June escapa del prostíbulo al que fue vendido por tener rasgos femeninos, decidido a recuperar su libertad. En su camino conoce a Ángel, un hombre rico con el corazón hecho pedazos. Dos almas heridas, dos mundos distintos y un mismo anhelo: encontrar el amor. Juntos deberán enfrentarse a las sombras de su pasado y descubrir si, incluso después de tanto dolor, es posible volver a amar sin miedo.
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24
Todos estaban emocionados. El día de la boda había llegado y Claudia tenía muchas emociones encontradas. Su vestido blanco brillaba dentro de la habitación, estar con ella fue algo que nunca imaginé. Me había pedido ayuda para poder arreglarla con su peinado.
—¿Cómo me veo?
Estábamos frente a un espejo con un marco lleno de focos.
—Te ves hermosa, la novia más linda que he visto en mi vida.
Era verdad. Ambas cosas. Ella lucia muy guapa y yo nunca había visto a otra novia tan guapa como ella. ¡Nunca había ido a una boda!
—¡Gracias por estar aquí conmigo!
—No tienes por qué agradecer.
Realmente me sentía bien al ayudarla.
—Sabes, yo siempre quise tener una hermana, pero por alguna razón eso no fue posible. Ya sabes. ¡La genética me dio a dos hombres como hermanos! Así que para mí es un gusto enorme saber que Ángel y tú están juntos. ¡Eres como esa hermana que siempre pedí y que ahora puedo tener!
Me conmovió. Su desahogó emocional me hizo sentir valiosa. Le di un abrazo fuerte, sentía que esté momento era especial. Supongo que su otra cuñada no le transmitía confianza, después de todo, la otra parecía ser una mujer arrogante y canija.
—¡Gracias por pensar así de mí! Tú también eres mi hermana y eso me hace sentir bien.
Era curiosa la vida, pero las dos fuimos criadas entre puros hombres. ¡Nos hizo falta la compañía femenina! Curiosidades de la vida.
—Cuando sea tu boda, me dará mucho gusto estar contigo, ayudándote como tú me está ayudando ahora —me dijo—. ¡Seguro que te verás muy linda de blanco!
Le di su ramo de flores, eran margaritas y geranios en color rosa.
—¡Quien sabe! La verdad es que no me he visto vestida de blanco. Ni siquiera me he visto casada en un futuro cercano, claro, si me pienso casar algún día. Pero no ahora.
Su mirada parecía sorprendida por lo que yo acababa de decirle.
—¿Y eso? ¿Ángel no te lo ha propuesto?
Sonreí. ¿De verdad creía que yo y Ángel andábamos?
—Bueno. No.
—¡Tranquila! Yo sé que te lo propondrá.
—¿Tú crees?
—¡Estoy segura! Él está muy enamorado de ti. Lo puedo notar en su sonrisa, en su forma de mirarte y en cómo es que ya no está triste. Mi hermano está colgado por ti.
¿Realmente era así? Le mire unos segundos, los ojos de ella eran idénticos a los de su hermano, solo que los de Ángel eran más claros.
¿Ángel estaba enamorado? Debía aclarar las cosas con él. Y yo, ¿estaba enamorada?
—Claudia. Hay algo que tienes que saber.
Su mirada estaba enfocada en mí.
—Ángel y yo no somos novios. Solo somos amigos. ¡Aunque no lo quieras creer! De hecho, no tiene mucho que nos conocemos. Así que es muy apresurado el decir que Ángel y yo nos casaremos.
—Pues a mí me parece que sí hay algo entre ustedes. Conozco a mi hermano y sé que algo muy bueno le pasa —ella sonrió tenuemente—. Mamá me contó un poco sobre ti y yo creo que eres increíble. ¡Me inspiras June!
Ojalá todas las personas lograrán entenderme. La familia de Ángel era muy buena. Claudia me hizo sentir como persona.
—Y aún si Ángel no te pide matrimonio, tú ya eres parte de mi familia. ¡Somos hermanas! De eso no te preocupes. Te quiero.
