NovelToon NovelToon
Mí Jefe Imposible: Pacto De Motores Y Millones

Mí Jefe Imposible: Pacto De Motores Y Millones

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / CEO / Romance de oficina / Completas
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis
En la pista de carreras y en la sala de juntas, él es una máquina milimétrica: metódico, implacable y con un ego del tamaño de su escudería. En su oficina, es una pesadilla de recursos humanos. Convencido de que cualquier mujer que cruza su puerta solo busca terminar en su cama, despide secretarias antes de que cumplan un mes, escudándose en que ninguna tiene cerebro para los negocios ni carácter para seguirle el paso. Su familia, al borde del colapso corporativo y legal, necesita un milagro para frenar su soberbia.
Ese milagro llega desde el otro lado del Atlántico.
Heredera de un emporio estadounidense y adicta a la adrenalina de las dos ruedas, ella se niega a heredar un trono sin antes forjarse lejos de los favores familiares. La solución es un pacto entre patriarcas: infiltrarla como su nueva asistente ejecutiva bajo una armadura infalible de trajes holgados, gafas pesadas y una indiferencia que desarma cualquier táctica de seducción.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La línea de fuego

El lunes por la mañana, Matteo Castelli llegó a la planta cuarenta y dos dispuesto a demostrar que la noche del viernes había sido una simple alucinación hipoglucémica provocada por el exceso de Barolo y la falta de sueño.

No había ojos color esmeralda. No había piel de porcelana ni aromas a almendra amarga. Solo había una secretaria huraña con problemas de estilismo y un expediente de Chicago que su padre había utilizado para torturarlo.

Sin embargo, al salir del ascensor, la realidad volvió a golpearlo con la fuerza de un alerón mal equilibrado.

Detrás del mostrador, Gabriela Novak vestía una chaqueta de punto de color verde musgo podrido que parecía haber pertenecido a un guardabosques retirado, abrochada sobre una camisa de cuello babero con un estampado diminuto de flores marchitas. Las gafas de carey dominaban su rostro, y su moño estaba tan tirante que a Matteo le dolía el cuero cabelludo con solo mirarlo.

Estaba hablando por teléfono en perfecto alemán, dictando las coordenadas de entrega de tres toneladas de aleación de magnesio a un proveedor de Stuttgart con una frialdad glacial.

Al ver entrar a Matteo, Gabriela no interrumpió la llamada. Se limitó a deslizar una taza humeante hacia el borde del mostrador con un dedo índice cubierto por un dedal de goma para pasar páginas.

—Ocho y treinta, señor Castelli —dijo ella en cuanto colgó el auricular, sin dedicarle más de dos segundos de contacto visual—. Su espresso con avena. La prensa económica está en su tableta y el comité de homologación de la FIA confirmó la recepción de los cálculos de titanio a las seis de la mañana. Se quedaron sin argumentos técnicos para rechazar el chasis de Horizonte.

Matteo tomó la taza. El café estaba exactamente a sesenta y cinco grados.

Se quedó de pie frente a ella, escaneando el desastre verde musgo, buscando desesperadamente el destello que lo había descolocado en la penumbra. Pero la mirada detrás de los cristales gruesos era tan plana, tan aburrida y corporativa, que el italiano sintió una punzada de rabia infantil en el centro del esternón.

—Novak —dijo él, apoyando una mano en el marco de la recepción—. La próxima vez que prepare pollo hervido en mi oficina, asegúrese de que el extractor de aire esté al cien por cien. El olor a comida de hospital arruinó la madera de roble.

Gabriela levantó la cabeza despacio, acomodándose las gafas con una tranquilidad insultante:

—El olor que impregnaba el despacho el viernes a las diez era el de su perfume amaderado sobrecargado, señor Castelli. Seis pulverizaciones son tres de más para un espacio cerrado. Pero tomaré nota: la próxima vez traeré ensalada cruda para proteger la sensibilidad olfativa de su mobiliario.

Matteo abrió la boca para fulminarla, pero el tintineo del ascensor privado interrumpió el contraataque.

