En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
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cap 1
🖤 Bajo la Piel del Hielo (Versión Oscura)
Capítulo 1 — La jaula no es de oro
El olor fue lo primero que la golpeó.
Humedad.
Moho.
Hierro oxidado.
Elena abrió los ojos lentamente, con la cabeza latiéndole y el cuerpo entumecido. Tardó unos segundos en entender dónde estaba… o mejor dicho, en aceptar que no reconocía absolutamente nada.
El techo era bajo, manchado.
Las paredes, sucias.
El suelo… frío y húmedo.
—Perfecto… —murmuró con la voz ronca.
Intentó moverse.
Las manos atadas.
Los tobillos también.
Una cadena corta la mantenía contra una columna.
—Qué elegancia —susurró con sarcasmo.
Un ruido metálico interrumpió el silencio.
La puerta se abrió con un chirrido desagradable.
Dos hombres entraron.
Ropa descuidada. Miradas pesadas.
—Mirá, ya despertó —dijo uno, con una sonrisa torcida.
—Pensé que se nos moría —agregó el otro.
Elena no respondió.
Los miró.
Solo eso.
Y eso fue suficiente para irritarlos.
—¿Qué mirás? —gruñó el primero.
Ella inclinó apenas la cabeza.
—Intento entender qué tan bajo pueden caer.
El golpe llegó sin aviso.
Su cara giró hacia un lado.
El sabor metálico de la sangre llenó su boca.
Pero no gritó.
No dijo nada.
Volvió a mirarlo.
Eso…
No les gustó.
—A esta le vamos a tener que enseñar rápido —murmuró el segundo.
—Tranquilo —respondió el primero—. El jefe quiere que dure.
Silencio.
Elena escupió un poco de sangre al suelo.
—Qué suerte la mía.
El hombre la agarró del cabello.
—Cerrá la boca.
Ella no se resistió.
Pero tampoco bajó la mirada.
—¿Siempre son así de patéticos o hoy es un día especial?
El segundo hombre soltó una risa.
—Esta no entiende nada.
—No —respondió el primero—. Esta necesita entender.
La soltó de golpe.
—Después vemos cuánto le dura la boca.
Los dos salieron, cerrando la puerta con fuerza.
Elena quedó sola otra vez.
Respirando despacio.
El dolor en la cara… soportable.
La situación… no.
Miró alrededor otra vez.
Oscuridad. Suciedad. Encierro.
—Bien… —susurró—. Entonces así empieza.
Pasaron horas.
O quizás más.
En ese lugar era imposible saberlo.
El frío se metía en los huesos.
El silencio pesaba.
Y el olor… no se iba.
Cuando la puerta volvió a abrirse, el ambiente cambió.
No por la luz.
Por la presencia.
Pasos firmes.
Lentos.
Seguros.
Elena levantó la mirada.
Y lo vio.
Luca Moretti.
Impecable.
Oscuro.
Limpio.
Como si perteneciera a otro mundo.
Sus ojos recorrieron el lugar con desinterés… hasta llegar a ella.
Silencio.
Largo.
—Esperaba más —dijo finalmente.
Su voz era baja.
Fría.
Sin emoción.
Elena lo observó.
—Yo no esperaba nada… y aun así lograste decepcionarme.
Uno de los hombres tensó el cuerpo.
—Jefe, la hago callar—
—No —lo detuvo Luca sin mirarlo—. Quiero escuchar cuánto tarda en romperse.
Se acercó.
Paso a paso.
Sin apuro.
Como si estuviera viendo algo que no le importaba… pero le entretenía.
Se detuvo frente a ella.
La miró desde arriba.
—¿Así que vos sos… la que arruinó todo?
Elena frunció apenas el ceño.
—No sé de qué hablás.
Luca se agachó.
A su altura.
—No mientas —dijo—. Ni siquiera sos buena para eso.
Elena sostuvo su mirada.
—Y vos ni siquiera sabés a quién tenés enfrente.
Eso fue suficiente.
Luca la tomó del mentón con fuerza.
—Sé exactamente lo que sos.
Silencio.
—Un error.
La soltó de golpe.
Se levantó.
—Y los errores… se corrigen.
Elena respiró hondo.
Pero no se quebró.
—Entonces corregí el tuyo y dejame ir.
Luca la miró.
Y por primera vez…
Sonrió.
Pero fue una sonrisa fría.
Vacía.
—No —dijo—. Esto recién empieza.
Se giró hacia los hombres.
—No le den comida hasta mañana.
—Jefe—
—Quiero ver cuánto dura cuando deje de creerse fuerte.
Se dirigió a la puerta.
Pero antes de salir, se detuvo.
Sin mirarla.
—Ah… y si vuelve a hablar así…
Silencio.
—Golpéenla. Pero no la marquen demasiado.
La puerta se cerró.
El sonido retumbó en la habitación.
Elena quedó inmóvil unos segundos.
Luego…
Soltó una risa leve.
Cansada.
—Estás más roto vos que yo… —murmuró.
Pero en el fondo sabía algo:
Esto no era un juego.
Y él…
No iba a parar.