Mei es una chica a la que le encantan las novelas de época antigua. La cuál reencarna en la novela, la flor negra; como la exesposa del villano. Ella creía saber el final de esa historia, pero se dará cuenta que no todo final está escrito.
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Capítulo 14: Sospechas
La lluvia comenzó esa misma noche.
Suave al principio.
Apenas un murmullo golpeando las enormes ventanas de la mansión ducal.
Aurelia observaba el exterior desde la biblioteca mientras sostenía distraídamente una taza de té entre las manos.
No podía concentrarse.
Había intentado leer.
También intentó ignorar sus pensamientos.
Ninguna de las dos cosas funcionó.
Las palabras de Damián seguían regresando a su mente.
“Ahora es más interesante.”
Qué comentario tan extraño.
Más aún viniendo de él.
Aurelia apoyó lentamente la taza sobre la mesa.
Honestamente, comenzaba a sentirse incómoda con algo que no lograba explicar.
Porque mientras más interactuaba con Damián…
más difícil era seguir viéndolo únicamente como el villano de la historia.
Y eso era un problema.
Uno bastante grande.
—Duquesa.
Aurelia levantó apenas la vista.
Beatriz acababa de entrar a la biblioteca con expresión ligeramente preocupada.
—¿Sucede algo?
La joven dudó unos segundos antes de responder:
—Ha llegado una visita nesperada.
Aurelia frunció ligeramente el ceño.
—¿A estas horas?
—Sí.
—¿Quién?
Beatriz bajó un poco la voz.
—Lord Kael Ravenhart.
El silencio llenó la biblioteca inmediatamente.
Kael.
Aurelia dejó de mover lentamente los dedos sobre la taza.
Eso sí no lo esperaba.
—El duque ordenó preparar el salón principal para la cena de esta noche.
Ah
Entonces esa visita tenía relación con eso.
Y honestamente...
Esa sensación no le gusto en lo absoluto.
—
En el salón principal de la mansión, el ambiente era mucho más frío de lo habitual.
Kael permanecía de pie frente a una de las enormes ventanas mientras esperaba.
Elegante.
Impecable.
Pero claramente distraído.
Su mirada parecía perdida en la lluvia del exterior.
Como si estuviera pensando demasiado.
Y probablemente era así.
—No esperaba una visita tan tarde.
Kael levantó ligeramente la vista.
Damián acababa de entrar al salón.
Su presencia hizo que el ambiente se volviera inmediatamente más pesado.
Como siempre.
—Lamento venir sin aviso.
Damián tomó asiento lentamente frente a él.
—Entonces imagino que la razón debe ser importante.
Kael guardó silencio apenas unos segundos.
Luego habló:
—Quería confirmar algo.
Damián no reaccionó.
Pero el silencio entre ambos se volvió más tenso.
—¿Sobre qué exactamente?
Kael sostuvo su mirada.
—Sobre la duquesa Aurelia.
Ah.
Ahí estaba.
Damián entrecerró apenas los ojos.
—¿Y por qué le interesa tanto mi esposa últimamente?
Directo.
Frío.
Kael notó inmediatamente el cambio en el ambiente.
Pero aun así respondió:
—Porque cambió.
Damián no dijo nada.
Kael continuó:
—Todos lo notan.
La lluvia golpeó más fuerte las ventanas.
El sonido llenó brevemente el silencio entre ambos.
—Las personas cambian —dijo Damián finalmente.
—No de esa manera.
Otra vez silencio.
Kael bajó ligeramente la mirada.
—Antes parecía alguien completamente distinta.
Damián lo observó sin expresión alguna.
—¿Y eso le molesta?
Kael tardó unos segundos en responder.
Porque ni él mismo entendía exactamente qué sentía.
Molestia.
Curiosidad.
Confusión.
Todo mezclado.
—No lo sé.
Y esa probablemente fue la respuesta más sincera que había dado en días.
—
Mientras tanto, Aurelia caminaba lentamente por el pasillo del segundo piso.
No pensaba bajar.
Honestamente, no tenía ganas de enfrentar conversaciones incómodas esa noche.
Pero justo cuando estaba a punto de regresar a su habitación…
escuchó voces provenientes del salón principal.
Y reconoció una de inmediato.
Kael.
Aurelia se detuvo automáticamente.
No podía escuchar claramente toda la conversación.
Solo fragmentos.
“…cambió demasiado…”
“…todos lo notan…”
Su expresión se tensó apenas.
Ah.
Entonces ya estaba comenzando.
Las sospechas.
Los rumores.
Las preguntas.
Aurelia bajó lentamente la mirada.
Sabía que esto iba a pasar tarde o temprano.
Era imposible cambiar tanto sin que nadie lo notara.
Especialmente en un mundo donde todos observaban constantemente a los demás.
Pero aun así…
escuchar esas palabras directamente dolía un poco más de lo esperado.
Porque le recordaba algo importante.
Ella no pertenecía realmente a ese lugar.
No del todo.
—Escuchar conversaciones ajenas no es una buena costumbre.
Aurelia levantó la vista sobresaltada.
Damián estaba detrás de ella.
En silencio.
Como si hubiera aparecido de la nada.
—Usted tampoco hace mucho ruido al caminar.
Damián ignoró completamente el comentario.
Sus ojos permanecieron fijos en ella unos segundos.
—No debería preocuparse por lo que piense Kael Ravenhart.
Aurelia soltó una pequeña risa sin humor.
—Qué alivio. Justamente estaba esperando su permiso para dejar de preocuparme.
Por un segundo, algo parecido a una sonrisa apareció apenas en la expresión de Damián.
Muy leve.
Casi invisible.
Pero Aurelia lo notó.
Y honestamente…
eso fue mucho más desconcertante que cualquier otra cosa ocurrida esa noche.
Mientras Kael se retiraba, uno de los sirvientes mencionó discretamente los preparativos para la cena en la residencia ducal.
Damián no reaccionó.
Pero Aurelia sí lo escuchó.