Se sentía bonito saber que alguien se había encariñado contigo. Comencé a saber lo que era tener el calor de una familia.
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La recepción de bodas fue en un salón social impresionante. Las sillas eran de madera blanca y formaban dos secciones dejando un pasillo en medio. Todos los invitados ya estaban en sus lugares, las damas caminamos por el pasillo y nos detuvimos justo a un costado de la pequeña plataforma. Allí estaba Jacob, con las manos sudorosas y los nervios a tope.
Después de verlo algunas veces pude notar que no eran nervios, más bien, era su emoción. El juez estaba listo y todos estábamos a la expectativa de la novia. ¡Esta era la primera boda a la que yo asistía!
Vi a Ángel sentado junto a su madre en la primera fila. Vestía un traje de color negro, camisa blanca y una corbata de moño. ¡Se veía guapísimo! Me regaló una sonrisa a la que no dude en corresponder con una enorme sonrisa.
¿Cómo fue la boda de mis padres? ¿Al menos habían tenido boda? ¡Me gustó imaginar que fue una bonita ocasión! Aunque la realidad es que, en los pueblos, las personas regularmente no se suelen casar, solo se juntan para vivir en unión libre.
Cuando Claudia apareció tomada del brazo de su papá, supe que esté arroz ya se había cocido. Los novios se miraban, sonreían demasiado y eso me hacía sentir bien. ¡No sé! Ver felices a las personas que quieres, te hace feliz.
Ángel me miraba y de pronto las palabras de Claudia volvieron a mí. ¿Él estaba enamorado?
—¡Buenas tardes! —Saludo el juez—. Nos encontramos aquí reunidos para ser testigos de este matrimonio.
Ellos no contrataron a ningún ministro religioso para que pudieran casarse. El juez vestía un traje gris, había algunos documentos sobre la mesa y los novios se habían tomado de la mano. Después de varios segundos, ellos comenzaron a firmar las cláusulas para el matrimonio civil y hasta pusieron sus huellas con tinta negra.
—¡Me complace presentarles al nuevo matrimonio! —Dijo el juez—. ¡Muchas felicidades!
Los aplausos fueron la música de fondo para una ocasión como está. Jacob besó a la novia y ver tanto amor en persona, me hizo emocionarme por completo.
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—¿Cómo has estado?
Aurora estaba sentada a mi lado.
—¡Muy bien! Demasiado bien. ¿Y usted?
—Me da gusto que sea así. Yo estoy viva aún y eso ya es ganancia. ¡La boda de mi hija no pudo matarme!
Reímos.
—Es verdad. Al final estar con vida ya es un mérito enorme. ¡Claudia se ve muy feliz!
Asintió. Bebió un poco de vino.
—¿Cómo se ha portado Ángel?
¿Ella me estaba preguntando eso?
—Él es un buen muchacho. Todo un caballero.
Ángel también estaba sentado a mi lado. Note como paraba el oído para poder escuchar nuestra conversación.
—Si deja de ser un caballero, me avisas para ajustar cuentas con él.
Las dos reímos un poco. Ángel se ruborizo un poco.
—¿Quieres ir a bailar? —Quizá él no quería que su madre me siguiera interrogando.
Aurora se sorprendió, sonrió de forma tenue.
—Está bien. ¡Vamos! —acepté su propuesta.
Caminamos hasta la pista de baile. Esta escena me recordó a la primera vez que bailamos en aquella fiesta de gala. ¿Cómo había aprendido a bailar? Román y yo solíamos practicar algunas veces.
—¡Es una boda muy bonita! —dije.
Asintió con su sonrisa.
—¿Te gustó ser dama?
—Pues sí. Nunca había estado en una boda. Ser dama de honor es algo bonito. Cómo que ayudas más a la novia y te encargas de contribuir a su felicidad. ¡Claudia y yo somos hermanas!
—¿Enserio? Me alegro por ustedes.
—Sí, estuvimos hablando y ambas nunca tuvimos una parte femenina que nos hiciera sentir nuestra femineidad en nuestras respectivas familias. Así que lo pactamos, seríamos hermanas.
