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“Cuando La Luz Se Rompe”

“Cuando La Luz Se Rompe”

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Venganza / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Acto 2 – El Ascenso Las Cenizas que Aprendieron a Caminar

Habían pasado once largos años.

Once años desde aquella noche.

Once años desde el fuego.

Once años desde los gritos.

Once años desde que el reino destruyó a la familia Suzuki y dejó dos cicatrices caminando por el mundo.

Pero el tiempo no había traído paz.

Solo había traído transformación.

🌹 Dentro del Reino

El reino seguía en pie.

Más grande. Más rico. Más arrogante.

Las calles principales brillaban con mercados elegantes, estandartes reales y sonrisas falsas, mientras los barrios pobres seguían hundidos en hambre, miedo y silencio.

Los nobles seguían celebrando banquetes.

Los soldados seguían obedeciendo órdenes sin cuestionarlas.

Y el rey…

Seguía respirando.

Ese era el mayor insulto de todos.

👑 La Rosa entre Serpientes

En el corazón del reino, entre pasillos de mármol, reuniones privadas y salones llenos de hipocresía, una mujer caminaba con la elegancia de alguien que había aprendido a convertir el dolor en presencia.

Himari.

Ya no era la chica rota de antes.

Ahora era una mujer de veinte años.

Alta. Hermosa. Elegante. Peligrosa.

Su cabello largo caía con una delicadeza que contrastaba con la dureza de su mirada.

Sus ojos dorados observaban el mundo con una calma que solo existía en la superficie.

Porque por dentro…

Seguía ardiendo.

Vestida con un refinado atuendo oscuro con detalles en rojo profundo, Himari avanzó por uno de los corredores interiores de una residencia noble usada como punto de encuentro secreto.

Cada paso suyo era seguro.

Cada mirada que recibía estaba cargada de admiración, deseo o temor.

Y ella estaba acostumbrada a las tres.

No porque le importaran.

Sino porque había aprendido a usarlas.

La belleza, en el mundo de los nobles, era una máscara.

Y Himari llevaba años usándola como cuchillo.

🕯️ La Líder en las Sombras

Detrás de la fachada del reino, existía una corriente silenciosa de descontento.

Nobles menores cansados de la tiranía.

Sirvientes que habían visto demasiado.

Comerciantes arruinados por impuestos injustos.

Guardias que empezaban a cuestionar lo que protegían.

Y entre todos ellos…

Himari se había convertido en una figura central.

No con coronas.

No con títulos oficiales.

Sino con presencia.

Con estrategia.

Con valor.

Era una de las líderes del grupo opositor al rey.

Una voz firme entre personas cansadas de arrodillarse.

Una mujer que podía sentarse en una mesa refinada, sonreír con elegancia… y al mismo tiempo planear la caída de quienes se creían intocables.

—La entrega de suministros al ala norte del castillo se redujo esta semana —dijo uno de los hombres del grupo mientras señalaba un mapa sobre la mesa—. Eso significa que algo se está moviendo.

Himari apoyó dos dedos sobre la superficie.

Pensó en silencio.

Sus ojos recorrieron las rutas.

Las salidas.

Los accesos.

Los puntos de vigilancia.

—No es una reducción —respondió finalmente—. Es una redistribución.

Los presentes la miraron.

—¿Redistribución? —preguntó una mujer de cabello corto.

Himari levantó apenas la vista.

—Sí. Están reforzando otra zona.

Hubo un pequeño silencio.

—¿Cuál? —preguntó otro.

Himari sostuvo la mirada sobre el mapa unos segundos más.

—La prisión subterránea… o el ala privada del rey.

Uno de los hombres frunció el ceño.

—¿Tan segura estás?

Himari alzó una ceja.

—No me gusta repetir obviedades.

Algunos soltaron pequeñas sonrisas tensas.

Ella siempre había sido así.

Hermosa.

Elegante.

Y con una lengua capaz de cortar casi tanto como su espada.

🩸 Una Herida que Nunca Cerró

Pero incluso en medio de conspiraciones, estrategias y reuniones secretas…

Había una parte de Himari que seguía detenida en el pasado.

Una parte que nunca avanzó del todo.

Porque, aunque había sobrevivido… aunque se había vuelto fuerte… aunque se había convertido en alguien capaz de liderar una rebelión…

Seguía habiendo un vacío imposible de ignorar.

Asahi.

Su hermano mayor.

Su protector.

La única persona que alguna vez la había mirado como una persona real.

Y también…

La única que desapareció.

Once años.

Ni una carta. Ni una pista. Ni un cuerpo. Ni una despedida.

Nada.

Solo ausencia.

Solo silencio.

Solo una herida que el tiempo no había sabido explicar.

Himari se había obligado a aceptar una versión cómoda del dolor:

Asahi estaba muerto.

Porque era más fácil llorar a un muerto…

Que vivir preguntándose por qué alguien te dejó atrás.

Y sin embargo…

A veces, en noches especialmente silenciosas, todavía pensaba en él.

