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EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

Status: En proceso
Genre:Fanfic
Popularitas:770
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

Siete años después de graduarse de la Clase 3-E, Nagisa Shiota ha construido una vida estable como profesor, ocultando tras su calma el dolor del abandono de Karma Akabane. Karma, ahora un exitoso burócrata, regresa a la vida de Nagisa dándose cuenta de que el poder y el dinero no llenan el vacío de haber huido por miedo a sus propios sentimientos y al trauma del pasado.
​Lo que comienza como un asedio de persistencia por parte de Karma choca con el muro de frialdad de un Nagisa que ya no está dispuesto a ser el pilar de nadie más. En un reencuentro cargado de reclamos honestos y cicatrices abiertas, ambos deberán decidir si son capaces de perdonar las ausencias del pasado para permitirse, finalmente, un futuro juntos.


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3_La chispa en la oscuridad

—¿Por qué me trajiste aquí? —preguntó finalmente, con la voz más suave y sincera de lo normal—. Podríamos haber ido a un café, o al parque donde jugábamos de niños. No tenías que llevarme a este edificio abandonado.

—En un café te reirías del tema y te irías por donde viniste. O te irías al baño y tardarías media hora en salir —dijo Nagisa, girándose para mirarlo de frente. Sus ojos brillaban con un azul acero a la luz de las luces de la ciudad, y no había rastro de su habitual calma—. Aquí... aquí no puedes escapar, Karma-kun. No hay excusas, no hay gente que te distraiga, no puedes evitar lo que realmente sientes.

Karma soltó una risa nerviosa y se pasó una mano por el pelo para intentar ordenarlo, aunque el viento seguía desordenándolo.

—Vaya, realmente me tienes en una esquina esta vez, ¿no? —dijo, y su voz tembló un poco—. ¿Y ahora qué? ¿Quieres que te diga que ayer me pusiste más nervioso que en cualquier examen de mi vida? ¿Que no pude dormir pensando en por qué me mirabas así, como si supieras todo de mí?

—No necesito que me lo digas. Ya lo sé —Nagisa se acercó un poco más, con una confianza natural que lo dejó sin palabras—. Lo que quiero saber es... ¿qué vas a hacer? ¿Seguirás escondiéndote detrás de tus bromas y tu actitud de que lo sabes todo, o por fin vas a enfrentarte a lo que hay entre nosotros?

Karma sintió que se le acababa el aire, como si alguien le hubiera dado un golpe en el pecho. Nagisa estaba tan cerca que podía ver el ligero temblor de sus pestañas cuando parpadeaba, el azul profundo de sus ojos, el pequeño lunar en su mejilla derecha que solo se veía cuando estaban así de cerca. El impulso de levantarse y huir estaba ahí —fuerte, muy fuerte— pero algo más poderoso lo mantenía quieto: un sentimiento que llevaba años creciendo entre ellos, detrás de la rivalidad, detrás de la amistad.

—Eres un problema, Nagisa —murmuró Karma, su voz apenas un susurro que el viento casi se llevó—. Siempre lo has sido. Desde el día que te conocí en la clase de entrenamiento, cuando me derrotaste con esa técnica que juré que no existía, con ese cabello azul que parecía brillar aunque el gimnasio estuviera a oscuras.

Sin previo aviso, extendió la mano y le tomó la nuca, sus dedos enredándose en los mechones azules de su cuello —no con fuerza, sino con una posesión desesperada, como si temiera que desapareciera en cualquier momento. Lo acercó hasta que sus frentes se tocaron, sus mejillas rozándose suavemente, el calor de sus cuerpos contrarrestando el frío del aire alto.

Karma sintió cómo Nagisa dejaba escapar un suspiro suave, un sonido que se perdió en el ruido del viento. Sus propios dedos temblaban un poco sobre la piel de su cuello, mientras sus ojos se fijaban en los labios de Nagisa —finos y ligeramente entreabiertos, como si estuvieran esperando esto desde hace mucho tiempo.

—Si sigo adelante con esto... —dijo, con la voz más seria de lo que recordaba—. No habrá vuelta atrás. Ya no podremos ser solo "amigos que entrenan juntos", solo rivales. Todo cambiará.

—Nunca fuimos solo eso, ¿verdad? —respondió Nagisa con una sonrisa cálida, mientras levantaba la mano para ponerla en el pecho de Karma, sintiendo su corazón latir fuerte a través de la tela—. Desde que te ayudé a curar esa herida en el brazo después de la competencia del año pasado, desde que compartimos nuestro bento bajo el roble del parque, desde que te escuché llorar en secreto cuando no pasaste la primera vez... Nunca fuimos solo eso.

