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Indomable

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Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / CEO / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Isabella es una joven ambiciosa que lucha contra los estereotipos del mundo.
Ella se abre paso por su inteligencia, demostrando que no solo es una cara bonita. Dejando a sus enemigos con la boca abierta.

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El Choque de las Dos Mentes

El despacho principal de la firma en Century City se sentía distinto ahora. Isabella Vance ya no era la asociada que cargaba cajas en el sótano; a sus veintiséis años, ocupaba una oficina esquinera en el piso treinta y uno, con paredes de cristal que dominaban el horizonte de Los Ángeles, desde las colinas de Hollywood hasta el océano. Su nombre figuraba en el boletín de la firma como la asociada senior más joven en la historia de Vanguard & Associates. Había limpiado el tablero de rivales mediocres, pero el destino, fiel a su naturaleza competitiva, le tenía reservado al verdadero monarca de la arrogancia legal.

—La junta es en cinco minutos, Isabella —dijo Arthur Sterling, asomándose a su puerta con un semblante inusualmente tenso—. Y te sugiero que te ajustes la armadura. El cliente es Julian Vance-Lowell (ningún parentesco con tu familia, una dinastía del petróleo y la tecnología). Pero no viene solo. Contrató a De Luca.

Isabella no necesitó que Sterling le diera el nombre de pila. Dante De Luca era una leyenda viva y un fantasma que aterrorizaba a los fiscales de todo el país. Era el abogado defensor corporativo más implacable de la Costa Oeste; un hombre que cobraba dos mil dólares la hora, que jamás había perdido un caso ante la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) y cuya soberbia era tan colosal como su récord de victorias en los tribunales federales.

Al entrar a la sala de juntas principal, la atmósfera estaba cargada de una electricidad pesada. Sentado en la cabecera de la mesa de caoba estaba Julian Vance-Lowell, un magnate de cincuenta años que lucía demacrado, con el traje arrugado y la desesperación pintada en los ojos. A su lado, de pie junto al ventanal, se encontraba Dante De Luca.

Dante era la viva imagen del poder sin remordimientos. Alto, de unos treinta y cinco años, vestía un traje sastre hecho a mano de tres piezas, de un gris oscuro tan perfecto que parecía absorber la luz. Tenía el cabello oscuro peinado con precisión y unos ojos felinos, de un verde frío, que escaneaban el aula con un desprecio absoluto. No se movió cuando la puerta se abrió.

—Señor De Luca, señor Vance-Lowell —anunció Sterling, aclarándose la garganta—. Ella es la señorita Isabella Vance, nuestra mente más brillante en estrategia de activos corporativos. Liderará el equipo de apoyo de la firma para este caso.

Dante De Luca se giró lentamente. Paseó la mirada por la silueta de Isabella, deteniéndose un segundo de más en la elegancia de su traje sastre negro y la simetría de sus facciones. Una sonrisa ladina, cargada de una condescendencia exasperante, se dibujó en sus labios.

—Sterling... pensé que habías dicho que traerías a un estratega, no a una modelo de catálogo para adornar la mesa de la defensa —dijo Dante, su voz un barítono profundo, perfectamente modulado, que arrastraba las palabras con una seguridad insultante—. El Departamento de Justicia federal está por emitir una orden de arresto contra mi cliente en cuarenta y ocho horas. No tengo tiempo para hacerle de mentor a una asociada que apenas está descubriendo cómo funciona el Palacio de Justicia.

Julian Vance-Lowell levantó la mano, interrumpiéndolo con voz ronca.

—Dante, cállate y escúchame. He pagado una fortuna de retención a Vanguard porque me dijeron que esta chica destruyó a la vieja guardia de la firma y salvó el caso de la naviera en Long Beach. Mi hermano menor, Christopher, me ha despojado de la junta directiva de mi propia corporación y ha sembrado pruebas de lavado de dinero en mis cuentas personales. El FBI está tocando a mi puerta. Necesito a los mejores, y si Sterling dice que ella es un genio, se queda en la mesa. Te guste o no su apariencia.

Dante caminó hacia la mesa, apoyando ambas manos sobre la madera, invadiendo el espacio con una presencia imponente. Clavó sus ojos verdes en Isabella, buscando un destello de miedo o intimidación.

—El derecho corporativo internacional no es un debate universitario, señorita Vance —siseó Dante, inclinándose apenas—. Christopher Vance-Lowell ejecutó un golpe de Estado financiero perfecto. El dinero sucio del cártel de la construcción en Nevada pasó por las cuentas privadas de Julian utilizando firmas digitales autorizadas. Ante los ojos del gran jurado, Julian es culpable. Yo soy un cirujano; corto los argumentos de la fiscalía con un bisturí de experiencia. Usted... usted es solo un adorno en una oficina bonita. Dígame una sola razón por la que no deba sacarla de esta sala ahora mismo.

Isabella no retrocedió ni un milímetro. Sostuvo la mirada felina de Dante con una serenidad que rozaba la insolencia. Como Libra, su mente ya estaba pesando las debilidades del hombre: Dante era brillante, sí, pero su enorme ego lo hacía confiar exclusivamente en su propia fuerza bruta legal. No buscaba la sutileza; buscaba aplastar. Y ese era el vacío en su defensa.

—Señor De Luca —dijo Isabella, su voz sonando como un cristal fino pero inquebrantable—. Mientras usted pasaba los últimos diez minutos pavoneándose con su traje de Savile Row y subestimando mi capacidad por el hecho de ser mujer, yo pasé los últimos cinco minutos leyendo el informe preliminar del FBI que Sterling me envió en la tableta.

Isabella caminó hacia la pantalla digital de la sala de juntas y deslizó el dedo para proyectar un mapa de flujo de capitales.

—Usted planea usar una defensa de 'falta de conocimiento de los actos' para Julian, argumentando que su firma digital fue clonada por su hermano. Es una estrategia patética. El fiscal federal del Distrito Oeste es Thomas Harrison... el hijo del viejo profesor Harrison de UCLA. Conozco su metodología. Él sabe que usted usará esa defensa y ya tiene tres testigos de la junta directiva listos para declarar que Julian aprobó las transferencias en persona. Si usted entra a esa corte penal con su bisturí de arrogancia, señor De Luca, lo que va a cortar es la libertad de su cliente. Christopher no clonó la firma. Hizo algo mucho más inteligente, algo que su enorme ego no le ha permitido ver.

Dante entornó los ojos, la sonrisa burlona desapareciendo de su rostro por primera vez. El silencio en la sala se volvió ártico.

—¿Ah, sí? —dijo Dante, cruzando los brazos sobre el pecho—. Ilumíneme, señorita Vance. ¿Qué es lo que mi 'enorme ego' pasó por alto?

1
Rolando Morales
/Casual/ Muy realista para la sociedad que vivíamos
Gus Molina
Buena historia
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