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De Lastre A Reina

De Lastre A Reina

Status: En proceso
Genre:Hijo/a genio / Traiciones y engaños
Popularitas:10.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Betsi

Cuando la persona que dice amarte se convierte en un extraño y te abandona embarazada diciendo que solo eres un ancla y un lastre en su vida, solo te queda una cosa por hacer: "Convertirte en Reina"

NovelToon tiene autorización de Betsi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que late en medio

Esa noche, Facundo no volvió a su casa de inmediato.

Le dijo al chofer que diera una vuelta más larga por la costanera y se quedó mirando la ciudad a través del vidrio oscuro, como si el movimiento pudiera retrasar una decisión que no terminaba de tomar. Las luces de los depósitos, las grúas detenidas sobre el puerto, la hilera de barcos recortados contra la noche: todo le pertenecía de algún modo y, sin embargo, nada de aquello lograba devolverle la sensación de control. Tenía la vida construida sobre planos sólidos, sobre cifras exactas, sobre la disciplina de quien aprendió muy joven que una caída mal calculada podía costarlo todo. Y aun así, bastó un cuarto de hora en una sala de juntas para dejarle una grieta donde antes solo había estructura.

Elena no había hecho nada que pudiera reprocharse en voz alta. Esa era parte del problema. No había gritado, no había humillado de forma abierta, no había cruzado ninguna línea que el mundo estuviera dispuesto a condenar. Solo se había presentado, había ocupado espacio y había recordado su lugar con la precisión de una mujer que entendía demasiado bien el valor de los símbolos. Facundo conocía esa clase de fuerza. La había admirado en ella durante años. Pero al pensar en la expresión de Isabella al salir de la sala —la rigidez de la espalda, la rabia bajo control, el orgullo negándose a ceder— sintió una incomodidad áspera que no se parecía a la culpa habitual, sino a algo más cercano a la vergüenza.

Le debía a Elena más de lo que cualquier observador externo habría entendido. Le debía noches en las que no preguntó cuando él todavía no tenía respuestas. Le debía la dignidad intacta de ciertos años oscuros, cuando su apellido pesaba más como condena que como herencia. Le debía, incluso, una forma de silencio que nunca se volvió exigencia. Había aceptado ese vínculo porque le parecía justo, porque la gratitud y la costumbre pueden confundirse fácilmente con una promesa sostenible. Lo que nunca había previsto era la irrupción de algo que no entraba en ninguno de esos códigos. Isabella no le pedía nada. Ángel, menos todavía. Y quizá por eso mismo empezaban a ocupar un lugar que no debía existir.

Cerró los ojos un instante y vio, con una nitidez irritante, la mano diminuta de Ángel aferrada al aire, el ceño breve con el que despertaba, el peso exacto de su cuerpo contra el brazo de Isabella. No era suyo. No llevaba su sangre, no heredaba su apellido, no le debía nada. Y, sin embargo, cada vez que pensaba en el niño sentía una clase de responsabilidad que no nacía del deber empresarial ni del impulso protector con el que estaba acostumbrado a gestionar riesgos. Era algo más desordenado, más íntimo, más difícil de disciplinar. Quizá porque Ángel representaba, en su forma más vulnerable, todo aquello que él no había tenido cuando el mundo decidió dejarlo solo.

A la mañana siguiente, Elena Varela pidió que cargaran dos cajas en su automóvil y le indicó al chofer una dirección que hasta entonces solo conocía por los informes de su secretaria.

No iba a presentarse con flores. Le parecían un gesto demasiado transparente, demasiado fácil de traducir. Eligió, en cambio, cosas útiles: una canasta con productos delicados para la recuperación posparto, dos mantas de algodón fino, un humidificador pequeño y una caja cerrada con artículos para recién nacido que su sobrina había usado apenas unas semanas. La cortesía bien administrada siempre había sido una de sus armas más efectivas. No humillaba. No manchaba las manos. Solo instalaba una presencia difícil de rechazar sin parecer ingrata.

