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BAJO LAS ALAS DEL AMOR

BAJO LAS ALAS DEL AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Tras un matrimonio que se desmorona en el silencio y la indiferencia, un encuentro fortuito la sumerge en la vorágine de una pasión que jamás creyó posible. Alejandro, un hombre enigmático y arrollador, emerge de entre las sombras de su pasado, trayendo consigo no solo un amor avasallador, sino también un turbulento secreto que podría destruirlos.

Isabella, una mujer que ha luchado por mantener en pie su independencia y su corazón, se ve arrastrada a un mundo de deseo incontrolable y decisiones prohibidas. A medida que sus cuerpos se entrelazan en encuentros que desafían toda convención, también lo hacen sus almas, forjando un vínculo que es tan peligroso como irresistible. Pero el camino del amor verdadero nunca es sencillo.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

La confesión de Alejandro había derribado la última muralla que Isabella había levantado a su alrededor. Durante los días siguientes, ya no hubo luchas internas, ni intentos de huida, ni razones que pudieran pesar más fuerte que lo que sentía su corazón. La culpa seguía ahí, sí, pequeña y lejana, pero ya no tenía poder sobre ella. Porque ahora sabía que lo que había entre ellos no era un capricho, ni un error, ni algo pasajero. Era amor, en su forma más pura, intensa y arrolladora. Y ese amor, que había permanecido reprimido durante tanto tiempo, ahora pedía a gritos todo lo que le pertenecía.

Una noche, Leonardo tuvo que viajar por negocios, dejando la mansión sumida en el silencio y la soledad de siempre. Apenas supo que estaba solo, Isabella envió un mensaje, corto y definitivo: “Esta noche. Quiero estar contigo”. Y él respondió casi al instante: “Te espero. Nadie nos molestará”.

El lugar era un pequeño apartamento que Alejandro tenía en el centro de la ciudad, un refugio privado, alejado de miradas curiosas, de la sociedad, de las reglas y del mundo entero. Cuando Isabella llegó, con el corazón latiéndole desbocado en el pecho, él ya estaba esperándola en la puerta. No hubo palabras innecesarias, ni saludos formales. Solo sus miradas se encontraron, y en ese cruce hubo todo lo que necesitaban decirse: deseo, amor, necesidad, entrega.

Alejandro la hizo pasar, cerró la puerta tras de ella y, antes de que ella pudiera dar un paso más, la tomó entre sus brazos y la besó. Fue un beso diferente a los anteriores. Ya no había prisa, ni miedo, ni urgencia de esconderse. Fue un beso lento, profundo, lleno de promesas y de la certeza de que, por fin, eran libres de amarse. Sus labios se movieron al unísono, reconociéndose, memorizándose, mientras sus manos recorrían su espalda, atrayéndola contra su cuerpo hasta que no quedó ni un milímetro de distancia entre ambos.

—Te he esperado tanto tiempo… —susurró él contra su boca, con voz ronca de emoción—. Toda mi vida te he estado esperando, Isabella.

—Y yo a ti —respondió ella, abrazándolo con fuerza, dejándose llevar completamente—. No sabía que se podía sentir esto… tan fuerte, tan real.

Poco a poco, sin dejar de tocarse ni de mirarse, comenzaron a caminar hacia la habitación, guiándose solo por la luz tenue de las lámparas y el brillo de sus propios ojos. Allí, bajo la luz suave y cálida, comenzó el momento que ambos habían soñado. Alejandro se detuvo frente a ella, y con una ternura infinita, comenzó a desabrochar su vestido, con movimientos lentos y cuidadosos, como si estuviera descubriendo algo sagrado, algo precioso que debía ser tratado con devoción. La tela cayó suavemente al suelo, dejándola solo con su ropa interior, expuesta ante él, pero sin sentir vergüenza, sino solo una inmensa confianza.

Alejandro la miró de arriba abajo, con una admiración que hizo que la piel de ella se erizara, y luego pasó sus manos por sus hombros, por sus brazos, por su cintura, como si quisiera grabar cada curva, cada rincón de su cuerpo en su memoria.

