NovelToon NovelToon
1 Soy Mitad Humana Y Demonio

1 Soy Mitad Humana Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Venganza / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Pensé que después de ayer…

todo iba a sentirse más fácil.

No lo fue.

Fue peor.

Mucho peor.

Desperté antes de que sonara la alarma.

Otra vez.

Pero esta vez no fue por miedo.

Fue porque algo no estaba bien.

Lo supe en el instante en que abrí los ojos.

No había ruido.

No había movimiento.

Pero mi cuerpo ya estaba en alerta.

Mi respiración no era normal.

Mi pulso tampoco.

Y mi energía…

no estaba estable.

Me incorporé lentamente en la cama.

Demasiado consciente de cada movimiento.

Como si cualquier cosa pudiera hacer que algo dentro de mí reaccionara.

—No… —murmuré.

Cerré los ojos.

Respira.

Inhala.

Exhala.

Intenté lo mismo.

Lo que había funcionado.

Pero esta vez—

no respondió igual.

La sensación estaba ahí.

Pero más… errática.

Como si no siguiera el mismo ritmo.

Como si algo la estuviera empujando desde adentro.

Abrí los ojos de golpe.

—No puede ser…

Ayer había funcionado.

Ayer lo controlé.

Entonces—

¿por qué ahora se sentía peor?

Me llevé una mano al pecho.

La presión no era fuerte.

Pero era constante.

Inquieta.

Molesta.

Como si algo estuviera intentando salir… pero no encontrara cómo.

—Contrólate… —susurré.

Pero esta vez…

no sonó convincente.

La escuela fue un error.

Desde que crucé la puerta lo supe.

Demasiada gente.

Demasiado ruido.

Demasiadas emociones.

Todo golpeando al mismo tiempo.

Mi energía reaccionó.

No fuerte.

Pero sí constante.

Como si cada estímulo…

la empujara un poco más.

—Genial… —murmuré.

Caminé por el pasillo.

Intentando ignorarlo.

Intentando parecer normal.

Pero cada voz.

Cada risa.

Cada movimiento—

se sentía demasiado.

Como si mi cuerpo no supiera filtrar nada.

—Esto no está bien…

Mis pasos se hicieron más rápidos.

No huía.

Pero tampoco me quedaba.

Porque si esto seguía así…

no sabía cuánto tiempo iba a poder sostenerlo.

Entré al salón.

Me senté.

Respiré.

Otra vez.

Pero no ayudó.

Porque ahora no era solo sensación.

Era reacción.

Mi energía se movía sola.

Pequeños pulsos.

Irregulares.

Inestables.

—No… —susurré.

Mis dedos se tensaron sobre la mesa.

El lápiz vibró apenas.

Lo solté de inmediato.

Miré alrededor.

Nadie lo notó.

Todavía.

—Concéntrate…

Inhala.

Exhala.

Pero cada intento…

se rompía antes de completarse.

Porque algo más—

estaba interfiriendo.

Algo interno.

Algo nuevo.

Algo que no había sentido antes.

Y eso—

era peor que cualquier amenaza externa.

—Estrella.

Levanté la mirada de golpe.

El profesor.

—¿Puedes responder?

Silencio.

No había escuchado la pregunta.

—Yo…

Mi voz falló.

No por nervios.

Por distracción.

Por saturación.

—No.

La respuesta salió más seca de lo que esperaba.

Algunos se rieron.

No me importó.

Porque en ese instante—

sentí algo.

Diferente.

No como el rastreador.

No como antes.

Más… preciso.

Más dirigido.

Mi respiración se detuvo.

—No puede ser…

No era externo.

No venía de fuera.

Venía de—

alguien.

Giré lentamente.

Sin pensarlo demasiado.

Y lo vi.

A unos asientos de distancia.

Observándome.

No sorprendido.

No confundido.

Como si hubiera estado esperando ese momento exacto.

—Adrik…

Lo dije sin voz.

Pero él lo supo.

Lo sostuvo.

La mirada.

Más seria que nunca.

Y por primera vez…

no había distancia en eso.

Había urgencia.

Algo estaba mal.

Y esta vez…

no era solo conmigo.

No apartó la mirada.

Ni un segundo.

Eso fue lo primero que me hizo tensarme más.

Porque él no miraba así.

No en la escuela.

No frente a todos.

No… tan directo.

Algo estaba mal.

Y lo sabía.

Mi respiración se volvió más superficial.

