La caja apareció el día del funeral de su abuela.
Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.
Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.
Pero cada carta tiene un precio.
Con cada viaje, un recuerdo desaparece.
Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:
Alguien está borrando historias.
Y ella podría ser la siguiente.
✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."
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Capítulo 13: El Libro de los Finales
El silencio era absoluto.
La enorme grieta seguía abierta sobre la Biblioteca.
La voz que había pronunciado el nombre Aurora aún resonaba entre las interminables estanterías.
Luna permanecía inmóvil.
Su respiración era agitada.
Sus manos temblaban.
—Aurora...
Repitió el nombre en voz baja.
Y, por un instante, sintió que le pertenecía.
Como si hubiera estado escondido en algún rincón de su memoria durante toda la vida.
El Guardián bajó lentamente la cabeza.
—Al fin comenzaste a recordar.
Luna lo observó confundida.
—¿Ese era mi nombre?
—Fue el primero.
—¿Y Luna?
—Es el nombre que elegiste cuando decidiste olvidar.
Las palabras atravesaron su corazón.
El hombre de negro permanecía en silencio.
No discutía.
No negaba nada.
Simplemente aceptaba aquella verdad.
Eso hizo que Luna comprendiera que era real.
La Biblioteca comenzó a cambiar.
Los libros vibraban.
Las escaleras se movían.
Las páginas volaban por el aire como miles de aves blancas.
Una enorme campana sonó a lo lejos.
Una sola vez.
Su sonido parecía atravesar el alma.
El Guardián levantó la vista.
—No queda mucho tiempo.
—¿Tiempo para qué?
—Para decidir.
Luna sintió un escalofrío.
—¿Siempre tengo que elegir?
El hombre de negro respondió por primera vez.
—Siempre.
—¿Y siempre elijo mal?
Él sonrió con tristeza.
—Nunca elegiste mal.
Solo elegiste con el corazón.
De repente, un libro cayó desde una estantería.
Luego otro.
Y otro.
Hasta formar una montaña frente a Luna.
Todos eran iguales.
Cubierta negra.
Sin título.
Sin autor.
Sin ninguna marca.
—¿Qué son?
Preguntó mientras se arrodillaba frente a ellos.
El Guardián respondió con voz serena.
—Tus finales.
Luna levantó lentamente uno de los libros.
Lo abrió.
La primera página mostraba una fecha.
1954.
Comenzó a leer.
Una mujer llamada Aurora encontraba una caja llena de cartas.
Las abría una por una.
Llegaba hasta la puerta negra.
Y desaparecía.
Luna cerró el libro de golpe.
Era exactamente lo que había visto en las fotografías.
Tomó otro.
La fecha era diferente.
1987.
La historia cambiaba.
Los lugares eran distintos.
Las personas también.
Pero el final...
Era exactamente el mismo.
Otro libro.
2003.
Otra vida.
Otro comienzo.
La misma puerta.
El mismo destino.
Luna dejó escapar el aire lentamente.
Había decenas.
No...
Cientos.
Tal vez miles.
Todos contaban una versión distinta de su vida.
Y ninguno tenía un final feliz.
—¿Por qué?
Su voz apenas era un susurro.
—¿Por qué siempre termina igual?
El Guardián se acercó lentamente.
—Porque todavía no escribiste el verdadero final.
Luna frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
El hombre de negro habló sin apartar la vista de los libros.
—Todas esas historias terminan donde tú decides olvidar.
Nunca llegaste al final.
Nunca.
La joven sintió un fuerte dolor de cabeza.
Un recuerdo apareció de golpe.
Ella.
Sentada frente a una enorme mesa.
Escribiendo.
Miles de hojas cubrían el suelo.
Lloraba mientras escribía.
Y repetía una frase una y otra vez.
"Todavía no está listo."
El recuerdo desapareció.
Tan rápido como había llegado.
—Estoy recordando.
Dijo Luna mientras llevaba una mano a su frente.
El hombre de negro sonrió por primera vez.
No era una sonrisa triste.
Era una sonrisa llena de esperanza.
—Eso significa que aún existe una oportunidad.
Pero el Guardián negó lentamente.
—No si él despierta primero.
Toda la Biblioteca quedó en silencio.
Luna observó a ambos hombres.
—¿Quién?
Ninguno respondió.
Entonces...
Las luces comenzaron a apagarse.
Una por una.
Hasta que solo quedó iluminado un único pasillo.
Al final del mismo había una enorme puerta.
Mucho más grande que todas las anteriores.
Construida con madera negra.
Cubierta por miles de nombres grabados.
Entre ellos...
Luna encontró el suyo.
Y justo debajo...
Otro nombre.
Aurora.
La puerta comenzó a abrirse sola.
Muy lentamente.
Desde el otro lado surgía una luz dorada.
Pero también una sombra.
Una figura.
Alta.
Elegante.
Vestida completamente de blanco.
Su rostro permanecía oculto.
Sin embargo...
Luna sintió que la conocía.
Mucho antes de verla.
Mucho antes de recordar.
La figura dio un paso hacia adelante.
Y habló con una voz tranquila.
Una voz que hizo que el hombre de negro cerrara los ojos.
—Después de tanto tiempo...
Por fin vuelves a casa.
Luna sintió un escalofrío.
—¿Quién eres?
La figura sonrió.
Y respondió con una frase que hizo temblar la Biblioteca entera.
—Soy quien escribió la primera carta.
Continuará...