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El Concierto Del Destino

El Concierto Del Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13 EL FIN DE SEMANA DE LA DESPEDIDA

Cuando el avión aterrizó en Medellín, Santiago tomó su celular apenas encendieron la señal.

Lo primero que hizo fue escribirle a Darly.

📩 Hola, princesa. Ya llegué a Medellín. Ya te extraño y estoy contando las horas para volver a verte. No debe tardar en llegarte algo que compré para ti. Me gustaría que lo usaras esta noche. Te mando un beso enorme.

Darly sonrió al leer el mensaje.

Estaba terminando de organizar su maleta cuando respondió.

📩 Gracias. Yo también muero por verte. Buen viaje. Un beso. 💋

Santiago observó la pantalla y una sonrisa apareció en su rostro.

Hacía mucho tiempo que un simple mensaje no lograba alegrarle tanto el día.

Guardó el teléfono y trató de concentrarse en lo que tenía que hacer, aunque la realidad era que solo podía pensar en verla nuevamente.

Minutos después tocaron la puerta del apartamento.

Darly abrió y encontró a un mensajero.

—¿Señorita Darly?

—Sí.

—Esto es para usted.

Firmó la recepción y entró con una caja elegante decorada con rosas rojas.

Mía, que estaba sentada en la sala, se levantó de inmediato.

—¡¿Qué es eso?!

—No tengo idea.

Abrió la tarjeta.

"Gracias por compartir estos días conmigo. Me hiciste muy feliz. Estoy contando las horas para volver a abrazarte. Espero que te guste este pequeño detalle.

Con cariño,

S."

Darly abrió la caja.

Su sonrisa apareció de inmediato.

—Dios mío...

—¿Qué es? —preguntó Mía acercándose.

—Mira.

Mía soltó una carcajada.

—Ese hombre definitivamente está perdido por ti.

—No exageres.

—¿Que no exagere? Te compra regalos, te lleva de viaje, te escribe cada cinco minutos... amiga, abre los ojos.

Darly negó con la cabeza.

—No quiero ilusionarme.

—Pues creo que ya es demasiado tarde para eso.

La joven bajó la mirada.

Tal vez tenía razón.

Porque cada vez le costaba más imaginar su vida sin Santiago.

Las horas pasaron rápidamente.

Cuando llegó el momento de ir al aeropuerto, Mía insistió en acompañarla.

—Por favor, me escribes apenas llegues.

—Claro.

—Y me cuentas absolutamente todo.

—Eres peor que una periodista.

—Lo sé.

Ambas rieron.

Antes de despedirse, Mía la abrazó con fuerza.

—Cuídate mucho.

—Tú también.

—Y sobre todo cuida tu corazón.

Aquellas palabras quedaron resonando en la mente de Darly mientras caminaba hacia la sala de embarque.

Porque precisamente eso era lo que más le preocupaba.

Su corazón.

Mientras tanto, Santiago había llegado a su casa.

Apenas entró, Isabella apareció para recibirlo.

—¡Amor!

Corrió a abrazarlo.

Santiago correspondió el abrazo.

—Te extrañé muchísimo.

—Yo también.

—¿Cómo te fue?

—Bien. Muy cansado, pero bien.

—Te preparé desayuno.

—Gracias.

Intentó actuar con normalidad.

Intentó comportarse exactamente igual que siempre.

Pero algo había cambiado.

Y por más que quisiera ocultarlo, lo sentía.

Durante el desayuno Isabella le hizo preguntas sobre el supuesto trabajo que había realizado durante la semana.

Por suerte Carlos ya había preparado la historia.

Santiago respondió exactamente lo que ambos habían acordado.

Sin embargo, Isabella seguía notándolo extraño.

Más distante.

Más distraído.

Como si parte de él estuviera en otro lugar.

Y tenía razón.

Porque mientras ella hablaba, Santiago solo podía pensar en una persona.

Darly.

Después de unas horas de descanso, llegó el momento de partir nuevamente.

Esta vez rumbo a Pasto.

Antes de salir, Isabella acomodó algunas cosas dentro de la maleta.

—Cuídate mucho.

—Lo haré.

—Y llámame cuando llegues.

—Claro.

Ella sonrió.

Pero en el fondo seguía sintiendo que algo no estaba bien.

Algo estaba cambiando.