Intenté romper el contacto.

Mirar hacia otro lado.

Fingir.

Pero no pude.

Porque justo en ese momento—

mi energía reaccionó.

Un pulso.

Pequeño.

Pero suficiente.

El aire a mi alrededor vibró apenas.

El borde del cuaderno se movió.

Y eso—

no pasó desapercibido.

Sus ojos cambiaron.

Más oscuros.

Más enfocados.

—No… —murmuré.

Bajé la mirada de inmediato.

Demasiado tarde.

—Estrella.

La voz del profesor otra vez.

Levanté la cabeza.

—¿Sí?

—¿Todo bien?

Mentira fácil.

—Sí.

Pero no sonó convincente.

Para nada.

—Entonces presta atención.

Asentí.

Automático.

Pero ya no estaba ahí.

No realmente.

Porque mi energía seguía moviéndose.

Irregular.

Inestable.

Peor que antes.

Como si algo dentro de mí…

no encajara.

Como si estuviera intentando ajustarse…

y fallando.

—Esto no está pasando… —susurré.

—Sí está pasando.

La voz llegó baja.

Cerca.

Demasiado cerca.

Mi cuerpo reaccionó al instante.

Giré.

Y ahí estaba.

A mi lado.

No en su lugar.

No a distancia.

Ahí.

Como si siempre hubiera estado sentado junto a mí.

—¿Qué haces? —susurré, tensando la mandíbula—. No puedes—

—Cállate —murmuró.

No brusco.

Pero firme.

Y eso—

me hizo callar.

Sus ojos no estaban en mí.

Estaban en mis manos.

En cómo temblaban.

En cómo mi energía las hacía vibrar apenas.

—No lo estás sosteniendo —dijo en voz baja.

—Lo sé—

—No.

Ahora sí me miró.

Directo.

—No lo estás entendiendo.

El golpe fue inmediato.

—¿De qué hablas?

Se inclinó apenas.

Lo suficiente para que nadie más lo escuchara.

—No es descontrol.

Fruncí el ceño.

—Entonces ¿qué es?

Una pausa.

Corta.

Pero cargada.

—Está cambiando.

Mi respiración se detuvo.

—¿Qué?

—Tu energía —añadió—. Ya no responde igual.

El frío recorrió mi espalda.

—Eso no es posible.

—Lo es.

Su voz no dudó.

—Y si sigue así—

Se detuvo.

Pero no porque no supiera qué decir.

Porque eligió no decirlo.

—¿Qué? —exigí en susurro.

Silencio.

Sus ojos volvieron a mis manos.

Y entonces—

las sujetó.

Rápido.

Firme.

Debajo del escritorio.

Oculto.

Pero real.

Mi cuerpo se tensó.

—¿Qué estás—?

—Quédate quieta.

Mi respiración se desordenó.

No solo por la cercanía.

Por lo que estaba pasando.

Porque esta vez…

no estaba ayudando a calmarme.

Estaba—

conteniendo algo.

—No intentes controlarlo —murmuró—. No ahora.

—¿Entonces qué hago?

—Nada.

Eso me hizo mirarlo.

—Eso no ayuda.

—Es lo único que puedes hacer.

Su agarre se ajustó apenas.

No fuerte.

Pero seguro.

—Si fuerzas el control ahora —añadió— lo vas a empeorar.

Mi pulso se aceleró.

—¿Empeorar qué?

Silencio.

Otra vez.

Pero esta vez…

pesado.

—El cambio.

Eso—

no me gustó.

Para nada.

Mi energía reaccionó.

Otra vez.

Más fuerte.

Más errática.

—No… —susurré.

Mis manos temblaron dentro de las suyas.

Y esta vez—

no fue leve.

El escritorio vibró apenas.

Una pluma rodó.

Un par de miradas se levantaron.

—Adrik…

Mi voz ya no era firme.

—No puedo—

—Sí puedes.

Pero esta vez…

no sonó seguro.

Eso fue lo peor.

Porque si él no estaba seguro—

entonces esto…

era peor de lo que parecía.

No estaba funcionando.

Nada de esto estaba funcionando.

Quedarme quieta.

Respirar.

No forzar.

Nada.

Mi energía seguía moviéndose.

Peor.

Más rápida.

Más inestable.

Como si ignorarla…

solo la estuviera acumulando.

—No… —murmuré.

Mis manos temblaron dentro de las suyas.

Ya no leve.

Más evidente.

Más difícil de ocultar.