Platicar con Ángel era algo agradable, comencé a acostumbrarme a él.
—Que bien por ustedes dos.
—¿Y a ti te está gustando la boda?
—Sí. Yo estoy feliz por mi hermana y...
Se quedó en silencio.
—¿Y....?
—No me gustan mucho las bodas.
Me sorprendió.
—¿Por qué no te gustan?
Mi mano estaba sobre su hombro. Su mano derecha me sujetaba de la cintura y la izquierda envolvía mi otra mano.
—Por que algún día yo iba a casarme y no funcionó.
Recordé a Daniela. Me quedé en silencio. Ella había venido a la boda porque era novia de un primo de Jacob.
—¡Lo siento Ángel!
—Descubrí que a veces no siempre nos van a querer como uno siempre quiere que lo quieran. Ella no fue sincera y jugo con mis promesas. Termino engañándome y la boda fue un fracaso.
Supongo que él no sería el primer corazón roto y tampoco sería el último de este mundo.
—¿Ella fue tu primer amor?
—Supongo que sí. Le di todo de mí y...
—Ahora busca un segundo amor.
Lo interrumpí. Se sorprendió. Yo no quería que Ángel siguiera hurgando en aquellas cicatrices que claramente aun no sanaban. A veces es mejor ya no hablar de aquello que nos lastimo tanto si aún no lo logramos superar.
—¿Buscar un segundo amor?
—Sí. Después del uno, sigue el dos y la vida es eso. ¡Saber dejar es necesario para poder superar! Quizá yo no logre entender del todo a tu corazón roto y mucho menos entiendo esa parte del primer amor porque nunca he tenido un primer amor. Aun así, sé que se puede superar el dolor de estar roto.
—No se me ocurrió algo así.
—Piensa en esto. Aunque suene duro, piensa en esto que te voy a decir. Si esa boda fracaso entonces tú te salvaste de naufragar en una vida infeliz, llena de engaños y mentiras. Te dolió mucho, y eso fue bueno, porqué así pudiste librarte de una mujer que nunca supo corresponderte, ni amarte como tú la amabas. ¿No sería más doloroso haber descubierto que nunca te quiso después de la boda? Quizá tendrías que haberte divorciado, si hubieran tenido hijos ellos también hubiesen sufrido bastante y estarías encadenado a un círculo vicioso en el que constantemente reprocharías a tu pasado la decisión de haberte casado con alguien así. Te dolió mucho, pero solo dolerá por un tiempo, estoy segura de que lo podrás superar. Ahora puedes buscar y encontrar a alguien que haga de tu vida y corazón una explosión de felicidad y cariño. ¡El segundo amor! Aquel del que casi nunca se habla es el que tú necesitas en el futuro. ¡Animo mi Ángel! Ya no te lastimes a ti mismo con aquellos pensamientos de lo que pudo haber sido.
La canción termino. Ángel me miraba fijamente y yo seguía unida a él.
—¡Eres una chica increíble!
—Para nada. No soy increíble, solo...
—¿Quieres ir a fuera? —me interrumpió.
Comenzó a caminar en dirección al jardín de afuera y me sorprendió que no me soltó de la mano. Nos detuvimos justo a un lado de una fuente. El agua salpicaba un poco, pero no me importo sentarme ahí.
Ángel se quedó de pie frente a mí.
—¡Tienes razón!
De pronto no entendía lo que él me estaba diciendo.
—¿De qué?
—De lo que me dijiste hace un rato.
—Ah. Pues solo dije lo que pasó.
Asintió.
—No lo había visto con tanta madurez y solo me concentre en la parte emocional.
—Creo que el corazón roto a veces no nos deja ver más allá de lo que paso. Solo nos limita a no pensar en el futuro.
El viento comenzó a soplar suavemente. Parecía que estuviera meditando en mis palabras.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Puedes.
—¿Nunca te has enamorado?
Pensé que su pregunta sería diferente.
—Si me he enamorado. Pero...
—¿De Román?
Me encogí de hombros.