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5 Puertas

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Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Casos sin resolver
Popularitas:46
Nilai: 5
nombre de autor: yarely

5 PUERTAS

¿Y si tu destino hubiera sido elegido antes de nacer?

Cinco puertas. Cinco destinos. Un secreto capaz de cambiarlo todo.

Cuando varias personas comienzan a descubrir que sus vidas están unidas por un misterio imposible de explicar, entenderán que algunas puertas nunca debieron abrirse.

NovelToon tiene autorización de yarely para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16 — BAJO LAS ESTRELLAS

El grupo llegó al lugar indicado por la última pista.

Era un espacio amplio, rodeado de árboles.

En el centro habían preparado una gran fogata.

Los estudiantes comenzaron a sentarse alrededor mientras los profesores terminaban de organizar todo.

Mateo miró hacia una mesa cercana.

—¿Hay comida?

Lucas lo miró.

—¿Otra vez?

—Es una pregunta importante.

Emma se rio.

—Creo que todavía no.

Mateo suspiró.

—Este campamento cada vez me decepciona más.

Julietta soltó una carcajada.

Gio negó con la cabeza.

—No podés pensar en otra cosa.

—Puedo.

Pero no quiero.

Todos volvieron a reír.

Unos minutos después, otro grupo de estudiantes comenzó a acercarse.

Entre ellos estaban Renata y la hermana de Mateo.

Mateo la reconoció enseguida.

Sonrió y simplemente levantó la mano para saludarla.

Su hermana lo miró desde lejos y le devolvió el saludo con una pequeña sonrisa.

Renata, que estaba a su lado, vio la escena y soltó una pequeña risa.

Mateo bajó la mano y volvió con sus amigos.

—¿Qué? —preguntó Lucas.

—Nada.

—Parecías muy contento.

Mateo sonrió.

—Es mi hermana.

Gio lo miró.

— ¿La misma que ayer no quería que nadie supiera que eras su hermano?

Mateo se llevó una mano al pecho.

—No hace falta recordarlo.

Emma se rio.

—Parece que igual te quiere.

—Obviamente.

Julietta Inclinó.

—Se nota.

Mateo se acomodó junto a los demás.

Uno de los profesores se acercó a la fogata.

—Esta noche vamos a hacer algo diferente. Cada uno tendrá que contar algo que los demás no sepan sobre ustedes.

Mateo levantó la mano.

—¿Puede ser algo vergonzoso de Gio?

-¡No! —respondió Gio rápidamente.

El profesor sonrió.

—No, Mateo.

Primero comenzó Emma.

Se quedó pensando unos segundos.

—Bueno... me gusta mucho estudiar y siempre intento aprender algo nuevo.

Mateo sonrió.

—Eso ya lo sabíamos.

Emma se rio.

—Entonces... también me gusta resolver acertijos.

Lucas la miró.

—Eso explica por qué nos salvaste varias veces hoy.

—Vos también resolviste varios.

Lucas.

—Entonces hacemos buen equipo.

Emma bajó un poco la mirada, sonriendo.

Después llegó el turno de Lucas.

Contó una anécdota de cuando era más chico y había intentado construir una pequeña radio con piezas viejas.

Mateo se río.

—¿Y funcionó?

-No.

—Entonces no era una radio.

Lucas se río.

—Gracias por tu opinión.

Después llegó el turno de Mateo.

—Bueno... yo tengo muchos hermanos.

Todos lo miraron.

Gio levantó una ceja.

—Eso ya lo sabemos.

Mateo sonrió.

—Sí, pero nunca les conté que cuando era chico una vez escondí todos los controles de la televisión para que mis hermanos no pudieran cambiar el canal.

Julietta se rio.

—¿Y qué pasó?

—Mi mamá me descubrió.

—¿Y?

—Me obligó a devolverlos.

Mateo hizo una pausa.

—Y después me escondió los míos.

Todos comenzaron a reír.

Cuando llegó el turno de Julietta, ella habló de su amor por la danza.

—Bailar siempre me ayudó cuando estaba nerviosa o cuando necesitaba despejarme.

Emma la miró con una sonrisa.

—Eso no lo sabía.

—Algún día tienen que verme bailar.

—Obviamente —dijo Emma.

Finalmente, todos miraron a Gio.

Mateo sonrió.

—Una versión, Gio...

¿Vas a contar algo sobre tu novia?

Gio cerró los ojos.

—Mateo...

