En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.
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Capítulo 12: Las murallas de ceniza
El templo entero tembló.
Los vitrales explotaron en miles de fragmentos brillantes mientras un rugido atravesaba Ignis desde el exterior. Las personas comenzaron a gritar inmediatamente y el caos se desató dentro del salón ceremonial.
Magma giró de golpe hacia las enormes ventanas destruidas.
Y vio fuego.
Muchísimo fuego.
Las murallas del norte ardían bajo la lluvia.
Pero no era un incendio normal.
Las llamas eran negras.
El corazón de Magma se detuvo un instante.
El fuego dentro de ella reaccionó violentamente al verlo, como si reconociera algo peligroso en aquellas llamas oscuras.
—¿Qué demonios es eso…? —susurró Rowan.
Kaien ya estaba mirando hacia el exterior con expresión completamente seria.
Y eso asustó muchísimo a Magma.
Porque era la primera vez que parecía realmente preocupado.
Varok descendió rápidamente del altar.
—¡Protejan a la princesa!
Los guardias comenzaron a movilizarse mientras nobles aterrorizados huían del templo empujándose unos a otros.
Magma apenas escuchaba nada.
Las llamas negras seguían extendiéndose por las murallas incluso bajo la tormenta.
Imposible.
El agua debería apagarlas.
Pero no lo hacía.
Kaien habló por primera vez desde la explosión.
Y su voz salió más baja de lo normal.
—Llegamos demasiado tarde.
Magma giró inmediatamente hacia él.
—¿Qué significa eso?
El heredero del agua no respondió enseguida.
Sus ojos seguían clavados sobre el incendio lejano.
—El hielo despertó.
El aire del templo descendió varios grados.
Pequeñas capas de escarcha comenzaron a extenderse lentamente sobre las piedras cercanas a Kaien.
Magma sintió un escalofrío.
—Eso no responde nada.
Él finalmente la miró.
Y había miedo real en sus ojos.
—Esas llamas no son fuego normal.
El incendio rugió nuevamente en la distancia.
Negro.
Oscuro.
Hambriento.
Magma sintió algo horrible dentro del pecho.
Porque podía sentirlo.
El fuego de aquellas llamas estaba vivo.
Pero se sentía… vacío.
Frío.
Como si algo hubiera podrido el elemento desde dentro.
Rowan levantó la espada inmediatamente.
—Entonces vamos a detenerlo.
Kaien negó apenas.
—No puedes detener eso con acero.
La tensión explotó entre ambos otra vez.
—¿Y tú sí puedes? —espetó Rowan.
Kaien sostuvo su mirada unos segundos.
—No solo.
El silencio cayó inmediatamente.
Porque todos entendieron lo que implicaba.
Magma sintió el fuego recorrerle lentamente los brazos.
No.
No.
No iba a pelear junto al heredero del agua.
No después de sus padres.
No después de todo.
Pero entonces otro estruendo sacudió el castillo.
Y esta vez un guardia atravesó las puertas destruidas del templo completamente cubierto de ceniza.
—¡Las murallas cayeron!
El salón entero se congeló.
—¿Qué? —susurró Varok.
El hombre respiraba desesperadamente.
—Hay… hay criaturas entrando a la ciudad.
Magma sintió el corazón detenerse.
—¿Criaturas?
El guardia parecía aterrado incluso al recordarlo.
—Parecen hechas de hielo y sombra.
Kaien maldijo por lo bajo.
Y eso fue suficiente para que Magma entendiera algo horrible.
Él sabía exactamente qué estaba ocurriendo.
—¿Qué son? —preguntó ella.
Kaien cerró los ojos apenas un segundo antes de responder.
—Restos.
El fuego alrededor del templo volvió a agitarse violentamente.
—¿Restos de qué?
Él abrió lentamente los ojos.
—De personas consumidas por el hielo.
El silencio que siguió fue devastador.
Magma sintió náuseas inmediatas.
Porque la forma en que lo dijo…
sonó como alguien recordando una pesadilla.
Entonces gritos comenzaron a escucharse afuera del templo.
Más cerca esta vez.
Ignis estaba siendo atacada.
Y el castillo entero comenzaba a sentirlo.
Varok reaccionó finalmente.
—¡Cierren las puertas del palacio! ¡Movilicen al ejército!
Los guardias salieron inmediatamente.
El caos llenó otra vez el templo.
Pero Magma permanecía quieta.
Mirando las llamas negras en la distancia.
El reino estaba ardiendo.
Y por primera vez desde que despertó su poder…
no sentía miedo de su fuego.
Sentía furia.
Una furia enorme.
Antigua.
El calor comenzó a crecer violentamente alrededor de su cuerpo.
Las columnas del templo empezaron a resquebrajarse por la temperatura.
Kaien la observó inmediatamente.
—Magma.
Ella apenas podía respirar.
Todo estaba rompiéndose demasiado rápido.
Sus padres muertos.
El agua regresando.
El hielo despertando.
Y ahora su reino cayendo frente a sus ojos.
El fuego rugió alrededor de ella.
Las llamas doradas crecieron violentamente hasta cubrir parte del techo del templo.
Los nobles comenzaron a retroceder aterrorizados.
—¡Princesa!
Pero Magma ya no escuchaba.
El calor dentro de su cuerpo dolía.
Como si algo estuviera intentando salir.
Kaien avanzó hacia ella inmediatamente.
—Mírame.
Ella no pudo.
Las lágrimas comenzaron a caer mezclándose con el fuego.
—No puedo detenerlo…
El aire ardía.
Las piedras comenzaban a derretirse cerca de ella.
Kaien llegó hasta quedar frente a frente con ella.
Demasiado cerca otra vez.
Y entonces hizo algo completamente inesperado.
Tomó su mano.
El frío del agua atravesó inmediatamente el calor salvaje de Magma.
El fuego explotó alrededor de ambos.
Pero no los dañó.
Kaien sostuvo su mirada con firmeza.
—Respira.
Magma sentía el corazón completamente fuera de control.
El contraste entre ambos elementos era imposible.
El agua recorriendo lentamente su piel ardiente.
El fuego rodeando el cuerpo de Kaien sin consumirlo.
Y aun así…
funcionaba.
El caos alrededor del templo pareció desaparecer por un instante.
Solo estaban ellos.
Respirando demasiado cerca.
Mirándose demasiado tiempo.
Y eso era peligrosísimo.
Porque Magma sintió algo romperse dentro de ella nuevamente.
Pero esta vez no fue dolor.
Fue otra cosa.
Algo mucho peor.
Kaien pareció sentirlo también.
Porque soltó lentamente su mano.
Demasiado lento.
Entonces un rugido monstruoso sacudió el exterior del castillo.
Las puertas principales explotaron en la distancia.
Y un frío antinatural atravesó todo Ignis.
Kaien levantó inmediatamente la mirada.
—Ya llegó.
Magma sintió el fuego estremecerse dentro de ella.
—¿Quién?
Kaien observó las llamas negras reflejándose en sus ojos dorados.
Y respondió:
—La primera criatura del hielo.