La historia comienza con Agustina y Cristian, dos novios que se amaban profundamente, pero que fueron separados por circunstancias ajenas a su voluntad. Ella se marchó llevándose consigo algo muy valioso.
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capitulo 14: Oportunidades
Al día siguiente, Agustina salió muy temprano, dejando a Niko en casa con su madre.
En compañía de Ricardo, recorrió varios lugares buscando un nuevo colegio para el niño… y también un empleo para ambos.
Ricardo no se apartó de ella en ningún momento. La apoyaba en todo, insistiendo en que no se rindieran.
Pero nada resultó.
Hospital tras hospital, la respuesta era la misma. Puertas cerradas, excusas, miradas incómodas. Don Gaspar, con su influencia, ya se había encargado de hablar en todos lados.
Nadie quería contratarlos.
Y con el colegio de Niko no fue diferente. En algunos no había cupo, en otros simplemente les decían que no… sin dar muchas explicaciones.
Como si, por más que lo intentaran, alguien se encargara de cerrarles cada puerta.
Agustina empezó a notarlo.
No era casualidad… alguien estaba moviendo todo en su contra.
Con el paso de las horas, Agustina seguía fuera, luchando contra el reloj y contra la ciudad entera en su intento de conseguir un colegio para Niko y un empleo que les devolviera la tranquilidad.
Su madre, Chavela, ya tenía todo listo para abrir su puesto de chilaquiles a las seis de la tarde. El cansancio marcaba su rostro, pero Niko la observaba con determinación; desde que se quedó sin colegio, había decidido que ayudaría a su mamá y a su abuela. Esa tarde se le notaba aún más decidido.
Vestido como un niño de su edad y con su bolsito tejido colgado de medio lado, Niko se acercó a Chavela. A pesar de todo lo que estaban pasando, una sonrisa iluminaba su rostro.
—Abue, yo voy contigo a trabajar —dijo Niko, colocándose delante de ella y tomando algunas cosas.
—No, mijito, aguántate tantito —respondió Chavela, echando un ojo a la puerta—. Tu mamá ya viene para que se quede contigo. Los niños no deben trabajar, ¿eh? Los niños van a la escuela, no venden chilaquiles.
—Abuela, mi mamá no está y sé que ya te tienes que ir… como sé que no me quieres llevar al puesto, ¿qué haríamos? ¿Dejarme solo? No puedo. Mejor llévame contigo y te ayudo en el puesto, así no te preocupas dejándome esperando a mamá —propuso Niko.
Chavela lo oyó y evaluó la situación. Niko tenía razón: ya debía salir y, como no quería llevarlo al puesto, pensaba dejarlo solo. Pero su nieto la hizo razonar y decidió que lo mejor era llevarlo con ella.
—Mijito, pos parece que tienes razón… tu mamá se está tardando. Vas conmigo, pero nomás a acompañarme, ¿eh? No a trabajar —dijo Chavela, resignada pero con cariño.
El niño se ajustó bien su bolsito y ayudó a la abuela a cargar unas cosas.
Más tarde, Agustina regresó a casa y no encontró ni al niño ni a su madre, por lo que dedujo que se habían ido al puesto. Al salir, se topó con doña Maruja y doña Chela, que la observaban con curiosidad.
—Tina, si andas buscando a tu mamá y al niño, se fueron derechito al puesto —dijo doña Chela, que los vio salir.
—Sí, ese niño… a ver si no se porta mal con Chavela, que siempre anda moviendo los dedos como… —intentó decir doña Maruja, meneando la cabeza.
—Gracias, doña Chela… y usted, vieja metiche, mejor váyase a sus quehaceres —contestó Agustina, sin darle chance de seguir metiéndose.
Doña Chela y doña Maruja vivían cerca de Chavela. Doña Chela era buena y tranquila, no se metía en los problemas de los demás. Doña Maruja, en cambio, era chismosa, envidiosa y despectiva; siempre veía a Niko como un niño travieso y buscaba la manera de causarle problemas.
En el puesto, Niko ayudaba a su abuela cuando, de repente, apareció la profesora Laviana, la misma que había logrado que lo expulsaran del colegio. Venía acompañada de su hijo, un niño regordete, igual de despectivo que ella, riendo mientras señalaba a Niko.
—¿Así que este es el genio de la familia? Vendiendo chilaquiles, jajaja —Laviana soltó una carcajada despectiva.
—Ese es el niño del que me hablaste, ¿el que se cree tan listo? Jajaja nunca será nadie —soltó el hijo de Laviana, mientras devoraba una hamburguesa tan gorda como su propia cara.
