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Helios [Libro 2] [The Celestials Series]

Helios [Libro 2] [The Celestials Series]

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:677
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

La aurora no promete perdón: sólo la prueba de quien se atreve a reclamar el cielo.

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Capítulo 20

El aire de la capital se sentía distinto tras el incidente en el Pabellón de Hierro. Ya no era solo el aroma a incienso de los templos y el salitre del puerto; ahora, para Helios, la ciudad olía a metal quemado y a una paranoia que se filtraba por las grietas de los palacios. Se encontraba en sus aposentos privados, una estancia oculta en el ala este de la vieja biblioteca real, un lugar que Valerius y sus seguidores habían abandonado por considerarlo un cementerio de pergaminos inútiles.

Helios estaba frente a una mesa cubierta de cartas astrales. La luz de la luna, plateada y fría, entraba por el ventanal, iluminando las líneas que conectaban las constelaciones con los nombres de las casas nobles de Solis.

—Las estrellas no mienten, Helios, pero los hombres que las interpretan son los mayores embusteros de la historia —la voz de Mirea surgió de las sombras. Llevaba un vestido de seda color carmesí tan oscuro que parecía negro bajo la luz lunar—. He encontrado lo que buscabas. Los registros de herencia de los últimos diez años.

Helios se giró. Su rostro estaba marcado por el cansancio, pero sus ojos ardían con una intensidad renovada.

—¿Es cierto lo que sospechaba? —preguntó, su voz era un murmullo profundo.

Mirea se acercó, dejando caer varios rollos de pergamino sobre la mesa. Sus dedos, largos y elegantes, señalaron una serie de glifos solares.

—No es solo una sospecha. Es una red. Valerius no solo ha usado la fuerza; ha usado la fe. Cada vez que una familia noble se oponía a sus reformas, el Colegio de Astrólogos emitía un edicto. Un "mal augurio" en la carta natal del heredero. Una "mancha solar" que invalidaba el linaje. Así es como las tierras de los Altos de Oro pasaron a manos de sus leales. Han manipulado el destino mismo para borrar a sus enemigos.

Helios apretó el puño sobre la mesa, haciendo que la madera crujiera.

—Usaron el sol contra mi pueblo. Usaron la luz que mi familia ha protegido durante siglos para justificar robos y asesinatos.

—Y lo hicieron contigo, Helios —dijo Mirea, acercándose tanto que él podía oler el perfume de jazmín y peligro que siempre la acompañaba—. Tu exilio no fue solo una decisión política. Fue "escrito" en las estrellas. El Gran Astrólogo de aquel entonces, el anciano Ezzar, fue quien firmó el decreto que decía que tu nacimiento bajo el eclipse traería la ruina a Solis.

—Ezzar está muerto —sentenció Helios—. Valerius se encargó de eso hace años.

—Eso es lo que el mundo cree —Mirea sonrió con una frialdad que helaba la sangre—. Pero las sombras tienen mejores oídos que los reyes. Ezzar vive. Está encerrado en la Torre del Silencio, en el barrio de los leprosos. Ciego, medio loco, pero su mente sigue siendo la llave de este laberinto.

Helios no lo dudó.

—Lévame ante él.

***

El barrio de los leprosos era un lugar donde la luz del sol parecía negarse a entrar. La Torre del Silencio era una estructura en ruinas, rodeada de una niebla perpetua que olía a enfermedad y olvido. Helios y Mirea caminaban envueltos en capas oscuras, esquivando las figuras harapientas que se arrastraban por las calles.

Al llegar a la cima de la torre, encontraron a un hombre que parecía más un espectro que un ser humano. Ezzar estaba sentado en un trono de piedra, con las cuencas de los ojos vacías, mirando hacia un cielo que ya no podía ver.

—Habéis tardado mucho, Príncipe de las Cenizas —dijo el anciano, su voz era como el crujir de hojas secas—. Los susurros del sol me dijeron que volverías cuando el plomo estuviera en tu sangre.

Helios se detuvo frente a él, su presencia llenando la pequeña habitación.

—Dime la verdad, viejo. Dime cómo manipulasteis los cielos para coronar a un usurpador.

Ezzar soltó una carcajada que terminó en una tos violenta.

—No los manipulamos, niño. Los redibujamos. Valerius nos dio el oro, y nosotros le dimos la divinidad. Cada carta natal de cada noble fue alterada. Inventamos conjunciones, ocultamos tránsitos. Tu padre no murió porque fuera su hora; murió porque las estrellas que nosotros inventamos decían que debía caer. Y tú... tú no eres un heraldo de la ruina. Eres el único cuya luz no pudimos apagar, por mucho que manchamos el pergamino.

1
Mariela Serrano
Estoy algo perdida, Acaso Selene no estaba casada con Varron, o esto pasó antes de eso?
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