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PERFECTO ENGAÑO DE AMOR

PERFECTO ENGAÑO DE AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Amor prohibido / Completas
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Andrea Miller jamás imaginó que una simple noche en una discoteca cambiaría por completo su vida. Después de semanas sintiéndose atrapada en la rutina, acepta salir con su mejor amiga, Viviana Lewis, sin saber que entre las luces, la música y el alcohol cruzaría miradas con el hombre que terminaría destruyendo su corazón.
Sebastián Foster es atractivo, elegante y demasiado encantador para ser real. Desde el instante en que se acerca a Andrea para ofrecerle una copa, la conexión entre ambos se vuelve imposible de ignorar. Las conversaciones fluyen, las miradas arden y el deseo termina convirtiéndose en algo mucho más peligroso: amor.

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Capitulo 12

Había días en los que Andrea lograba apartar de su mente las advertencias de Marlon, convencida de que todo lo que compartía con Sebastián era verdad y puro tal como se lo parecía. Sin embargo, con el paso del tiempo, empezaron a acumularse detalles pequeños, gestos y situaciones que no encajaban, cosas que antes pasaban desapercibidas pero que ahora, tras haber escuchado aquellas palabras de alerta, resaltaban con fuerza ante sus ojos. Lo que antes tomaba por simples ocupaciones o asuntos complicados, ahora empezaba a verlo con otra luz, y cada vez que algo extraño ocurría, la sombra de la duda regresaba para instalarse de nuevo en su pensamiento.

Una tarde estaban sentados juntos en el sofá del apartamento que él usaba para encontrarse con ella, charlando tranquilamente, cuando el teléfono de Sebastián sonó con insistencia. Él lo miró rápidamente, y Andrea pudo ver cómo su expresión cambiaba al instante: la tranquilidad desapareció de su rostro, se puso tenso y con un movimiento rápido y casi nervioso cortó la llamada sin contestar, y guardó el aparato en el bolsillo con prisa, como si quisiera ocultarlo de su vista.

—¿Quién era? —preguntó ella con naturalidad, aunque ya sentía ese nudo que empezaba a formarse en su estómago cada vez que pasaba algo así—. Parecía urgente. Si necesitas atender, hazlo, no tienes por qué cortar por mí.

Sebastián se acomodó de nuevo, forzando una sonrisa que no alcanzaba sus ojos, y se acercó para tomarle la mano con fingida calma.

—No es nada importante, solo temas del trabajo, cosas que pueden esperar. Ya sabes cómo son, me buscan para todo y a cualquier hora. Prefiero no perder ni un minuto de lo que estamos juntos.

Andrea asintió, pero en su mente surgieron inmediatamente las palabras que Marlon le había dicho: «oculta lo que no le conviene, construye verdades a medias y maneja todo para que veas solo lo que él quiere que veas». Recordó también otras veces: ocasiones en las que de repente tenía que irse con urgencia sin darle explicaciones claras, días enteros en los que no podía llamarlo ni escribirle porque decía estar ocupado en reuniones o viajes, y respuestas vagas cada vez que ella intentaba saber algo sobre su familia o su vida pasada.

—Sebastián… —empezó a decir con voz suave pero decidida, mirándolo fijamente a los ojos—. Hay cosas que no entiendo. A veces siento que me cuentas solo una parte de tu vida, como si hubiera una gran parte que estuviera siempre cerrada para mí. Cuando te pregunto, siempre me dices que no importa, que solo importamos nosotros, pero… ¿cómo puedo conocerte de verdad si no me dejas entrar en todo lo que eres?

Él apretó su mano con más fuerza, y ella notó que sus dedos estaban fríos y ligeramente temblorosos.

—Andrea, ya hemos hablado de esto —respondió él con un tono que quería sonar paciente, pero que tenía un matiz de impaciencia contenida—. Mi vida anterior estaba llena de obligaciones, de reglas, de cosas complicadas y tristes que no quiero traer aquí, entre nosotros. Desde que te conocí, todo eso quedó atrás. Lo único que existe para mí es lo que construimos juntos. ¿Por qué tienes que buscar problemas donde no los hay? ¿Acaso no confías en mí?

—Quiero confiar, te juro que quiero hacerlo con toda mi alma —respondió ella, sintiendo cómo se le llenaban los ojos de lágrimas—. Pero la confianza también necesita claridad. Hay gente que me ha dicho cosas, cosas que me han puesto a pensar… me han dicho que tú guardas un secreto enorme, algo que cambiaría todo lo que pienso si lo supiera. Y aunque yo les digo que se equivocan, que tú eres bueno y sincero… estas cosas que pasan, estas dudas, hacen que sea difícil estar completamente tranquila.

Sebastián se puso de pie de golpe, apartándose de ella y caminando hacia la ventana, dándole la espalda. Su actitud había cambiado por completo, ya no había dulzura en sus gestos, sino tensión y miedo bien disimulado.

