NovelToon NovelToon
Nuestro Amor Quedó Pendiente

Nuestro Amor Quedó Pendiente

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Escuela / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

Un amor de adolescentes que a pesar de los años sigue pendiente

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un regreso inesperado

El pueblo apareció frente a los ojos de Valeria cuando el sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas.

Habían pasado tantos años que por un momento sintió que estaba viendo un lugar que pertenecía a otra persona.

Las calles parecían más pequeñas.

Las casas que recordaba enormes ahora tenían un tamaño diferente.

La plaza seguía en el mismo sitio, aunque habían cambiado los bancos y habían plantado nuevos árboles.

Y la escuela...

Valeria sintió que el corazón se le apretaba cuando la vio.

El mismo edificio donde había pasado una de las etapas más importantes de su vida.

Allí había conocido a Mateo.

Allí había aprendido a quererlo.

Allí había vivido momentos que durante años intentó guardar en un rincón de su memoria.

—Mamá.

La voz de Samuel la sacó de sus pensamientos.

—¿Sí?

—¿Esa es la escuela?

Valeria asintió.

—Sí.

—Es grande.

—Cuando yo estudiaba allí me parecía enorme.

Samuel sonrió.

—¿Tú eras buena estudiante?

—Más o menos.

—¿Más o menos?

—Había materias que me gustaban y otras que odiaba.

Samuel comenzó a reír.

—Seguro odiabas matemáticas.

Valeria lo miró sorprendida.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque siempre dices que las matemáticas son difíciles.

Ella sonrió.

—Parece que me conoces demasiado.

Samuel volvió a mirar por la ventana.

—¿Y tenías un mejor amigo?

Valeria sintió que aquella pregunta había llegado demasiado cerca del pasado.

—Sí.

—¿Cómo se llamaba?

Valeria tardó unos segundos en responder.

—Mateo.

—¿Y dónde está ahora?

Ella respiró profundamente.

—No lo sé.

Samuel no hizo más preguntas.

Pero Valeria permaneció en silencio.

Porque ella sí sabía una cosa.

Mateo había vivido durante muchos años en aquel mismo pueblo.

Camila se lo había contado en algunas ocasiones.

Pero Valeria nunca había querido averiguar más.

No sabía si estaba casado.

No sabía cuántos hijos tenía.

No sabía si alguna vez había pensado en ella.

Y ahora que estaba nuevamente allí, tampoco quería saberlo.

Había regresado por Samuel.

Quería darle a su hijo una vida tranquila.

No quería abrir heridas que llevaba años intentando cerrar.

La casa que habían conseguido estaba a unas pocas calles de la plaza.

Era pequeña, pero acogedora.

Samuel entró primero.

—¡Mamá!

—¿Qué?

—¡Me gusta mi habitación!

Valeria sonrió.

—Todavía no hemos terminado de acomodarla.

—No importa.

El entusiasmo de su hijo le dio fuerzas.

Durante las siguientes horas desempacaron cajas.

Samuel colocó sus libros.

Valeria organizó la cocina.

Poco a poco la casa comenzó a sentirse como un hogar.

Esa noche cenaron juntos en una mesa todavía rodeada de cajas.

—¿Mañana voy a conocer la escuela?

—Sí.

—¿Y tú me vas a acompañar?

—Claro.

Samuel sonrió.

—Tengo un poco de miedo.

Valeria tomó su mano.

—No tienes que tenerlo. Vas a hacer amigos.

—¿Y si nadie quiere hablar conmigo?

—Entonces tú hablas primero.

—¿Y si no me contestan?

—Buscas a otra persona.

Samuel se rio.

—¿Así hiciste tú cuando llegaste a la escuela?

Valeria se quedó quieta.

Recordó el primer día que Mateo había entrado al salón.

Recordó su sonrisa.

La profesora presentándolo.

El pupitre vacío junto a ella.

—Algo parecido —respondió.

—¿Y encontraste un amigo?

Valeria sonrió.

—Sí.

Samuel terminó de cenar.

—Quiero conocerlo algún día.

Ella bajó la mirada.

—Quizá.

No sabía que aquella posibilidad estaba mucho más cerca de lo que imaginaba.

A la mañana siguiente, Valeria acompañó a Samuel a la escuela.

Mientras caminaban, él hablaba emocionado sobre las clases que quería tomar.

Valeria lo escuchaba.

Pero cada vez que veía una esquina conocida, aparecía un recuerdo.

En aquella calle había caminado con Mateo.

En aquella tienda habían comprado dulces.

En aquella plaza habían conversado durante horas.

Era como caminar por su propia adolescencia.

Cuando llegaron a la escuela, Valeria se quedó unos segundos frente a la entrada.

—¿Mamá?

—¿Sí?

—¿Estás bien?

Ella sonrió.

—Sí.

—Pareces triste.

—Solo estoy recordando algunas cosas.

Samuel la abrazó brevemente.

—Entonces entra conmigo.

Valeria asintió.

Fueron hasta la oficina.

La secretaria revisó los documentos de Samuel.

—Todo está en orden. Puede comenzar mañana.

—Gracias.

Samuel miró alrededor con curiosidad.

—¿Aquí estudiaste tú?

Valeria asintió.

—Sí.

—¿En qué salón?

Ella señaló uno de los corredores.

—Por allí.

Samuel quiso verlo.

Caminaron juntos.

