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Las Sirenas De Mirthalia.

Las Sirenas De Mirthalia.

Status: Terminada
Genre:Romance / Sirena / Venganza / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Cuando las profundidades del mar ocultan secretos ancestrales y los ecos de la venganza susurran a través de las corrientes, solo las valientes sirenas de Mirthalia pueden desafiar el destino.

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Capítulo 13: Enfrentando la Oscuridad

El descenso hacia la Trinchera de las Lamentaciones fue un viaje al útero de una pesadilla. A medida que Selene, Coralia, Ariel y Ondina se alejaban de la costa, la luz del sol desaparecía no solo por la profundidad, sino por la densidad de la negrura que emanaba del fondo oceánico.

El agua aquí no fluía; pesaba. Era como nadar a través de aceite frío que intentaba filtrarse por sus branquias. Selene lideraba el grupo, con el Prisma de Étermar en una mano y el Corazón de la Tierra incrustado ahora en su cinturón de escamas, ambos objetos emitiendo luces opuestas que creaban una atmósfera iridiscente y fantasmal a su alrededor.

—Siento que las paredes se cierran —susurró Ondina, cuya magia de crecimiento vegetal se marchitaba en este entorno. Las algas que intentaba invocar para iluminar el camino nacían negras y morían en segundos—. Este lugar... no es solo agua y roca. Es odio puro.

—Es el hambre del Abismo —respondió Selene, su voz resonando con una autoridad que sorprendió a sus compañeras—. Se alimenta de lo que hemos perdido. Se alimenta de la traición de Delmar, del miedo de Pelagios y de mi propio dolor.

De repente, el silencio fue roto por un coro de susurros. No venían de ninguna dirección específica; estaban dentro de sus cabezas. *“Ríndete, última de los Blue Mist... Tu madre nos pertenece... Tu amante morirá en la superficie y tú morirás en el olvido...”*

—¡No escuchéis! —gritó Coralia, tapándose los oídos mientras su cola se agitaba violentamente—. ¡Son solo ecos!

—No son ecos —dijo Selene, deteniéndose en seco—. Son ellos.

Frente a ellas, la oscuridad cobró forma. De las grietas de la trinchera surgieron los Heraldos del Vacío, criaturas gigantescas que parecían amalgamas de tiburones prehistóricos y humo denso. Sus mandíbulas no tenían dientes, sino hileras de vacío que desintegraban todo lo que tocaban. En el centro de esta horda, una figura más pequeña pero infinitamente más aterradora flotaba con una elegancia maligna.

Era el Almirante Aquilos, pero ya no era el tridón que Selene recordaba. Su piel había sido arrancada y reemplazada por una armadura de obsidiana viva, y sus ojos eran dos pozos de fuego violeta.

—Pelagios te envía sus saludos, pequeña princesa —dijo Aquilos, y su voz hizo que las rocas de la trinchera vibraran—. Dice que gracias por traerle el Corazón de la Tierra hasta la puerta de su casa. Nos ahorraste el viaje a la superficie.

—Aquilos, todavía hay una parte de ti que recuerda lo que es ser un soldado de Mirthalia —dijo Selene, tratando de apelar a lo que quedara de su honor—. Esto no es salvar nuestro hogar. Esto es entregarle las llaves al verdugo.

—Mirthalia ya estaba muerta, Selene. Solo nos faltaba el valor para enterrarla —respondió Aquilos, alzando un tridente forjado en las forjas del Abismo—. ¡Matad a las otras! Traedme a la chica y la piedra.

La batalla estalló con una violencia que desafiaba la física del agua. Coralia se lanzó contra el primer Heraldo, sus dagas de coral brillando con una luz roja incandescente. Ariel utilizaba su control sobre las frecuencias sonoras para crear burbujas de vacío que hacían estallar las cabezas de los engendros menores. Ondina, a pesar de su miedo, logró convocar lianas de coral de fuego que retenían a los enemigos.

Pero Selene tenía un objetivo claro: Aquilos.

Se lanzó hacia él como un proyectil violeta. El choque de su Prisma contra el tridente de Aquilos creó una onda de choque que barrió la trinchera, arrancando sedimentos milenarios.

—¿Crees que un cristal brillante puede detener la marea del tiempo? —se mofó Aquilos, empujándola con una fuerza sobrenatural—. ¡Tu madre lloró antes de que la consumiéramos! ¡Y tú harás lo mismo!