Isabella abrió la puerta con Ángel en brazos y una expresión que osciló entre la sorpresa y el fastidio antes de recomponerse. Llevaba el cabello recogido de cualquier manera y una blusa sencilla que no terminaba de cerrar del todo en el pecho. Había cansancio en su rostro, uno real, sin maquillaje ni estrategia, y Elena comprendió de inmediato por qué esa mujer resultaba tan incómoda: porque incluso agotada conservaba una especie de gravedad imposible de ignorar.

—Señora Varela —dijo Isabella, sin apartarse todavía de la entrada.

—No vengo a quedarme —respondió Elena con una serenidad impecable—. Le traje algunas cosas. Puede rechazarlas si lo prefiere, pero me pareció descortés no hacerlo después de nuestra conversación de ayer.

Isabella sostuvo su mirada un segundo demasiado largo. Luego, quizá porque el niño empezaba a moverse inquieto contra su pecho o quizá porque negarse a una cortesía tan bien envuelta habría sido concederle a Elena una victoria distinta, abrió un poco más la puerta.

—Déjelas en la mesa del comedor.

La casa era luminosa sin ostentación. Había mantas dobladas sobre el sillón, una taza a medio terminar sobre la mesada y el leve desorden de una vida recién trastocada. Elena dejó las cajas donde Isabella indicó y, solo entonces, permitió que su atención descansara por completo en el niño. Ángel tenía los ojos abiertos, oscuros y serios, como si observara el mundo con una gravedad impropia de su tamaño. Una de sus manos se agitó en el aire hasta rozar la cadena fina del cuello de Isabella. Ese gesto mínimo, torpe y absoluto, le produjo a Elena una punzada inesperada. No de ternura simple. De comprensión.

—Es hermoso —dijo Elena al cabo de unos segundos.

No sonó falsa. Tampoco cálida. Sonó a verdad dicha con cautela, como si todavía no supiera qué lugar darle dentro de sí misma.

Ángel emitió un sonido breve, apenas un quejido curioso, y giró el rostro hacia la voz de Elena. Por reflejo, ella extendió un dedo hacia él sin llegar a tocarlo del todo. El bebé cerró la mano en el aire, buscando. La escena duró apenas un segundo, pero fue suficiente. Elena entendió con una lucidez casi cruel que aquel niño no era solo un apéndice de Isabella, ni un detalle más en una vida desordenada. Era un centro. Un núcleo de gravedad alrededor del cual podían empezar a reorganizarse afectos, cuidados y lealtades. Y eso lo volvía mucho más peligroso de lo que había imaginado.

—No esperaba que viniera personalmente —dijo Isabella. No había hostilidad abierta en su voz, pero sí un límite claro.

Elena alisó una arruga inexistente en la manga de su abrigo.

—A veces es mejor mirar las cosas de cerca antes de decidir qué lugar ocuparán en la propia vida.

Isabella comprendió que aquello no era una confesión ni una amenaza directa. Era algo más inquietante: una declaración de permanencia. Elena no pensaba marcharse. Ni del mundo de Facundo, ni del suyo. La diferencia era que ahora ya no operaría solo desde los salones o las oficinas, sino también desde este espacio doméstico donde dormía su hijo, donde el cansancio la encontraba despeinada y donde ninguna armadura terminaba de ajustarle bien.

—Entonces elija con cuidado —respondió.

Elena sostuvo su mirada una última vez, asintió con una cortesía impecable y se dirigió hacia la puerta. Al salir, no volvió la vista atrás.

Más tarde, cuando Facundo recibió el mensaje escueto de Elena —Ya la he conocido. Y también al niño.—, permaneció varios segundos mirando la pantalla sin responder. En el piso alto de su oficina, con la ciudad extendida bajo sus pies y el peso de dos vidas tirando de él en direcciones opuestas, entendió que el conflicto había dejado de ser abstracto. Ya no se trataba solo de lealtad, deseo o costumbre. Ahora había un niño en medio. Un niño que no pedía nada y, por eso mismo, lo cambiaba todo.