Valeria reconoció el salón casi inmediatamente.

El mismo lugar.

La misma ventana.

Aunque los pupitres habían cambiado, algo en aquel espacio permanecía igual.

Sintió que volvía a tener quince años.

Recordó a Mateo entrando por primera vez.

Hola.

¿Puedo sentarme?

Valeria cerró los ojos por un instante.

—Mamá.

—¿Sí?

—¿Qué pasa?

—Nada.

Samuel la miró con curiosidad.

—Aquí parece que viviste muchas cosas.

Valeria sonrió.

—Sí.

—¿Buenas?

Ella pensó en Mateo.

—Algunas de las mejores de mi vida.

Esa misma tarde, a varios kilómetros de allí, Mateo regresaba del trabajo.

Habían sido días complicados.

Su hijo menor necesitaba nuevos uniformes para la escuela y su hija tenía un examen importante.

Elena estaba preparando la cena.

—Llegaste temprano.

—Sí.

Mateo dejó las llaves sobre la mesa.

—¿Cómo estuvieron los niños?

—Bien.

—¿Ya hicieron las tareas?

—Casi.

Su hijo apareció corriendo.

—Papá, necesito ayuda.

—¿Con qué?

—Matemáticas.

Mateo sonrió.

—Eso sí puedo ayudarte.

Se sentaron juntos.

Mientras revisaba el cuaderno de su hijo, Mateo escuchó a Elena hablar desde la cocina.

—Por cierto, hoy llegó una familia nueva al pueblo.

Mateo levantó la mirada.

—¿Ah, sí?

—Sí. Una mujer con su hijo.

—¿A dónde se mudaron?

—Cerca de la plaza.

Mateo volvió a concentrarse en el cuaderno.

—¿Los conoces?

—No. Pero una vecina me contó que ella había vivido aquí cuando era joven.

Mateo levantó lentamente la cabeza.

—¿Cómo se llama?

Elena respondió sin darle importancia.

—No recuerdo. Creo que Valeria.

El lápiz cayó de la mano de Mateo.

Su hijo lo miró.

—¿Papá?

Mateo no respondió inmediatamente.

Elena salió de la cocina.

—¿Qué pasa?

Él la miró.

—¿Dijiste Valeria?

—Sí.

—¿Valeria qué?

—No sé. Solo escuché el nombre.

Mateo sintió que el corazón comenzaba a golpearle el pecho.

Podía ser otra persona.

Claro que podía.

Valeria era un nombre común.

No tenía sentido pensar inmediatamente en ella.

Después de tantos años.

Después de todo lo que había ocurrido.

Sin embargo, algo dentro de él le decía que no era una coincidencia.

Esa noche no consiguió dormir bien.

Recordó aquella tarde bajo la lluvia.

La pulsera.

Las cartas.

El árbol.

La despedida.

Y la promesa que había hecho cuando tenía quince años.

No voy a olvidarte.

Mateo había seguido adelante.

Había amado a Elena.

Había construido una familia.

Había sido feliz.

Pero había una parte de su memoria que nunca había desaparecido.

A la mañana siguiente, decidió pasar por la escuela.

No tenía una razón concreta.

Solo quería confirmar algo.

Cuando llegó, vio a varios padres entrando con sus hijos.

Entonces escuchó una voz.

—Disculpe, ¿sabe dónde queda la oficina?

Mateo se quedó inmóvil.

Conocía aquella voz.

No podía ser.

Se giró lentamente.

Y la vio.

Valeria estaba allí.

Mucho más adulta.

Con el cabello diferente.

Con una expresión más madura.

Pero era ella.

La mujer que había amado cuando tenía quince años.

La mujer que había desaparecido de su vida.

La mujer que durante tantos años había intentado convertir en un recuerdo.

Sus miradas se encontraron.

Valeria también lo reconoció.

Durante varios segundos ninguno pudo hablar.

El mundo pareció detenerse.

Mateo sintió que todos aquellos años desaparecían.

Ya no estaba viendo a una mujer adulta.

Estaba viendo a la adolescente que había conocido bajo un árbol.

Valeria sintió lo mismo.

Pero después miró hacia el niño que estaba a su lado.

—Mamá —dijo Samuel—, ¿él es alguien que conocías?

Mateo bajó la mirada hacia el niño.

Valeria tragó saliva.

—Sí.

Luego volvió a mirarlo.

—Es alguien de mi pasado.

Mateo no supo qué responder.

Samuel extendió la mano con naturalidad.

—Hola.

Mateo tardó un segundo en reaccionar.

—Hola.

Se estrecharon la mano.

Y en ese instante ninguno de los dos imaginó que aquel niño acabaría teniendo un papel fundamental en su historia.

Porque Samuel no era solamente el hijo de Valeria.

Era el comienzo de una nueva conexión.

Una conexión que haría imposible que Mateo y Valeria siguieran evitando su pasado.

Y lo más inesperado todavía estaba por suceder.

Porque al día siguiente, cuando Samuel comenzara oficialmente sus clases, conocería a uno de los hijos de Mateo.

Sin saber que aquella amistad iba a unir nuevamente dos vidas que habían permanecido separadas durante tantos años.

1
Gloria Martinez Rodiguez
me gusta, pero tiene demasiados vacíos, k dejan inconclusa la novela. necesito una o dos capítulos más para un buen final
ariadna violet
☺️
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play