—¿Gente? ¿De qué gente me hablas? —preguntó con voz más dura y cortante—. ¿Quién se mete en lo nuestro para venir a sembrar dudas y mentiras? Te dije desde el principio que nuestro mundo debía ser solo nuestro, que nadie más tenía derecho a opinar ni a contarte historias falsas. Todo lo que te digan fuera de aquí, todo lo que te cuenten para dañar lo que tenemos, es mentira, son envidias o malas intenciones. Tienes que elegir: o crees en mí, o crees en quienes no nos conocen ni saben nada de lo que sentimos.

Andrea se quedó callada, viendo su silueta recortada contra la luz, sintiendo una distancia inmensa entre ellos a pesar de estar en la misma habitación. Quiso correr hacia él, abrazarlo y pedir perdón por haber dudado, pero algo en su interior, esa voz que despertaba gracias a las advertencias recibidas, le decía que no podía simplemente hacer como si nada pasara. Por primera vez, la certeza ciega y absoluta que tenía sobre él se había resquebrajado, y aunque lo amaba con todo su ser, comprendió que no podía seguir viviendo sin saber la verdad completa.

Pasaron los días y esas sensaciones no hicieron más que aumentar. Andrea observaba con más atención cada detalle, cada palabra, cada movimiento. Vio cómo él evitaba ciertas calles, cómo cambiaba de tema si alguien mencionaba nombres de familias importantes o eventos sociales, cómo siempre estaban en lugares apartados donde era casi imposible encontrarse con conocidos. Todo parecía diseñado para que nadie los viera juntos.

Fue entonces cuando tomó una decisión que le costó mucho y que le provocó miedo y remordimiento, pero que sintió como la única forma de encontrar paz.

«Si realmente no hay nada que ocultar», pensó para sí misma mientras caminaba con paso decidido por la ciudad, «entonces lo que descubra confirmará todo lo bueno que creo de él, y mis dudas desaparecerán para siempre. Pero si hay verdad en lo que me han dicho… necesito saberlo, aunque me duela hasta el alma».

Recordó que algunas veces él dejaba papeles, tarjetas o documentos en el bolsillo interior de su abrigo o en su maletín cuando estaban allí. Una tarde, cuando él tuvo que salir con mucha prisa tras recibir otra de esas llamadas misteriosas que siempre lo alejaban sin explicación, se quedó sola en el lugar. Esperó unos minutos, con el corazón golpeándole fuerte contra el pecho, luchando contra sus propios principios y contra la lealtad que quería mantener hacia él.

—Solo quiero saber la verdad… solo quiero estar segura —susurró con voz temblorosa, tratando de calmarse a sí misma.

Se acercó despacio hasta donde había dejado sus cosas, abrió con manos inseguras el maletín de cuero que él siempre llevaba consigo y empezó a mirar entre los papeles. Al principio todo parecían asuntos comerciales, contratos y notas de trabajo, tal como él le había dicho siempre. Pero al pasar unas hojas, sus ojos se detuvieron en un documento oficial, una tarjeta de invitación grande y elegante dirigida a él. Las palabras que leyó le helaron la sangre: «Para el señor Sebastián Foster y su distinguida esposa, la señora Renata Dawson de Foster».

Sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Lo leyó una vez, dos veces, una y otra vez, incapaz de creer lo que veía, esperando que fuera un error, que fuera algo antiguo o que hubiera alguna explicación que lo hiciera todo bien de nuevo. Pero al seguir mirando, encontró fotografías recortadas de periódicos sociales, imágenes donde aparecía él siempre acompañado de esa misma mujer: elegantes, sonrientes, tomados del brazo, posando como la pareja perfecta y admirada por todos.

En ese instante, todo lo que había escuchado, todo lo que había sospechado, todo lo que había tratado de negar con todas sus fuerzas, cobró sentido de golpe y con una fuerza devastadora. Las palabras de Marlon resonaron en su cabeza como un trueno: «Guarda un secreto enorme… está casado… te ama a ti, pero vive una vida entera que tú no conoces».

Se dejó caer en una silla, con el papel todavía entre las manos, mientras las lágrimas empezaron a correr por su rostro sin que pudiera detenerlas. No solo había descubierto una mentira, había descubierto que todo lo que ella creía verdadero, todo ese amor perfecto y exclusivo que le había entregado y que había recibido, no era más que una parte pequeña y oculta de la vida de un hombre que ya tenía todo, que ya estaba comprometido con otra persona ante todos, ante la ley y ante la sociedad.

El mundo de Andrea se vino abajo en ese mismo momento. Su visión del amor, su confianza en las personas, todo lo que había construido y soñado, se hizo añicos al mismo tiempo que entendía la realidad completa: ella no era el amor verdadero y único, era la otra, la parte oculta, el secreto que él guardaba para sentirse vivo mientras mantenía intacta su vida oficial y perfecta con otra mujer. Y comprendió entonces, con un dolor que le atravesaba el pecho como una espada, que lo que estaba por venir sería mucho más difícil y doloroso de lo que jamás habría podido imaginar.

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monita
mm🤔 tan tan amigo me parece que no ws ,más allá de tenga razón de decirle que lo que hace esta mal 😢
Nancy Nieto
eso es todo? se me ocurre q hubo capítulos q no coinciden.
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