Dos personas marcadas por heridas del pasado se encuentran cuando menos lo esperan. Ella ha aprendido a esconder su dolor detrás de una sonrisa. Él carga con un pasado que no logra perdonarse. Ninguno busca enamorarse, pero el destino los une y descubrirán que, incluso en la oscuridad más profunda, una sola persona puede convertirse en la luz del otro.
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capítulo 23 - donde el corazón encuentra paz
"La felicidad no siempre llega en los grandes momentos. A veces se esconde en una conversación, una sonrisa o una mano que decide no soltarte."
El domingo amaneció con un cielo completamente despejado. Después de varios días de lluvia, el sol iluminaba cada rincón de la ciudad como si quisiera anunciar que una nueva etapa estaba por comenzar.
Rebeca salió de casa con una sonrisa. Hacía mucho tiempo que despertarse ya no significaba cargar con los recuerdos de su infancia. Poco a poco, sin darse cuenta, había aprendido a vivir el presente.
Mientras caminaba hacia la cafetería donde había quedado de encontrarse con Efraín, recordó las palabras que él le había dicho la última vez:
"Gracias por quedarte cuando conociste mi verdad."
Aquella frase seguía ocupando un lugar especial en su corazón.
Al llegar, Efraín ya la esperaba con dos tazas de café sobre la mesa.
—Sabía que pedirías capuchino —dijo sonriendo.
Rebeca rió.
—Ya me conoces demasiado.
—Todavía me falta mucho por descubrir.
Ella sintió cómo un leve rubor aparecía en sus mejillas.
Después del desayuno decidieron caminar por el centro de la ciudad. Entraron a una pequeña librería donde el aroma de los libros nuevos llenaba el ambiente.
Rebeca recorría los estantes con la ilusión de una niña.
—¿Te gusta leer? —preguntó Efraín.
—Muchísimo. Cuando era pequeña, los libros eran el único lugar donde podía escapar de los problemas de mi casa.
Él la observó con ternura.
Tomó un libro de poemas y se lo entregó.
—Entonces quiero regalarte este.
Rebeca abrió el libro lentamente.
En la primera página, Efraín escribió con un bolígrafo:
"Para la mujer que me enseñó que incluso los corazones más heridos pueden volver a creer."
Ella levantó la mirada.
No pudo decir una sola palabra.
Solo sonrió mientras sus ojos se humedecían.
Continuaron caminando hasta llegar a una feria artesanal.
Había música en vivo, familias paseando y niños corriendo entre los puestos.
Un pequeño niño tropezó mientras corría detrás de un globo.
Antes de que cayera, Efraín alcanzó a sostenerlo.
El niño sonrió.
—¡Gracias, señor!
Su madre se acercó rápidamente para agradecerle.
Cuando se alejaron, Rebeca observó a Efraín en silencio.
—¿Qué pasa? —preguntó él.
Ella sonrió con dulzura.
—Nada...
Solo estaba pensando que algún día serás un excelente papá.
Efraín quedó completamente sorprendido.
No esperaba escuchar esas palabras.
Por un instante imaginó una vida sencilla.
Una casa llena de risas.
Un jardín.
Y Rebeca caminando hacia él con la misma sonrisa que ahora iluminaba su rostro.
No dijo nada.
Pero en su corazón comenzó a nacer un sueño que jamás había permitido imaginar.
Al caer la tarde llegaron nuevamente al mirador.
Era el mismo lugar donde tantas conversaciones importantes habían compartido.
El viento movía suavemente el cabello rizado de Rebeca.
Efraín la observó durante unos segundos.
Nunca la había visto tan feliz.
—¿En qué piensas? —preguntó ella.
Él sonrió.
—En que hace unos meses no imaginaba que una persona pudiera cambiar tanto mi vida.
Rebeca sintió cómo su corazón se aceleraba.
Sin pensarlo, tomó la mano de Efraín.
Esta vez ninguno de los dos sintió vergüenza.
Sus manos permanecieron unidas mientras contemplaban el atardecer.
No hacían falta promesas.
A veces, el silencio también era una forma de decir "te quiero".
Sin embargo, cuando emprendían el camino de regreso, una llamada interrumpió aquel momento.
Efraín respondió.
Su expresión cambió de inmediato.
Rebeca lo observó con preocupación.
Al colgar, él permaneció inmóvil.
—¿Qué pasó? —preguntó ella.
Efraín respiró profundamente antes de responder.
—Necesito viajar a mi ciudad natal...
Porque alguien muy importante para mí acaba de sufrir un accidente.
Y, por primera vez desde que encontraron la calma, ambos sintieron que una nueva tormenta estaba a punto de comenzar.