Cataleya Dunner es una joven que ha aprendido a ocultar las cicatrices de un pasado que la marcó profundamente. Decidida a no volver a amar, ha construido muros alrededor de su corazón para protegerse del dolor.
Sin embargo, la llegada de alguien que no esperaba amenaza con derribar esas barreras.
Él representa todo lo que Cataleya no busca, pero también todo lo que necesita para volver a sentirse viva. A medida que sus caminos se entrelazan, Cataleya se enfrenta a la difícil decisión de abrir su corazón nuevamente o mantenerse en la seguridad de su mundo cerrado. ¿Podrá el amor sanar las heridas más profundas o el pasado doloroso será un obstáculo insuperable?
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“Aromas de vino y recuerdos amargos”
Deaclan Müller
Mi cabeza parecía a punto de explotar; el dolor era insoportable. Y aguantar las incompetencias laborales de algunos empleados me hará envejecer antes de tiempo.
Ya van varias quejas reportadas a la policía, en dos de mis clubes, por peleas. No sé ni para qué pago a los guardias si no están atentos para detener estas estupideces.
Cuatro quejas en un solo día... siento que no soportaré un error más de esos ineptos.
Para colmo, desde ayer no tenía noticias de Leya, y con eso tampoco sabía nada del proyecto Couleurs. La llamé varias veces, y cuando por fin contestó, estaba tan molesto por el asco de día que llevaba que terminé arruinándolo todo con la muñeca.
Mientras metía las ropas en la pequeña maleta, con el ceño fruncido, intentaba pensar cómo arreglar la cagada que había cometido con Leya.
Me dijo que estaba fuera de la ciudad. ¿Dónde estaría? ¿Con quién? La simple idea de imaginarla sonriendo amable, regalando esa hermosa sonrisa que tiene a alguien más, me dolía en el orgullo.
Las vibraciones en mi pantalón rompieron mi nube de pensamientos.
—¿Qué quieres? —gruñí.
—Hola bebé, ¿cómo estás? —la voz dulce y juguetona de Leya me sorprendió.
—Bien. ¿Qué quie... —empecé.
—¿Así me saludas, cariño? —interrumpió con voz melosa.
Rodé los ojos y suspiré.
—Rubia, ahora mismo estoy ocupado. Tengo asuntos del trabajo que atender, hoy es sábado, fin de semana, es decir, trabajo intenso para Deaclan —mentí con fastidio saliendo por cada poro—. No estoy para soportar tus arranques de miel, si no tienes nada más que decir, adi...
—No, espera... vale —resignada continuó—. Solo te llamé para recordarte que mañana termina la feria anual de vinos y… Deaclan, me prometiste que me llevarías este año, que nunca me dejas ir contigo… Quiero ocupar mi lugar como tu futura esposa, cariño —y añadió con seriedad—. Tengo que hablar con mi madre.
Joder, tenía la esperanza de que no se acordara.
Todos los años hay ferias y exposiciones sobre los mejores viñedos europeos, con gente importante invitada. Este año la feria es en Polonia.
Aunque no me entusiasma mucho volver a ese lugar, tengo que hacerlo. Mañana es el último día de la Enoexpo Kracov y hay amistades que no me perdonarían no asistir.
—Bien, te recogeré en dos horas, iremos en el jet...
—Mmm... bebé, la verdad es que ya estoy aquí. Tuve que viajar ayer para asistir al evento de un viejo amigo y es hoy, así que viajé antes... —dijo.
—Ya.
—¿Te molesta que haya viajado sin ti, cariño? Discúlpame, no tuve tiempo para avisarte...
—No, para nada, puedes estar tranquila.
—De acuerdo, nos vemos mañana, cariño. Te enviaré la ubicación del hotel donde me hospedo para que no te pierdas.
—Ajá.
Esta loca cree que me quedaré en el mismo hotel que ella. Suficiente será con aguantarla en la feria.
Cuelgo, llamo a Zev y nos ponemos de acuerdo para salir hacia Polonia antes de que caiga la noche. Confirmo la salida del jet más tarde.
Será una noche pesada por las horas de vuelo, y lo único que me inquieta es la hermosa pelinegra que no sé cuándo volveré a ver.
Cataleya Dunner
Hace tiempo que no asistía a un evento tan formal como este. Aunque es una fiesta de cumpleaños, mi padre se encargó de crear un ambiente propicio para negocios. Veo muchas caras desconocidas saludando entre los invitados; supongo que muchos serán amigos o compañeros de trabajo de Brett y papá.
Llevo un vestido blanco ajustado, de tiras, con la parte superior de encaje y una pequeña abertura en la rodilla izquierda. Mis zapatillas de tacón alto combinan en color blanco. Mi cabello, que suele ser ondulado, hoy está lacio; delineé mis ojos y pinté mis labios de color nude —como mi piel—.
La fiesta está avanzada. Los invitados conversan, algunos bailan al ritmo de la música que llena el aire, y otros pasean admirando la belleza de nuestro viñedo familiar.
Todo es al aire libre. Prepararon un camino de piedras que lleva a una tarima que funciona como gran salón de baile, junto con otro espacio donde están las mesas, el banquete y los meseros sirviendo bocadillos y bebidas.
No puedo negar que hicieron un gran trabajo: la decoración quedó hermosa y los colores negro, dorado y azul rey predominan, resaltados por una iluminación perfecta.
