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Dueño De Todas, Esclavo De Una

Dueño De Todas, Esclavo De Una

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El inicio de la campaña

La sesión de fotos continuó con el mismo ritmo intenso desde que había comenzado la mañana.

Las luces iluminaban cada rincón del estudio, mientras maquilladores, estilistas y asistentes corrían de un lado a otro para preparar cada cambio de vestuario.

Valentina se movía con una naturalidad que sorprendía a todos. Aunque era su primera campaña importante, parecía llevar años frente a una cámara.

El fotógrafo sonreía después de cada toma.

—¡Excelente, Valentina! Eso es... gira un poco el rostro... perfecto... ahora una sonrisa más natural.

El sonido constante de la cámara llenaba el estudio.

Cada fotografía era mejor que la anterior.

Los miembros del equipo comenzaron a comentar entre ellos.

—Tiene un talento increíble.

—No necesita fingir. Todo le sale natural.

—La cámara realmente la ama.

Desde un costado del estudio, Alessandro observaba en silencio.

Con los brazos cruzados y el semblante serio, seguía cada movimiento de Valentina.

No podía apartar la vista.

Había trabajado con modelos reconocidas internacionalmente, mujeres de una belleza impresionante, pero había algo en Valentina que era diferente.

No era solo su rostro.

Era su sencillez.

Su forma de sonreír.

La seguridad tranquila que transmitía sin intentar llamar la atención.

"¿Cómo puede verse tan hermosa sin siquiera esforzarse?", pensó.

Sin darse cuenta, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Marco, que llevaba varios minutos observándolo de reojo, soltó una risa.

—Amigo...

Alessandro desvió la mirada.

—¿Qué sucede?

—Creo que ya ni pestañeas.

—No digas tonterías.

Marco levantó una ceja.

—Llevas más de veinte minutos mirando a la misma persona.

—Estoy supervisando la campaña.

—Claro... supervisando.

Marco soltó una carcajada.

—Eso mismo decían todos los hombres antes de enamorarse.

Alessandro negó con la cabeza.

—No confundas las cosas.

—Yo no las confundo. El que parece confundido eres tú.

Alessandro decidió ignorarlo.

No tenía sentido seguir aquella conversación.

En ese momento, Valentina levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron con los de Alessandro.

Él, impulsivamente, le guiñó un ojo.

Ella abrió los ojos con sorpresa durante un segundo.

Después no pudo evitar sonreír.

Fue una sonrisa pequeña, discreta, pero completamente sincera.

Aquella expresión bastó para acelerar ligeramente el corazón de Alessandro.

"Esa sonrisa...", pensó.

"Definitivamente tiene algo que me desarma."

Marco volvió a reír.

—Ya hasta se guiñan el ojo.

Alessandro carraspeó.

—No exageres.

—No exagero. Solo observo.

En ese momento sonó el teléfono de Marco.

Lo revisó rápidamente y luego guardó el móvil.

—Alessandro, debemos subir un momento a la oficina.

—¿Qué ocurrió?

—Llegaron varios correos sobre la campaña internacional. También hay algunos contratos pendientes de firma.

Alessandro volvió a mirar a Valentina antes de responder.

—Está bien. Vamos.

Marco sonrió con picardía.

—Después vuelves a seguir perdiendo el tiempo mirando a la modelo.

Alessandro soltó una risa.

—No por mucho tiempo.

Ambos abandonaron el estudio mientras el trabajo continuaba.

La mañana transcurrió entre fotografías, cambios de vestuario, maquillaje y nuevos escenarios.

Valentina apenas tuvo unos minutos para descansar entre una sesión y otra.

Aun así, se sentía feliz.

Nunca imaginó que su primer trabajo importante sería tan emocionante.

Durante una pausa, Alessandro regresó discretamente al estudio.

Se acercó hasta donde ella descansaba.

—¿Cómo te sientes?

Valentina levantó la vista.

—Muy bien.

—¿Muy cansada?

Ella negó con una sonrisa.

—Un poco, pero vale la pena.

—Eso me alegra.

Hablaron apenas unos minutos.

De cosas sencillas.

Sobre el ritmo de la campaña.

Sobre lo rápido que se había adaptado.

Sobre lo bien que estaba respondiendo todo el equipo.

No era una conversación importante.

Sin embargo, Valentina no entendía por qué Alessandro estaba tan amable con ella desde hacía unos días.

Cuando él se despidió, volvió a regalarle una sonrisa acompañada de un pequeño guiño.

Ella no pudo evitar sonreír también.

"No hay que negar que ese hombre tiene demasiado encanto", pensó mientras lo veía alejarse.

"Ahora entiendo por qué tiene tanta fama de conquistador."

Sacudió ligeramente la cabeza.

"Más vale mantener los pies sobre la tierra."

Al mediodía anunciaron una hora de descanso.

Todo el equipo se dirigió a la cafetería de la agencia.

Valentina tomó una bandeja con su almuerzo y buscó una mesa.

—¡Vale!

Levantó la vista y vio a Juliana acercándose con una enorme sonrisa.

—¿Puedo sentarme?

—Claro.

Las dos comenzaron a almorzar mientras conversaban animadamente.

