Isabella necesita salvar a su familia y Alexander necesita una esposa. La solución parece sencilla: un matrimonio por contrato durante un año.
Solo hay una regla que no pueden romper: no enamorarse.
Pero vivir juntos, compartir secretos y enfrentar enemigos hará que aquello que comenzó como un acuerdo se convierta en algo mucho más real.
¿Podrán cumplir el contrato sin perder el corazón en el intento? 💗
NovelToon tiene autorización de Pamela Agustina Iglesias OG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13 — El hermano que nadie mencionaba
Alexander permaneció en la puerta de la biblioteca, sosteniendo la linterna mientras observaba a Isabella.
—¿Qué haces aquí?
Isabella apretó la nota dentro de su mano.
—Escuché un ruido.
—¿Y bajaste sola?
—Sí.
Alexander entró y miró alrededor.
—¿Viste a alguien?
Isabella dudó.
La pregunta que acababa de descubrir estaba quemándole la garganta.
¿Qué ocurrió el día que murió tu hermano?
Podía preguntárselo directamente.
Pero algo la detuvo.
Quizás porque todavía no sabía si estaba preparada para escuchar la respuesta.
—No —respondió finalmente—. No vi a nadie.
Alexander la observó durante unos segundos.
—¿Estás segura?
—Sí.
Él se acercó.
—Entonces sube a tu habitación.
Isabella levantó una ceja.
—¿Me estás dando órdenes?
—Te estoy pidiendo que tengas cuidado.
—Puedo cuidarme sola.
—Lo sé.
Alexander hizo una pausa.
—Pero no quiero que corras riesgos innecesarios.
Aquellas palabras la sorprendieron.
—Está bien.
Subieron juntos las escaleras.
Pero cuando llegaron al pasillo, Isabella se detuvo.
—Alexander.
—¿Sí?
—¿Tenías un hermano?
El rostro de Alexander cambió.
Fue apenas un instante.
Pero Isabella lo vio.
La mano con la que sostenía la linterna se tensó.
—¿Por qué preguntas eso?
—Solo quiero saber.
Alexander bajó la mirada.
—No es un tema del que quiera hablar.
—Entonces sí tenías un hermano.
Él permaneció en silencio.
Isabella sintió un nudo en el pecho.
—¿Qué pasó?
Alexander levantó lentamente la mirada.
—Murió.
Una sola palabra.
Nada más.
—Lo siento —susurró Isabella.
Alexander asintió.
—Buenas noches.
Y se marchó.
Isabella permaneció en el pasillo, observándolo alejarse.
No había obtenido la respuesta que buscaba.
Pero había confirmado algo.
La nota decía la verdad.
---
A la mañana siguiente, Isabella bajó temprano.
Alexander no estaba en el comedor.
Preguntó por él y una empleada le informó que había salido hacía unos minutos.
Isabella se sentó junto a la ventana.
No podía dejar de pensar en la noche anterior.
Su teléfono vibró.
Número desconocido.
Abrió el mensaje.
“Ahora sabes que tenía un hermano. Si quieres saber la verdad, ve al antiguo invernadero a las seis.”
Isabella sintió un escalofrío.
Miró alrededor.
Nadie parecía observarla.
Guardó el teléfono.
No podía seguir ignorando aquellas amenazas.
Pero tampoco podía confiar completamente en quien estaba enviándolas.
---
A las seis menos diez, Isabella llegó al antiguo invernadero de la propiedad.
Estaba detrás de los jardines principales.
La construcción llevaba años sin utilizarse.
Las ventanas estaban cubiertas de polvo y algunas plantas habían crecido alrededor de las paredes.
Isabella empujó la puerta.
—¿Hola?
Nadie respondió.
Entró lentamente.
Sobre una mesa había una caja de madera.
Se acercó.
Dentro encontró varias fotografías.
En una aparecía un niño junto a Alexander.
Isabella lo reconoció inmediatamente.
Aunque era mucho más joven, sus ojos eran los mismos.
En el reverso de la fotografía había un nombre:
Adrian Blackwood.
Debajo aparecía una fecha.
Y una segunda frase:
“No murió como te contaron.”
Isabella sintió que se le helaba la sangre.
—¿Qué significa esto?
Una voz respondió detrás de ella.
—Significa que alguien te está contando una historia incompleta.
Isabella se giró rápidamente.
Era Lucas.
El hermano de Alexander estaba parado junto a la puerta.
—¿Qué haces aquí? —preguntó ella.
Lucas se acercó lentamente.
—Lo mismo que tú.
—¿Buscar la verdad?
—Sí.
Isabella sostuvo la fotografía.
—¿Adrian realmente murió?
Lucas miró la imagen.
—Eso es lo que todos creen.
—¿Tú no?
Lucas negó.
—Yo sé que hubo algo extraño aquella noche.
—¿Qué ocurrió?
Antes de que pudiera responder, escucharon un automóvil detenerse afuera.
Lucas miró hacia la ventana.
Su expresión cambió.
—Tienes que irte.
—¿Por qué?
—Porque Alexander está aquí.
Isabella se sorprendió.
—¿Y qué tiene de malo?
Lucas la miró fijamente.
—Porque él no sabe que estás aquí.
Los pasos de Alexander comenzaron a escucharse fuera del invernadero.
Isabella guardó rápidamente la fotografía.
La puerta se abrió.
Alexander apareció.
Su mirada pasó de Isabella a Lucas.
—¿Qué están haciendo?
Ninguno respondió.
Alexander cerró la puerta detrás de él.
—Les hice una pregunta.
Isabella sostuvo su mirada.
Por primera vez, pudo ver algo diferente en los ojos de Alexander.
No era enojo.
Era miedo.
Y entonces comprendió que la historia de Adrian Blackwood escondía mucho más de lo que cualquiera estaba dispuesto a contar.