Termino de recorrer el lugar y cuando creo que ya es suficiente, una cabellera rubia llama totalmente mi atención. No la había notado antes, pero ahora que la veo bien, la reconozco al instante.
Viene caminando por el salón del brazo de Brett. Parece que no hace mucho que llegó. Veo a mi hermano charlar felizmente con ella, mientras yo me quedo paralizada sin saber qué hacer.
—Daisy... —susurro, apenas audible, pero por dentro hiervo de furia.
No puede ser...
¿Qué hace ella aquí?
¿Cómo es que Craig permitió que Brett la invitara, sabiendo nuestra historia?
Ella representa todo lo que quiero olvidar. No quiero verla, me niego a verla.
Me doy la vuelta, quedando de espaldas a ellos. Chad se acerca con prisas. Alzo la mirada y fijo mis ojos en los suyos, llenos de preocupación.
—¿Estás bien?
—¿Cómo se supone que esté? Joder, últimamente nada bueno pasa en mi vida. Era de esperarse que algo así ocurriera. Brett siempre cuestionó mi versión de los hechos. Después de todo, estaba perdidamente enamorado de ella, y por alguna razón —o solo para fastidiarme— papá siempre la adoró. No entiendo cómo no pensé en esta posibilidad antes. Craig no iba a contradecir a nuestro padre.
—Tu respiración está hecha un asco, conejito. Si no la controlas ahora, tus hermanos y sobre todo Craig sabrán que algo pasa. Papá no perderá la ocasión para reprenderte.
—Estaré bien, Chad. No es como si me fuera a colgar de las lámparas por ello.
Me alejo, asegurándome de que aún no me ha visto. Me acerco a la mesa donde están mis padres y me siento, seguido de Chad. Pedimos bocadillos y logro entretenerme hablando con algunos invitados.
Gracias al altísimo, la fiesta sigue su curso. Cuando finalmente ella me mira, siento su mirada constante, pero la ignoro por completo. Bailo con mis hermanos y con Chad, bebemos y disfrutamos de la fiesta. No voy a permitir que su estúpida presencia arruine el cumpleaños de mis hermanos.
Anónimo
Cracovia, Polonia
Tomo de mi copa y saboreo su delicioso sabor con lentitud. Me siento en la cama esperando noticias, y sorbo una vez más.
Las vibraciones me distraen. Sonrío al ver el mensaje.
Joder, cómo desearía estar allí, abrazarte y hacerte mía sin contemplaciones, como sé que tanto te gusta, bonita.
Acaricio la pantalla sobre su foto y paso al siguiente mensaje.
Todo está en orden, señor. Usted solo mande...
—Ya llegará nuestro momento... no te desesperes, bonita.
Deaclan Müller
Aeropuerto de Polonia
Salí de Marsella a las cinco de la tarde y apenas hace un momento llegué a Polonia. Bajo las escalerillas y piso suelo polaco con mi bulto en mano.
Después de tres largas horas de vuelo, lo último que quiero es conducir tres horas más, que es lo que dura el viaje desde Varsovia a Cracovia, un pueblo al sur del país. Me dirijo a la avenida principal y subo a un taxi.
La feria dura tres días. Por la mañana hay exposiciones sobre su historia, charlas y conferencias sobre tecnología aplicada a la viticultura. Por las noches, fiestas y subastas de los mejores vinos. Muchos lo ven como oportunidad para emborracharse; otros, como yo, para hacer negocios.
Se suponía que Zev viajaría conmigo, ambos estamos invitados a la feria. Pero el muy bastardo me dejó tirado. Me llamó cinco minutos antes de subir al avión con una excusa pobre, diciendo que me explicaría después. Solo espero que no se haya metido en líos, porque no pienso sacar su culo de problemas que él mismo causa.
Llegué casi a medianoche al hotel Lucksus en Cracovia y me instalé de inmediato. Viajar es un dolor, más cuando la rubia no para de escribir.
Con hambre voraz, salgo a cenar al restaurante del hotel, que abre 24 horas. Elijo una mesa apartada. A pesar de la hora, muchos huéspedes comen y conversan animadamente.
Me acomodo y una mesera coqueta se acerca.
—¿En qué le puedo servir, señor? —dice con sonrisa. Aunque es bonita, no me provoca nada.
Últimamente, mi cuerpo solo anhela a cierta pelinegra respondona, una muñequita bravucona a la que muero por darle un par de nalgadas.
Pido algo ligero para cenar, ya que es muy tarde y no suelo comer pesado después de las 7 p.m. Despido a la mesera de la forma más distante posible y, por segunda vez hoy, mi teléfono vibra. Espero que sean las noticias que llevo toda la noche esperando.
Saco el móvil del abrigo y por primera vez en el día sonrío al leer los mensajes en pantalla.
—Te tengo noticias, tu muñequita está en Cracovia, visita a sus familiares y se quedará para la feria.
—¿Cómo sabes que estará en la feria? ¿Qué tan fiable es la información? ¿Cómo la conseguiste?—
—¿Acaso dudas de mis capacidades, sweetie? —responde.
—No seas imbécil, solo no quiero que me vengas con estupideces después.
—Puedes respirar tranquilo, tengo una fuente MUY confiable ;) No hay duda de que eres un suertudo hijo de puta.
Sonrío ladino. Mi día acaba de arreglarse.
El destino está de mi lado, aunque aún no lo sepas.