Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.
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el miedo a enamorarse
La aparición de Camila cambió por completo el ambiente de la velada.
La música seguía sonando suavemente en la galería, las conversaciones continuaban a su alrededor y las copas chocaban en brindis elegantes. Sin embargo, para Valentina, Alejandro y Camila, el resto del mundo parecía haber desaparecido.
Solo existía aquella incómoda tensión.
Camila mantenía una sonrisa impecable.
Pero había algo en sus ojos que resultaba imposible de ignorar.
Estaba observando.
Analizando.
Midiendo cada gesto entre Alejandro y Valentina.
—No sabía que estarías aquí —dijo Alejandro con cortesía.
—Recibí una invitación esta mañana.
Camila tomó una copa de una bandeja cercana.
—Además, me interesa el arte.
Valentina tuvo que esforzarse para no sonreír ante aquella evidente mentira.
Por la expresión de Alejandro, él pensaba exactamente lo mismo.
Durante los años que habían estado juntos, Camila jamás había mostrado interés alguno por exposiciones culturales.
Pero nadie lo mencionó.
La conversación continuó durante algunos minutos.
Minutos que parecieron eternos.
Finalmente apareció uno de los organizadores del evento para hablar con Alejandro sobre algunos patrocinadores importantes.
Aquello le dio una excusa perfecta para alejarse.
—Disculpen.
—Claro —respondió Camila.
Valentina observó cómo Alejandro desaparecía entre los asistentes.
Y entonces se encontró sola con la última persona con la que deseaba conversar.
Camila giró lentamente hacia ella.
—Así que eres fotógrafa.
—Sí.
—He visto algunas de tus imágenes.
Aquello sorprendió a Valentina.
—¿En serio?
—Son buenas.
La sinceridad aparente de aquel comentario la tomó desprevenida.
—Gracias.
Camila dio un pequeño sorbo a su bebida.
—Alejandro habla mucho de ti.
Valentina sintió que el corazón se aceleraba.
—¿Habla de mí?
—Más de lo que imaginas.
Aquellas palabras provocaron una mezcla extraña de emociones.
Alegría.
Nervios.
Y también desconfianza.
Porque algo le decía que Camila no estaba allí para hacer amistad.
Camila apoyó la copa sobre una mesa cercana.
—¿Puedo darte un consejo?
Valentina arqueó una ceja.
—Depende.
—Ten cuidado.
El comentario llegó de forma tan inesperada que por un instante creyó haber escuchado mal.
—¿Perdón?
—Alejandro es un hombre maravilloso.
—Lo sé.
—Pero también tiene miedo.
Aquellas palabras captaron inmediatamente su atención.
—¿Miedo?
Camila asintió.
—Mucho más del que admite.
Valentina permaneció en silencio.
Porque había notado ciertas barreras en él.
Momentos en los que parecía retroceder justo cuando comenzaba a acercarse demasiado.
Pero nunca había pensado seriamente en ello.
—Después de lo que ocurrió entre nosotros, dejó de confiar fácilmente.
La expresión de Camila se suavizó ligeramente.
Por primera vez parecía sincera.
—No lo culpo.
Valentina observó a la mujer frente a ella.
Y comprendió algo importante.
Camila seguía sintiendo cosas por Alejandro.
Quizás arrepentimiento.
Quizás amor.
Quizás ambas.
Pero definitivamente algo.
—Gracias por el consejo.
Camila sonrió.
—Solo quería que lo supieras.
Antes de que la conversación pudiera continuar, Alejandro regresó.
Y la mirada que dirigió a ambas mujeres dejó claro que no estaba especialmente cómodo con aquella situación.
Poco después, Camila se despidió.
Sin embargo, antes de irse, lanzó una última mirada hacia Alejandro.
Una mirada cargada de emociones no resueltas.
Y eso no pasó desapercibido para Valentina.
Cuando finalmente quedaron solos, caminaron hacia una de las terrazas exteriores de la galería.
