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Todo Empezó En Navidad

Todo Empezó En Navidad

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Romance entre patrón y sirvienta
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Una tarde fría de diciembre, Lucía se cruza con una niña perdida en la calle. Sin dudarlo la consuela y protege, sin imaginar que ese pequeño acto cambiará su vida para siempre. Su padre, Alejandro Ferrer, un poderoso empresario, no puede ignorar la angustia y la felicidad que Lucía despierta en su hija.
Mientras Alejandro busca desesperadamente a alguien que cuide a Emma, se da cuenta de que ninguna niñera parece estar a la altura… se da cuenta de que su hija no deja de mencionar a “la chica de la bufanda”. Y decide contratarla. Entre tensiones, celos y secretos, Lucía tendrá que marcar sus límites mientras Alejandro se debate entre lo correcto y lo que su corazón comienza a desear.
Una historia de amor, familia y segundas oportunidades, donde la Navidad no solo trae luces y regalos, sino también destinos que no pueden ignorarse.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La reacción del jefe

​El rugido del motor del SUV negro sobre la grava del camino principal anunció el regreso de Alejandro antes de que los neumáticos se detuvieran frente a la escalinata. Lucía, que estaba en la sala revisando por décima vez que no hubiera rastro de suciedad sobre el mármol, sintió que el pulso se le aceleraba. Emma, que había estado pegada al ventanal desde temprano, soltó un grito de júbilo y corrió hacia la puerta principal.

​—¡Papá! ¡Ya llegó, papá! —chillaba la niña con una energía que antes de la llegada de Lucía era poco común.

​Alejandro entró en el vestíbulo con el rostro marcado por el cansancio de Chicago. Sus hombros, habitualmente rectos y tensos, parecían cargar con el peso de mil decisiones financieras. Dejó su maletín sobre la mesa de la entrada y se agachó justo a tiempo para recibir el impacto de su hija, que se lanzó a sus brazos como un pequeño proyectil.

​—Cuidado, princesa —rio él, una risa breve y ronca que se extinguió en cuanto levantó la vista.

​Lucía estaba de pie al final del pasillo, bajo el arco que daba a la sala principal. Llevaba su ropa de trabajo habitual, pero su expresión era una mezcla de orgullo y cautela. Alejandro caminó hacia ella, todavía con Emma en brazos, y se detuvo en seco al entrar en el salón.

​El impacto fue visual y sensorial. El inmenso pino natural que Lucía y Luis habían traído se alzaba en la esquina más prominente del salón, decorado no con la frialdad de un diseñador, sino con la calidez de un hogar. Las luces blancas, dispuestas con una precisión casi poética, creaban un resplandor dorado que rebotaba en las paredes de mármol, suavizando las aristas de la arquitectura minimalista. El aire olía a resina de pino, a canela y a algo que Alejandro no lograba identificar: el olor de la vida cotidiana.

​—Usted dijo que no fuera una estridencia, señor Ferrer —dijo Lucía, rompiendo el silencio con voz suave—. Espero que esté dentro de lo aceptable.

​Alejandro no respondió de inmediato. Recorrió con la mirada las estrellas de papel hechas por Emma, las guirnaldas y, finalmente, la estrella solitaria en lo más alto del árbol. Se fijó en que el mármol estaba impecable, tal como él había exigido. No había caos, sino una belleza organizada que parecía haber estado esperando ser invitada a entrar durante años.

​—Es... —Alejandro buscó la palabra, sintiendo una extraña presión en el pecho—. Es diferente. Emma, ¿tú hiciste esto? —agregó señalando la estrella sobre la mesa de centro.

​—¡Sí, papá! Lucía me enseñó. Esta estrella es para ti —señaló la niña con orgullo—. Y la que está arriba es para mamá, para que nos vea desde el cielo.

​Alejandro bajó a la niña lentamente. Se acercó al árbol y rozó una de las ramas. Por un momento, el CEO implacable desapareció, dejando ver al hombre que alguna vez tuvo una familia completa. Miró a Lucía de reojo; ella lo observaba con un respeto profesional, manteniendo la distancia que su puesto requería, pero con una mirada que parecía leerle el alma.

​—Has hecho un buen trabajo, Lucía —concedió él, recuperando su tono de jefe, aunque su voz sonaba menos cortante—. Lograste que el mármol no pareciera tan frío después de todo.

​Justo cuando el ambiente empezaba a relajarse, el sonido estridente de unos tacones y una voz chillona rompió la armonía. La puerta principal se abrió de golpe y Valeria entró sin anunciarse, envuelta en un abrigo de piel y cargada de bolsas de marcas de lujo.

​—¡Alejandro, querido! He oído que has vuelto y... —Valeria se detuvo en seco al ver el árbol de Navidad. Su rostro pasó de la sorpresa al asco en un segundo—. Pero ¿qué es este horror? ¿Qué le han hecho a la sala? Parece el vestíbulo de un centro comercial barato.

​Emma se encogió detrás de las piernas de Lucía. Valeria se acercó al árbol, señalando las estrellas de papel con un dedo perfectamente manicurado.

​—Esto es patético. Alejandro, ¿cómo has permitido que esta... mujer llene tu casa de basura de jardín y manualidades de guardería? Es de una vulgaridad espantosa. La imagen de los Ferrer se va a ver arrastrada por los suelos si alguien ve este desastre.

