En Valenora, una ciudad donde el poder se hereda con sangre y la traición puede destruir imperios, dos familias dominan las sombras.
Alessia Bellandi, heredera de una poderosa familia italiana, ha aprendido a vivir entre secretos, lealtades y decisiones que nunca le han pertenecido.
Mikhail Orlov, heredero de un imperio ruso construido con disciplina y peligro, sabe que en su mundo una sola equivocación puede costar demasiado.
Cuando una amenaza comienza a mover piezas en las sombras, los Bellandi y los Orlov se ven obligados a sellar una alianza que nadie esperaba: un matrimonio por conveniencia.
Pero lo que comienza como un pacto frío pronto se convierte en una batalla de voluntades, deseo contenido y emociones que ninguno estaba preparado para sentir.
Mientras enemigos ocultos intentan destruirlos desde dentro, Alessia y Mikhail descubrirán que confiar puede ser el riesgo más peligroso ...y también el más inevitable.
porque algunas guerras nacen de la sangre .
Y otras del amor .
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Capitulo 9: La traición tiene nombre
Durante unos segundos nadie habló.
El pequeño colgante de plata descansaba en la palma del guardia. La luz de la entrada lo hacía brillar apenas, pero para Alessia pesaba como una piedra.
Lo reconocía perfectamente.
Lo había visto decenas de veces.
Valentina Bellandi nunca se separaba de él.
Vittorio levantó la vista lentamente.
—¿Estás segura?
Alessia tragó saliva.
—Sí.
La respuesta cayó con una firmeza que no necesitaba repetirse.
El aire se volvió más tenso.
Mikhail observó el rostro de Alessia. Notó el golpe silencioso que acababa de recibir.
No era solo sospecha.
Era sangre.
Familia.
Y eso siempre dolía distinto.
—Quiero revisar el despacho —dijo él.
Vittorio lo miró con dureza.
—Es asunto Bellandi.
—Ya no —respondió Mikhail—. Si robaron información de rutas y movimientos, también nos afecta.
El silencio duró apenas un instante.
Después Vittorio se hizo a un lado.
—Cinco minutos.
Entraron.
El despacho estaba revuelto.
Cajones abiertos.
Papeles en el suelo.
Una lámpara rota cerca del escritorio.
Pero no parecía un robo común.
Era demasiado preciso.
Demasiado limpio.
Mikhail caminó despacio, observando cada detalle.
Alessia lo seguía de cerca.
Vittorio permanecía junto a la puerta.
—No tocaron la caja fuerte —dijo Alessia.
—Porque no vinieron por dinero —respondió Mikhail.
Se inclinó junto al escritorio.
Había una hoja rasgada en el suelo.
La recogió.
Solo quedaba una parte.
Suficiente para reconocer una ruta de carga del puerto este.
Y una fecha.
Mañana.
Mikhail alzó la vista.
—Van a moverse mañana por la noche.
Vittorio se tensó.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque esto es un aviso.
Alessia frunció el ceño.
—¿Un aviso?
—Quieren que reaccionemos rápido. Quieren ver qué hacemos.
Vittorio lo observó con atención.
—Entonces tú también lo viste.
—Sí.
—No buscan mercancía —dijo Vittorio.
—Buscan obligarnos a equivocarnos —concluyó Mikhail.
El silencio volvió.
Y en ese instante Alessia comprendió que ambos hombres, a pesar de los años de distancia y desconfianza, estaban leyendo el mismo tablero.
Unos minutos después, Vittorio ordenó que todos salieran.
Quería hablar a solas con Alessia.
Mikhail se quedó fuera del despacho.
Desde el pasillo, Yuri se acercó con paso rápido.
—Tenemos otro problema.
—¿Qué pasó?
—Valentina no está en su casa.
La mirada de Mikhail se endureció.
—¿Desde cuándo?
—Hace tres horas.
—¿La siguieron?
—No. Desapareció.
Mikhail miró hacia la puerta cerrada del despacho.
Todo comenzaba a moverse demasiado rápido.
Dentro, Alessia permanecía frente a su padre.
—¿Lo sabías? —preguntó ella.
Vittorio tardó unos segundos en responder.
—No.
—¿Ni siquiera lo sospechabas?
—Sabía que Valentina estaba inquieta. Ambiciosa. Pero no esto.
Alessia sintió una punzada amarga.
Recordó tardes enteras de infancia.
Las reuniones familiares.
Las sonrisas.
Los cumpleaños.
Y de pronto todo parecía distinto.
—¿Por qué haría algo así?
Vittorio bajó la mirada.
—El poder hace que algunos olviden de dónde vienen.
Alessia sintió un nudo en la garganta.
—Es familia.
—Precisamente por eso duele más.
Hubo un silencio largo.
Después Vittorio habló con voz grave.
—Escúchame bien. A partir de ahora no confío en nadie.
Ella lo miró.
—¿Ni en mí?
La expresión de su padre cambió apenas.
—En ti sí.
Se acercó.
—Pero no quiero que te acerques a esto.
—Ya estoy dentro.
—No del todo.
Alessia sostuvo su mirada.
—Papá… entraron aquí. Robaron información. Y el nombre de nuestra familia está en medio. No voy a fingir que no está pasando.
Vittorio la observó largo rato.
Y supo que no iba a detenerla.
Cuando salió del despacho, encontró a Mikhail esperando en el pasillo.
Los demás se habían alejado.
Por un instante quedaron solos.
—¿Estás bien? —preguntó él.
Alessia soltó una pequeña risa sin humor.
—No lo sé.
—Lo imaginé.
Ella bajó la mirada.
—Parte de mí quiere pensar que hay un error.
—Y otra parte sabe que no lo hay.
Alessia asintió lentamente.
El cansancio se notaba en sus ojos.
Mikhail se acercó apenas.
—No estás sola en esto.
La frase la hizo alzar la vista.
Y por un momento sintió algo peligroso.
No alivio.
Confianza.
La clase de confianza que nace en el lugar menos esperado.
—Valentina desapareció —dijo él.
El corazón de Alessia se tensó.
—¿Qué?
—Yuri acaba de confirmarlo.
Ella quedó inmóvil.
—Entonces sabe que la descubrimos.
—Sí.
—¿Y ahora?
Mikhail sostuvo su mirada.
—Ahora empieza de verdad.
Más tarde, ya entrada la madrugada, Alessia regresó a su habitación.
La casa estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Cerró la puerta.
Se apoyó un instante contra ella.
Intentó ordenar sus pensamientos.
Valentina.
El robo.
La desaparición.
Mikhail.
Todo se mezclaba.
Se acercó al tocador.
Entonces vio algo.
Un sobre negro.
Estaba sobre la mesa.
No estaba allí antes.
El pulso se le disparó.
Lo tomó lentamente.
No tenía nombre.
Lo abrió.
Dentro había una sola tarjeta.
Con una frase escrita a mano.
“Deja de buscar, o el próximo en caer será él.”
La sangre se le heló.
Debajo había una fotografía.
Mikhail.
Tomada esa misma noche, frente a la residencia Bellandi.
Alessia dejó escapar el aire de golpe.
Alguien los estaba observando.
Y ahora ya no se trataba solo de la familia.
Ahora también iban por él.