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Emperatriz Reales
No entiendo nada, son unos huevos sin sal, ella no cree en nadie, el no se separa de una novia de 15 años de compromiso, viejos los dos y todavia no les llega la edad para casarse, no entiendo nada
Lilia Guerra
Facundo das penita ajena Autora he leído todas tus historias y son mis favoritas pero a esta no le encuentro ni 👣 ni cabeza 🗣️ es totalmente diferente a las anteriores 🤔🤔 gracias autora activa 👍🎁
Emperatriz Reales: No es clara lo q se trasmite, una mujer engañada, abandonada, sale adelante, hasta ahí estuvo bien, pero todo complicado, la vida sigue, 🤣 un tipo no se decide, no entiendo, arrepentido, una locura
total 1 replies
mariela
Ahora Julian después de que abandonaste a Isabella embarazada vienes a irrumpir en la vida porque no sabes que hacer con el hecho que tienes ese hijo que abandonaste junto a su madre no lo merece siendo ella no dejo ni que lo vea no tiene derecho.
mariela
Elena y Facundo esta como la canción es verdad que la costumbre es mas fuerte que el amor y todavía esta inseguro de lo que siente por Isabella y ahora que anda Julian rondando esta celoso aparte que Angel al no tener hijos se convirtió en algo importante en su vida total que por costumbre o lástima no deja a Elena.
Sandra Maritza Mesa
yo tampoco entiendo esa relación trato de verla por todos ángulos y no encuentro respuesta llevan 15 años párese unos buenos conocidos
Sandra Maritza Mesa
es enserio es idiota o se hace 🤣🤣 necesita escuchar que le digan que si desgraciado
Sandra Maritza Mesa
que señora tan atrevida pare suegra tóxica 🤣las mujeres pelean cuando siente que lo que tiene no le pertenece.
Sandra Maritza Mesa
hay ahora sí llore de tanta felicidad y esperanza 👏👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
hay casi lloro de la preocupación hay Facundo te vas a meter poquito a poquito 👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
esa es 👏👏se que lo van a lograr
Sandra Maritza Mesa
ella era su base, quiero ver la cara de idiota,y perder una gran mujer y a su hijo 🤣👏👏
Sandra Maritza Mesa
me encanta las novelas que destruyen por dentro a alguien pero el karma es mi esperanza, que empodera y transforma, desgraciado lo veré arrastrado simplemente no la amaba porque cual era el problema de salir adelante juntos ahora le tocaba a él ayudar la a ella es un imbécil pero quiero verlo arrastrado 🤣 está buena 👏👏
Claudia Patricia Cruz Saa
Entonces sí eran pareja o no
Autora dramatisas mucho en cada capítulo y describes demasiado cosas que no son tan importantes y esto evita que avances con la historia y aclares lo verdaderamente importante
Sandra Maritza Mesa: si loca 🤣 no solté la novela hasta que llegue aquí, quiero máaaaaaaaaaas está buena 👏👏
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Isela Aguirre
excelente inicio felicidades autora saludos
Lilia Guerra
listo Facundo y Elena son pareja
ósea marido y mujer
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena no sé sin novio marido y mujer, compañero de trabajo, amigos 🤔🤔
necesito claridad en esa relación
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena 🤔🤔
gracias autora activa 🎁👍
mariela
Desde su embarazo y el negocio que hicieron hay química el problema es Elena que no deja a Facundo sabiendo que el agradecimiento no es amor.
mariela
Que comodidad Julian el no sabia claro que sabias que cuando te fuiste ella te dijo que estaba embarazada pero como ella era un lastre en tu vida te hiciste la vista gorda no me importa y ahora que ves a Ángel interactuando con Facundo con familiaridad te da escozor de lo que te haz perdido nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Lilia Guerra
He leído todos los capítulos
y todavía no entiendo esa relación
de Facundo y Elena🤔🤔
Emperatriz Reales: No hay ninguna relacion, dos tontos enamorados el con un compromiso de antaño, 15 años comprometidos y no tienen edad para casarse, angel los va alcanzar en edad, y isabela, no se sabe q sienye
total 1 replies
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