—Eres la mujer más hermosa que he visto jamás —le dijo, bajando la cabeza para depositar besos suaves sobre su hombro, sobre su cuello, sobre su clavícula, besos que encendían fuego allí donde tocaban—. Cada parte de ti es perfecta. Cada parte de ti es mía.

Isabella, temblando de placer y anticipación, hizo lo mismo con él. Sus manos, un poco torpes por la emoción, desabrocharon su camisa, la apartaron y por fin pudo ver su torso desnudo, fuerte, cálido, marcado por una vida de esfuerzo y pasión. Al tocar su piel, sintió una corriente eléctrica recorrerla entera, una sensación de pertenencia absoluta.

Cuando por fin ya no hubo barreras de tela entre ellos, cuando sus cuerpos quedaron desnudos, uno frente al otro, fue como si dos mitades que siempre se habían buscado se unieran por fin. Alejandro la acostó suavemente sobre la cama, se colocó a su lado y se apoyó sobre ella, sin pesar, sosteniéndose con sus brazos, mirándola a los ojos con una intensidad que le robaba el aliento.

—¿Estás segura? —le preguntó, con una dulzura que contrastaba con el fuego que ardía en su mirada—. Dime si quieres parar, y pararé ahora mismo. Pero si sigues… Isabella, esto será para siempre.

Ella levantó las manos, acarició su rostro, sus cabellos, su pecho, y respondió con una sonrisa llena de amor y deseo:

—No quiero parar. Nunca. Quiero todo lo que me puedas dar. Quiero ser tuya, Alejandro. Completamente tuya.

El momento en que se unieron fue algo más que físico. Fue como si todo lo que habían sentido, todo lo que habían callado, todo lo que habían anhelado durante semanas, estallara en un solo instante. Fue lento, profundo, lleno de miradas, de suspiros, de nombres susurrados al oído. No fue solo placer, aunque el placer fuera inmenso, desconocido, un fuego que recorría cada fibra de su ser, haciéndola sentir viva como nunca antes. Fue conexión. Fue comprensión mutua. Fue como si sus almas se entrelazaran al mismo ritmo que sus cuerpos, sellando un pacto silencioso que ninguna ley, ni matrimonio, ni sociedad podría romper jamás.

Isabella descubrió que su cuerpo, que había permanecido dormido y olvidado durante años, tenía mil sensaciones nuevas, mil respuestas que solo Alejandro podía despertar. Descubrió que podía temblar, podía gemir, podía pedir más, podía entregarse sin reservas. Y Alejandro, a su vez, descubría en ella una pasión y una dulzura que lo desarmaban por completo, haciéndole entender que nunca había amado, ni había sido amado, hasta ese momento.

Cada movimiento, cada roce, cada beso era una promesa. “Te amo”, decían sus cuerpos. “Soy tuyo”, respondían los suyos. Y cuando llegaron juntos al momento culminante, en un estallido de luz y sensaciones, se abrazaron con fuerza, fundiéndose en uno solo, respirando el mismo aire, latiendo al mismo ritmo.

Permanecieron así, abrazados, desnudos y envueltos en las sábanas, mucho tiempo después, sin querer separarse ni un milímetro. Isabella tenía la cabeza apoyada en su pecho, escuchando los latidos fuertes y tranquilos de su corazón, sintiendo el calor de su piel contra la suya. Se sentía completa, por primera vez en mucho tiempo se sentía ella misma, entera, llena.

Alejandro le acariciaba el cabello despacio, en silencio, besando su frente de vez en cuando. No hacían falta palabras. Lo que acababa de pasar era más que suficiente para explicarlo todo. Habían cruzado la línea, sí. Habían roto todas las reglas, todas las normas, todos los votos. Pero al hacerlo, habían encontrado la verdad. Habían encontrado el amor. Y ese amor, sellado esa noche con sus cuerpos y sus almas, era un juramento que duraría para siempre.

—Ahora sí, mi vida —susurró él finalmente, apretándola más contra sí—. Ahora ya nada ni nadie podrá separarnos.

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Miriam Ramirez
buenisima autora espero la siguiente historia gracias x compartir su talento un abrazo y asta pronto👏👏👏👏👏👏👏👏🥰 drsde Santiago de Cali Valle
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