Al mencionar a su madre, algo se rompió dentro de Selene. Ya no era solo una lucha por la supervivencia; era una catarsis. La magia del Prisma y la del Corazón de la Tierra comenzaron a sincronizarse por primera vez. Una luz blanca, pura y cegadora, brotó de Selene, envolviéndola en una armadura de energía líquida.

—Tú no sabes nada de mi madre —rugió Selene—. Ella no lloró por miedo. Lloró por lástima de seres como tú, que prefieren vivir en la sombra que luchar por la luz.

Selene cerró los ojos y se conectó con el Corazón de la Tierra. Sintió la agonía de la gema, pero también su inmenso poder restaurador. En lugar de drenarlo, Selene le ofreció su propia energía vital como un puente. El resultado fue una explosión de "Magia de Vida" en el lugar más muerto del océano.

Flores de coral blanco comenzaron a brotar de las rocas podridas. El agua negra comenzó a purificarse, volviéndose azul turquesa en un radio de cien metros. Los Engendros del Vacío gritaban de agonía al ser tocados por la luz, sus cuerpos de sombra evaporándose como humo al sol.

—¡Imposible! —gritó Aquilos, viendo cómo su armadura de obsidiana empezaba a agrietarse—. ¡Nadie puede controlar ambos poderes a la vez! ¡Te destruirá!

—Entonces que me destruya —dijo Selene, sus ojos ahora eran dos soles dorados—. Pero te llevaré conmigo.

Selene extendió su mano y una cadena de luz pura surgió del Prisma, envolviendo el cuello de Aquilos. Con un movimiento brusco, lo atrajo hacia ella y le puso la mano sobre el pecho, justo donde latía el núcleo oscuro de su armadura.

—Siente la vida, Aquilos. Siente lo que has intentado matar.

La energía fluyó de Selene hacia el almirante. Fue una tortura de belleza. Aquilos vio imágenes de la Mirthalia antigua, del sol sobre las olas, del amor que una vez sintió por su propia familia. El dolor de recordar quién era fue demasiado para su alma corrupta. Con un último grito de redención y agonía, Aquilos se deshizo en mil fragmentos de luz, dejando tras de sí solo un eco de gratitud.

Sin embargo, la victoria fue efímera. Al derrotar al general, el Abismo mismo pareció reaccionar. El suelo de la trinchera se abrió más, revelando una boca de oscuridad absoluta que comenzó a succionar todo lo que había a su alrededor.

—¡Selene, tenemos que irnos! —gritó Ariel, agarrándose a una roca mientras la corriente la arrastraba hacia el fondo—. ¡El portal se está desestabilizando!

Selene miró hacia el abismo. Allí, en lo más profundo, pudo ver una sombra inmensa, una forma que no era un monstruo, sino una entidad consciente: el Corazón de la Oscuridad, el verdadero enemigo. Y lo más perturbador de todo fue que, en el centro de esa sombra, había un reflejo de ella misma.

—Todavía no ha terminado —susurró Selene, sintiendo cómo sus fuerzas flaqueaban—. Solo hemos cortado una rama. La raíz sigue ahí abajo, y se está volviendo más fuerte con cada gota de sangre que derramamos.

La batalla en la trinchera había terminado, pero el impacto de la energía liberada fue tan grande que las aguas comenzaron a desbordarse. En la superficie, a kilómetros de distancia, los humanos verían cómo el mar se retiraba kilómetros para luego regresar en una ola que amenazaba con borrarlo todo.

Selene, agotada y al borde del desmayo, fue rescatada por sus amigas antes de que la oscuridad la reclamara. Mientras ascendían hacia niveles más seguros, Selene solo podía pensar en una cosa: el enfrentamiento final no sería en Mirthalia, ni en la costa, sino en ese espacio liminal donde la luz y la sombra se encuentran. Y para ganar, tendría que estar dispuesta a perder la única cosa que todavía la hacía sentir humana: su esperanza de un futuro con Marinus.

La oscuridad no solo estaba frente a ella; ahora, tras haber tocado el núcleo de Aquilos, Selene sentía que una parte de esa negrura se había quedado en su propia alma, esperando su momento para florecer.

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Betsabe Herrera
bonita 😻😻😻
Elba Lucia Gomez
me encanta, mi sirena debe recuperarse😘
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