La baronesa Juana de Miraflores, llamada por sus vasallos Juana La loca, vió desde la torre de su castillo el avance de tropas enemigas al feudo y exigió a su padre viudo que contrajera matrimonio con la baronesa Oriana de Roca Alta. La idea de unir los feudos para la defensa era sin dudas la mejor salida, pero su proposición no tuvo eco. No le quedó otra : debía casarse ella con el bruto y mujeriego Barón Alvaro Pelayo Roca Alta.
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Capitulo 13 . La llegado del Conde y su amigo.
Alejandro de Valladolid y Cuevas terminó de escribir otra romántica y ardiente misiva para su esposa. Habían terminado de aplacar y vencer a los enemigos del rey, unos musulmanes que invadieron ese villejo donde ahora pernoctaban los soldados del rey después de la escaramuza.
Cerró la misiva y la mandó con uno de sus múltiples escuderos. Estaba deseando volver junto a Juana. La despedida que tuvo con ella realmente lo habían encendido. Recordaba sus caricias y eso le excitaba. Internamente se arrepentía de no haber intimado con ella, seguía sin recordar su noche de Luna de miel, como si una gran laguna hubiera invadido su memoria.
Su nuevo compañero de lucha, el Duque Antonio de Braganza, se sentó a su lado. Era un muchacho esbelto y muy hermoso que luchaba muy bien en las tropas del rey. Se había incorporado hacia poco a su escuadrón y de inmediato se hicieron amigos.
_ Dígame. Conde Alejandro. Ha terminado de escribir su misiva a su esposa? - dijo sentando su cuerpo a su lado en el estrecho banco.
_ Así es amigo. Deseo con alma y vida volver junto a mí Juana.-- contestó.
_ ¿Hace mucho que se han desposado? --preguntó el duque.
_ Muy poco tiempo amigo mío. Apenas dos meses quizás. Es raro que no hayas ido en busca de una mujer en la taberna como todos. - preguntó - ¿También estás casado? -
_ Bien. No sé si decirlo. Pero supongo, si bien hace poco nos conocimos, que usted no trasmitirá mis secretos a nadie. - dijo.- No soy afecto a esas cosas. -
_ Tienes prometida y le eres fiel?--respondió Alejandro-- sabes, yo también me casé siendo virgen y a pesar de ello me fue muy bien en mi noche de bodas. --contestó.
_ En realidad no he estado con mujeres - dijo el Duque. - Por presión de mí familia lo he intentado pero no ha funcionado. --continuo.
El conde Alejandro quedó un poco cohibido con esa confesión. Sabía que muchos militares del Rey tenían parejas masculinas. Esos hábitos no eran comentados, se consideraban una enfermedad, pero sí eran practicados por la elite de la nobleza incluso entre casados, siempre ocultando este tipo de relación.
El Duque seguía mirándolo y le dijo:
_ Lo he molestado Conde? - habló mientras tocaba como al pasar su mano. Ese toque en la mano hizo ruborizar a Alejandro. Debía decir algo pero no sabía que decir. Se sintió encendido y torpe.
_ Para nada Duque - dijo y se levantó del banco pasando a la carpa donde descansarían.
El conde Alejandro de pronto comenzó a mirar más a su compañero militar. Antonio hacia lo mismo. Y todo su lenguaje corporal le afectaba a nuestro conde. El tema entre los dos se estaba poniendo realmente difícil para Alejandro hasta que el destacamento recibió la autorización para descansar por un mes. Eso trajo la oportunidad de escapar de esa evidente atracción que existía entre ambos y marchar a su castillo.
El aviso de la llegada del Conde Alejandro al castillo hizo que la condesa Juana María Cristina y su abuela Ximena organizaran una fiesta en s, sinoor.
Juana no estaba muy bien. No solo el hecho que su esposo estaba lejos sino la presencia en la villa cercana al castillo de Álvaro Pelayo la condicionaba.
Una mañana en que estaba feliz por salir a cabalgar iba pasando por el puente que como todos los castillos tenían para atravesar la corriente de agua que rodeaba los muros vio a lo lejos a su exmarido. Eso hizo que diera vuelta con su caballo y volviera a ingresar por la gran puerta que abría el ingreso al patio de su hogar.
Juana María Cristina se sentía molesta por la proximidad de Álvaro en la Villa. Ese patán parecía haberse ganado a todo el mundo con sus dotes de caballero simpático. Hasta su propia suegra alentaba a lady Maria Cisneros con ese pretendiente.
Juana la escucho decir :
_ Aún no hay nada entre nosotros. Solo somos buenos amigos -
_ Pero seguramente pronto el Barón Álvaro dará el siguiente paso y te propondrá casamiento. - respondió La condesa - puedes invitarlo si quieres a la fiesta que haremos en el castillo por la llegada de mí nieto - concluyó.
Cuando a los pocos días llego Alejandro Juana salió a recibirlo con mucha alegría.
_ Cuánto te he extrañado esposo mío - dijo Juana tirándose en sus brazos a pesar de las personas que lo acompañaban.
_ Yo también mí Señora! - dijo Alejandro. -Quiero presentarte a un compañero de armas que ha querido acompañarme para conocer mí familia. Te presento al Duque Antonio de Braganza.
_ Encantada Duque- dijo Manuela - pasen. Esposo mío. Tu abuela ha preparado una fiesta para recibirte esta noche en el palacio! -
Ximena de Valladolid y Cuevas saludó a su nieto y miró inquisitivamente al invitado. Supuso que entre su nieto y ese duque había algo más que amistad.
Pero sea como fuera ,su nuera seguramente gracias a su única noche de amor, parecía estar ya embarazada aunque aún no lo sabía. Tenía frecuentes malestares estomacales y según Luisa su asistente personal en estos dos meses en el castillo no había tenido su sangrado. Era entonces muy probable que el heredero del condado de Valladolid y Cuevas ya había sido generado.Y eso solo, la hacía muy feliz.