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La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

Status: Terminada
Genre:Apoyo mutuo / Aventura Urbana / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:7.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Tres años de espera

Si me preguntan por qué esperé tres años para decirle lo que sentía, la respuesta es muy sencilla.

Porque Lilibeth tenía quince años cuando la conocí.

Y yo tenía veintiuno.

Desde el principio me gustó muchísimo. Eso nunca fue un secreto para mí. Cada mensaje suyo me alegraba el día, cada videollamada me dejaba sonriendo y cada conversación hacía que me enamorara un poco más.

Pero también sabía que ella era una adolescente que estaba estudiando.

Y yo no quería apresurar nada.

No quería comprometerme con una muchacha tan joven.

Ni quería ponerla en una situación incómoda.

Por eso decidí esperar.

Y así pasaron tres años.

Tres años completos.

Tres años hablando prácticamente todos los días.

Tres años de mensajes de buenos días.

Tres años de videollamadas.

Tres años de risas.

Tres años de confianza.

Tres años conociéndonos.

Mientras ella terminaba el colegio, yo seguía trabajando en la finca.

Ella me contaba sobre exámenes.

Yo le contaba sobre las cosechas.

Ella me hablaba de sus sueños.

Yo le hablaba de los míos.

Y poco a poco nos convertimos en parte importante de nuestras vidas.

Cuando la conocí tenía quince años.

Ahora tenía dieciocho.

Y ya había terminado el colegio.

Aquella noche estábamos hablando por videollamada como siempre.

Eran aproximadamente las siete de la noche.

La luna llena iluminaba toda la finca.

Las estrellas brillaban sobre las montañas.

El aire frío entraba por la ventana de mi habitación.

Yo tenía veinticuatro años.

Y llevaba tres años guardando muchas cosas en mi corazón.

Lilibeth apareció en la pantalla sonriendo.

—Hola.

—Hola, hermosa.

Ella sonrió.

—¿Cómo estuvo su día?

—Bien. ¿Y el suyo?

—También.

Comenzamos a hablar como cualquier otra noche.

Pero yo estaba nervioso.

Más nervioso de lo que había estado en mucho tiempo.

Porque llevaba semanas pensando en lo mismo.

Ya no quería seguir guardándome lo que sentía.

Durante tres años había sido paciente.

Durante tres años la respeté.

Durante tres años esperé.

Y sentía que había llegado el momento.

Ella estaba hablando sobre algo que había ocurrido durante el día cuando de repente le dije:

—Lilibeth.

—¿Sí?

—Necesito decirle algo.

Ella me miró curiosa.

—¿Qué pasó?

Respiré profundo.

—¿Se acuerda cuando nos conocimos?

Ella sonrió.

—Claro.

—Usted tenía quince años.

—Y usted veintiuno.

—Exactamente.

Ella asintió.

—¿Y qué pasa con eso?

Me acomodé en la cama.

—Que desde esa época usted empezó a gustarme.

Ella se quedó en silencio.

Yo continué.

—Pero nunca quise decir nada porque usted era muy joven.

—Lo sé.

—Y tampoco quería apresurar las cosas.

Ella seguía escuchando.

—Por eso esperé.

—Tres años —dijo ella suavemente.

—Tres años.

La luna iluminaba mi habitación.

Yo sentía el corazón acelerado.

—Durante esos tres años aprendí muchas cosas sobre usted.

—¿Como cuáles?

—Que es inteligente.

Ella sonrió.

—Que es responsable.

—Gracias.

—Que tiene un corazón enorme.

Ella bajó la mirada.

—Y que cada día la quiero más.

Se hizo un silencio.

Uno de esos silencios que dicen muchas cosas.

Yo respiré profundo.

Sabía que había llegado el momento.

—Lilibeth.

—Sí.

—Yo la amo.

Ella levantó la mirada.

—La amo desde hace mucho tiempo.

Sentí que el corazón me iba a salir del pecho.

—Y quiero preguntarle algo.

Ella no dijo nada.

Simplemente esperaba.

—¿Quiere ser mi novia?

El silencio fue absoluto.

Yo podía escuchar hasta los grillos afuera de la casa.

Ella me observó durante varios segundos.

Y luego comenzó a sonreír.

Una sonrisa enorme.

De esas que iluminan todo.

Yo sentí que el corazón me latía todavía más rápido.

—¿Sabe algo, Hernán?

—¿Qué?

—Llevaba mucho tiempo esperando esa pregunta.

Yo me quedé inmóvil.

—¿En serio?

Ella asintió.

—Sí.

—¿Entonces?

Se rio.

—Entonces sí.

Yo no reaccioné durante unos segundos.

—¿Sí qué?

Ella soltó una carcajada.

—Sí quiero ser su novia.

Sentí una felicidad imposible de describir.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿No está jugando?

—No.

—¿Segura?

—Muy segura.

Yo comencé a reírme.

Ella también.

Los dos parecíamos niños pequeños.

—No sabe lo feliz que me hace.

—Yo también estoy feliz.

—Muchísimo.

—Yo también.

Nos quedamos sonriendo como bobos frente a la pantalla.

Después de unos segundos ella dijo:

—La verdad yo también me enamoré hace mucho tiempo.

—¿Sí?

—Sí.

—¿Y nunca me dijo?

—Porque usted tampoco me dijo.

—Buen punto.

Los dos nos reímos.

Aquella noche hablamos durante horas.

Como siempre.

Pero ahora todo era diferente.

Porque ya no éramos solamente dos personas que se conocieron por internet.

Ahora éramos novios.

Y mientras hablábamos, yo no podía dejar de pensar en algo.

Durante tres años había esperado pacientemente.

Había respetado sus tiempos.

Había permitido que creciera, terminara sus estudios y tomara sus propias decisiones.

Y ahora estaba viendo el resultado de esa espera.

Antes de terminar la videollamada le dije algo que salió directamente de mi corazón.

—Lilibeth.

—¿Sí?

—No sé qué nos depare el futuro.

—Yo tampoco.

—Pero sí sé una cosa.

—¿Cuál?

—Quiero construir algo bonito con usted.

Ella sonrió.

—Yo también.

Y esa noche, bajo una luna llena que iluminaba el cielo quindiano, comenzó oficialmente nuestra historia como pareja.

Una historia que había tardado tres años en comenzar.

Pero que para mí había valido cada segundo de espera.

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Kayra Villavicencio
Y el papá
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