—Adrik… —susurré—. Esto no está bajando.

Él no respondió de inmediato.

Pero su agarre cambió.

Más firme.

Más tenso.

—Lo sé.

Eso—

no ayudó.

Para nada.

Mi respiración se rompió.

—No puedo sostenerlo—

—No lo sostengas.

—Entonces ¿qué hago?

Silencio.

Y eso fue suficiente para entenderlo.

No sabía.

O peor—

no había opción buena.

La presión subió.

De golpe.

Sin aviso.

Mi energía reaccionó.

Violenta.

Un pulso salió de mí.

Más fuerte que los anteriores.

El escritorio vibró.

Pero esta vez—

no fue solo el mío.

El de enfrente también.

Y el de al lado.

Un sonido seco.

Una silla se movió.

—¿Qué fue eso?

Alguien habló.

No pude ver quién.

Porque en ese instante—

mi visión se nubló.

No completamente.

Pero lo suficiente.

—No… —susurré.

Mi cuerpo se tensó.

Todo.

Como si algo dentro de mí…

estuviera empujando con más fuerza.

—Estrella —dijo él.

Su voz cambió.

Más baja.

Más urgente.

—Mírame.

Negué apenas.

—No puedo—

—¡Mírame!

Lo hice.

Y eso—

fue un error.

Porque en cuanto conecté con él—

mi energía reaccionó aún más.

Como si respondiera a su presencia.

Como si—

lo reconociera.

—Eso es lo que está mal… —murmuró.

No para mí.

Para él.

—¿Qué? —pregunté, sin aire.

Pero ya no explicó.

Porque ya no había tiempo.

La presión explotó.

No como antes.

Peor.

Más extendida.

Más visible.

El aire vibró con fuerza.

Los vidrios de las ventanas temblaron.

Un cuaderno salió disparado de una mesa.

—¡¿Qué está pasando?!

Gritos.

Sillas moviéndose.

Confusión.

Todo al mismo tiempo.

—¡Estrella, detente!

Pero no era el profesor.

Era él.

Y esta vez—

no sonó como orden.

Sonó como advertencia.

Mi respiración se rompió por completo.

—No puedo—

Mi voz se quebró.

Real.

—¡No puedo!

Mi energía subió otra vez.

Más.

Más.

Sin control.

El foco sobre nosotros parpadeó.

Una vez.

Dos.

Tres—

y explotó.

El sonido fue seco.

Fuerte.

Demasiado real.

Un grito.

Alguien se agachó.

Otro empujó una silla.

El caos empezó.

Y yo—

estaba en el centro.

—Maldición—

Adrik se levantó de golpe.

Su silla cayó hacia atrás.

—Nos vamos.

No fue pregunta.

No fue opción.

Fue decisión.

—No puedo moverme—

Era verdad.

Mi cuerpo no respondía.

—Entonces yo lo hago.

Sus manos volvieron.

Más firmes.

Más directas.

Me sostuvo del brazo.

—¡Levántate!

Mi cuerpo reaccionó tarde.

Pero reaccionó.

Me puse de pie.

Inestable.

Mi energía volvió a expandirse.

Más caótica.

Más peligrosa.

—No la dejes salir —dijo.

—¡No sé cómo!

—Entonces no pienses.

Eso—

no tenía sentido.

Pero ya nada lo tenía.

—¡Vámonos!

Y esta vez—

no esperó.

Me jaló.

Directo.

Fuera del salón.

Mientras detrás de nosotros—

el caos apenas comenzaba.

El pasillo no estaba preparado para eso.

Ni yo.

Ni nadie.

Mis pasos eran torpes.

Inestables.

Cada movimiento se sentía retrasado… como si mi cuerpo ya no estuviera completamente sincronizado conmigo.

—Sigue —dijo él.

Su mano no me soltaba.

Firme.

Guiándome.

No suave.

Necesario.

—No puedo—

Mi voz salió rota.

No por miedo.

Por saturación.

—Sí puedes.

Pero ya no sonó seguro.

Sonó forzado.

Y eso—

no ayudó.

El ruido del salón detrás de nosotros se intensificó.

Gritos.

Confusión.

Pasos.

Alguien abrió la puerta.

—¿Qué pasó ahí?

No respondimos.

No nos detuvimos.

Porque si lo hacíamos—

sabía que iba a empeorar.

—Más rápido —murmuró.

—Estoy intentando—

Mi energía volvió a reaccionar.

