Después de un día duro de trabajo como pasante pero entra en su apartamento se desmaya luego de tropezar y de quejarse por las horas extras desearía no tener horas laborales desearía ser una holgazán y que me adorarán, cae inconsciente se oye una voz dentro de su mente iniciándo el sistema de la Diosa iniciando viaje desea comenzar...
NovelToon tiene autorización de Sandi Lobatos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Días de incertidumbre, amor y deseo
Pearl:
Me encuentro avergonzada, Aliviada pero con el corazón acelerado. El peso de lo sucedido
Han pasado exactamente tres días desde que rompí mi aislamiento y descendí del cielo. Tres días desde que el terror por la vida de Emmanuel me hizo perder el control, desde que lloré y el cielo entero lloró conmigo, desde que usé armas modernas y poder divino para cambiar el destino de la batalla.
Y ahora que la adrenalina se ha ido y todo está más tranquilo... no puedo evitar sentirme terriblemente avergonzada.
Cierro los ojos y revivo ese momento. Me veo a mí misma arrodillada sobre el barro, tocando el cuerpo herido del General, llorando desconsoladamente, mostrando una debilidad y una emoción que una diosa no debería mostrar tan abiertamente. Luego estoy ahí, de pie, entre el humo y la destrucción, con armas que no pertenecen a esta era, destruyendo al enemigo con una furia que ni yo misma conocía.
¿Cómo me ven ellos ahora?
¿Pensarán que perdí la dignidad? ¿O peor aún... se darán cuenta de cuánto los amo, de cuánto me importan realmente, más allá de mi estatus?
Esa vulnerabilidad que mostré, esa cercanía física... me quema las mejillas solo de recordarlo. Me siento como una simple mortal que se ha dejado llevar por sus sentimientos, y no como la entidad etérea y superior que debería ser.
Mi compañía constante
A pesar de la vergüenza, no me he alejado. No he vuelto a ocultarme.
Desde entonces, he permanecido aquí, a su lado. Físicamente presente, visible para todos.
Estoy junto al Príncipe Heredero Ian. Lo veo organizar las tropas, mantener la moral alta, fuerte y noble como siempre. Siento su mirada sobre mí, llena de adoración y alivio, pero también con esa ternura que siempre ha tenido. Me siento segura con él, pero a la vez nerviosa, porque sé que vio cuánto sufrí.
Y estoy junto al General Emmanuel.
Esto es lo más difícil. Él ya está de pie, ya se mueve, su fuerza ha regresado casi por completo gracias a mí. Pero no puedo olvidar el momento en que mis manos recorrieron su cuerpo para sanarlo. Ahora que está sano, cada vez que me acerco o que nuestras manos se rozan por accidente, siento un escalofrío y una vergüenza inmensa. Él me mira con una intensidad que me desarma, como si hubiera visto mi alma desnuda aquel día.
Quiero esconderme, pero no puedo. Tengo que mantener la compostura, aunque por dentro esté toda revuelta. La situación y la ayuda del Sistema
Los bárbaros no fueron destruidos por completo. Lograron huir, retrocedieron en desorden hacia las montañas. No los perseguimos; era más importante asegurar lo que teníamos.
El verdadero problema no era ya el combate, sino la supervivencia.
El asedio había durado demasiado. Los almacenes estaban vacíos. No había comida, ni agua suficiente, ni medicinas, ni materiales para reparar las armaduras. El hambre empezaba a ser un enemigo más peligroso que las espadas enemigas.
Vi la preocupación en los ojos de Ian y de Emmanuel. Sabía que si no hacía algo, ganar la batalla habría servido de nada.
Yo: Sistema, necesito ayuda. El pueblo y los soldados no tienen qué comer. ¡Dame todo lo necesario!
(Sistema: Autorización concedida. Desplegando paquete de suministros de emergencia de alto nivel.
Sistema: Recursos transferidos: Granos, carnes preservadas, frutas, verduras, agua pura, medicinas, telas, herramientas y materiales de construcción. Cantidad: Ilimitada por tiempo determinado.)
De la nada, aparecieron montañas de provisiones. Alimentos de todas clases, de todos los sabores y tipos, cosas que ni siquiera existen en este mundo pero que el sistema pudo materializar. Nadie pasó hambre esa noche. Nadie tuvo frío.
Puntos de Devoción y Gratitud.
Lo que sucedió después superó mis expectativas.
Al ver la comida caer del cielo, al ver cómo sus heridas cerraban y cómo el peligro desaparecía, la gente estalló.
No solo los soldados, sino también los campesinos, los nobles, mis dos protectores... todos me miraron con una reverencia absoluta. Sentí cómo sus corazones se llenaban de agradecimiento puro.
(Sistema: ¡Aviso! Puntos de Devoción incrementados drásticamente.
Sistema: Puntos de Gratitud General: Nivel Máximo.
Sistema: Estado actual: PUNTOS ALTÍSIMOS.)
Aunque me siento avergonzada por cómo tuve que actuar, aunque me sonrojo al estar cerca de ellos... debo admitir que ha valido la pena.
Mi poder ha crecido, mi influencia es más fuerte que nunca, y lo más importante: ellos están a salvo, están bien y me aman.
Mañana será otro día. Por hoy, me quedaré aquí, vigilando su sueño, aunque mi cara siga ardiendo por lo que pasó hace tres días
Ian:
Me encuentro maravillado, Aliviado y Profundamente Enamorado. El milagro de sus pies
Aunque han pasado tres días, no puedo borrar de mi mente la imagen de cuando ella descendió.
Recuerdo perfectamente el momento. El suelo estaba lleno de sangre, barro y destrucción, un paisaje oscuro y desolado por la guerra. Pero en cuanto los pies de la Diosa Pearl tocaron la tierra... algo mágico sucedió.
