Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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Encontré una admiradora
Ingresamos a la mansión. El lugar estaba repleto de personas importantes: empresarios, funcionarios del gobierno y figuras destacadas de la sociedad. Al cruzar la entrada, sentí que los nervios se apoderaban de mí. Por un instante me sentí intimidada por aquel ambiente, pero respiré profundamente y logré tranquilizarme.
—Qué lugar tan elegante —dijo Mateo, mirando a su alrededor.
—Es muy bello —respondió Emma.
Yo estaba perpleja. Todo era mucho más impresionante de lo que había imaginado.
Entonces vimos a Victoria junto a su esposo y Olivia, así que nos dirigimos hacia ellos.
—Al parecer, tardaron un poco —dijo Victoria.
—Solo un poco —respondí.
Me acerqué a Zack y lo saludé.
—Hola.
—Vaya, así que solucionaron el problema.
—Supongo que sí.
—Estás hermosa.
—Gracias, Zack.
—Es un evento sorprendente, ¿no crees?
—Sí, realmente lo es.
Permanecimos allí un momento. Entonces noté que Mateo parecía un poco nervioso. Olivia estaba a su lado y ambos se miraban con complicidad, intercambiando pequeñas sonrisas.
¿Acaso era ella?
Miré a Mateo. Él se dio cuenta de que lo observaba y me dedicó una sonrisa tímida.
Yo solo respondí
Ethan tomó mi brazo.
—Quiero que saludemos a algunos compañeros. Ven conmigo.
Se dirigió hacia las escaleras y subimos. En el segundo piso había aún más personas. El lugar era hermoso; la decoración, las flores y cada detalle habían sido cuidadosamente elegidos. Sin embargo, mientras avanzábamos, comencé a percatarme de que reconocía a varias personas de la empresa.
Había un grupo en particular que destacaba entre los demás, y hacia allí se dirigió Ethan.
Ethan estaba junto a algunos de sus compañeros de trabajo. Allí estaba Hall, el subdirector, a quien conocía desde hacía tiempo. Era un mujeriego empedernido, un enamoradizo; el típico Romeo que siempre parecía tener una historia que contar.
También estaba Elian, el abogado. Había sido novio de Margot. Salieron durante un tiempo, pero su relación no funcionó. A diferencia de Hall, Elian era mucho más serio y sensato.
Y entonces la vi a ella.
Tatiana.
No la conocía personalmente y, para ser sincera, me sorprendió encontrarla allí. Había trabajado con Ethan en varios proyectos importantes y, según había escuchado de él, era una verdadera experta en su área. Lo que no sabía era que fuera tan joven.
Hasta ese momento nunca la había visto.
Observé su piel tersa, su sonrisa y sus ojos. Había algo en su juventud que me hizo comprender, de repente, lo rápido que había pasado el tiempo y cuánto había cambiado yo.
Sentí una presión en el pecho.
Por alguna razón, no pude apartar la mirada de ella.
La observé durante unos segundos.
—Cariño.
No reaccioné.
—Valeria.
Finalmente, volví la mirada hacia Ethan.
—Elian te está hablando.
—¿Qué te pasa? Estás demasiado distraída —dijo Ethan
—¿En qué piensas, Valeria? —pregunto Elian
—En nada perdóname que me decías.
Elian iba a continuar pero
—Seguro está pensando en lo ridículo que se ve tu moño rojo —intervino Hall.
—¡Pero qué malo eres! —protestó Elian.
Me fije en el y lo observe aunque era cierto que el moño resultaba ser bastante gracioso. Lo observé con detenimiento y tuve que contener una carcajada. Parecía más el moño de una colegiala que de un hombre vestido para un evento tan elegante.
No pude evitarlo.
Comencé a reír, y Ethan se unió a mí hall y Tatiana también reian
—¿Acaso ninguna de tus noviecitas pudo hacerlo por ti? Podrías haberle pedido a Tatiana que lo hiciera, aunque es demasiado torpe. Con esa fuerza descomunal que tiene, seguramente habría terminado aorcandote —añadió Hall, un poco burlón.
Tatiana le lanzó una mirada furiosa. Hall, al verla, guardó silencio de inmediato, un poco intimidado.
Pero eso nos hizo dar aún más risa durante unos segundos, los dos reímos sin parar.
—No me parece gracioso —dijo Elian, visiblemente molesto.
Hall soltó una carcajada una vez mas.
Entonces Elian me miró y cambió de tema.
—Tienes una esposa muy bonita, Ethan. Felicidades.
—Gracias —respondió Ethan.
Yo sonreí con timidez.
—Tiene toda la razón. Además, es una profesora excepcional. Las investigaciones que haces son realmente sorprendentes —añadió Tatiana.
—Gracias —respondí, sorprendida—. ¿Las has leído?
Tatiana asintió
—Supongo que Ethan le habló de mí.
—Bueno si lo hizo pero un poco yo le pregunte sobre usted… yo soy estudiante de Biología. Siempre me ha apasionado, pero mis padres no me apoyaron cuando les dije que quería estudiarla. Decían que no tenía futuro y que no me ayudarían con los gastos. Así que estudié Economía. Sin embargo, actualmente estoy cursando mi cuarto semestre de Biología y estoy convencida de que esto es lo que realmente quiero hacer.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Uno de mis profesores nos habló de uno de sus proyectos y quedé fascinada con su trabajo. Desde entonces, he estado leyendo los artículos y avances que ha publicado. La admiro mucho y me siento muy feliz de poder compartir este momento con usted. Tengo muchas cosas que quisiera preguntarle, pero lo haré en otro momento.
—Es sorprendente. Tienes una admiradora, Valeria. No sabía que te interesaba la Biología Tatiana. A mí también me encanta cuando quieras estudiamos juntos—dijo Hall.
El la miro con malicia
—Sí, claro estudiamos. Ni siquiera sabes qué es la mitosis.
—¿La qué?
—¡Ay, cállate!
No pude contener la risa. Esos dos eran realmente graciosos.
—Muchas gracias. Me siento halagada —respondió Tatiana.
—Fascinante. No sabía eso de ti, Tatiana. Estás llena de sorpresas —dijo Ethan.
—Tienes toda la razón —respondió Elian.
De pronto, la música se detuvo. Me di cuenta de que varios músicos habían entrado al salón y comenzaron a tocar en vivo. Una melodía de vals suave y elegante llenó el lugar, creando una atmósfera completamente distinta.
—¿Vienes conmigo? —preguntó Ethan.
Extendió su mano hacia mí lo miré, sorprendida.
—¿Por qué haces esto?
—Te hice una pregunta cariño.
Ethan se me quedo viendo yo lo vi unos segundos
—Por supuesto —respondí.
El sonrió
Tomé su mano y Ethan me condujo hasta la pista. Cuando la música comenzó a envolvernos, empezamos a bailar.