En su voz. En sus manos protegiéndola. En sus ojos antes de volverse rojos. En la última vez que lo vio realmente como su hermano.

Y en esos momentos…

El odio hacia el reino se mezclaba con algo mucho más difícil de nombrar.

Tristeza.

Rabia.

Y un abandono que nunca había logrado perdonar.

🌑 Afueras del Reino

Muy lejos del brillo falso de la nobleza, en los caminos polvorientos que rodeaban los límites del reino, la noche caía pesada sobre el bosque.

Las ruedas de una carreta se hundían en el barro.

El sonido del metal chocando contra madera se mezclaba con respiraciones agitadas y sollozos ahogados.

Tres chicas jóvenes iban dentro del vehículo, con las manos atadas y el miedo clavado en la garganta.

Una de ellas no dejaba de llorar.

Otra trataba de mantenerse firme.

La tercera miraba hacia la oscuridad como si todavía quisiera creer que alguien aparecería.

Pero ninguna de ellas tenía esperanzas reales.

Porque los hombres que las custodiaban llevaban el emblema del rey.

Y eso solo significaba una cosa.

Que nadie iba a ayudarlas.

—Dejen de moverse —gruñó uno de los soldados mientras golpeaba la puerta lateral de la carreta—. Les irá peor si hacen ruido.

Una de las chicas apretó los dientes.

—Malditos…

El hombre soltó una risa seca.

—Agradece que todavía estás entera.

Otro de los soldados caminaba al lado del vehículo con total tranquilidad, como si transportar personas secuestradas fuera parte rutinaria de su jornada.

Y para ellos…

Lo era.

Porque el reino no solo destruía familias.

También alimentaba monstruos.

🌒 Una Presencia en la Oscuridad

Entonces el caballo delantero se detuvo bruscamente.

El conductor tiró de las riendas.

—¿Qué demonios…?

El camino, apenas visible bajo la luz tenue de la luna, estaba bloqueado por una figura.

Solo una.

De pie.

Inmóvil.

Cubierta por una sudadera negra con capucha.

El rostro oculto.

Las manos dentro de los bolsillos.

La postura relajada.

Demasiado relajada.

Uno de los soldados frunció el ceño.

—Oye, imbécil. Muévete del camino.

La figura no respondió.

Ni un centímetro.

Ni una palabra.

Solo permaneció ahí, en medio del camino, como si el mundo entero le importara demasiado poco como para apresurarse.

Otro soldado se adelantó.

—¿Estás sordo?

Silencio.

Y entonces…

La figura levantó apenas la cabeza.

Lo justo para que la luz de la luna rozara parte de su rostro.

Y en la oscuridad bajo la capucha…

Brillaron dos ojos rojo carmesí.

Uno de los guardias sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Quién demonios eres tú…?

La voz que respondió fue baja.

Fría.

Y tan vacía que no parecía pertenecer del todo a alguien vivo.

—Bajen de la carreta.

Los hombres se miraron entre sí.

Y luego soltaron carcajadas.

—¿Vienes solo? —se burló uno.

—Miren eso —dijo otro—. Un loco con capucha.

—Seguramente quiere hacerse el héroe.

La figura no reaccionó.

Ni siquiera parecía molesta.

Solo dio un paso al frente.

Lento.

Pesado.

Silencioso.

Y repitió, con el mismo tono sin emoción:

—Bajen de la carreta.

🩸 El Fantasma Blanco

Una de las chicas dentro del vehículo levantó la vista hacia la pequeña rendija lateral.

Solo pudo ver parte de la silueta.

Oscura. Alta. Quietud absoluta.

Pero había algo extraño en ella.

Algo que no podía explicar.

No se sentía como la presencia de un caballero.

Ni de un guardia.

Ni siquiera de un bandido común.

Se sentía como…

un mal presagio.

Uno de los soldados desenfundó su espada.

—Muy bien. Si quieres morir, te haremos el favor.

Los demás se prepararon también.

Magia comenzó a acumularse en sus manos.

La noche se tensó.

El bosque quedó en silencio.

Y la figura encapuchada se quedó inmóvil un segundo más.

Entonces una ráfaga de viento movió apenas la capucha…

Y por debajo de la sombra, uno de los mechones visibles era completamente blanco.

Las pupilas carmesí brillaron otra vez.

Y esta vez, uno de los soldados sí retrocedió un paso.

Porque de repente…

Tuvo una sensación horrible.

La sensación de que no estaban frente a un hombre.

Sino frente a algo que había sobrevivido demasiado tiempo en la oscuridad.

Y que esa noche…

Había decidido moverse.

🌙 Muy Lejos… y Más Cerca de lo que Parece

Dentro del reino, Himari seguía observando mapas.

Trazando rutas.

Planeando cómo cortar la garganta del sistema que le había arrebatado todo.

Sin saberlo…

Afuera de los muros que tanto odiaba…

La sombra de su pasado había regresado.

No como un recuerdo.

No como una esperanza.

No como un milagro.

Sino como una consecuencia.

Una consecuencia vestida de negro.

Con ojos rojos.

Y once años de silencio acumulado en los puños.

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