Ella renace en un mundo mágico, pero no cambia su forma de ver la vida, sigue siendo ella buscando la felicidad en pequeños detalles.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Tormenta 2
Alana, mientras tanto, no tenía idea de la compleja teoría que el rey estaba construyendo sobre ella.
Cuando un consejero se acercó a ella unas horas después, Alana levantó la mirada con curiosidad.
—Lady Alana.
—¿Sí?
—Su Majestad ha permitido que algunos invitados consulten ciertos libros de la biblioteca real.
Los ojos de Alana se iluminaron.
—¿Biblioteca?
—Sí.
—¿Puedo ir?
El consejero sonrió.
—Por supuesto. De hecho, hay un libro sobre magia de madera que quizá sea de su interés.
Alana prácticamente brilló.
—¡Sí!
Draco, que estaba a cierta distancia, escuchó.
[Perfecto.]
Había funcionado.
La biblioteca era un lugar mucho más tranquilo.
Podría observarla sin interrupciones.
Quizás finalmente descubriría qué estaba planeando.
Alana hizo una pequeña reverencia y siguió al consejero.
Draco la observó alejarse.
[Ingenua.]
O quizás...
[Extremadamente hábil.]
Todavía no lo sabía.
La biblioteca real era gigantesca.
Alana entró y se quedó completamente quieta.
Sus ojos se abrieron.
Había estanterías enormes que llegaban casi hasta el techo.
Libros antiguos.
Escaleras móviles.
Mesas de lectura.
Grandes ventanas.
Lámparas.
Y cientos, probablemente miles, de libros.
Alana respiró profundamente.
—Es hermosa...
[¡Quiero vivir aquí!]
El consejero señaló una sección.
—Los libros de magia de madera están por allí.
—¡Gracias!
Alana caminó rápidamente hacia la estantería.
Draco observaba desde otra habitación utilizando su magia.
Una sombra se extendió discretamente por el suelo.
A través de ella podía ver.
Podía escuchar.
Podía observar cada movimiento.
Esperaba encontrar algo.
Un comportamiento extraño.
Una conversación sospechosa.
Algún libro peligroso.
Algún hechizo.
Una pista.
Cualquier cosa.
Alana tomó un libro.
Lo abrió.
Lo miró.
Lo cerró.
Tomó otro.
Lo revisó.
Después otro.
Draco esperó.
[Está buscando algo.]
Alana caminó hasta otra estantería.
Tomó un libro.
Draco se concentró.
[Quizás ese sea importante.]
Alana lo abrió.
Leyó la primera página.
La segunda.
La tercera.
Después bostezó.
Draco frunció el ceño.
[¿Qué está haciendo?]
Alana cerró el libro.
Miró alrededor.
Y encontró un libro pequeño que tenía una portada particularmente bonita.
Lo tomó.
Se sentó en el suelo.
Draco parpadeó.
[¿En el suelo?]
Alana acomodó su vestido rosado.
Apoyó la espalda contra una estantería.
Abrió el libro.
Y comenzó a leer.
Draco esperó.
Un minuto.
Dos.
Tres.
Nada.
[¿Qué libro es ese?]
Con su magia logró identificarlo.
No era un libro de magia.
No era un libro sobre política.
No era un texto histórico.
Ni siquiera era especialmente importante.
Era un libro completamente irrelevante.
Draco cerró los ojos durante un segundo.
[¿Me está provocando?]
Entonces Alana levantó la cabeza.
Miró hacia el pasillo.
Y de repente se puso de pie.
Draco volvió a concentrarse.
Alana comenzó a caminar.
Después aceleró.
Luego... saltó.
Draco abrió los ojos.
[¿Qué?]
Alana volvió a saltar.
Su vestido rosado se movió alrededor de sus piernas.
Después dio otro pequeño salto.
Luego otro.
[Es como un cervatillo que acababa de descubrir que tiene patas.]
Draco se quedó mirándola.
[¿Qué demonios está haciendo?]
Alana sonrió.
Y comenzó a tararear.
Una pequeña melodía sin sentido.
—Mmm... mm... mmm...
Draco sintió una ligera irritación.
[¿Está cantando?]
Alana siguió caminando entre las estanterías.
Saltaba de vez en cuando.
Tarareaba.
Miraba los libros.
Volvía al suelo.
Se levantaba.
Abría otro libro.
Lo cerraba.
Después encontraba algo que le llamaba la atención y volvía a sonreír.
Draco la observaba en absoluto silencio.
Aquello era... extraño.
Muy extraño.
La mujer que había supuesto que estaría estudiando magia de madera estaba sentada en el suelo con un libro irrelevante.
La mujer que podía estar planeando un ataque estaba saltando por una biblioteca.
La mujer que supuestamente ocultaba un enorme secreto estaba... tarareando.
Draco apretó ligeramente la mandíbula.
[Esta mujer no solamente es peligrosa.]
Alana dio otro pequeño salto.
[Es extraña.]
Volvió a tararear.
Draco observó su cabello rubio.
Brillaba demasiado bajo la luz.
Después miró sus ojos azules.
Parecían estar riéndose incluso cuando ella no lo hacía.
Luego observó nuevamente el vestido.
Rosado.
Demasiado rosado.
Demasiado brillante.
Demasiado...
Alana giró sobre sí misma para alcanzar un libro de una estantería.
Draco entrecerró los ojos.
[Qué mujer tan llamativamente ruidosa.]
Aunque estaba en completo silencio.
Era algo que no podía explicar.
Su presencia parecía llenar el espacio.
Como si llevara consigo una especie de dulzura que hacía que todo alrededor pareciera menos serio.
Draco no comprendía cómo alguien podía ser así.
Él había construido su vida alrededor del control.
La disciplina.
La responsabilidad.
La sospecha.
La fuerza.
Y entonces había aparecido aquella mujer.
Con su vestido rosado.
Sus flores rosadas.
Su cabello brillante.
Sus ojos azules.
Y aquella sonrisa que parecía no desaparecer nunca.
Draco continuó observándola.
Alana se sentó nuevamente en el suelo.
Abrió otro libro.
Esta vez parecía haber encontrado algo que sí le interesaba.
Sonrió.
Y comenzó a leer.
Draco se quedó inmóvil.
Por primera vez desde que había comenzado a investigarla, tuvo un pensamiento diferente.
No sabía si aquella mujer era una amenaza.
No sabía si era ingenua.
No sabía si era extremadamente inteligente.
No sabía si escondía alguna habilidad peligrosa.
Pero sí sabía una cosa.
Aquella dulzura que emanaba de ella... era desconcertante.
Y, de alguna manera que todavía no comprendía... también podía ser letal.
Porque Draco Sunderland estaba acostumbrado a reconocer enemigos.
Sabía reconocer ambición.
Sabía reconocer miedo.
Sabía reconocer mentiras.
Pero no sabía reconocer algo como Alana.
Y eso era precisamente lo que más le molestaba.
Alana levantó la mirada del libro y sonrió sin ninguna razón aparente.
Draco la observó a través de las sombras.
Y pensó..
[Definitivamente necesito saber más sobre esta mujer.]
Mientras tanto, Alana pasó la página.
Y pensó felizmente..
[¡Qué hermosa es esta biblioteca!]
Sin saber que, detrás de las sombras, el hombre más poderoso del reino estaba intentando decidir si ella era una amenaza... o simplemente la mujer más extraña que había conocido en su vida.
El Rey ya está perdido.
Desde ahora debes de vijilarla más 😏🤣