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Matrimonio Por Apuesta

Matrimonio Por Apuesta

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Romance / Completas
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Fabián de Castro es un hombre poderoso y respetado en su ciudad. Es frío y poco sociable, dueño de un casino muy visitado por toda clase de persona. También es uno de los solteros más deseado. En una deuda de juego su pago es Débora, quien acababa de recibir su título de profesora y estaba orgullosa de haber logrado su sueño. Al llegar a su casa, se entera entre otras cosas, que la pequeña herencia que sus padres pudieron dejarles al morir, su hermano mayor la había acabado en juegos, mujeres y alcohol. Fabián sintió que si él no se hacía cargo, el hermano la vendería a otro hombre y no sé comportaría igual, así que termina por aceptar. Entre ellos comienza una rivalidad que oculta los sentimientos reales que comienzan a surgir con cada gesto cariñoso y detallista que se hacen al descuido.

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: La última apuesta

El almacén estaba envuelto en una oscuridad densa, apenas rota por las luces parpadeantes del techo y la lluvia que golpeaba el metal exterior con insistencia. El eco de las gotas se mezclaba con la tensión del aire, como si el lugar entero contuviera la respiración.

Fabián de Castro avanzó con paso firme, escoltado por sus hombres. No había duda en su mirada. No había miedo. Solo una determinación fría, calculada, casi implacable.

Frente a él, el escenario era claro: Luis Salazar estaba de rodillas, golpeado, con la ropa sucia y el rostro marcado por el desgaste. Su respiración era irregular, como si cada intento de aire le costara demasiado.

Y detrás de él… el hombre.

El verdadero enemigo.

Sostenía un arma con la misma naturalidad con la que otros sostenían una conversación. Su sonrisa era ligera, provocadora.

—De Castro… —dijo con calma—. Llegaste justo a tiempo.

Fabián no respondió de inmediato. Sus ojos recorrieron el lugar con precisión quirúrgica. Analizaba salidas, distancias, posiciones. En su mundo, incluso el caos tenía estructura.

—Suelta el arma —ordenó finalmente, con una voz baja, firme, inquebrantable.

El silencio que siguió fue pesado.

Luis levantó la cabeza con esfuerzo.

—No debiste venir… —murmuró, casi sin fuerza.

Fabián ni siquiera lo miró.

—Cállate.

Una sola palabra. Seca. Definitiva. No era odio. Era control absoluto.

El hombre armado soltó una risa breve.

—Qué interesante… vienes a salvar al traidor.

Fabián levantó la vista hacia él.

—No es por él.

La frase cayó como una piedra en el centro del almacén.

El hombre ladeó la cabeza.

—Entonces dime… ¿por qué arriesgarte?

Fabián dio un paso adelante.

—Porque esto termina hoy.

La tensión se rompió en ese instante.

El hombre apretó el arma contra la cabeza de Luis.

—Un paso más y le vuelo la cabeza.

El aire se congeló.

Luis cerró los ojos.

Fabián se detuvo.

Pero no retrocedió.

Nunca lo hacía.

En ese mismo momento, el sonido de una puerta metálica abriéndose violentamente atravesó el espacio.

—¡FABIÁN!

La voz.

Débora.

El mundo pareció detenerse por un segundo absoluto.

Fabián giró de inmediato.

—¡Te dije que no vinieras!

Ella estaba en la entrada, empapada por la lluvia, con el cabello pegado al rostro y la respiración agitada. Sus ojos buscaban los suyos con desesperación.

—No podía quedarme ahí… —respondió ella.

Luis levantó la mirada lentamente.

Verla fue como recibir el golpe final de su propia culpa.

—Débora… —susurró.

Pero ella no lo miró aún.

Sus ojos estaban en Fabián.

El hombre armado sonrió con satisfacción.

—Perfecto… ahora sí esto se puso interesante.

Fabián dio un paso hacia Débora.

—Sal de aquí.

—No.

—Débora.

—¡No voy a dejarte solo!

Su voz temblaba, pero no retrocedía.

El silencio entre ambos era distinto ahora. Ya no era solo tensión… era vínculo.

Un vínculo que el peligro hacía más evidente.

El agresor movió ligeramente el arma.

—Se acabó el teatro.

Y disparó.

El sonido fue seco, brutal.

Pero el impacto no fue donde debía.

Fabián reaccionó instintivamente. Se lanzó hacia Débora, empujándola al suelo. El disparo impactó contra una estructura metálica que explotó en chispas.

