La Diosa del Veneno : Madrastra Fatal.
Una asesina letal del siglo XXV, Expertas en venenos y curaciones, muere perseguida y despierta en la época antigua, en un mundo antiguo lleno de prejuicios y abusos. Decidida a sobrevivir, rehacerse y proteger a los cuatro hijos que la otra vida dejó a su cargo, rompe todas las reglas: castiga la crueldad con su propia medicina, se gana el respeto con hechos y construye su propio destino. Una historia de fuerza, justicia y transformación, donde la "mujer débil" se convierte en la ley que nadie se atreve a desafiar.
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Capitulo 13: CONFESIÓN, TRATO Y UN DESTINO COMPARTIDO.
Le hice los primeros auxilios a la mujer que ocultaba en la clínica Ramírez; logró despertar, aunque alterada y confundida. Como no dejaba de inquietarse, tuve que pincharla con una aguja para volver a dormirla.
—Señora Isabella —murmuró el doctor Ramírez con asombro—, esta mujer no es simple. Aunque parece una mendiga, su porte y su aura son los de una dama de la nobleza.
—Lo sé —respondí con seriedad—. Debemos mantenerla oculta por ahora. Y tenga mucho cuidado, doctor… noté que alguien nos está espiando.
—Lo tendré muy en cuenta, señora. Por cierto… la clínica Rodríguez es un caos. Dicen que se llenó de ratas e insectos y tuvieron que cerrarla de inmediato.
Me acerqué a la ventana y observé hacia la calle:
—Cerca de aquí hay un restaurante de dos plantas. Tengo la certeza de que en el piso superior hay alguien observándome. Alguien me vigila… ¿quién se atreve?
En ese mismo instante, en el piso de arriba del restaurante, Oliver estaba de pie con su máscara puesta, acompañado de uno de sus hombres de mayor confianza.
—Su Alteza —dijo el hombre con voz baja—, su esposa no es una mujer común. Me di cuenta de que se dio cuenta de que la estábamos espiando.
—¿Qué averiguaste? —preguntó él con tono grave.
—Alteza, tal y como usted sospechaba… esa Eva es una impostora. La Espada Fénix no reaccionó ante ella.
—Lo sabía —murmuró él apretando los dientes—. Según aquel anciano, la verdadera Mujer Fénix será quien me cure del veneno mortal que llevo en la sangre. Entonces… no me queda más remedio que recurrir a mi querida esposa.
—Señor, hay algo más —continuó el hombre—. El Templo está tramando algo muy siniestro. En los sótanos tienen a niños… los usarán para sacrificios. Quien está detrás de todo es un hombre enmascarado, sumamente hábil; casi descubre mi presencia. Y tal como usted sospechaba: Isabella nunca ha practicado medicina ni artes marciales antes de este tiempo.
Oliver sonrió con frialdad:
—Entonces no hay opción. Hoy debo matarla. Si no lo hago ahora, se convertirá en un peligro demasiado grande.
Mientras tanto, en las sombras del Templo, un hombre enmascarado se reunía con el sumo sacerdote:
—Secuestra a más niños. Los usaremos como arma de guerra.
—Señor, ya tenemos cien niños —respondió el sacerdote con sumisión.
—Perfecto. Sigue usando a Eva… no es más que una impostora sin valor. Tarde o temprano nos deshacemos de ella. Debo averiguar si esa Isabella es mi Isa…
Horas después, un hombre de aspecto extraño entró en la clínica con paso lento y mirada inquieta:
—Señora… ¿Puede tratar mi herida?
Este hombre no es normal —pensé con cautela—. Si alguien me vigila es porque dudan de mi identidad. Sería muy estúpida si muestro mis habilidades reales… no puedo poner en peligro a esos muchachos.
El hombre sonrió de repente y se abalanzó sobre mí con intención de matarme. Pero en ese instante, alguien lanzó un cuchillo desde lo alto que lo atravesó al instante. Una voz resonó con burla:
—Jajajaja… ¿Matarla? Eso jamás. Solo yo me daré el lujo de matar a Isabella.
Miré hacia arriba y vi a Oliver, con su máscara puesta y una sonrisa oscura:
—No hay duda… eres tú. Y eres muy astuta: no quieres mostrar tus habilidades para no alertarlos.
