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Amantes?

Amantes?

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Vicky Aguirre

Solo había amado una vez en la vida, solo a ella, y después de mucho tiempo lo descubrí, verlos juntos causó en mi desesperación y debo ganar esta lucha.
Debo ganar su amor.

NovelToon tiene autorización de Vicky Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 12

Estoy sentado en esta maldita silla hace horas. Anton no deja de preguntarme por las mocosas que va a conocer y ya estoy perdiendo la paciencia. Gracias a Dios llevé a su nana conmigo y ella lo ha tratado de entretener, pero ya... quiero verla. Verónica está más hermosa, incluso más bella que cuando estaba conmigo; sé que tener a esas mocosas le ayudó a mejorar su figura.

Pero todo se detiene cuando veo llegar a Mark solo, sin su familia. Me pongo de pie dispuesto a reñir, pero quedo petrificado. En sus ojos hay un brillo que no estaba cuando lo volví a ver, y tiene su aroma... huele a ella.

—¿Qué? ¿Tanto miedo me tienes que no trajiste a tu esposa?

—Hola, Cris, ¿cómo estás? Creí que me encontraría con tu esposa aquí. ¿Creí que ella lideraría el proyecto?

—Sí, ella lo hará, pero está un poco enferma. Me dijo que quedaron de reunirse, pero no veo a tu familia.

—Ah, ¿por eso tu comentario? No, Vero decidió quedarse en casa con las niñas. ¿Podemos firmar los documentos?

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—Sí, claro —Cristopher me extiende los documentos con la arrogancia que lo caracteriza.

Hace años que hago este tipo de acuerdos, así que me tomo mi tiempo para leer; pese a que exista un preacuerdo, no confío en este hombre ni en nadie de su familia. Leo el documento de pies a cabeza, las letras grandes y las pequeñas, y no veo nada irregular. Sin embargo, Cris me mira como a un bicho raro.

—Me regalas la copia, necesito leerla.

—Pero si son el mismo documento.

—¿Sí? Bien, entonces yo firmaré este y tú firmarás aquel, y será el que me llevaré. ¿Estás de acuerdo?

—¿Crees que te robaré? No soy como tú; no me la vivo robando las mujeres ajenas. No me robaría un negocio.

—Seré claro, Cristopher: jamás me robé nada que tú no hayas abandonado. Verónica es mi mujer ahora; si tú la abandonaste por perseguir unos millones, no es mi culpa. Pero te agradeceré que no metas a mi mujer en esto.

—¿Tu mujer? Te recuerdo que primero fue mía.

—¿Y crees que me importa no haber sido el primero? No me importa. Lo que importa es que soy el que está con ella ahora y que seré el último.

—Cuando esto acabe, ya no será tuya.

—Te diré lo que siempre he pensado de Vero: es un ser valioso que no está en venta ni en sorteo. Si yo estoy con ella es porque así lo decidió, y si llega a irse de mi lado, te aseguro que no será para irse contigo.

—Ya fue mía una vez, puede volver a mí.

—La usaste y la desechaste. ¿Qué te hace pensar que volverá a ti?

—Firma de una buena vez y lárgate.

Firmé mi contrato. No lo entregué hasta que le tomé fotos y videos a cada hoja, y me largué para ir a casa. No tomé ni un café, pues no quería indigestarme. No pasé muy buena noche y Vero cuidó de mí; no quiero preocuparla más.

Cuando llegué a la casa, ella me esperaba sonriente junto con mis niñas, que volaron a mis brazos.

—Vengan, niñas. Papá va a darse una ducha y a dormir; pasó muy mala noche y debe descansar.

No quería dormir, quería saber qué pensaba de mi propuesta, y durmiendo no lo iba a saber. Cuando quise protestar, mi suegra y mi suegro me salieron al paso; insistieron en que si queríamos darles otros nietos debíamos estar saludables. Vero se ruborizó y yo casi me atraganto con mi propia saliva. Sin embargo, decidí obedecer.

Me tomé una ducha y me puse un pijama. Vero me llevó una sopa para que la tomara y las niñas se acostaron conmigo. Caí rendido en minutos, y cuando desperté sabía que era tarde, pero el peso de unos cuerpos no me dejó moverme. Ellas estaban acostadas conmigo, mis tres hermosas mujeres. Vicky y Virgy dormían apoyadas en mis brazos y su madre dormía en un sofá. Sentí un paño húmedo en mi frente; había tenido fiebre de nuevo y no quería enfermarme de verdad.

Horas después volví a despertar. Las niñas ya no estaban en la cama, la temperatura era agradable y ya era de noche. Me sentía culpable, deseaba hablar con Vero y saber su respuesta; quería saber si aceptaba y cuáles eran sus condiciones. Sabía que el sexo sería una de las primeras; sabía que me pediría que dejara a mi amante... ¿Pero a quién iba a dejar si no existía ninguna?

La preocupación comenzó a escalar. Me sentía ansioso, como un jovencito. Si ella decía que no, ¿qué haría? ¿Qué iba a hacer? Ya la había tenido en mis brazos, su aroma me perseguía... su calidez, su suavidad. Si ella decía que no, simplemente insistiría. Insistiría hasta que me dijera que sí.

En ese momento la puerta se abrió. Mi esposa ingresó con un pijama que la hacía ver más hermosa.

—¿Listos para hablar?

Asentí, y un ligero nerviosismo se comenzó a instalar en mí.

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