El niño no dejó que las burlas lo afectaran. Su abuela, mientras servía a un cliente, escuchó la voz desagradable de Laviana y de su hijo regordete, y se aproximó con evidente molestia.
—¡Escúcheme bien, señora! Mi nieto no se toca ni se insulta. Usted hizo lo que quiso en la escuela, pero aquí no va a pasar lo mismo. ¡Fuera de mi vista y no vuelva a abrir la boca sobre Niko, o va a ver! —y le soltó una buena cachetada.
Con la mano todavía en la mejilla, Laviana estalló de rabia y volvió a insultar a Niko, mientras su hijo se reía a carcajadas a su lado.
—¡Ese niño y todo su escuadrón son una bola de inútiles! Nunca va a conseguir nada —dijo Laviana, llena de rabia.
—Jajaja ¡ya lo veo vendiendo chilaquiles toda su vida, pa’ otra cosa no sirve! —rió su hijo, burlón, mientras le daba un mordisco a su hamburguesa.
En ese momento, Agustina llegó al puesto y escuchó los insultos de la profesora y su hijo hacia su familia. Furiosa, le dio otra bofetada.
—¡Vieja de los mil demonios! ¿Qué hace aquí metida con mi hijo y mi familia? Usted no vale ni un centavo, se cree profesional y es un desastre sin vocación. —Miró al hijo—. ¡Y tú, chamaco rechoncho, pareces que solo andas de flojo por la vida! ¡Fuera de mi vista! —gritó Agustina, empujándolos con rabia fuera del puesto.
Pareciendo tranquilos, Laviana y su hijo se retiraron del puesto, pero no podían ocultar su molestia interior.
Agustina rodeó a Niko con los brazos y lo sostuvo cerca.
—Mira, mi chiquito, tú eres muy listo, no dejes que nadie te haga sentir menos —susurró, mientras le pasaba la mano por la cabeza.
Días después, Agustina seguía buscando colegio para Niko y trabajo para ella, pero todo se le hacía más complicado cada día. Mientras tanto, el niño seguía yendo al puesto, usando su ingenio para convencer a su madre y a su abuela de dejarlo ayudar. Colaboraba con la contabilidad y con algunas tareas más pesadas, aunque en secreto hacía mucho más de lo que ellas podían notar.
Un día, mientras Agustina estaba en casa, recibió una llamada de su amiga Brini. Después de tanto tiempo sin hablarse, Brini había logrado encontrarla gracias a un contacto en común y quiso ponerse al día.
Agustina abrió su corazón a Brini y le contó todo: cómo había llegado a México, lo que sufrió por culpa de la mamá de Cristian y las dificultades que seguían complicándole la vida.
Brini escuchó atentamente todo lo que Agustina le contaba. Como enfermera y con experiencia en el mundo laboral, decidió darle una noticia que podía ser de gran ayuda.
—Mi amiga, Agus… mira que en Colombia abrieron un hospital y necesitan personal. ¡Podría ser justo lo que estabas buscando.
Agustina García 25 años
Cristian Villanueva 27 años
Doris esta loca mando hacer tarjeta de bodas que obsesión tiene por Cristian pero esta jodida porque si se encuentra con su chaparrita las demás quedan por fuera.
Lectores, sé que muchos se preguntan por qué el investigador no ha logrado dar con Agustina. Como mencioné antes, Rebecca hizo todo para ocultarla y que no estuviera cerca de Cristian.
Por eso, aunque hay un investigador privado, no ha podido encontrarla Rebecca borró pistas, ocultó información y manipuló todo para desviar la búsqueda.
Aun así, él cumple su papel porque la verdad no se revelará de golpe sino poco a poco.
Eso lo mencioné en un capítulo, cuando ya habían pasado los años.
Rebeca ya le dijo a Betania que regreso la campesina que harán este par de arpías 🤔🤔🤔❓❓❓
Quien es el hombre elegante y misterioso que llego 🤔🤔🤔❓❓❓
Ricardo y Martin como que son gay porque hubo una conexión rara.
Doris la insufrible ya no la soporta pero parece una garrapata mal pegada.
Rebeca si reconocio a Agustina que hará y dirá 🤔🤔🤔❓❓❓
Dos locas obsesionadas con Cristian que quieren tenenerlo a como de lugar Doris y Betania no tienen autoestima a una la utilizan y la otra no la ven con ojos de negro gustas que ridículas otras patéticas mas.
Cristian ahora caes de ese edificio e iras a parar al hospital donde esta Agustina y a ella le tocara atenderte y lo peor sera que llegaran todas las arpías osea Doris, Betania y Rebeca la alcohólica y despreciable madre.
Otro director que se fijo en Agustina no me parece que venga otro a joderle la vida.