Y no lograba descubrir qué era.

El vuelo de Darly aterrizó cerca de las cinco de la tarde.

La ciudad la recibió con un clima mucho más frío del que estaba acostumbrada.

Tomó un taxi y se dirigió al hotel.

Cuando llegó quedó sorprendida.

Era mucho más elegante de lo que imaginaba.

La habitación tenía una vista espectacular de las montañas.

Dejó la maleta a un lado y decidió avisar que ya había llegado.

📩 Buenas tardes. Soy Darly. Santiago me dio este número para avisar cuando llegara al hotel. Ya estoy aquí.

Al mismo tiempo, Santiago y Carlos acababan de salir del aeropuerto.

El teléfono de Carlos sonó.

—Es ella.

Santiago sonrió inmediatamente.

—Déjame ver.

Leyó el mensaje y respondió desde su propio celular.

📩 Hola, mi reina hermosa. Me alegra saber que llegaste bien. Yo también voy camino al hotel. Nos vemos pronto.

Guardó el teléfono y se recostó contra el asiento.

Carlos lo observó unos segundos.

—Te veo demasiado ilusionado.

Santiago soltó una pequeña risa.

—¿Tan evidente es?

—Mucho.

Durante unos segundos ninguno habló.

Finalmente Carlos rompió el silencio.

—Solo ten cuidado.

—Lo sé.

—Sabes perfectamente cómo reaccionaría Isabella si descubre algo.

—Sí.

—Y también sabes todo lo que podría afectar eso.

Santiago observó por la ventana.

—Lo sé.

—Entonces piensa bien lo que estás haciendo.

Santiago suspiró.

—Ya hablé con Darly.

—¿Y?

—Después de este fin de semana cada uno seguirá su camino.

Carlos asintió.

Parecía la decisión correcta.

Sin embargo, por la expresión de Santiago era evidente que aquello no le hacía feliz.

Y tal vez por primera vez comprendió que aquello ya no era una simple aventura.

Había sentimientos involucrados.

Y eso lo complicaba todo.

Cuando llegaron al hotel, Carlos recibió la llave de su habitación.

Santiago tomó la suya.

—Voy a descansar un rato.

—Claro.

—Nos vemos más tarde antes del concierto.

—Perfecto.

Pero ambos sabían que Santiago no iba precisamente a descansar.

El cantante tomó su equipaje y caminó directamente hacia el piso donde se encontraba la habitación de Darly.

Sentía el corazón acelerado.

Como si no la hubiera visto en meses.

Tocó la puerta.

Unos segundos después esta se abrió.

Y allí estaba ella.

Con el cabello húmedo después de ducharse y una sonrisa que inmediatamente logró desarmarlo.

—Hola.

—Hola.

Por un instante simplemente se quedaron observándose.

Como si intentaran recuperar todo el tiempo que habían estado separados.

—Te extrañé.

—Yo también.

Santiago entró en la habitación y cerró la puerta detrás de él.

La tomó suavemente de las manos.

—No dejé de pensar en ti en todo el día.

Darly sonrió.

—Yo tampoco.

Las palabras parecían sencillas.

Pero para ambos significaban mucho más de lo que estaban dispuestos a admitir.

Permanecieron abrazados durante varios minutos.

Conversando.

Riéndose.

Contándose detalles de sus viajes.

Y disfrutando simplemente de estar juntos.

Porque en medio de toda aquella confusión, de las mentiras y de las despedidas pendientes, había algo que ninguno podía negar.

Cuando estaban juntos se sentían felices.

Y cada vez resultaba más difícil fingir que aquello no significaba nada.

—¿Te gustó el regalo? —preguntó Santiago.

—Muchísimo.

—Me alegra.

—Gracias por el detalle.

—No tienes que agradecerme.

Darly levantó la mirada.

Los ojos de Santiago reflejaban exactamente lo mismo que sentía ella.

Cariño.

Nostalgia.

Y el miedo de que aquel fin de semana terminara demasiado rápido.

Porque aunque ambos repetían que sería una despedida...

Cada minuto que pasaban juntos parecía empujarlos en la dirección contraria.

Y ninguno estaba preparado para aceptar lo que realmente estaba ocurriendo entre ellos.

1
Elena Rodriguez Welman
Hermosa historia de amor. Felicitaciones escritora
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