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¿Seré Tu Piel Canela?

¿Seré Tu Piel Canela?

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Reencarnación / Omegaverse
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Marcela Salazar S.

Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.

NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 12

Los días pasaron.

Al inicio, lentos.

Dolorosamente lentos.

Cada mañana despertaba convencido de que Víctor intentaba matarme.

Todo dolía.

Los brazos.

Las piernas.

La espalda.

Incluso músculos cuya existencia desconocía.

Pero tenía una meta.

La espada.

Aquella enorme espada que había visto el primer día seguía apareciendo en mis pensamientos.

Y cada vez que consideraba rendirme, recordaba lo mucho que deseaba empuñarla algún día.

Así que seguí adelante.

Una semana se convirtió en dos.

Dos en un mes.

Y antes de darme cuenta habían pasado varios meses.

Mi resistencia mejoró.

Mis movimientos dejaron de parecer los de una jirafa recién nacida.

Y finalmente, para mi enorme felicidad, Víctor consideró que era digno de sostener una espada.

De madera.

Una espada de madera.

Sentí que me habían estafado nuevamente.

Pero aun así fui feliz.

Hasta que aparecieron las ampollas.

Cristo bendito.

Las manos de Andrei eran absurdamente delicadas.

Después del primer día parecían haber declarado la guerra contra mí.

Durante semanas tuve heridas, ampollas y dolores nuevos casi a diario.

Sin embargo...

cada pequeño avance hacía que todo valiera la pena.

La primera vez que ejecuté correctamente una secuencia completa.

La primera vez que logré desarmar a otro aprendiz.

La primera vez que conseguí mantenerme en pie durante un combate entero.

Y sobre todo...

las felicitaciones.

—Bien hecho.

—Buen movimiento.

—Has mejorado.

Palabras sencillas.

Tan sencillas.

Y aun así llenaban mi pecho de una manera que no sabía explicar.

Porque durante gran parte de mi vida había vivido persiguiendo aprobación.

Corriendo detrás de ella.

Suplicándola casi sin darme cuenta.

Y ahora llegaba de forma tan natural que a veces no sabía qué hacer con ella.

Pero el entrenamiento no fue lo único que cambió.

Mientras los días pasaban, otras cosas comenzaron a perder importancia.

Mi tono de piel.

El de los demás.

Las diferencias que antes ocupaban tanto espacio en mi mente.

Un día descubrí que Madam Hattie me había abrazado tres veces y ni siquiera lo había pensado.

Otro día me encontré conversando con algunos empleados durante el almuerzo sin prestar atención al color de su piel.

Simplemente eran personas.

Personas que trabajaban conmigo.

Que me enseñaban cosas.

Que reían conmigo.

Que se preocupaban por mí.

Y aquello me obligó a enfrentar una verdad incómoda.

Durante toda mi vida había cargado palabras que ni siquiera eran mías.

Frases que escuché tantas veces que terminaron convirtiéndose en parte de mí.

Ideas que heredé de un hombre incapaz de ver más allá de sus propios prejuicios.

Por primera vez comprendí cuánto daño me habían hecho.

No solo a otros.

A mí también.

Porque mientras intentaba despreciar a quienes me rodeaban...

también había aprendido a despreciarme a mí mismo.

Y quizás...

solo quizás...

---

Luego de una de nuestras sesiones de entrenamiento, Víctor me pidió que camináramos un poco.

O tal vez fui yo.

La verdad era que llevaba días reuniendo el valor para hablar con él.

Mientras avanzábamos por los senderos que rodeaban la mansión, varias veces abrí la boca para empezar la conversación.

Y varias veces la cerré.

No sabía cómo decirlo.

No quería decepcionarlo.

Tampoco quería que pensara que me había vuelto una persona horrible.

Finalmente nos sentamos bajo uno de los grandes árboles que crecían cerca del lago artificial de la propiedad.

El viento movía las hojas sobre nuestras cabezas.

Víctor bebía agua como si no acabara de intentar asesinarme durante dos horas seguidas.