Hablaron de Bogotá, de la agencia, del trabajo y de lo rápido que habían pasado aquellos primeros días.

—¿Te das cuenta? —dijo Juliana sonriendo—. Llegaste hace apenas una semana y ya eres la imagen principal de una campaña.

Valentina soltó una risa.

—Todavía me cuesta creerlo.

—Te lo mereces.

—Gracias.

Juliana levantó su vaso de jugo.

—Hay que celebrarlo.

Valentina sonrió divertida.

—¿Celebrarlo cómo?

—Esta noche.

—¿Esta noche?

—Sí. Vamos a salir.

Valentina arqueó una ceja.

—¿A dónde?

—A una discoteca nueva ymuy agradable. Música, comida y buen ambiente.

—¿Solo nosotras?

Juliana negó.

—Iremos con unas amigas de la agencia y unos amigos de ellas.

Valentina dudó unos segundos.

Hacía poco había llegado a Bogotá.

Todavía estaba adaptándose a su nueva vida.

Pero quizá salir un rato le haría bien.

Finalmente sonrió.

—Está bien.

Juliana dio un pequeño aplauso.

—¡Sabía que aceptarías!

—pies aprovechemos que hoy es sábado y mañana no se trabaja le digo con una sonrisa

—No te preocupes. No será una noche demasiado larga.

—Eso espero.

Las dos terminaron de almorzar entre risas.

A las dos de la tarde regresaron al estudio.

Mientras el equipo preparaba el siguiente escenario, comenzaron a llegar otras modelos contratadas para diferentes campañas publicitarias.

El ambiente volvió a llenarse de conversaciones y movimiento.

Valentina esperaba junto al área de vestuario cuando escuchó sin querer la conversación de dos modelos que estaban cerca.

—¿Ya viste al dueño? —preguntó una de ellas con una sonrisa.

—¿Alessandro?

—Sí. Es demasiado atractivo.

La otra bajó un poco la voz.

—Dicen que está comprometido.

La primera soltó una risa despreocupada.

—¿Y eso qué tiene?

—Pues...

—Si él no lleva un anillo, yo voy a intentar conquistarlo.

La otra negó con la cabeza.

—Eres terrible.

—Solo digo la verdad. Un hombre así no aparece todos los días.

Valentina intentó ignorar la conversación.

No era asunto suyo.

Sin embargo, una extraña sensación apareció en su pecho.

Una ligera incomodidad.

"¿Y a mí qué me importa?", se reprendió mentalmente.

"Él puede hablar con quien quiera. Su vida privada no tiene nada que ver conmigo."

Pero, por alguna razón, aquellas palabras seguían resonando en su cabeza.

En ese momento apareció el fotógrafo.

—¿Lista?

Valentina sonrió.

—Lista.

La sesión de la tarde comenzó con nuevos cambios de ropa.

Vestidos elegantes.

Ropa casual.

Trajes de verano.

Cada fotografía mostraba una faceta diferente de Valentina.

El fotógrafo estaba encantado.

—¡Eso es! ¡Excelente!

Mientras tanto, Alessandro recorría el estudio revisando que todo marchara según lo planeado.

Varias modelos aprovecharon para acercarse a saludarlo.

Entre ellas estaba Lina, una de las nuevas modelos de la agencia.

Alta, rubia y dueña de una personalidad extrovertida.

—Señor Alessandro.

—Buenas tardes, Lina.

Ella sonrió con evidente coquetería.

—Hace días que no lo veía por aquí.

—He estado bastante ocupado.

—Pues debería dejar un poco el trabajo. Se está perdiendo de muchas cosas.

Alessandro respondió con una sonrisa amable, más por educación que por interés.

Lina continuó conversando, buscando cualquier excusa para captar su atención.

Algunas de las modelos que estaban cerca comenzaron a reír junto a ellos.

Justo en ese momento, Valentina levantó la vista desde el set.

Sin querer, su mirada se encontró con aquella escena.

Vio a Alessandro rodeado de varias modelos.

Todas reían.

Especialmente Lina, que parecía disfrutar demasiado de su compañía.

Valentina desvió la mirada casi de inmediato.

"No vi nada.", se dijo.

"No me interesa."

Respiró hondo y volvió a concentrarse en el fotógrafo.

—Muy bien, Valentina —dijo él al notar su expresión—. Dame una sonrisa.

Ella obedeció.

Pero, por primera vez en todo el día, aquella sonrisa no salió con la misma naturalidad.

Desde el otro extremo del estudio, Alessandro volvió la cabeza por instinto.

Buscó a Valentina con la mirada.

La encontró trabajando, completamente concentrada en la sesión.

Sin embargo, tuvo la extraña impresión de que algo había cambiado.

No sabía qué era.

Solo sabía que, por primera vez desde que había comenzado aquella campaña, sintió la necesidad de acercarse a ella otra vez.

Y eso ya no tenía nada que ver con la apuesta que había hecho con Marco.

Sin darse cuenta, el juego estaba dejando de ser un simple desafío.

Y su corazón comenzaba a involucrarse mucho más de lo que él estaba dispuesto a aceptar.

1
Genesis Paez
Que historia tan mala, pura habladera de paja
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