—¿Quién lo mató? —murmuré asombrada—. Esa destreza es excepcional…
Los guardias llegaron poco después para recoger el cadáver. Oliver escapó con sus hombres antes de que pudieran verlo, oculto tras su máscara. Poco después, apareció en la puerta sin ella, con expresión de profunda preocupación:
—Esposa… vine a recogerte. Algo le pasó a Lucas… me dijo que te fuiste conmigo y se desesperó.
Me acerqué sin sospechar nada, pero de pronto me golpeó por la espalda y perdí el conocimiento.
Desperté atada de pies y manos en el suelo de una casa abandonada. Al verlo frente a mí, gruñí con rabia:
—¡Vil cobarde! Me atacaste por la espalda… no tienes honor.
—¿Quién eres tú? No eres la Isabella que yo conocí —dijo él sacando un látigo—. Si no confiesas quién eres, te mataré.
—Y tú tampoco eres el Oliver—le respondí con firmeza—. Ahora lo entiendo… tu aura y tu fuerza son las de un emperador o un príncipe. Y el único príncipe desaparecido es el Regente.
—Eres astuta —se acercó él con ojos gélidos—. Ya que sabes la verdad… no te dejaré viva.
Se abalanzó sobre mí, pero le mordí con fuerza en el cuello. Él me respondió con un puñetazo tan fuerte que me hizo caer de rodillas.
—¡Maldito demonio! Te he protegido a ti y a tus hijos y me tratas así… ruega por que sobreviva a esto.
Me agarró del cuello con brusquedad y me miró fijamente:
—Te pregunto por última vez: ¿Quién eres y por qué finges ser Isabella? —Y empezó a azotarme con el látigo hasta que la sangre empezó a manchar mi ropa.
—Soy Isabella… pero de otra época —dije con voz entrecortada—. Viajé hasta aquí por casualidad. Fui atacada en mi mundo original y llegué hasta aquí. Hagamos un trato: yo curaré tu veneno y tú me dejarás libre.
Él se detuvo, sorprendido:
—¿Cómo sabes de mi veneno?
—Soy experta en toxinas. Tú llevas un veneno mortal en la sangre… y puedo curarlo.
—Te daré una oportunidad —dijo tras un silencio—. Si me ayudas, te protegeré y no te mataré. —Hizo una seña—: ¡Suéltenla!
Sin que se diera cuenta, le clavé una aguja en el cuello. Sus hombres esperaban afuera y no se percataron.
—¿Acaso no teníamos un trato? —dijo con calma.
Tomé el látigo que había caído al suelo y le devolví los azotes con la misma fuerza con la que él me había golpeado:
—Tenemos un trato, pero también creo en la igualdad. Me pegaste… pues tú también recibes. No soy de las mujeres que se dejan maltratar.
—Entonces estamos a manos —dijo él, mirándome con una mezcla de asombro y respeto—. ¿Qué pasó con la verdadera Isabella?
—Ella murió. Parecerá una locura, pero ella y yo somos la misma persona. Era como un fragmento de mi alma… —Lo miré a los ojos—. Pero no entiendo por qué crees esto tan fácilmente.
—Porque mi maestro es un gran sabio y el verdadero portador del Oráculo, que se ha ocultado todos estos años para protegerse —explicó él con voz solemne—. Él me profetizó que una mujer de otro mundo me curaría de mi veneno. Tenía mis dudas… pero tú eres la prueba.
En ese momento entró el sirviente de Oliver:
—Señor… ya tienen a cien niños en los sótanos del Templo.
Mi cuerpo empezó a temblar y me dieron escalofríos. Oliver frunció el ceño al ver a una mujer tan fuerte como yo temblar:
—Mujer… ¿Qué te pasa?
—¡Tienen a cien niños! —exclamé con voz quebrada—. ¿Cómo pueden ser tan crueles? Por favor… debemos rescatarlos.
—¿Estás loca? —replicó él de inmediato—. Entrar ahí es entrar a una muerte segura.
—¡Qué me importa! —le grité indignada—. ¡Qué egoísta eres! Eres un príncipe… tu deber es velar por tu pueblo. Esos niños sufrirán una muerte horrible. No me quedaré sentada viendo cómo mueren… los salvaré aunque me cueste la vida.
Lo miré con determinación y él asintió lentamente:
—Necesitaré tus agujas y todas tus habilidades para entrar al Templo. Es muy probable que no salgamos vivos de esto.