Tras cansarse de la misma rutina de dos años, Jorge decide que ya no aguanta más estar así, pero una invitación inesperada hace que vea la verdad detrás de todo, ¿cambiará algo o todo seguirá siendo igual?
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Capítulo II
--Jorge--
Su pregunta me descolocó un poco y no estoy entendiendo nada la situación.
- Solo irás como mi mayordomo personal -- agrega volviendo a su actitud normal.
La tristeza que había en sus ojos se desvanece y toma el teléfono para contestar la llamada entrante mientras se levanta y se aleja.
- "Sili iris cimi mi miyirdimi" -- digo repitiendo sus palabras.
¿Cómo pude conmoverme o sentir compasión por ella? sí es una loca fría sin sentimientos, seguro eso que vi hace un instante solo fue mi imaginación.
- Vamos -- dice ella y yo me paro apresurado y tomo un último bocado.
Un error terrible, ya que esa acción hace que unas gotas del aderezo caigan en mi camisa blanca y mi jefa mira aquello con horror.
¿Recuerdan que les dije sobre la regla de que la ropa debe ser la adecuada para la etiqueta? Bueno, la impecabilidad también va incluída en esa regla.
- No puedo creer que seas tan descuidado -- dice ella algo irritada yo solo me limito a abrirle la puerta del auto y luego de que sube me dirijo hacia el maletero y saco mi camisa de repuesto.
Exacto, hombre prevenido vale por dos.
- En cuanto lleguemos me cambiaré enseguida -- digo y ella me mira.
- Cámbiate ahora, no quiero que vean a mi asistente lucir sucio -- dice ella y yo solo asiento.
- Está bien, me cambiaré aquí mismo -- digo y subo al asiento del auto y con algo de dificultad me quito el saco para luego quitarme la camisa y ponerme la de repuesto.
Cuando creo que todo va a estar bien, todo sale mal. La camisa es algo pequeña y es que nunca había tenido un accidente así, así que nunca la había usado y mi cuerpo a ganado algo de músculo desde que empecé a trabajar por lo que uno de los botones de la camisa sale volando al ponerme el saco.
Mi jefa lo nota enseguida y yo solo suspiro y apoyo mis manos y cabeza sobre el volante.
- ¿Se rompió? -- pregunta ella, yo solo niego.
- Se desprendieron unos botones -- digo.
- ¿Cómo puedes tener una camisa de repuesto que no te queda? Eso es una total falta de atención a tus cosas, debes tener tus prioridades claras -- dice ella y allí empieza el sermón.
De regreso en la oficina todo transcurre normal, salvo las miradas asesinas que me dirige mi jefa cuando me llama a su oficina.
El fin de la hora laboral termina, pero no la mía, la mía termina después que mi jefecita está dormida.
- No me diste una respuesta sobre ir a la boda como... mi mayordomo -- dice ella.
- Pensé que era una orden de trabajo -- digo suspirando pesadamente.
Realmente en el restaurante lo dijo tan segura que no pensé que estaba esperando una respuesta mía.
- No te llevaré a un lugar, que no tiene nada que ver con trabajo, en contra de tu voluntad -- dice ella, yo miro por el espejo retrovisor y noto algo en su expresión, es como en el restaurante, pero esta vez es como si se sintiera ansiosa e insegura.
- ¿Cuando es? -- pregunto.
- Es en dos semanas -- responde ella.
Bueno dos semanas me da bastante tiempo de buscar un esmoquín elegante y sería solo una noche y ya, no puede ser tan malo.
- Sí la acompañaré -- digo y noto que ella se emociona, pero la expresión es reemplazada rápidamente por la misma fría de costumbre.
- Bien, compra dos boletos para Orlando para el veintitrés y deja la fecha de regreso abierta, también quiero ir de compras y no olvides que debes llevar ropa adecuada -- dice ella y yo freno de golpe.
- ¿Boletos? ¿florida? ¿fecha de regreso abierta? -- pregunto confundido.
- Sí -- dice ella como si nada.
- Pensé que iríamos a una boda aquí mismo en DC y que sería una noche -- digo.
- No seas absurdo, iremos a la boda de mi prima y hay algunas tradiciones -- dice - Con suerte tardará una semana, hay varias cosas por hacer -- agrega.
Mierda, ¿en qué me acabo de meter? Una semana atrapado con mi jefa y su familia, eso no suena nada bien.