El caos estalló.

—¡AL SUELO! —gritó Fabián.

Sus hombres irrumpieron desde las entradas laterales.

El almacén se convirtió en movimiento puro.

Débora quedó aturdida en el suelo, respirando con dificultad.

—¿Estás bien? —preguntó Fabián, sin soltarla.

Ella asintió, aún temblando.

Pero no apartaba la mirada de él.

—Viniste… —susurró él.

—Siempre voy a venir si eres tú.

Aquella frase lo golpeó más fuerte que cualquier amenaza.

Detrás de ellos, Luis intentó moverse.

—Débora… escúchame…

Ella giró lentamente.

Sus miradas se encontraron.

Y todo lo demás desapareció.

No había ruido.

No había guerra.

Solo dolor.

—¿Por qué? —preguntó ella.

Luis bajó la mirada.

—Tenía miedo… de perderlo todo.

Débora soltó una risa amarga.

—Y casi pierdes lo único que te quedaba.

El silencio fue absoluto.

El hombre armado intentó huir en medio del caos, pero los hombres de Fabián lo interceptaron rápidamente. El enfrentamiento fue corto, preciso. Sin margen de error.

El arma cayó al suelo.

El enemigo fue reducido.

Y el silencio volvió a instalarse como una segunda capa sobre el lugar.

Fabián respiró hondo. Su mirada se dirigió a Luis.

—Se acabó.

Luis asintió lentamente.

No había resistencia.

Solo derrota.

La policía no tardaría en llegar.

El final estaba decidido.

Luis miró a su hermana por última vez.

—Lo siento… —dijo con voz rota.

Débora no respondió.

No porque no sintiera nada…

Sino porque sentía demasiado.

Cuando se lo llevaron, el sonido del motor del vehículo se perdió en la lluvia.

El almacén volvió a quedar vacío.

Solo quedaron ellos dos.

Fabián y Débora.

El silencio ahora era distinto.

No era peligro.

Era agotamiento.

Era verdad.

—Se acabó —dijo Fabián finalmente.

Débora lo miró.

—No.

Él frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Ella respiró profundamente.

—Mi hermano eligió su camino.

Pausa.

—Pero yo todavía estoy aquí.

Fabián la observó en silencio.

No había frialdad en su mirada ahora.

Solo algo más humano.

Más frágil.

Débora dio un paso hacia él.

—Y si vas a quedarte en mi vida… quiero que sea porque tú también lo eliges.

El aire cambió.

Fabián no respondió de inmediato.

El peso de todo lo vivido parecía concentrarse en ese instante.

La guerra.

La traición.

El peligro.

Y ella.

Siempre ella.

Finalmente, dio un paso hacia Débora.

Luego otro.

Hasta quedar frente a ella.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

—Ya lo elegí —dijo él en voz baja.

El corazón de Débora se detuvo un segundo.

Fabián levantó una mano y le acarició el rostro con una suavidad que no correspondía con el hombre que había entrado a ese almacén.

—El problema… —susurró— es que ahora no hay vuelta atrás.

Y por primera vez, no sonó como una advertencia.

Sonó como una promesa.

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Gladys Dona
Me gusta una porque es corta pero hay cosas que superan mi imaginación como entro con tanta custodia y tienes que ponerle rostro a tus personajes es mucho más interesante un final un poco gustó a más bueno veremos tus próximas novelas Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Ahora apareció una loca otra para el tablero de ajedrez pronto no va quedar ni uno con Fabian de Castro nadie se escapa
Gladys Dona
Debora tú hermano es una 🐀 no le interesa nada date cuenta atacaron y no le intereso que podrías haber muerto solo quiere plata a cualquier precio es realmente un PARÁSITO
Gladys Dona
Ni se te ocurra salvar el parásito de tú hermano porque si le pasa algo a Fabian vos serás la moneda de cambio que necesita tú queridito hermano porque ese no cambia y con tal de tener dinero se va vender al mejor postor 👁 es una TRAMPA
Gladys Dona
Hermano como ese es mejor ser hija única /Awkward/
Gladys Dona
Realmente alguna ves cintio algo por su hermana Realmente es lo peor como ser humano con tal de obtener plata vende hasta su madre 😡 HDP
Andrea Nardelli
exelente
Gladys Dona
Parece que va ser interesante vamos a ver que pasa
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