​Lucía bajó la mirada, sintiendo el aguijón de la humillación. Pero antes de que pudiera disculparse o retirarse, Alejandro dio un paso al frente, interponiéndose entre Valeria y el árbol. Su rostro se volvió de piedra, pero esta vez la furia no era contra Lucía.

​—Valeria, te dije que no volvieras a esta casa si no era con respeto —dijo Alejandro, su voz vibrando con una advertencia peligrosa—. A Emma le gusta. A mí me parece que está bien. Y lo más importante: este es mi hogar, no una revista de decoración.

​—¡Es un insulto a mi hermana! —chilló Valeria, señalando a Lucía—. Ella jamás habría permitido que una empleada de segunda categoría se tomara estas libertades. ¡Mírala, Alejandro! Te está manipulando a través de la niña para sentirse la dueña de la casa. Es una trepadora social que...

​—¡Basta! —el grito de Alejandro hizo que hasta las luces del árbol parecieran temblar—. Lucía ha seguido mis órdenes. Emma es feliz por primera vez en años. Si no puedes ver eso, el problema es tu ceguera, no su "clase".

​Valeria retrocedió, jadeando de indignación. Miró a Lucía con un odio visceral, como si quisiera borrarla de la existencia.

​—Te vas a arrepentir de darle alas a esta gente, Alejandro. Cuando te des cuenta de que solo quiere tu dinero y tu posición, no vengas a buscarme.

​Valeria salió de la mansión dando un portazo que resonó en todo el vestíbulo. El silencio que quedó era amargo. Emma comenzó a sollozar suavemente, asustada por los gritos. Lucía se agachó de inmediato para abrazarla, consolándola con susurros.

​Alejandro observó la escena. Vio a la mujer que dormía en su ala de invitados, la que no tenía joyas ni apellidos, siendo el único pilar emocional de su hija frente al ataque de su propia familia. Sintió una punzada de vergüenza por haber permitido que Valeria humillara a Lucía durante tanto tiempo.

​—Lucía —dijo él, acercándose. Ella levantó la vista, todavía abrazando a la niña—. Siento mucho lo que acabas de escuchar. Valeria no habla por mí.

​—No se preocupe, señor Ferrer. Estoy acostumbrada a que me recuerden cuál es mi lugar —respondió ella con una dignidad que le dolió a Alejandro—. Solo me preocupa que Emma sufra con estas discusiones.

​—Emma está mejor que nunca gracias a ti —afirmó él, y por primera vez, hubo una pizca de reconocimiento humano en sus palabras, aunque se esforzó por mantenerlo dentro del marco profesional—. Mañana, como acordamos, puedes ir a ver a tu madre. Lleva a Emma si quieres. Yo tengo que organizar los informes de Chicago, pero quiero que la casa se mantenga... así. Con las luces encendidas.

​Lucía asintió, sintiendo que había ganado una batalla invisible. Alejandro se retiró a su despacho, pero antes de entrar, se giró una última vez para mirar el árbol y a la mujer que lo había puesto allí.

​Para Alejandro, Lucía seguía siendo la cuidadora, la empleada eficiente que había salvado a su hija. Para Lucía, Alejandro seguía siendo el jefe poderoso y distante que tenía el destino de su madre en sus manos. Pero bajo las luces cálidas de esa primera Navidad, el mármol ya no se sentía tan frío, y ninguno de los dos sabía aún que la mansión Ferrer nunca volvería a ser el mismo mausoleo silencioso de antes.

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Arely Anahi Pacheco Mezo
ahora que empiezan a construir algo entre ellos va a venir la vivora d la cuñada a meterse 😡😡 ojalá y puedan salir victoriosos de las pruebas que vendrán y algo me dice k esa cuñada tuvo todoo que ver con que fallezca su hermana todo x envida y querer al cuñado
Melisuga
¡Qué lindo capítulo!
💖😍💖😍💖
Melisuga
¡Me encanta esta declaración!
💖💖💖
Carmen Palencia
excelente novela de verdad que la felicito por esta hermosa historia gracias por actualizar espero nos deleites con varios capitulos seguidos que estoy ansiosa por seguir leyendo más de esta hermosa novela
Erika Estrada
gracias por los capítulos me encanta 😍🥰💕
Melisuga
¡Qué tremenda confesión!
😍😍😍
Anabella González
uy que capitulo tan calido, me encanta
Carola Videla 😈🇦🇷
que se vayan todos al demonio
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísimo capítulo 👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
Alejandro deja tus tontos prejuicios y disfruta del amor
Mine Romero
Creó que Falta el capítulo del beso en el despacho🙂 me encanta la novela
Carola Videla 😈🇦🇷
m3e encanta la novela, felicitaciones 👏🏾
Carola Videla 😈🇦🇷
la dueña de la casa y denlos corazones de su hija y de él
Carola Videla 😈🇦🇷
este es más terco que ella🤦‍♀️
Carola Videla 😈🇦🇷
es amor , cual es el problema, no sean tercos , los corazones no conocen status, o profesiones
Anabella González
Hay que belleza de capitulo me muero
Mine Romero
Excelente capítulo me encantó muchas gracias por actualizar 👏👏👏🙌🙌🙌
Inocencia Cruz Cruz
ay que emoción, autora por favor más capitulos🤭
Carola Videla 😈🇦🇷
cada vez les quedan menos lugares donde esconder sus sentimientos
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