—Víctor...

—Mmm.

—Hay algo que quiero decirte.

Mi hermano giró la cabeza.

Esperando.

Sentí un nudo en el estómago.

—Lo que pasa es que...

Maldita sea.

¿Por qué era tan difícil?

—Quiero encontrar a esos hombres.

La expresión de Víctor no cambió.

—Los que me hicieron eso.

Silencio.

—Quiero encontrarlos uno por uno.

Mis manos se cerraron sobre mis rodillas.

—Y quiero vengarme.

El viento siguió soplando.

—Uno de los motivos por los que estoy entrenando es ese.

Bajé la mirada.

—Sé que probablemente no es algo que debería decir.

—Andrei.

—Y sé que padre se preocuparía si escuchara esto.

—Andrei.

—Y también sé que quizás no es saludable obsesionarse con...

—Andrei.

Levanté la cabeza.

Víctor estaba observándome con una expresión extraña.

Como si no supiera si reírse o suspirar.

—¿Qué?

—¿Terminaste?

Parpadeé.

—Sí.

—Bien.

Bebió otro sorbo de agua.

—Padre y yo llevamos meses trabajando en eso.

Mi cerebro tardó varios segundos en procesar la frase.

—¿Qué?

—En encontrarlos.

—¿Qué?

—A los desgraciados.

—¿Qué?

—Andrei, deja de repetir "qué".

—¿QUÉ?

Ahora sí se rió.

Yo no.

Porque seguía intentando entender.

—¿Hablas en serio?

—Completamente.

—¿Desde cuándo?

—Desde el mismo día que despertaste.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—¿Y no me dijeron nada?

—Porque estabas ocupado aprendiendo a no caerte mientras sostenías una espada de madera.

—Eso fue una sola vez.

—Fueron siete.

—No importa.

Víctor volvió a sonreír.

Pero esta vez la sonrisa no llegó a sus ojos.

—Padre quería esperar.

—¿Esperar qué?

—A que estuvieras mejor.

La expresión de mi hermano se endureció.

—Y también quería pruebas.

Pruebas reales.

No rumores.

No sospechas.

Pruebas.

Sentí un escalofrío.

—Entonces...

—Estamos cerca.

Mi corazón comenzó a acelerarse.

—¿Qué tan cerca?

Víctor guardó silencio unos segundos.

—Mañana atraparán al primero.

El mundo pareció detenerse.

—¿El primero?

—Sí.

—¿Lo encontraron?

—Sí.

—¿Están seguros?

—Sí.

No sabía qué sentir.

Durante meses había imaginado ese momento.

Meses.

Y ahora que estaba frente a mí...

No parecía real.

—Andrei...

Mi hermano me observó fijamente.

—Voy a preguntarte algo.

Asentí.

—Y quiero que me respondas con sinceridad.

Tragué saliva.

—Está bien.

—Cuando llegue el momento...

Su voz se volvió grave.

Mucho más grave.

—¿De verdad quieres participar?

El viento dejó de importar.

Los pájaros dejaron de importar.

Todo dejó de importar.

Porque por primera vez la venganza había dejado de ser una fantasía.

Y se había convertido en algo real.

estaba comenzando a cansarme de hacerlo.

Andrei no necesitó pensarlo.

Ni siquiera por un segundo.

—Sí.

La respuesta salió firme.

Segura.

Como si llevara meses esperando aquella pregunta.

Víctor lo observó en silencio.

Buscando dudas.

Vacilación.

Miedo.

Pero no encontró ninguna.

Y eso lo preocupó un poco.

Porque una cosa era aprender a usar una espada.

Otra muy distinta era ver sufrir a un hombre.

Escuchar sus gritos.

Ver sangre.

Y una aún más diferente era ser quien la derramaba.

Víctor conocía esa diferencia.

La había aprendido hacía muchos años.

Sin embargo, al mirar a su hermano, vio algo que reconoció inmediatamente.

Determinación.