La noche era fresca.
Las luces de la ciudad brillaban a lo lejos.
Y por primera vez desde que llegó Camila, el silencio se sintió agradable.
—Lo siento.
Valentina lo miró.
—¿Por qué te disculpas tanto?
Alejandro apoyó los brazos sobre la baranda.
—Porque sé que esta situación es incómoda.
—Un poco.
—No quería que formara parte de esto.
Valentina observó su perfil iluminado por las luces de la ciudad.
Y pudo ver el cansancio en sus ojos.
El peso del pasado.
Las heridas que todavía no terminaban de sanar.
—No puedes controlar quién aparece en tu vida.
Aquellas palabras hicieron que Alejandro la mirara.
—Lo sé.
—Y tampoco deberías sentirte responsable por cosas que ya terminaron.
Él permaneció en silencio varios segundos.
Luego sonrió.
—Siempre sabes qué decir.
—No es verdad.
—Sí lo es.
Durante algunos minutos permanecieron observando la ciudad.
Sin prisas.
Sin interrupciones.
Simplemente disfrutando de la compañía del otro.
Entonces Alejandro habló nuevamente.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Te asusté?
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿Con qué?
—Con todo esto.
Ella comprendió inmediatamente lo que quería decir.
Camila.
El pasado.
Las heridas.
La complejidad de su historia.
Alejandro bajó la mirada.
—Porque si lo hice, lo entendería.
Aquella confesión sorprendió a Valentina.
Porque demostraba una vulnerabilidad que rara vez mostraba.
—No me asustaste.
—¿Segura?
—Sí.
Alejandro pareció aliviado.
Pero aún había algo más.
Algo que llevaba días acumulándose entre ellos.
Y ambos podían sentirlo.
Valentina respiró profundamente.
Sabía que estaba a punto de decir algo importante.
Algo que incluso a ella misma le costaba admitir.
—La verdad es que hay algo que sí me asusta.
Alejandro la observó con atención.
—¿Qué cosa?
Valentina tardó unos segundos en responder.
Porque la respuesta era mucho más difícil de pronunciar de lo que esperaba.
Finalmente habló.
—Volver a enamorarme.
El silencio cayó entre ellos.
No incómodo.
No doloroso.
Simplemente honesto.
Alejandro sostuvo su mirada.
Y por primera vez pareció comprender exactamente lo que ella sentía.
Porque él también conocía ese miedo.
Demasiado bien.
—A mí también.
Aquellas tres palabras llegaron cargadas de sinceridad.
Y de algo más.
Algo que hizo que el corazón de Valentina latiera con fuerza.
Porque era la primera vez que ambos reconocían abiertamente aquello que llevaban semanas evitando.
No estaban asustados por el pasado.
Estaban asustados por el futuro.
Por lo que estaba ocurriendo entre ellos.
Por la posibilidad de volver a amar.
Y de volver a sufrir.
El viento nocturno movió suavemente el cabello de Valentina.
Alejandro la observó durante unos segundos.
Y luego sonrió.
Una sonrisa tranquila.
Sincera.
—Pero creo que algunas personas valen el riesgo.
El corazón de Valentina se detuvo por un instante.
Aquellas palabras no eran una declaración.
Todavía no.
Pero estuvieron peligrosamente cerca de serlo.
Y ambos lo sabían.
Sus miradas se encontraron.
Y nuevamente el mundo desapareció.
Las luces.
La música.
Las personas.
Todo dejó de importar.
Porque solo existían ellos.
Y aquello que crecía silenciosamente entre sus corazones.
Algo hermoso.
Algo inevitable.
Algo que cada día se parecía más al amor.
Sin embargo, mientras compartían aquel momento, ninguno imaginaba que los verdaderos desafíos apenas estaban comenzando.
Porque el pasado de Alejandro aún guardaba secretos.
Y algunos de ellos estaban a punto de salir a la luz.