Ella renace en otra época. Decidida a ser feliz y a no perder la sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Duque Nolan
Los meses de calma y pequeños logros habían construido en Emily una rutina que casi se sentía segura… casi.
Hasta que una tarde, el duque Nolan la llamó a su despacho.
Emily entró con la serenidad que había aprendido a sostener, haciendo una leve reverencia.
—¿Me llamó, tío?
El duque levantó la vista de unos documentos y la observó unos segundos, como si midiera sus palabras.
—He mandado a hacerte un vestido.
Emily parpadeó, sorprendida.
—¿Un… vestido?
—De la nueva casa de modas de la familia Ryder.. Es un local exclusivo. La dirige su hija… una joven de tu edad.
Emily inclinó ligeramente la cabeza, asimilando la información.
—Gracias, tío… pero… ¿para qué lo necesito?
Hubo un breve silencio.
Y entonces, con total naturalidad, el duque respondió..
—Me acompañarás a la boda del duque Moriarty.
El mundo pareció detenerse.
Emily sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda. Sus manos, que hasta ese momento habían estado tranquilas, temblaron ligeramente.
—¿La… boda… del duque Moriarty? —repitió, casi sin voz.
Las imágenes regresaron de golpe.
El salón. Las miradas. El silencio. Su propia voz, arrogante… y luego, la caída.
El rumor que ella misma había iniciado.
[“Dicen que al duque no le gustan las mujeres… por eso sigue soltero.”]
Una mentira dicha con ligereza.
Una estupidez que, en su vida anterior, había destruido todo.
Y ahora… Ahora iba a enfrentarlo de nuevo.
Pero había algo que no encajaba.
En sus recuerdos… el duque Moriarty no se casaba. Permanecía soltero. Ese era precisamente el motivo por el cual ella había inventado aquel comentario.
Entonces…
—¿Se va a casar…? —murmuró, más para sí misma que para su tío.
—Sí —respondió el duque Nolan, sin notar su desconcierto—. Es un evento importante.
Emily bajó la mirada, intentando ordenar sus pensamientos. Algo había cambiado en la línea de su destino… o tal vez, en esta nueva oportunidad, las cosas no seguirían el mismo curso.
Pero el problema seguía siendo el mismo.
[Él.]
Respiró hondo.
—Tío… Preferiría no asistir.
El duque alzó una ceja, claramente sorprendido.
—¿No asistir?
—No me siento… adecuada para un evento así.. Tal vez sería mejor que..
—No.
La palabra cayó firme, sin espacio para discusión.
Emily levantó la mirada.
El duque la observaba con seriedad, pero no con dureza… sino con esa autoridad que no necesitaba elevar la voz.
—Debes asistir.. Moriarty es un socio importante. Y no será el único. Habrá otros duques, comerciantes, aliados.
Hizo una breve pausa.
—Eres parte de esta familia. Debes estar presente.
Emily apretó ligeramente los labios. Quiso insistir. Quiso decir que no era buena idea, que no estaba preparada, que..
—No es opcional —añadió el duque, cortando cualquier intento antes de que naciera.
Y con eso, la conversación terminó.
Esa noche, Emily no pudo dormir bien.
Se giraba en la cama, una y otra vez, con la mente llena de escenarios.
—No digas nada imprudente… No inventes rumores… No llames la atención…
Se lo repetía como un mantra.
Durante toda la semana previa a la boda, su calma habitual desapareció.
Mientras ayudaba a las ancianas, se quedaba en silencio por momentos, distraída.
—¿Señorita? —le preguntaban
—¿Está bien?
—Sí… sí, claro —respondía, forzando una sonrisa.
Intentaba tejer… y fallaba más de lo normal.
Cantaba… pero a veces se quedaba en blanco a mitad de una canción.
Incluso frente al espejo, donde antes sonreía con confianza, ahora se observaba con una mezcla de determinación y nervios.
—Compórtate.. Solo compórtate.
El vestido llegó a mitad de semana.
Era hermoso.
Elegante sin ser excesivo, con detalles delicados que realzaban su figura sin exagerar. El trabajo de la casa Ryder era impecable.
Pero al probárselo, Emily no pensó en lo bien que se veía.
Pensó en la noche en la que lo usaría.
En el salón lleno de nobles.
En las miradas.
Y en él.
El duque Moriarty.
Sintió un pequeño temblor recorrerla.
[No es la misma historia.. No tiene por qué terminar igual]
Aun así… el miedo seguía ahí.
Pero esta vez, no era la Emily imprudente de antes.
Era alguien que había aprendido.
Que había cambiado.
Y aunque los nervios no desaparecieron en toda la semana, también creció algo más fuerte dentro de ella.
Determinación.
Porque si el destino insistía en cruzarla otra vez con aquel hombre… entonces esta vez, ella no cometería el mismo error.
hermosa novela
ame a Fred