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Amor Sobrehumano El Orígen

Amor Sobrehumano El Orígen

Status: Terminada
Genre:Romance / Vampiro / Completas
Popularitas:717
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

"Antes de la leyenda, existió una verdad oculta entre las sombras del bosque. María Clara solo buscaba sanar con sus brebajes, pero una premonición de muerte y un amor prohibido marcaron su destino para siempre

Precuela de la novela amor sobrehumano

NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 13 - Luciana sale a la luz del día

—¿Cómo se llama tu amiga, Adela? —preguntó Salvador, sintiendo una curiosidad que no podía explicar.

—Ella se llama...

—¡ADELA! —el grito furioso de Alejandra cortó la respuesta como un látigo.

—Me necesita la señora... —murmuró Adela con temor.

Alejandra entró al estudio con el rostro desencajado.

—¿Con qué derecho sacaste a mi hijo de esta casa sin mi consentimiento? —le espetó.

—Fui a hacer las compras y lo llevé al mercado, señora —explicó Adela bajando la mirada.

—¡Peor todavía! No quiero que se mezcle con la gente común.

Salvador se levantó de su asiento, su presencia ahora era mucho más imponente y fría.

—¿Qué tiene de malo que el niño salga a respirar aire puro, Alejandra? —intervino con voz gélida.

—Tú no te metas, Salvador. Y tú, Adela, que sea la última vez, porque si lo vuelves a hacer, te echo de esta casa.

—Tú no vas a echar a nadie —sentenció Salvador, poniéndose frente a Adela—. Ella es parte de esta familia porque cuida a mis hijas con un amor que tú no tienes. Si ella se va, la que se va de esta mansión eres tú. ¿Fui claro?

Alejandra retrocedió, impactada por la autoridad oscura de su esposo. Salvador le entregó la bebé a Adela y le pidió que se retirara. La guerra fría en la mansión Pérez apenas comenzaba.

Un hogar en las sombras

En la cabaña abandonada, Soledad observaba a Luciana con ternura mientras le daba un biberón de sangre de animal.

—Te ves hermosa con esa ropa nueva, mi niña. Voy a trabajar duro para que nunca te falte nada. Yo misma te enseñaré a leer y a escribir, tal como lo hizo tu madre —susurró Soledad, ignorando que el peligro acechaba fuera.

En la guarida de los vampiros, el Jefe perdía la paciencia.

—¿Aún no encuentran a las hijas de la hechicera? —rugió.

—El bosque es inmenso, Jefe, y solo podemos buscar de noche —se justificó un súbdito.

—¡No me importan las excusas! Encuéntrenlas o sus cabezas rodarán antes del amanecer.

La tentación de Adela

Al día siguiente, Adela llegó cargada de regalos a la cabaña. Al ver las condiciones del lugar, su corazón se apretó.

—Soledad, no puedo creer que vivas aquí con tanta humedad. Ven a la mansión conmigo, estoy segura de que mi patrón te dará empleo y Luciana tendrá una vida estable.

Soledad sintió un escalofrío. «Si voy allá, descubrirán que Luciana no es humana», pensó.

—Gracias, Adela, pero prefiero la paz de la naturaleza. Aquí sacaré adelante a mi sobrina, aunque sea en la pobreza.

Adela suspiró y le entregó una bolsa llena de ropa y peluches.

—Eres terca, pero lo respeto. Mira estos peluches para la niña.

—Son hermosos... no tengo cómo pagarte esto —dijo Soledad abrazando a su amiga.

—Con tu amistad es suficiente. Por cierto... ¿esta niña duerme todo el día? —preguntó Adela extrañada.

—Sí, prefiere la noche —disimuló Soledad con una sonrisa nerviosa.

El milagro del sol (Un año después)

El tiempo voló. Luciana ya era una niña de un año, vivaz y de ojos penetrantes. Una mañana, mientras Soledad dormía profundamente, una mariposa azul se posó en la ventana. Luciana, fascinada, bajó de la cama y la siguió gateando hasta la puerta.

La mariposa salió al jardín y Luciana, sin dudarlo, cruzó el umbral. La luz del sol de mediodía la golpeó de lleno.

Dentro de la casa, Soledad despertó sobresaltada al sentir el vacío a su lado.

—¡Luciana! ¡LUCIANA! —gritó corriendo por toda la casa. Al salir al porche, se quedó paralizada por el terror. Su sobrina estaba sentada en la hierba, riendo y señalando a la mariposa bajo los intensos rayos del sol.

Soledad corrió hacia ella y la tomó en brazos, revisando cada milímetro de su piel. No había quemaduras, ni humo, ni dolor.

—El sol no te quemó... —susurró Soledad con lágrimas de alegría—. ¡No eres del todo una vampira! Eres un milagro. Desde hoy, mi niña, comerás comida humana y conocerás el mundo.

El espejo del pasado

En el jardín de la Mansión Pérez, Salvador jugaba con Isabella, que ya tenía dos años. Adela los observaba con una sonrisa melancólica.

—Es usted un padre excelente, señor. Cuida a Ana María como si fuera su propia sangre.

—Ella es mi hija, Adela. No importa su origen —respondió Salvador. Luego, bajando la voz, preguntó—: ¿Cómo está tu amiga y su sobrina?

—Están bien, señor. La niña cada día está más hermosa. Aunque... —Adela dudó un momento—. He notado algo extraño.

—¿Qué sucede?

—La niña tiene un parecido asombroso con usted, señor. Tiene sus mismos ojos y esa forma de mirar tan profunda.

Salvador se quedó petrificado. El recuerdo de María Clara lo golpeó como un rayo. Un silencio sepulcral se apoderó del jardín mientras las piezas del destino comenzaban, muy lentamente, a encajar.

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