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La Pasajera Del Asiento Trasero

La Pasajera Del Asiento Trasero

Status: En proceso
Genre:Terror / Amor prohibido / Venganza
Popularitas:186
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Esther

Victoria Adame García regresa del más allá para cobrar venganza. Polo Hernández no comprende que está pasando, pero siente una presencia extraña dentro de su coche.

NovelToon tiene autorización de Maria Esther para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

En un charco de sangre

Séfora no se quedó cruzada de brazos, fue a consultar a un chamán que estaba de moda en un pequeño pueblo alejado de la ciudad.

Buen día, chamaca, ¿en qué le puedo servir?

Necesito que saque un cuerpo de otro. Creo que mi amiga está poseída por otra mujer, yo me di cuenta porque actúa diferente a su manera de ser habitual.

Comprendo, pero eso le va a costar caro, además, puede ser contraproducente. Porque si saco el cuerpo la otra persona podría morir. ¿Está dispuesta a correr el riesgo?

Sí, con tal de librar a mi amiga.

Bueno, déjeme ver qué puedo hacer. Necesitaré ponerme en trance. Venga en dos días, para entonces ya sabré cómo actuar. Ah, antes de que se me olvide, necesito una foto de cada una, identifíquelas, como la original y la falsa.

Ah, ok, así lo haré.

Y, por favor, no diga nada a nadie. Si esto se propaga puede salir mal.

De acuerdo, entonces regresaré en dos días.

Séfora salió un poco más animada. La posibilidad de que el chamán sacara a Victoria de Noelia la reconfortaba.

Sin embargo, no sería nada fácil. El chamán le había advertido que sería muy peligroso.

Pero tenía que correr el riesgo, de otro modo, jamás lo lograría.

Así que, cuando regresó Noelia, dos semanas después, con engaños la llevó a donde el chamán.

¿Qué es este lugar?, ¿por qué me has traído aquí?, dijo Noelia con asombro, más no con miedo.

Y antes de que pudiera reaccionar, el chamán le inyectó algo en el brazo.

Ella se volvió furiosa...

¡¿Qué me inyectaste, brujo de mier$a?!, gritó ella.

¿Qué pasa, Séfora?, ¿qué te he hecho?

Poco a poco, Noelia fue perdiendo el sentido, el chamán la detuvo y la acomodó en una cama. Luego, le esposó ambas manos y los pies a los bordes de la cama, según él, por seguridad.

Bueno, ahora usted se va a quedar quieta, escuche lo que escuche y vea lo que vea, no hará nada, ¿estamos?

De acuerdo, dijo Séfora, aunque no estaba segura de si había hecho lo correcto.

Y como si el chamán le hubiera leído el pensamiento le dijo: No se preocupe, usted hace lo que cree que está bien.

Ella lo miró sin comprender, y después asintió.

El chamán empezó con el ritual, Séfora observaba desde una silla desvencijada que estaba cerca.

Al principio no pasó nada, pero conforme avanzaba con el ritual, Noelia empezó a moverse con desesperación, aunque tenía los ojos cerrados.

¡Vamos, sal de este cuerpo!, ¡no te pertenece!, parecía que el chamán entraba en trance.

Noelia no podía abrir los ojos, pero se revolvía como si algo le estuviera quemando por dentro.

Séfora estaba atemorizada, no sabía que iba a pasar después.

Se aferraba a la silla con ambas manos. La apretaba con tal fuerza que los nudillos se le ponían blancos.

De pronto, Noelia abrió los ojos, los tenía rojos como dos brazas ardiendo.

¡Suéltenme!, ¿qué diablos me están haciendo?, me las a pagar, Séfora.

¡Vamos!, sal de este cuerpo que no es tuyo, volvió a decir el chamán.

¡Suéltame, imbécil!, ¡no podrás hacer nada!, ¡tú no me mandas!, la voz de Noelia parecía sacada de ultratumba.

Fue en ese momento que Séfora comprobó que no era su amiga. Ella jamás se hubiera expresado así de nadie.

Noelia perdió el sentido por el gran esfuerzo que hizo.

Tendrá que permanecer aquí hasta que el cuerpo salga, dijo el chamán, visiblemente agotado.

¿Y yo qué debo hacer?, preguntó Séfora con temor.

Mañana me ayudarás con algunas oraciones, si no tememos resultados favorables, tendremos que llamar a un sacerdote.

Yo no sé nada de posesiones, prefiero que llames al sacerdote, murmuró ella.

Está bien, por ahora es todo, descansaré, y tú también, mañana será peor que ahora.

El chamán, un hombre de unos 50 años, curtido por los años, de barba larga y bigote abultado su fue a su cuarto, atrás de donde se encontraba Noelia.

En ese momento el alma mala de Saúl se presentó ahí ante Noelia.

Movió su cabeza negativamente; no has hecho las cosas bien, susurró.

Saúl, ayúdame, sácame de este lugar.

No, mhija, aquí sí que no puedo ayudarte, ingéniatelas para librarte tú misma. Fuiste una estúpida al dejarte engañar por Séfora. Y una cosa sí te aseguro, tal vez no la libres, pero si lo llegas a hacer, será mejor que te enfoques en Polo, olvídate de Séfora; de ella yo me encargo. Recuerda que solo te quedan tres meses.

Ya lo sé, pero sácame de aquí. Si no, ¿cómo voy a vengarme?

Pues tú sabrás cómo le haces, yo solo vine a decirte que te quedan tres meses. Adiós.

¡No te vayas!, ¡Saúl! ¡Vuelve, imbécil! ¡Saúl!, gritó Noelia a más no poder.

Pero el alma mala de Saúl se perdió de la vista de Noelia.

El chamán se dio cuenta de que Noelia estaba hablando con alguien, pero no lo podía ver. Ella gritaba mucho y trataba de mover los brazos, pero como estaba esposada no podía.

Se rascó la barbilla, "pues tal parece que sí hay alguien en ese cuerpo", se dijo.

"¿Con quién estaría hablando?", se preguntó el hombre menudo.

Noelia trataba a toda costa de zafarse, pero las esposas eran de acero y solo lograba lastimarse las muñecas.

Pensó en algo, tal vez si seducía al hombre lograra que la soltara.

Señor, dijo. ¿Me escucha?

El chamán se acercó con precaución.

¿Qué desea, señorita?

Por favor, déjeme ir, le prometo que no le haré daño, solo déjeme libre.

La mujer que la trajo dijo que usted estaba usurpando un cuerpo que no le pertenece, dijo el chamán con toda clase de precauciones.

Ella me tiene envidia, está enamorada de mi esposo, y quiere acabar conmigo a toda costa.

Y luego que acabe conmigo lo hará con usted para no dejar huella, pero si no me cree, pues allá usted.

Ella es mala, continuó diciendo, for favor, ayúdeme.

El chamán la vio tan hermosa y desvalida en la mesa, que estuvo a punto de soltarla, pero algo lo detuvo.

Lo siento, no la voy a soltar. Los seres como usted no son de confianza.

Le daré lo que me pida, lo que sea.

¿Lo que sea?, repitió él con cara de lujuria.

Sí, contestó ella.

Entonces, el chamán cometió el error de soltarla.

La tomó por el talle y empezó a besarla, ella le correspondió, seductora. Y en un descuido, Noelia tomó unas tijeras que el hombre tenía en una mesa llena de triques.

Y, sin pensarlo dos veces, le clavó las tijeras en la espalda. Y después una y otra, y otra vez hasta dejarlo tirado en el suelo en un charco de sangre.

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