Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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Una verdad pendiente
Louis tomó las pequeñas manos del niño.
Apenas las sostuvo, sintió una conexión difícil de explicar.
Lo miró a los ojos.
—Papá nunca quiso dejarte solo. Mamá no le dijo a papá que tú existías.
Leo bajó la mirada.
—Entonces... ¿mami es mala?
Louis negó inmediatamente.
—No. Nunca digas eso de tu mamá. Ella tuvo sus razones.
Se acercó un poco más a él.
—Ahora lo importante es que estamos juntos.
Leo lo miró durante unos segundos.
Entonces se lanzó a sus brazos.
—¡Papá! Yo te necesitaba mucho...
Louis cerró los ojos y lo abrazó con fuerza.
—Nunca me iré de ti, hijo.
Mientras tanto, en la casa de Agustina, ella intentaba distraerse haciendo algunas cosas.
—Mmm... esto debería ir aquí... y tengo que pagar esto...
En ese momento, tocaron la puerta.
Cristian se había ido a la agencia de modelaje, así que Agustina fue a abrir.
Al otro lado estaba Andrés.
—Hola, Agustina —dijo con una sonrisa.
—¡Andrés! ¿Qué onda? —respondió ella, feliz—. ¿Hoy terminaste temprano?
—Sí. La verdad, no tenía mucho que hacer. ¿Y tú? ¿Fuiste hoy a la enfermería?
Agustina negó con la cabeza.
—No. Como soy la enfermera personal de Louis y él está de vacaciones, me dio el día libre. Se llevó a Leo.
Andrés hizo una pequeña mueca de disgusto, aunque Agustina no lo notó.
—Entonces... ¿Louis ya sabe toda la verdad?
Agustina comenzó a jugar con sus manos.
—Sí. Ya sabe que Leo es su hijo.
Andrés respiró profundamente.
—Entiendo.
Intentó sonreír.
—Bueno, no quería estar solo hoy. Traje pollo frito. ¿Comemos?
Agustina sonrió.
—Claro. Pasa. No tenía ganas de cocinar.
En la casa de Louis, Leo observaba todo a su alrededor mientras comía sus fideos.
—Es muy linda tu casa, papá.
Louis sonrió.
—En Estados Unidos tengo otra más grande.
Leo abrió los ojos sorprendido.
—¿Tienes dos casas?
—Sí.
—¡Qué bien! Mi papá es súper genial.
Louis soltó una pequeña risa.
Leo siguió comiendo, pero se manchó la cara.
—Espera.
Louis tomó un paño y le limpió suavemente la comisura de los labios.
Leo sonrió.
Aquel pequeño gesto hizo que Louis sintiera algo cálido en el pecho.
Y, sin querer, un recuerdo apareció en su mente.
Cinco años atrás...
Louis y Agustina estaban sentados en una heladería.
—Bueno... como amigos, ¿no? —preguntó ella con una sonrisa.
Louis se encogió de hombros.
—Algo así, supongo.
Agustina siguió comiendo su helado.
—Oye, mi amiga tiene una fiesta. ¿Quieres ir?
Louis negó inmediatamente.
—No. ¿Cómo crees? ¿Te imaginas a mí, el nerd, en una fiesta de los populares?
Agustina comenzó a reír.
—Vamos, Louis.
Ella siguió comiendo su helado de chocolate.
Sin darse cuenta, un poco de chocolate quedó en la comisura de sus labios.
Louis la observó unos segundos.
Con ternura, levantó la mano y limpió el chocolate con su dedo.
Agustina se quedó completamente quieta.
Sus mejillas se pusieron rojas.
Louis también se puso nervioso.
—¿Papi?
La voz de Leo lo devolvió al presente.
—¿Eh...? ¿Qué?
Leo lo miró.
—¿Estás bien?
Louis sonrió.
—Sí, perdóname. ¿Qué pasa?
Leo señaló unas fotografías.
—¿Quién es esa mujer y esa niña?
Después señaló otra fotografía.
—¿Y ese chico? ¿Por qué se parece a ti?
Louis sonrió.
—Bueno, ese chico es mi hermano Mellizo.
Señaló otra fotografía.
—Y él es mi hermano mayor.
Leo observó las fotos con atención.
—Wow... viéndolos bien, sí se parecen. Aunque no tanto. Tienen como un aire.
Louis soltó una risa.
—Tú eres más sencillos-Dijo Leo
—Jacob siempre ha sido más de moda. Le gusta mucho la ropa y esas cosas. Y Kai es seis años mayor que yo. Siempre cuidó de nosotros.
Leo volvió a mirar las fotografías.