La misma que había visto cuando Andrei se negaba a abandonar un entrenamiento aun cuando apenas podía mantenerse en pie.

La misma que mostraba cuando se llenaba las manos de ampollas y regresaba al día siguiente como si nada hubiera ocurrido.

Los hombres de su familia eran así.

Una vez tomaban una decisión...

no había vuelta atrás.

Finalmente suspiró.

—Está bien.

Andrei levantó la vista.

—¿De verdad?

—Sí.

Víctor se puso de pie y se sacudió el polvo de los pantalones.

—Esta noche, después de medianoche, iré a buscarte a tu habitación.

El corazón de Andrei dio un salto.

—¿Tan pronto?

—Tan pronto.

La sonrisa de Víctor desapareció.

—Ve a dormir un poco.

Lo necesitarás.

Andrei también se levantó.

—¿Y después?

Por primera vez desde que comenzó aquella conversación, una sonrisa peligrosa apareció en el rostro de Víctor.

Una que no tenía nada de amable.

Nada de cálida.

Nada del hermano bromista que lo hacía correr hasta el agotamiento.

Era la sonrisa de un depredador.

—Después...

Sus ojos brillaron con una intensidad inquietante.

—Nuestra familia irá de cacería.

Un escalofrío recorrió la espalda de Andrei.

Pero no era miedo.

Era anticipación.

Durante meses había esperado este momento.

Durante meses había entrenado pensando en él.

Y ahora estaba a solo unas horas de distancia.

Observó a Víctor alejarse por el sendero.

Y por primera vez comprendió algo.

Gael y Víctor jamás habían olvidado lo ocurrido.

Jamás habían perdonado.

Simplemente habían esperado el momento adecuado.

Y ahora ese momento había llegado.

Andrei regresó a la mansión con el corazón acelerado.

Comió apenas lo suficiente.

Intentó leer.

No pudo concentrarse.

Intentó conversar con Elena.

Terminó respondiendo cualquier cosa.

Incluso Madam Hattie notó que algo ocurría.

Pero nadie insistió demasiado.

Las horas parecían avanzar con una lentitud insoportable.

Hasta que finalmente llegó a su habitación.

El sol comenzaba a ocultarse.

Y la noche se extendía sobre la propiedad.

Siguiendo el consejo de Víctor, se recostó en la cama.

Debía descansar.

Sabía que debía hacerlo.

Pero el sueño tardó en llegar.

Porque cada vez que cerraba los ojos recordaba una habitación desconocida.

Un cuerpo abandonado.

Tres meses de oscuridad.

Y el rostro lloroso de Gael pidiéndole perdón por algo que nunca había sido su culpa.

No.

Lo ocurrido era imperdonable.

Y aunque no conservaba los recuerdos de aquel chico...

sentía el dolor que había dejado atrás.

Sentía la injusticia.

La rabia.

Y esta noche...

haría algo al respecto.

Con ese pensamiento finalmente cerró los ojos.

Y esperó a que llegara la hora de la cacería.

1
amelia bozo
si con el pelirrojo 💕
Alejandra jimenez calderon
que se quede con el pelirojo
Katherine Carcamo Alvarez
me encanta me atrapó desde el principio y espero cada cap con ansias
bendiciones autora y ánimo
Katherine Carcamo Alvarez
me encanta me atrapó desde el principio y espero cada cap con ansias
bendiciones autora y ánimo
Daniel Felipe González Castañeda
victor es mi ídolo. 🤭
Daniel Felipe González Castañeda
autora este libro me tiene con el cristo en la boca. esperando el siguiente capítulo
Daniel Felipe González Castañeda
vamos autora sube mas capitulos, tengo mucha curiosidad 🤭
Daniel Felipe González Castañeda
de locos. creo q me pasaría igual si despertara en un mundo diferente
Daniel Felipe González Castañeda
se nota q el pobre chico tiene muchos traumas.
Daniel Felipe González Castañeda
wooo está novela me engancho desde el primer capítulo. está interesante
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