Las puertas metálicas se abrieron para dar paso a Marco Santoro, amigo de la infancia de Matteo, heredero de una cadena de astilleros navales en Génova y piloto ocasional en la categoría GT3. Marco era el epítome de la frivolidad dorada milanesa: cabello engominado, traje de lino beige a pesar de la llovizna exterior y una sonrisa perezosa de quien jamás ha tenido que pagar una factura con su propio esfuerzo.

—¡Matteo, hermano! —exclamó Marco, entrando con paso desgarbado mientras se ajustaba las gafas de sol de aviador en el bolsillo de la chaqueta—. Vine a ver si almorzamos en el club náutico y a conocer a la nueva víctima de...

Marco se detuvo en seco frente al mostrador de recepción.

Se bajó las gafas de sol un milímetro, clavando la vista en la figura encorvada de Gabriela, que en ese momento utilizaba una grapadora metálica con la precisión rítmica de un metrónomo. Marco miró a Gabriela, luego miró a Matteo, y una expresión de genuino espanto se apoderó de sus facciones aristocráticas.

—Santo cielo... —susurró Marco en italiano, fingiendo una conmoción teatral—. Dime que no es cierto, Matteo. ¿Tu padre desmanteló el departamento de Recursos Humanos y contrató al personal de un monasterio capuchino? ¿Dónde está Alessia? ¿O la rubia de las piernas infinitas que tenías en enero?

Matteo sintió una extraña mezcla de irritación y una incomodidad salvaje que le subió por el cuello.

—Marco, cállate —cortó Matteo con frialdad.

Pero Marco, acostumbrado a las conquistas fáciles y a las secretarias complacientes que solían sonreír ante cualquier impertinencia, apoyó ambas manos sobre el mostrador de roble, inclinándose hacia Gabriela con una sonrisa condescendiente:

—Buenos días, signorina. Espero que mi amigo no la esté traumatizando demasiado con sus rabietas de piloto mimado. Si necesita que alguien le recuerde que la vida afuera de esta torre es hermosa, con gusto le ofrezco un recorrido por los muelles... aunque tal vez deberíamos pasar primero por una tienda de ropa en Vía Montenapoleone para deshacernos de esa manta de lana que lleva puesta.

Gabriela detuvo la grapadora a medio recorrido.

No se ruborizó. No bajó la cabeza ni mostró el menor indicio de incomodidad provinciana.

Levantó la vista hacia Marco Santoro con una lentitud milimétrica. Detrás de los cristales gruesos, sus ojos midieron al playboy genovés como un cirujano mide un tejido necrosado antes de amputarlo:

—Señor Santoro, asumo —dijo Gabriela, con una voz tan nítida y educada que sonó como el filo de una guillotina descendiendo sobre terciopelo—. Tercer lugar en el campeonato italiano de GT3 del año pasado, únicamente porque los dos coches que lideraban la tabla colisionaron en la última vuelta en Vallelunga.

La sonrisa de Marco titubeó.

—¿Disculpa?

Gabriela abrió una carpeta azul sobre el escritorio sin apartar los ojos de él:

—Sus astilleros en Génova acumulan un retraso de seis meses en la entrega de las lanchas de rescate para la guardia costera debido a problemas de liquidez en sus cuentas fiduciarias. Cuentas que usted intentó refinanciar el jueves pasado solicitando un crédito puente a Castelli Automotive con una tasa de interés preferencial del dos por ciento.

Marco palideció de golpe, enderezándose como si le hubieran arrojado un balde de agua con hielo.

—La propuesta fue rechazada esta mañana a las siete y cuarenta y cinco por la secretaría ejecutiva —continuó Gabriela con la misma calma letal—. Sus garantías navales están sobrevaloradas en un treinta por ciento y la solvencia de su escudería es insostenible. En cuanto a su sugerencia textil... prefiero seguir usando lana funcional que comprar trajes caros a crédito para ocultar que soy un piloto mediocre viviendo del apellido de mi padre. Su cita de las doce con el señor Castelli está cancelada por falta de respaldo financiero. Que tenga un buen día.

El silencio en la planta cuarenta y dos se volvió tan denso que se podía escuchar el zumbido de la llovizna contra los ventanales.

Marco se quedó con la boca entreabierta, alternando miradas entre Gabriela y Matteo, completamente desarmado y humillado hasta los cimientos.

