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AYLANY: 15 AÑOS DE SUEÑOS, AMOR Y DESTINO

AYLANY: 15 AÑOS DE SUEÑOS, AMOR Y DESTINO

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

Aylany, al cumplir quince años, comienza a descubrir su propio camino, enfrentando nuevos sueños, emociones y decisiones que marcarán el inicio de su propia historia.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: El respiro en casa

El viernes por la tarde, en cuanto sonó la última campana, Aylany sintió que le quitaban un peso de encima.

Por fin terminaba una semana tensa, llena de comentarios hirientes y actitudes hostiles.

Al subir al coche que la esperaba en la puerta, dejó escapar un suspiro profundo y recostó la cabeza en el respaldo.

Durante dos días, no tendría que ver los ojos verdes de Tomás ni escuchar su voz cargada de desprecio. Solo estaría en su casa, con su familia, en un lugar donde se sentía segura y en paz.

Al llegar a la mansión, el ambiente era completamente distinto.

El jardín estaba bien cuidado, y en un rincón especial, Cris había plantado unos pequeños rosales azules, iguales a los que tenían en el Cajón del Maipo, para que ella no extrañara tanto su tierra.

El olor a comida recién hecha salía de la cocina, y el pequeño Cristopher corrió a recibirla, abrazándola con fuerza.

—¡Ya llegaste! —le dijo el niño de nueve años, sonriendo—.

Papá dijo que iremos al parque mañana y que podemos invitar a los abuelos también.

Aylany le devolvió el abrazo con cariño.

Verlo a él, y saber que tenía a sus padres cerca, le devolvía la tranquilidad que perdía en el colegio.

Lois y Cris la esperaban en la sala, y en cuanto la vieron, notaron de inmediato que había llegado cansada.

—¿Todo bien en la escuela?

—le preguntó Cris, acercándose para revisarla con esa mirada atenta de médico y padre—.

Te ves un poco agotada.

—Sí, papá… es solo que hay mucho trabajo —

respondió ella, sin querer contarles todo lo que pasaba todavía.

Sabía que si lo hacía, su padre intervendría de inmediato y eso solo serviría para que Tomás la odiara aún más y le diera más motivos para atacarla.

Prefirió guardarlo y demostrar que podía aguantar sola—

. Pero aquí ya estoy mejor.

Esa noche cenaron todos juntos, hablando de cosas sencillas: de la clínica que seguía creciendo, del centro de biología marina de Lois, de las travesuras de Cristopher y de los planes para el fin de semana.

No hubo preguntas incómodas, ni silencios pesados, ni miradas que juzgaran.

Fue el refugio que tanto necesitaba.

El sábado amaneció soleado y despejado.

Como habían acordado, fueron a visitar a los abuelos Nicolás y Kiara, que vivían a media hora de distancia.

Allí el ambiente era cálido y familiar.

La abuela la llenó de abrazos y le preparó sus dulces favoritos, mientras el abuelo le contaba historias de cuando eran jóvenes.

Más tarde llegaron también sus tíos Nicolás y Mariana la pequeña Emilia y Eduardo y su tía ISIS con aurora , y la casa se llenó de risas, música y conversaciones largas.

Por unas horas, Aylany olvidó por completo que existía Tomás, que había problemas en el colegio y que cada día tenía que luchar contra el rencor de alguien que no le hacía ningún daño.

—Te ves más tranquila hoy —le dijo su tía Mariana mientras tomaban té en el jardín—.

Se nota que aquí respiras mejor.

—Sí —respondió ella con una sonrisa sincera—.

Aquí todo es más fácil.

El domingo transcurrió igual de apacible.

Se levantó tarde, ayudó a su madre a ordenar la cocina, salió a pasear por los jardines de la mansión y se sentó un buen rato junto a los rosales azules, acariciando sus hojas con cuidado.

Sacó su cuaderno de apuntes y repasó lo que había aprendido, sin prisas ni miradas que la vigilan.

Incluso tuvo tiempo de dibujar un poco, algo que le gustaba hacer y que había dejado de lado por la tensión diaria.

Por la noche, antes de dormir, se paró frente a la ventana de su habitación y miró las luces de la ciudad a lo lejos.

Se sentía renovada, con más fuerzas.

El fin de semana había sido exactamente lo que necesitaba: un respiro, un recordatorio de que tenía una familia que la quería y un lugar donde siempre sería bienvenida.

Se dijo a sí misma que, por muy difícil que fuera el colegio, podía aguantarlo.

Pero a kilómetros de distancia, en una casa mucho más modesta, Tomás también pasaba el fin de semana.

No tenía jardines amplios ni visitas familiares alegres.

Sus días se llenaban de tareas domésticas, de estudiar con poca luz y de pensar una y otra vez en la razón por la que estaba allí: para no perder su beca, para demostrar que valía más que cualquiera.

Y en cada uno de esos pensamientos, aparecía la imagen de Aylany: con su ropa limpia, su vida fácil y todo lo que él no tenía.

No sentía nada más que rabia pura.

No le importaba si estaba bien o mal, si le dolía o si sufría.

Para él, ella era solo un estorbo, alguien que le había arruinado la tranquilidad y que tenía todo sin merecerlo.

Mientras Aylany descansaba y recuperaba energías, Tomás pasaba el fin de semana planeando cómo hacerle la vida más difícil.

Tenía la mente fría y llena de odio, y ya había ideado bromas más pesadas, más difíciles de probar y más hirientes para cuando volvieran a las clases.

El lunes por la mañana, cuando Aylany salió de su casa con el ánimo renovado, no sabía que esa calma había sido solo una pausa.

La tormenta que se le venía encima sería mucho más fuerte que todo lo que había vivido hasta entonces.

 

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Dany 🇨🇱🥰
Mi chilito hermoso, espero que se abuena👏
Lois fuentes coloma: hay me cuenta si le gusta
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