Hay perdidas que te quitan las ganas de vivir. Ainara perdió a su bebé antes de conocerlo por culpa de la negligencia de su esposo.
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Cancha
Josué no pedía una hermanita por capricho, sabía que la muerta en cualquier momento vendría a llevárselo y no quería que Aianara se quedara sola y triste por su partida.
Al día siguiente, Ander y Ainara entraron primeros a la habitación de Josué con muchos regalos y una torta con una velita encendida. Por detrás entraban las enfermeras, los otros médicos y todos los que le atendían a Josué en el hospital, y le cantaron el feliz cumpleaños. Josué había mentido: no era su cumpleaños, pero quería llevarse consigo un regalo especial en su pequeña memoria. Todos en el hospital le tenían cariño a Josué, había sido un niño tan inteligente que a su pequeña edad daba lecciones de vida.
Farias salía del aeropuerto cuando recibió una llamada."Señor, por fin tenemos la ubicación de su hijo: se encuentra en hospital donde traba su hermano, se llama Josué. Ahí le mando una foto del nene para que lo reconozca", escuchó decir, y enseguida se subió a su auto y se dirigió hacia allá.
Cuando llegó al hospital, observó la foto de Josué. Era un niño con sus mismos ojos azules, pero la mirada triste, sin cabello y los labios secos. "Maldita Briana, ¿qué le hiciste a mi hijo?", gritó dentro del auto golpeado el volante, enfurecido.
Farias no quería perder más tiempo de inmediato entró en hospital y preguntó a una recepcionista dónde podía encontrar a su hijo. Le mandaron al sector de pediatría ahí le informaron que el niño había salido del hospital con sus padres. "Yo soy padre" grito Farias.
—¿Dónde está el doctor Ander?— preguntó Farias a una enfermera.
—Ader se tomó el día.
—¿Qué?
—No se encuentra en el hospital.
Farias llamó a su hermano, pero Ader no contestó la llamada.
Ander y Ainara llevaron a Josué a la cancha a ver el partido de River, como Ander se lo había prometido. El niño estaba pasando el mejor día de su vida: jamás había visto tanta gente disfrutando de un partido de fútbol. Aianara, a pesar de lo que le había pasado, decidió ser feliz por un momento y hacer de lado todo ese dolor que llevaba en el cuerpo y en alma. Esta vez no quiso seguir una línea, simplemente se desbordó para hacer feliz a Josué. Aún estaba delicada, no tenía permitido salir del hospital, pero decidió ponerse ropa limpia, peinarse y salir a hacer ruido junto a esas dos personas que habían llegado a su vida en el momento preciso.
—Gracias por traerme a la cancha, Ander— dijo Josué intentando tomarle la mano pero se le cayó el jugo y manchó los zapatos de Ander y Ainara.
—Perdón, Ander. Perdóname, mamá— dijo el niño asustado, intentando limpiar los zapatos de ambos para evitar ser regañado.
Si Josué realmente estaría con su mamá en esta escena, ella no lo pensaría dos veces: lo abofetearía. Tanto fue el trauma que Josué recordó esos momentos y, por ese motivo, se asustó.
—Tranquilo, mi amor. No pasa nada— dijo Ainara agachándose para mirarle y darle un beso en la frente— ¿No se ven tan mal los zapatos así?— continuó para que el niño dejara de sentirse mal.
—Perdón, mamá— dijo una vez más el niño.
—¿Antes que empiece el partido no te gustaría ir al baño?
El niño asintió con la cabeza.
—Vamos, yo te acompaño— dijo Ander, tomando de la mano al niño.
—¿Ander, que pasará con mi mamá cuando yo me vaya?— preguntó Josué.
—¿Qué te gustaría que le pasara?
—Me gustaría que tenga muchos hijos y que nunca me olvide.
—Prometo hacer todo lo posible para que así sea.
—Lo prometes Ander.
—Lo prometo Josué.
—Desde que me dejaron en el hospital, me cuidaste como si fueras mi papá. Gracias Ander.
El pecho de Ander sintió un golpe de dolor. El niño ya se estaba despidiendo, y era doloroso. Contuvo sus lágrimas, detuvo el paso y se paró frente al niño. Lo levanto en sus brazos y le dijo que lo quería mucho y que jamás lo olvidaría.
Ainara se sentó mientras esperaba a Josué y a Ander, una chica muy joven se sentó a su lado.
—¿Es la primera vez que venís a la cancha?— la joven le preguntó a Aianara.
—¿Sé me nota?— contestó Aianara sonriendo.
—Siempre vengo a los partidos y nunca te vi. Ander siempre viene solo o con su tío, pero esta vez vino con vos y un niño.
—¿Te molesta?
—Claro que no, al contrario. Me pone muy feliz que Ander venga con una chica tan hermosa.
—¿Conoces a Ander?
—Sí, cuando era más chica era mi doctor.
—Es muy bueno en su profesión.
—A demás es muy guapo. ¿O me equivoco?
—No, no te equivocas. Es muy guapo.
—¿El nene es ti hijo?
—Sí, es mi hijo.
—¿Está enfermo?
—Tiene cáncer en estado terminal.
—No sabes cuanto lo siento.
—Es un nene muy fuerte y valiente. Me gustaría darle mi vida, pero la vida es muy injusta.
—Yo también tuve cáncer, me daba mucha lástima ver a mis padres sufrir, pero gracias a Ander ahora puedo vivir. Estoy segura que Ander podrá salvar la vida de tu hijo.
—Ojalá se pudiera, pero ya no hay nada que se pueda hacer— dijo Ainara y se puso a llorar.
La joven veía tan mal a Ainara, que no sabía cómo consolarla. Simplemente, se le ocurrió tomarle de la mano y contarle una pequeña anécdota, y Aianara sonrió. La joven entendía muy bien por lo que estaba pasando la mujer que había conocido hacía minutos. Sabía todo lo que cargaba y lo que venía más adelante, sin embargo, intento distraerla un rato haciéndole preguntas que no la pusieran triste.
Al momento apareció Ander con el niño. A ambos les agradó ver que Ainara había hecho una amiga con quien se sentía a gusto. Verla sonreír fue un hermoso regalo para Ander y para Josué. Ambos vieron cómo venía batallando cada obstáculo de su vida, y ahora, aunque fuera por unos segundos, era feliz. Su sonrisa verdadera fluía en medio de tanto ruido de la gente.
los personajes y crea muy bien la trama.
Joshua que astuto resultaste sabes que Aimara no es tu madre pero se lo haces creer te encanta que te abrace y llene de besos 😘😘😘🥰🥰🥰 pero no sabes si cuando te vayas sufrirá por tu partida y quieres que ella este con Ander para que no sufra lo que hace la inocencia de un niño.