—¿Y ellas? ¿Son tu hermana y su hija?
Louis dejó escapar un suspiro.
—Leo, recuerda lo que te dije. Mamá nunca le dijo a papá que tú existías.
Leo asintió.
—Bueno... antes de conocerte, papá conoció a una señorita.
Louis se quedó un poco nervioso.
—Pasaron algunas cosas y ella quedó embarazada. Tuvimos una hija.
Señaló la fotografía.
—Ella es Erica. Es tu hermanita. Tiene tres años.
Leo miró la fotografía en silencio.
—Oh...
Louis observó su expresión.
No había pensado demasiado en cómo explicárselo a un niño de cinco años.
—Leo... ¿estás bien?
El pequeño volvió a mirar la fotografía y después a su padre.
—¿Y por qué ella no está aquí?
Louis respiró profundamente.
—Su mamá y yo tuvimos una pelea. Es complicado. Algún día conocerás todos los detalles.
Leo hizo un pequeño puchero.
—Está bien...
Louis se agachó hasta quedar a su altura.
—¿Qué pasa, hijo?
Leo bajó la mirada.
—¿Esa señorita se peleó contigo por mi culpa?
Louis quedó en silencio.
No esperaba que un niño tan pequeño pudiera hacer aquella pregunta.
—No. ¿Por qué dices eso?
—Nadie me lo dijo.
Leo sonrió tímidamente.
—Lo vi en una película con mi tío.
Louis soltó una pequeña risa.
—Ah...
Leo volvió a mirar la fotografía.
—Pero no importa. Ahora tengo una hermana.
Louis sonrió.
—Sí. Y algún día podrán conocerse.
Horas después, Louis llevó a Leo a su habitación.
El niño abrió los ojos de emoción.
La habitación estaba llena de cosas de Disney.
—¿Ya tengo una habitación?
Leo miró a Louis.
—¡Papá, eres genial! ¡Amo a Mickey!
Louis sonrió.
—¿Te gusta?
—¡Me encanta, papá!
Leo comenzó a saltar de emoción.
Louis lo observó con ternura.
No podía creer lo feliz que estaba su hijo por algo tan sencillo.
—Leo, ya es de noche. ¿Qué tal si vamos a dormir y mañana salimos de paseo?
El niño asintió.
Louis le entregó una pijama.
—Ve a cambiarte.
Mientras tanto, Agustina y Andrés estaban sentados afuera de la casa, tomando una cerveza mientras observaban el cielo.
Los copos de nieve comenzaban a caer lentamente.
—¿Te sientes sola sin Leo? —preguntó Andrés.
Agustina bajó la mirada.
—¿Cómo no voy a sentirme sola? Siempre lo he cuidado.
Miró hacia el cielo.
—Desde que dejé ir a Louis, Leo era lo único que me quedaba de él.
Andrés soltó un suspiro.
—Agustina...
Ella lo miró.
—¿Qué?
—¿Por qué siempre pensaste que Leo era hijo de Louis?
Agustina frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Tú misma dijiste que no estabas segura de si era mío o de él. Entonces, ¿por qué siempre terminaste creyendo que era Louis?
Agustina quedó pensativa.
—Es que...
Se quedó callada unos segundos.
—Antes de irme, Juliana me mostró un video.
Andrés frunció el ceño.
—¿Qué video?
—Era de aquella noche.
Agustina bajó la voz.
—Se veía a Louis saliendo del cuarto.
Andrés se quedó serio.
—¿Y quién más tenía ese video?
Agustina lo miró.
—Ese es el problema. Solo Juliana lo tenía.
Andrés dejó el vaso sobre la mesa.
—Entonces... ¿podría ser que ella supiera lo que realmente pasó aquella noche?
Agustina se quedó pensativa.
—No lo sé.
—¿Y por qué?
—Martín me dijo que ella estaba bien, pero cada vez que me ve intenta escapar.
Andrés la observó.
—Eso es extraño.
Agustina asintió.
—Además, ¿qué hacían ustedes en aquella fiesta? Louis siempre me había dicho que no quería ir.
Andrés dejó escapar un suspiro.
Aquella pregunta lo hizo recordar algo que llevaba años guardando.
—Agustina...
Ella lo miró.
—¿Qué?
Andrés apartó la mirada hacia la nieve.
—Esa noche pasó algo que nunca te contamos.
Agustina se quedó inmóvil.
—¿Qué pasó?
Andrés la miró directamente.
—Creo que ya es hora de que sepas la verdad.
Los copos de nieve siguieron cayendo.
Y, por primera vez, Agustina sintió que estaba a punto de descubrir qué había ocurrido realmente aquella noche.