Las frentes seguían unidas. El aire entre ellos era denso, cargado de años de silencios y esperas. Nagisa cerró los ojos, sintiendo el calor de Karma a centímetros de su rostro, los dedos del pelirrojo enredándose con firmeza en su nuca. El mundo se había detenido en esa azotea abandonada; solo existían ellos dos y el susurro del viento.

Pero justo cuando Karma iba a cerrar la distancia final, sus labios a milímetros de rozarse, se detuvo en seco. Soltó una risita ahogada que vibró en el espacio entre ellos.

—Espera, espera... —murmuró, apartándose apenas un centímetro, y en sus ojos dorados reapareció esa chispa de malicia que Nagisa conocía tan bien.

Nagisa parpadeó, confundido y un poco mareado por el cambio de ritmo, su respiración aún agitada.

—¿Qué pasa, Karma-kun?

Karma lo soltó lentamente, aunque mantuvo sus manos sobre los hombros de Nagisa, mirándolo de arriba abajo con una mueca de burla fingida que no conseguía ocultar su propia nerviosidad.

—Es que... me acabo de dar cuenta de que si nos besamos así, voy a tener que agacharme como un idiota —soltó una carcajada clara y contagiosa, rompiendo el hechizo romántico que envolvía el lugar—. ¿No podías haber dado el estirón este verano, Nagisa? Mi cuello ya está sufriendo de tanto mirarte hacia abajo, y ni siquiera hemos empezado.

Nagisa suspiró, dejando caer los hombros. La tensión acumulada se desvaneció en un instante, reemplazada por esa exasperación familiar que solo Karma sabía provocarle.

—Eres increíble... —masculló, aunque no pudo evitar que una sonrisa suave asomara a sus labios azules—. Arruinas el momento más importante de nuestra historia con un chiste sobre mi estatura.

—No es un chiste, es una preocupación ergonómica seria —replicó Karma, recuperando su aire despreocupado y metiendo las manos en los bolsillos, aunque su mirada no se alejaba de Nagisa—. Imagínate si alguien nos viera ahora. Parecería que estoy ayudando a un niño de primaria a alcanzar algo del estante superior.

Nagisa negó con la cabeza, pero antes de que Karma pudiera seguir con sus burlas, extendió la mano con rapidez y precisión, agarrándolo de la corbata y tirándolo suavemente hacia abajo, obligándolo a inclinarse hasta quedar a su altura.

—Entonces inclínate más, Karma —susurró, y en sus ojos azules brillaba esa mirada de depredador que siempre lograba callar las palabras del pelirrojo—. Porque no pienso ponerme de puntillas por ti.

Karma se quedó mudo, la respiración cortada por la sorpresa. La sonrisa burlona se le congeló en el rostro mientras sentía de nuevo el calor de Nagisa cerca, más presente que nunca.

—Vaya... —logró articular, su voz volviéndose seria de golpe—. Supongo que acepto las condiciones del contrato, "señor profesor".

Y esta vez, fue Karma quien eliminó el último espacio entre ellos, sellando el trato con un beso que sabía a adrenalina, a luces de ciudad y a una rivalidad que finalmente había encontrado su verdadero destino. El viento seguía soplando, agitando su cabello azul y rojo hasta que se mezclaron, haciendo que las luces de la ciudad parpadearan en la distancia. Pero en ese momento, para ellos, no existía nada más que el calor del otro y la certeza de que habían llegado al final de un camino que empezó mucho antes de lo que creían, y al principio de algo que ambos habían esperado sin darse cuenta.

 

Después de aquella noche en la azotea, el romance entre Nagisa y Karma floreció entre los rincones olvidados del edificio viejo. No eran una pareja convencional: su amor se expresaba en combates cuerpo a cuerpo que terminaban en besos robados tras los arbustos del patio, en intercambios de miradas cómplices mientras Koro-sensei explicaba las técnicas de evasión en clase, o en pequeños gestos —un agua fresca después del entrenamiento, una nota con consejos oculta en el estuche del otro.

Karma, a pesar de su habitual arrogancia, se volvió extrañamente protector. Cuidaba de que Nagisa no se dejara llevar por su propia sed de control en los entrenamientos, sabiendo cómo podía deslizarse hacia lugares oscuros. Nagisa, por su parte, encontró en Karma el ancla que necesitaba —alguien que lo veía más allá de su faceta de asesino en ciernes, alguien que conocía sus miedos y no los juzgaba. Juntos eran invencibles, complementándose en cada cosa que hacían.

Pero el tiempo no estaba de su lado. El plazo para derrotar a Koro-sensei se acercaba, y con él, la sombra de una decisión que podría separarlos para siempre.

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