Un pulso.

Más pequeño.

Pero inestable.

El aire a nuestro alrededor vibró.

Un casillero tembló apenas.

—No—

Mi respiración se desordenó otra vez.

—No está bajando…

—Lo sé.

Otra vez esa respuesta.

Vacía.

Frustrante.

—Entonces haz algo—

Se detuvo.

De golpe.

Eso me obligó a detenerme también.

Mal.

Muy mal.

Porque en cuanto me quedé quieta—

la presión volvió.

Más concentrada.

Más intensa.

—No debimos venir —dije.

Más para mí que para él.

—No es eso.

Lo miré.

—Entonces ¿qué es?

Silencio.

Sus ojos recorrieron mi rostro.

Mis manos.

Mi respiración.

Como si estuviera armando algo.

Como si algo finalmente encajara.

Y eso—

me asustó más que todo lo anterior.

—No está reaccionando al entorno —dijo.

Mi pulso se aceleró.

—¿Qué?

—Ni al ruido.

Ni a la gente.

Ni al estrés.

Una pausa.

Corta.

Pesada.

—Está reaccionando a mí.

El mundo se detuvo un segundo.

—No…

Negué de inmediato.

—Eso no tiene sentido.

—Lo tiene.

Su voz fue baja.

Más firme de lo que había sido en todo el día.

—Desde que te sentaste.

Desde que te acerqué.

Desde que te toqué.

Cada vez—

empeoró.

Mi respiración se cortó.

—Eso no es posible…

Pero lo era.

Lo sentí.

Ahora.

Más claro.

Más directo.

Mi energía reaccionó.

Otra vez.

Más fuerte.

Solo por estar ahí.

Con él.

—Aléjate… —susurré.

No fue una orden.

Fue instinto.

Él no se movió.

—Si me alejo ahora—

—¡Hazlo!

Mi voz se quebró.

Pero salió.

—Porque si esto es por ti…

entonces tú eres el problema.

Silencio.

Pesado.

Directo.

Eso—

no le gustó.

Lo vi.

Pero tampoco lo negó.

Eso fue peor.

—No soy el problema —dijo finalmente.

—Entonces demuéstralo.

Mi energía volvió a subir.

Más rápida.

Más inestable.

—Porque si no te alejas—

mi voz bajó.

Peligrosa.

—voy a perder el control otra vez.

Sus ojos no se apartaron de los míos.

Ni un segundo.

Evaluando.

Decidiendo.

Como siempre.

Pero esta vez…

era diferente.

Porque ahora la variable era él.

Y eso—

lo cambiaba todo.

Un segundo.

Dos.

Y entonces—

dio un paso atrás.

Solo uno.

Pero fue suficiente.

La presión bajó.

No completamente.

Pero lo suficiente para sentir la diferencia.

Mi respiración se estabilizó apenas.

—…lo ves —murmuré.

No era victoria.

Era confirmación.

El silencio se volvió más denso.

Más incómodo.

Porque ahora ya no era teoría.

Era real.

—Esto no es normal —dije.

—No.

Su respuesta fue inmediata.

—Entonces ¿qué es?

Una pausa.

Y por primera vez desde que lo conocía—

dudó.

No completamente.

Pero lo suficiente.

—Conexión.

Esa palabra—

no me gustó.

Para nada.

—¿Conexión de qué?

Sus ojos se fijaron en los míos.

Más profundos.

Más serios.

—De poder.

El aire se volvió frío.

—Eso no tiene sentido.

—Lo tendrá.

Esa respuesta—

no tranquilizaba.

Para nada.

Mi energía reaccionó otra vez.

Más leve ahora.

Pero constante.

—¿Y eso qué significa? —pregunté.

Más bajo.

Más tenso.

—Que si no lo controlas—

una pausa.

Corta.

Pero suficiente.

—no solo te vas a destruir tú.

Mi respiración se detuvo.

—¿Entonces?

Silencio.

Directo.

Pesado.

—Me vas a arrastrar contigo.

El golpe fue inmediato.

Brutal.

—No…

Pero no sonó como negación.

Sonó como miedo.

Porque una parte de mí—

lo creyó.

Y eso—

era mucho peor que perder el control.

1
Maria De Jesus Tirado Rodriguez
quedó inconclusa tan interesante que estaba 😭
CristyGry: también te invito a leer el libro 0.5 que es como la historia de los papás de estrella y de cómo Federico se hizo malo
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play