Julietta se puso colorada.

—¡No soy su novia!

—Ya sé —respondió Mateo—. Pero es divertido.

Lucas soltó una risa.

Gio suspiró.

—Está bien. Yo voy a contar algo de verdad.

Se quedó unos segundos mirando la fogata.

—El vóley es mucho más importante para mí de lo que parece.

Todos guardaron silencio.

—Cuando estoy en la cancha siento que puedo olvidarme de todo. Cuando juego, solamente pienso en la pelota, en mi equipo y en ganar.

Mateo sonrió.

—Eso sí es verdad.

Gio continuó:

—Y también me gusta porque me enseñó que no siempre se puede ganar solo. A veces tenés que confiar en los demás.

Julietta lo observó atentamente.

—Eso fue lindo.

Gio la miró.

—Gracias.

La conversación continuó durante un rato.

Más tarde, mientras todos estaban distraídos, Gio y Julietta quedaron sentados un poco alejados de la fogata.

Julietta miró hacia el cielo.

—Qué lindo está.

Gio levantó la mirada.

El cielo estaba completamente despejado.

-Si.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Julietta finalmente habló.

—Me gustó lo que dijiste antes.

—¿Qué cosa?

—Que el vóley es importante para vos.

Gio sonrió.

—Sí... desde hace mucho.

Julietta lo miró.

—Se nota cuando juegues.

Gio la vigilada durante unos segundos.

—Gracias.

Ella sonrió.

Y los dos volvieron a mirar las estrellas.

Desde el otro lado de la fogata, Renata los observó.

Mateo también se dio cuenta.

Se acercó lentamente.

—¿Qué pasa?

Renata lo miró.

—Nada.

—¿Seguro?

-Si.

Mateo sonrió.

—¿Te molesta que Gio esté hablando con su "novia"?

Renata frunció el fruncido.

—Mateo...

-¿Si?

—No empieces.

—Yo solo preguntaba.

Renata se levantó.

—Te juro que...

Mateo salió corriendo.

—¡No hice nada!

Renata comenzó a perseguirlo.

—¡Volvé acá!

Lucas se rio al verlos.

Emma también.

La hermana de Mateo los observa desde su grupo y negoció con la cabeza, divertida.

Gio ni siquiera se enteró de lo que estaba pasando.

Seguía hablando tranquilamente con Julietta.

La noche continuó entre risas, juegos y conversaciones.

Pero todos sabían que al día siguiente llegaría la última actividad del campamento.

La competencia deportiva.

A la mañana siguiente, el campamento volvió a llenarse de movimiento.

Los estudiantes desayunaron rápidamente y comenzaron a dirigirse hacia la cancha.

Los profesores habían preparado una red de vóley.

Gio llegó junto a Mateo.

—¿Listo? —preguntó Gio.

Mateo sonrió.

—Nací listo.

—Eso decís siempre.

—Y casi siempre es verdad.

Gio soltó una carcajada.

Al llegar a la cancha, vieron a Renata con su equipo.

Ella los miró.

—¿Preparados?

Mateo se puso al lado de Gio.

—Más que preparado.

Renata levantó una ceja.

—Entonces veremos quién gana.

El profesor explicó las reglas.

—Esta será la última competencia del campamento. Los equipos jugarán un partido corto. El ganador será el que consiga más puntos.

Gio y Mateo entraron a la cancha.

Lucas, Emma y Julietta se quedaron afuera para alentarlos.

Renata se acomodó con su equipo.

Su hermana estaba entre los estudiantes que observaban la competencia.

—¡Vamos, Gio! —gritó Julieta.

Gio levantó una mano.

—¡Gracias!

Mateo miró hacia donde estaba su hermana.

Ella simplemente le sonrió y levantó el pulgar.

Mateo sonrió orgulloso.

—Viste? Mi hermana sí me apoya.

Lucas se río.

—Hace cinco minutos ni siquiera quería saludarte.

—Eso es porque es tímida.

—Claro —dijo Emma, divertida.

El profesor hizo sonar el silbato.

El partido comenzó.

El primer saque fue rápido.

Gio recibió la pelota y se la pasó a Mateo.

-¡Desaparecido en combate!

Mateo saltó y remató.

La pelota cayó del otro lado.

—¡Punto!

Mateo levantó los brazos.

—¡Vamos!

Gio chocó su mano.

—Buen ataque.

—Te dije que hoy ganábamos.

Renata tomó la pelota.

