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El Amor Congelado

El Amor Congelado

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Claudia preciado

El Amor Congelado es de un romance oscuro y fantasía que narra la historia de Arieth, una mujer que descubre la traición de su esposo justo antes de que él caiga víctima de un hechizo lanzado por una mujer malvada. Cuando los médicos no pueden salvarlo, Arieth viaja a tierras lejanas en busca de una poderosa bruja que pueda romper el encantamiento.
La obra combina amor, magia, traición y sacrificio, mostrando cómo el verdadero amor puede enfrentar incluso la oscuridad más profunda.

NovelToon tiene autorización de Claudia preciado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sonrisas que cortan

Bogotá los recibió con un cielo gris y una brisa fría que no tenía nada que ver con el calor del mar que habían dejado atrás.

El contraste fue inmediato.

El hotel era elegante, moderno, lleno de vidrio y acero. Nada de arena, nada de olas.

Solo estructuras firmes. Como el mundo al que Adrián pertenecía.

Arithsa bajó del automóvil junto a él, sintiendo que algo invisible comenzaba a cerrarse alrededor de ellos.

—¿Estás bien? —preguntó Adrián mientras tomaba su mano.

—Sí. Solo… es distinto aquí.

—Es trabajo. No cambia lo que somos.

Ella asintió, pero sabía que el entorno influía. Siempre lo hacía.

Entraron al edificio corporativo donde se realizaría la reunión principal. El lugar era amplio, silencioso, con recepcionistas impecables y pisos que reflejaban cada paso.

Y entonces ocurrió.

La vio antes de que Helena los viera a ellos.

De pie al fondo del lobby, vestida con un traje oscuro perfectamente ajustado, el cabello recogido con precisión. Elegante. Segura. Controlada.

Helena Duarte.

Cuando sus miradas se encontraron, no hubo sorpresa.

Hubo reconocimiento.

Y memoria.

Aquella primera vez que Arithsa había ido a la oficina de Adrián meses atrás, Helena estaba saliendo de una junta. Se cruzaron en el pasillo. Apenas unos segundos. Una sonrisa formal. Una mirada que evaluaba más de lo que parecía.

Y ahora estaban frente a frente nuevamente.

Helena caminó hacia ellos con pasos firmes.

—Adrián —saludó primero, extendiendo la mano con una seguridad impecable.

Él respondió con el mismo profesionalismo.

—Helena.

Luego ella giró hacia Arithsa.

La sonrisa apareció.

Perfecta.

Medida.

—Arithsa. Qué gusto volver a verte.

La voz era suave, pero había algo debajo. Algo que no era precisamente cordialidad.

—Igualmente —respondió Arithsa con serenidad.

Se estrecharon la mano.

El contacto fue breve.

Pero suficiente para entender que esta vez no eran simples desconocidas cruzándose en un pasillo.

Helena observó a Adrián un segundo más.

—Veo que decidiste traer compañía a una reunión tan importante.

Adrián no soltó la mano de Arithsa.

—No es compañía. Es parte de mi vida.

La frase fue directa.

El silencio que siguió fue casi imperceptible.

Helena inclinó ligeramente la cabeza.

—Claro. Por supuesto.

Se giró con elegancia.

—Pasemos a la sala. Tenemos mucho que discutir.

La reunión comenzó puntual.

Pantallas encendidas. Proyecciones financieras. Estrategias de expansión.

Helena dirigía la conversación con precisión quirúrgica.

Hablaba claro. Sin titubeos. Sin elevar la voz.

Pero cada cierto tiempo lanzaba preguntas dirigidas únicamente a Adrián.

—¿Estás seguro de que este es el momento adecuado para expandir?

—¿No crees que podrías estar… distraído?

La palabra quedó suspendida en el aire.

Arithsa sintió el golpe.

Adrián no parpadeó.

—Nunca tomo decisiones importantes estando distraído.

Helena sostuvo su mirada unos segundos.

Luego sonrió.

—Me alegra escucharlo.

La reunión continuó, pero el ambiente había cambiado.

No era tensión empresarial.

Era algo más personal escondido entre cifras.

Cuando finalmente terminó, los demás socios se retiraron poco a poco.

Quedaron solo los tres.

Helena se acercó a Arithsa mientras Adrián firmaba unos documentos al fondo.

—Debo admitir que no esperaba verte aquí —dijo en voz baja.

—A veces las decisiones importantes necesitan presencia real —respondió Arithsa con calma.

Helena la estudió con detenimiento.

—Este mundo puede ser… complicado.

—Lo sé.

—No todos están preparados para sostenerlo.

Arithsa no bajó la mirada.

—No vine a sostener el mundo de nadie. Vine a caminar junto a él.

La sonrisa de Helena cambió apenas.

Más fina.

Más fría.

—Interesante respuesta.

Adrián se acercó en ese momento.

—¿Todo bien?

—Perfecto —respondieron ambas al mismo tiempo.

Helena tomó su bolso.

—Adrián, necesito hablar contigo un momento. En privado.

El aire se volvió más denso.

Arithsa no reaccionó.

Solo observó.

Adrián dudó apenas un segundo.

—Será rápido.

Arithsa asintió.

Los vio alejarse por el pasillo de vidrio.

Desde donde estaba, no escuchaba las palabras. Pero sí veía el lenguaje corporal.

Helena hablaba con firmeza.

Adrián escuchaba serio.

Hubo un momento en que ella tocó su brazo para enfatizar algo.

Un gesto aparentemente profesional.

Pero innecesariamente cercano.

Arithsa sintió el frío recorrerle la espalda.

No por desconfianza en él.

Sino porque entendía la intención.

Minutos después, Adrián regresó.

—¿Qué quería? —preguntó ella sin rodeos.

—Reorganizar ciertas decisiones. Y dejar claras algunas prioridades.

—¿Como cuáles?

Él la miró fijamente.

—Que mi vida personal no afecta mi capacidad profesional.

Arithsa sostuvo su mirada.

—¿Y lo entendió?

Adrián suspiró.

—No del todo.

Salieron del edificio bajo el cielo gris.

El viento golpeaba más fuerte que en la costa.

—Helena no es el problema —dijo Adrián mientras caminaban hacia el auto.

—¿Entonces qué es?

Él se detuvo frente a ella.

—El problema es que no está acostumbrada a perder influencia.

Arithsa se acercó un paso.

—Y tú no estás acostumbrado a que te la disputen.

Una media sonrisa apareció en los labios de Adrián.

—Tal vez.

Ella apoyó su mano en su pecho

—No soy tu debilidad, Adrián.

—Nunca lo he pensado.

—Entonces no permitas que me conviertan en una excusa.

Él inclinó la frente contra la suya.

—No dejaré que nadie nos use como estrategia.

El frío seguía ahí.

Pero también algo más.

Determinación.

A lo lejos, desde el piso alto del edificio, Helena observaba cómo se alejaban juntos.

Sin sonreír.

Sin enojo visible.

Solo calculando.

La guerra no sería abierta.

Sería elegante.

Silenciosa.

Y estratégica.

1
Monica Raquel Martin
uuuyyy esta Helena va s causar problemas en la pareja
Eret Lopez
LA GENTE ES CAPAZ DE HACER TODO POR DINERO y PODER Y Elena es UNA DE ELLAS
Eret Lopez
EL DINERO y EL PODER SON DE PERDER A LA GENTE
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