Donde pisó, la suciedad desapareció al instante.
De la nada, brotó pasto verde, fresco y suave, cubriendo toda la zona. Y entre la hierba, como por arte de magia, comenzaron a nacer pequeñas flores de colores delicados. El aire cambió, se llenó de un aroma dulce y puro, y la muerte que había en el ambiente se transformó en vida.
Fue como si la propia tierra se alegrara de tenerla de nuevo. Ver cómo convertía un campo de batalla en un jardín en un segundo... me dejó completamente asombrado. Es entonces cuando me doy cuenta de que no es solo poder, es vida pura lo que emana de ella.
Pero lo que realmente me robó el aliento fue cuando se dirigió a él.
Se arrodilló junto al General Emmanuel, quien yacía inmóvil, al borde de la muerte. Vi cómo sus manos tocaron su pecho, su rostro... y sentí una energía tan intensa que me hizo temblar. Ella no solo cerró heridas, ella lo revivió. Lo trajo de vuelta de la oscuridad.
Verlo respirar de nuevo, verlo abrir los ojos... sentí un alivio inmenso, un peso gigantesco que se levantaba de mi pecho. Estábamos a salvo. Él estaba a salvo. Ella no nos había abandonado.
Ahora, estos días que hemos pasado juntos, han sido los más extraños y hermosos de mi vida.
Ella está aquí, física, real, caminando entre nosotros. Y no puedo evitar sentir su mirada sobre mí.
Siento cómo me observa en silencio. Sus ojos no son los de una diosa distante ahora... son ojos llenos de ternura, de calidez, de una suavidad que me derrite por dentro. Me mira como si yo fuera algo preciado, como si le importara más allá de su deber.
Y yo... yo no puedo apartar la vista de ella.
Le devuelvo la mirada con la misma intensidad. En esos silencios, cuando nuestros ojos se encuentran, siento que todo lo demás desaparece. Puedo sentir todo su amor fluyendo hacia mí, puedo sentir esa conexión profunda que nació en los sueños y ahora es realidad.
Pero también hay algo más. Algo más profundo y ardiente.
Siento deseo. Un deseo intenso y contenido de tenerla cerca, de abrazarla, de que esa distancia entre nosotros desaparezca para siempre. Mi corazón late con fuerza cada vez que se acerca, cada vez que me habla con esa voz suave. Sé que ella también lo siente, lo leo en su mirada, en cómo se sonroja levemente cuando le hablo.
Me siento el hombre más afortunado del mundo.
Ella revivió la tierra, revivió a mi general, y ha revivido también este amor que llevo dentro.
Emmanuel:
Un amor que nace del milagro.
Han pasado tres días. Tres días desde que ella bajó del cielo y me arrancó de las garras de la muerte. Y aun así, cada vez que respiro, cada vez que muevo mis brazos y siento que estoy vivo, no puedo evitar pensar que se lo debo todo a ella.
Siento un amor profundo, inmenso, que me llena el pecho hasta doler. No es solo adoración por ser una diosa... es algo que nace en el alma. Es saber que ella arriesgó todo, que bajó su guardia, solo por salvarme.
Pero lo que más me ha marcado, lo que no me deja dormir ni un solo segundo, es el recuerdo de su tacto.El fuego de sus manos.
Recuerdo perfectamente el momento. Yo estaba inconsciente, en la oscuridad, y de repente... sentí su calor. Sus manos, suaves y divinas, se posaron sobre mi cuerpo herido.
En el instante en que me tocó, un escalofrío recorrió cada centímetro de mi ser. No fue solo la energía sanadora lo que sentí. Fue ella. Sentí su piel, sentí su cercanía, sentí cómo sus dedos se deslizaban sobre mí para recomponer lo que estaba roto.
Esa sensación despertó algo en mí mucho más fuerte que la gratitud.
Encendió un deseo voraz. Un anhelo loco de que esas manos no se fueran nunca, de que me tocaran no solo para sanar, sino para sentir, para poseer.
Cuanto más me cuidaba, más yo la deseaba. Cuanto más amor me daba, más loco me volvía por tenerla entre mis brazos.
Gratitud y Culpa.
Me siento el hombre más agradecido del mundo. Ella me dio una segunda vida. Me devolvió para estar aquí, junto a ella.
Pero... hay un peso en mi conciencia.
Me siento culpable.
Culpable porque mientras ella me ha mostrado un cariño tan puro, tan constante y protector durante estos tres días... mientras me mira con preocupación y bondad, mis pensamientos están lejos de ser puros.
Ella se ha quedado a mi lado, vigilando que no me pase nada, tratándome con una delicadeza increíble. Y yo, en cambio, solo puedo pensar en lo mucho que quiero besarla, en lo mucho que quiero reclamarla como mía, en lo que daría por hacer que esas manos que me sanaron sintieran también mi pasión.
Me da vergüenza y me siento culpable de desearla así, con tanta fuerza, cuando ella solo me ha dado amor y vida. Pero no puedo controlarlo. Es más fuerte que yo.
La realidad de estos días estos tres días juntos han sido una tortura dulce.
Verla todos los días, sentir su cariño, ver cómo se preocupa por mí... me hace sentir amado, pero al mismo tiempo me quema por dentro. Sé que me ama, puedo verlo en sus ojos, pero sé también que hay límites que no debemos cruzar.
Pero yo ya no soy el mismo.
Ella tocó mi cuerpo y mi alma, y ahora sé con certeza que la quiero para mí. La culpa y el deseo luchan dentro de mí, pero una cosa es segura: nunca podré agradecerle suficiente lo que hizo, y nunca dejaré de desearla con toda la fuerza de mi corazón.