—Todavía falta mucho.

Hizo el saque.

La pelota cruzó la roja a gran velocidad.

Gio consiguió recibirla.

Mateo corrió.

—¡Acá!

Gio hizo un pase perfecto.

Mateo saltó.

Pero una jugadora del otro equipo consiguió bloquearlo.

La pelota volvió.

Gio se lanzó al suelo y logró salvarla.

—¡Buena! —gritó Lucas.

Emma aplaudió.

Julietta también.

Renata aprovechó la jugada.

—¡Ahora!

Su compañera remató.

Gio alcanzó a levantar la pelota.

El intercambio continuó durante varios segundos.

Finalmente, Renata consiguió el punto.

-¡Si!

Mateo miró a Gio.

—Bueno...

Eso estuvo bastante bien.

Gio sonrió.

-Si.

Pero podemos mejorar.

Renata abrasó.

—¿Eso es un desafío?

Gio la miró.

—Tal vez.

Renata.

—Aceptado.

El partido siguió.

Los puntos estaban cada vez más parejos.

Mateo no dejaba de hablar.

—¡Gio, izquierda!

—¡Ya voy!

—¡No, la otra izquierda!

Gio lo miró confundido.

—¿Cuál es la otra izquierda?

Mateo se quedó pensando.

—Bueno...

La que está del otro lado.

Gio soltó una carcajada.

-¡Concentrarse!

—¡Estoy concentrado!

Renata se rio desde el otro lado de la cancha.

—Son un desastre.

Mateo la instrumentación.

—¡Pero estamos ganando!

—Por ahora.

El marcador llegó al último punto.

Todos estaban atentos.

Gio respiró profundamente.

Mateo se colocó a su lado.

—Este punto es nuestro.

—Vamos.

El saque salió.

Gio recibió.

Mateo corrió.

—¡Ahora!

Gio levantó la pelota.

Mateo saltó y remató.

Renata consiguió bloquearlo.

La pelota volvió hacia el lado de Gio.

—¡Gio! —gritó Mateo.

Gio corrió y se lanzó.

Logró salvarla justo antes de que tocara el suelo.

La pelota volvió al otro lado.

Renata saltó.

Remató.

Mateo consiguió bloquearla.

La pelota cayó.

Todos quedaron en silencio.

El profesor hizo sonar el silbato.

—¡Punto para el equipo de Gio y Mateo!

Mateo gritó:

—¡GANAMOS!

Gio chocó su mano.

-¡Si!

Julietta, Emma y Lucas comenzaron a aplaudir.

La hermana de Mateo también escuchó y aplaudió desde lejos.

Renata se acercó a Gio.

—Buen partido.

Gio estrechó su mano.

—Vos también jugaste muy bien.

Renata.

—La próxima vez te gano.

—Eso espero.

Mateo apareció detrás.

—Y la próxima vez también te ganamos.

Renata lo miró.

—Vos primero aprendé a no hablar durante todo el partido.

Mateo abrió los ojos.

—¡Pero eso es parte de mi estrategia!

—¿Qué estrategia?

—Desconcentrar al enemigo.

Renata negó con la cabeza.

—Así que imposible.

Mateo sonrió.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo voy a tomar como uno.

Todos se rieron.

---

Horas después, los estudiantes comenzaron a guardar sus cosas.

El campamento estaba llegando a su fin.

Las mochilas fueron cargadas en el micro y los profesores hicieron una última revisión.

Antes de subir, Gio miró una última vez hacia el lugar donde habían pasado esos días.

Mateo se acercó.

—¿Listo para volver?

Gio sonrió.

-Si.

—Bien.

Necesito volver a mi casa.

—¿Por qué?

Mateo levantó una bolsa de golosinas.

—Porque me estoy quedando sin comida.

Gio soltó una carcajada.

—No vas a cambiar nunca.

—Espero que no.

Los dos subieron al micro.

Lucas y Emma ya estaban sentados.

Julietta se acomodó cerca de ellos.

Renata subió con su grupo.

Su hermana también.

El micro arrancó.

Gio miró por la ventana mientras el campamento comenzaba a quedar atrás.

Habían sido pocos días.

Pero habían pasado muchas cosas.

Nuevas amistades.

Nuevos recuerdos.

Rivalidades.

Y sentimientos que todavía nadie se animaba a reconocer.

El campamento había terminado.

Pero para ellos, la historia recién estaba comenzando.

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