.
Sin apuro.
Sin vergüenza.
Y yo…
No aparté la mirada.
Dante (pensamiento)
No mires…
No debería verlo así...
No lo hagas
…mierda.
Cada movimiento suyo era un problema.
Cada detalle.
Cada cicatriz.
Mis ojos se detuvieron en ellas.
Marcadas en su espalda.
Historias que no conocía.
Pero que quería entender.
—No deberías estar aquí, Dante.
Su voz fue firme.
Controlada.
Pero había algo debajo.
Algo que no dijo.
—Tampoco tuviste que ir a mi reino… pero fuiste.\=cuestione intentando parecer tranquilo y seguro.
Silencio.
Tenso.
Cargado.
—Estamos a mano ahora.
Irán rio suavemente.
Y ese sonido…
Me desarmó más de lo que debería.
Por un segundo, me perdí.
En su cuerpo.
En su presencia.
En él.
Sin pensar…
Me levanté.
Y acorté la distancia.
Mi mano se movió sola.
Mis dedos rozaron una de sus cicatrices.
Su piel estaba tibia.
Real.
Demasiado real.
—No deberías tocarme así, Dante…
Su voz bajó.
Más grave.
Más peligrosa.
—No sabéis lo que generáis haciéndolo.
Dante (pensamiento)
Mierda…
Sí lo sé…
Y eso es lo peor.
No retiré la mano.
Pero mi respiración cambió.
Más pesada.
Más inestable.
...Irán (pensamiento)...
Vino.
Aun sabiendo el riesgo… vino.
Decís que no me necesitáis… pero estás acá.
Sentía su cercanía.
Su tensión.
Su contradicción.
Y eso lo encendía más que cualquier provocación.
—No podéis escapar de mí, Dante…
Lo dijo despacio.
Seguro.
Dando un paso más cerca.
Invadiendo ahora él el espacio.
—No estando en mi territorio.
Irán (pensamiento)
Y no queréis hacerlo…
Eso es lo que más te delata.
...Dante...
Sostuve su mirada.
Desafiante.
Pero por dentro…
Todo era un caos.
—No vine a escapar.
Mi voz salió más baja.
Más honesta de lo que pretendía.
Silencio.
Pesado.
El aire entre nosotros parecía arder.
Dante (pensamiento)
Vine porque no pude no venir…
Y eso… me está destruyendo.