—Matteo... —balbuceó Marco, con la voz ahogada en el pecho—. ¿De dónde diablos sacaste a este doberman con gafas?

Matteo Castelli, que llevaba tres minutos conteniendo la respiración, sintió un estallido de sensaciones tan contradictorio que casi se atraganta: por un lado, una satisfacción perversa y salvaje de ver a su amigo más arrogante pulverizado en treinta segundos; por el otro, la confirmación de que la mujer sentada tras el escritorio era un peligro letal para el ego de cualquier varón que se cruzara en su camino.

—Te lo advertí, Marco —dijo Matteo, tratando de mantener una compostura de piedra mientras una sombra de sonrisa oscura pugnaba por escaparse de sus labios—. No toques el mostrador si no vienes con los balances limpios. Vete a tu club náutico a llorar en tu lancha.

Marco retrocedió dos pasos, fulminó a Gabriela con una mirada cargada de resentimiento y volvió a meterse en el ascensor sin decir una sola palabra más, descendiendo hacia la calle con el rabo entre las piernas.

En cuanto las puertas metálicas se cerraron, Matteo giró sobre sus talones y encaró a Gabriela con los brazos cruzados.

—¿Se puede saber quién le dio autorización para cancelar la cita de un socio histórico de esta empresa, Novak?

Gabriela tomó un folio y lo deslizó sobre el mostrador hacia él:

—Usted mismo, en la página doce del manual de contingencias financieras de 2024. Cláusula de riesgo crediticio inminente. Si le prestaba diez millones de euros a Marco Santoro hoy, la junta directiva le habría pedido explicaciones la próxima semana por negligencia administrativa en beneficio de amigos personales. Le acabo de salvar diez millones de euros y un escándalo en la prensa económica.

Matteo miró el documento. Era su propia firma la que figuraba al pie de la directiva que ella había aplicado con la precisión de un francotirador.

Se inclinó hacia adelante, apoyando ambos puños sobre el escritorio, invadiendo el espacio hasta que su sombra cubrió por completo la mesa de la chica. Sus ojos avellana ardían en esa mezcla tóxica de rabia, admiración y una curiosidad voraz que no dejaba de crecer:

—¿Nunca le han dicho que la arrogancia en una secretaria suele pagarse con el despido inmediato?

Gabriela se acomodó las gafas con el nudillo, sosteniéndole la mirada a menos de treinta centímetros de distancia. Ni un temblor. Ni una gota de sudor. Solo una roca de titanio revestida de lana verde musgo:

—La arrogancia es pretender saber de números sin haber abierto un balance en su vida, señor Castelli. Lo mío es simple competencia técnica. Si prefiere a una chica que le sonría mientras sus amigos le saquean la tesorería, el departamento de Recursos Humanos tiene un archivo lleno de currículums con foto de cuerpo entero. Pero mientras yo esté sentada aquí... en esta planta solo se firma lo que está matemáticamente blindado.

Matteo la contempló durante cinco segundos interminables. La cercanía volvió a jugar en su contra: por debajo del olor a papel y café, esa ráfaga limpia de almendras amargas volvió a colarse en sus pulmones, quemándole la garganta con una intensidad que lo enfureció aún más.

—A mi despacho —ordenó él en un susurro ronco y gutural—. Ahora mismo. Y traiga la telemetría del motor de Horizonte.

—Voy detrás de usted, señor Castelli —respondió ella con una serenidad exasperante, tomando su libreta de cuero negro—. Intente no tropezar con la alfombra; parece que la presión arterial le está subiendo otra vez.

Matteo dio media vuelta hecho un basilisco, maldiciendo por lo bajo en dialecto milanés mientras entraba a su oficina, con la absoluta certeza de que si no lograba quebrar a Gabriela Novak antes de que terminara la semana, el que iba a terminar en un manicomio era él.

1
Corina Galantti
otro capítulo repetido! es un garrón!
Mary Garbolino
me canso.que repitan tanto.prefiero dejar de leerla
Mary Garbolino
odio que repitan los capitulos
Corina Galantti
una pena que repitan capítulos!
Flor Perez
no puede ser que hayan repetido dos capítulos seguido, ahí les encargo porque si sigue así la novela tendré que abandonarla , ya que
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play