Los días transcurrieron normales, pero en mi mente había miles de escenarios donde su familia y ella acababan conmigo.
Si me niego a ir seguramente me echara, pero soy perfectamente capaz de conseguir otro trabajo, ¿Cierto? Puedo hacerlo, sumando el dinero que tengo en la cuenta con mi liquidación podría vivir por mucho tiempo sin trabajar, gastando moderadamente claro.
- ¿Cómo estás, guapo? -- pregunta Lilian, sacándome de mis pensamientos.
- Bien -- respondo seco.
- ¿Cuando me vas a invitar a tomar unos tragos? Podemos descontrolarnos un poco -- dice ella asomandome sus pechos casi en mi cara.
- Tengo mucho trabajo que hacer, aunque... si no lo tuviera tampoco iría -- respondo.
¡Dios! está mujer fastidiosa no termina de comprender que no tengo interés en ella.
- Por favor, nene -- dice haciendo puchero.
Cómo si ese gesto ridículo me hará cambiar de opinión.
- No estoy inte... -- digo, pero ella me interrumpe al tomar mi cara e intentar besarme.
Yo tomo sus manos, me levanto para que ella no pueda alcanzar mi cara y con brusquedad quito sus manos de mí, pero cuando voy a hablar mi jefa ya estaba aquí.
- ¿Qué clase de comportamiento es este? -- pregunta ella.
- Lo siento, señori... -- digo, pero ella me interrumpe.
- Tú no -- dice y luego mira a Lilian - Tú eres quién está faltando y te aseguro que si se vuelve a repetir este tipo de abuso te quedarás sin trabajo. ¿Traes algún documento o recado? -- agrega, su mirada es filosa.
- No, yo solo venía... -- dice, pero mi jefa la interrumpe.
- A nada, si no tienes una razón laboral para venir aquí no lo hagas, no lo volveré a repetir -- dice y finaliza, pero Lilian no se va.
Ambas se quedan mirando por un rato en el que me siento algo incómodo la verdad, pero no tengo salida por ningún lado.
- Este inconveniente no volverá a pasar, señorita Smith -- digo y finalmente ella me mira.
- Vamos -- dice y me jala del saco de mi traje.
Me quedo en absoluto shock mientras ella me arrastra a la oficina y luego cierra la puerta.
- ¿Qué miras? -- pregunta ella al ver que yo solo la miro atónito y mi respuesta es negar con la cabeza - Ponte a hacer tus deberes que ya casi tenemos que viajar -- agrega y yo asiento y salgo de la oficina.
¿Qué fue lo que pasó? no entendí nada, pero lo bueno es que alejó a esa mujer de mí.
El resto del día transcurre de manera normal y mi trabajo, que pareció triplicarse, mantuvo mi mente lo suficientemente ocupada para olvidarme de aquel extraño acontecimiento.
El día del vuelo llegó y mi cabeza casi explota con el resto de cosas que tengo que hacer este día.
- No quiero llegar tarde, pero tampoco muy temprano -- dice ella mientras mira su teléfono.
¿Y yo? Yo solo estoy cargando todo el equipaje de ella y mío, yo solo llevo una maleta y ella igual, pero el trabajo de los días anteriores me ha dejado agotado.
- Si seguimos a este ritmo llegaremos a tiempo -- digo mientras cierro el maletero del auto - Venga, subase -- agrego mientras abro la puerta y ella se sube.
Luego me subo y arranco el auto hacia el aeropuerto. En el camino ella solo va mirando su teléfono que no para de encenderse con mensajes, imagino que son sus padres y resto de familiares alegres porque va a casa.
La verdad desde que trabajo para ella nunca ha tomado vacaciones ni viajes para visitar a su familia, solo se mantiene trabajando.
Al llegar al aeropuerto uno de los trabajadores me ayuda con el equipaje mientras yo sigo a mi jefa de cerca, pero por extraño que sea ella no pide ni ordena nada, solo va metida en su teléfono.
A pesar de que vamos a la casa de sus padres y familiares, ella aún viste como si fuese a trabajar y lleva su cabello atado tan fuerte como se puede. No puedo negar que me he fijado en su gran culo redondo, parece que el pantalón va a reventar.
- Tengo que atender una llamada, espérame en la linea de abordar -- dice ella y yo asiento algo confundido ante su comportamiento tan raro.
Al pasar los minutos noto que ella no aparece y ya empezaron a abordar el vuelo.
- ¿Dónde estás Valery? -- digo para mí mismo.